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lunes, 6 de junio de 2016

Utilizar la fuerza de la caída

 

 

Imposible comenzar desde otra parte: la octava edición del Festival 4×4, celebrada en San Cristóbal de las Casas y la Ciudad de México, es la primera que se realiza sin Nadia Vera, su productora original. Los eventos trágicos suelen establecer su temporalidad particular, por lo que resulta increíble percatarse que han pasado apenas 10 meses desde los acontecimientos de la colonia Narvarte. Todo, por tanto, es demasiado fresco, demasiado vivo. La octava edición de 4×4 surge y se desarrolla en este extraño umbral, moneda común de la realidad mexicana de las últimas décadas: nula impartición de justicia, procesos legales y sociales no-concluyentes y enrarecidos, que obligan a una reorganización afectiva «desde abajo», a pesar de los cauces institucionales. Un festival puede devenir, así, una especie de terapia colectiva. «No sé si lo llamaría terapia, aunque definitivamente esté teniendo un elemento de ello», matiza la coreógrafa Nadia Lartigue, una de las organizadoras de la edición de este año. «Creo que en principio tiene un fuerte factor de duelo colectivo. El hecho de que nos encontremos aquí la familia de Nadia y la “familia expandida” de los 4×4, muestra a cuántas personas nos afectó de la misma manera. Esa es la importancia también, por ejemplo, de ver a la madre de Nadia en las actividades que estamos teniendo, y que se sienta parte de ellas. Es una experiencia que puede llegar a ser catártica, incluso». Shantí Vera, director del festival y hermano de Nadia, aumenta de inmediato el abanico de conceptos para referirse al tema: «hubo cuatro palabras que detonaron la organización: la memoria, el refugio, el exilio y la migración. Es un festival que partió de ese lugar hace 10 meses: con esa potencia de moverse, de perderse, de buscar refugio».

 

Se adivina ya que las palabras serán el inesperado aliado material de un festival de artes escénicas. Durante la primera semana en San Cristóbal fueron tan centrales las obras presentadas (discursivas por sí solas, como Error 404, de Lucía Naser) como las mesas de debate y, en general, las actividades de integración de los invitados. Pero, ¿por qué? «Por las personas que integran el festival de este año», contesta Shantí Vera, director del Festival. «Yo pienso en Nadia [Lartigue], por ejemplo, como una persona que utiliza el lenguaje de una forma que concilia. Hay gente que habla menos, internada más en ese proceso de duelo. Al mismo tiempo, creo que siempre se ha conversado mucho, sólo que tal vez ahora, aunque sea medio caótico, hay más puntos de unión, como lo que representan Nadia o Rubén: una urgente sensación de acompañar al otro». «También está relacionado», complementa la coreógrafa, «con una no-urgencia de hacer, de poder realizar una pequeña pausa en las cuestiones escénicas, del cuerpo y de los ejercicios, de estar dándole vueltas a la acción. Hay momentos de pausa, como éste, que son críticos». Y profundiza: «Si le das vueltas a las palabras aparecen sus matices, sus sutilezas y sus malentendidos: son formas de expandir el lugar del lenguaje; finalmente se trata de un proceso paralelo al proceso de experimentación coreográfica que muchos de nosotros tenemos. La palabra tiene esta cosa jodida de que nos rebasa casi siempre. El lenguaje puede volverse abrumador por su poder, pero también las palabras, a veces, nos hacen falta».

 

4x4DOS

 

En este contexto, el propio proceso de selección y curaduría del festival debió repensarse de raíz. ¿Hasta qué punto, sin embargo, lo afectivo puede convertirse en el criterio guía de un festival? Shantí: «Tenemos un interés artístico en las obras de todos los participantes, pero la programación definitivamente está permeada por personas con las que en algún momento hemos tenido un contacto. La cercanía ha sido un punto central; lo que me gusta llamar carnalería. La apuesta, más que por un producto artístico terminado, también puede ser por una persona». «Y yo resaltaría», complementa Nadia «que los invitados no necesariamente vienen a presentar obra, hay gente que su forma de participar es mediante la sola manifestación de su deseo de hacerlo. Tiene que ver con un espacio de convivencia e intercambio. Este año se pueden recombinar aspectos que en festivales pasados no se podía: se presentan piezas cuya selección responde mucho más a un factor humano que estético. Hasta hace un par de años no me importaba tanto lo afectivo respecto a la danza y la coreografía; me importaba mucho lo perceptivo, negaba un poco la posibilidad emocional. Me doy cuenta que estos eventos tan jodidos nos han llevado a tratar de reconstruir apapachos comunitarios, mismos que me están haciendo percibir las obras desde lugares muy distintos. Yo tenía una capacidad de cerrar los sentidos y analizar desde un lugar más cerebral; ahora me afectan mucho más cosas que antes tal vez hubiera descalificado. En realidad estoy dudando de mi propia forma de ser espectadora, como si dejara de saber cosas que creía saber».

 

Las actividades de la octava edición del Festival 4×4, iniciadas el pasado 26 de mayo en la ciudad chiapaneca, continuarán hasta el próximo 12 de junio en la Ciudad de México (con presentaciones de Alma Quintana, Paz Rojo, Cortocinesis, Nicolás Poggi, entre otros: http://ift.tt/1U4RVG4). Las conversaciones continuarán y acaso los umbrales afectivos seguirán su proceso de ampliación. Sobrevuela, en todo caso, una noción que el propio Shantí propuso en San Cristóbal y que podría resumir las dinámicas de los personas involucrados en el festival, pero también podría reverberar en el momento histórico del país: utilizar la fuerza de la caída. «Lo he explorado desde hace tiempo y lo he aprendido a partir de mi propio cuerpo. Culturalmente estamos resistiendo todo el tiempo. Cargamos con una desconfianza normativizada, no sólo con las personas, con todo, desconfiamos de nuestro cuerpo y de sus capacidades. El cuerpo puede bienvenir, si abre ciertos umbrales. La caída como metáfora, como concepto, como posibilidad, es una postura donde mi cuerpo se expone para ver hasta dónde puede ir. No creo en la idea de lucha si implica dejar de lado lo que ya están diciendo nuestras acciones. ¿Resistir frontalmente ante este sistema? No somos superhéroes, sabemos que nos destrozan en un instante. Me abruma la idea de sobrevivir, porque implica estar derrotados de antemano, yo quiero elegir los espacios para habitar con plenitud».

 

 



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