La asociación Arte Abierto se ha consolidado como uno de los proyectos más singulares del ecosistema artístico mexicano. Ubicado inicialmente en Artz Pedregal (Ciudad de México), desarrollado junto a Grupo SOMA y Sordo Madaleno Arquitectos, el espacio nació hace siete años con una premisa poco habitual: llevar el arte contemporáneo a plazas comerciales y acercarlo a públicos que no frecuentan museos o galerías. Además de las comisiones y exposiciones, cuentan con un programa público, un programa editorial y una colección.
Para Mónica de Haro, directora general de la fundación, la idea original no sólo se ha mantenido, sino que con el tiempo se volvió más clara: “Arte Abierto nació con la intención de acercar el arte contemporáneo a un público más amplio, no únicamente al público especializado, y hacerlo desde un contexto poco convencional: el espacio comercial. Eso nos llevó desde el inicio a apostar por formatos inmersivos y por una relación más directa entre el artista y el espectador, sin la figura tradicional del curador como intermediario”.
La decisión de trabajar fuera de los formatos museísticos tradicionales implicó también pensar nuevas formas de mediación. Gabriela Correa, directora institucional, explica que el público de Arte Abierto rara vez llega con la expectativa de visitar una exposición: “La gente que se acerca aquí en realidad se ‘tropieza’ con Arte Abierto. No está esperando entrar a una sala de museo donde pones tus manitas atrás y sabes que vas a tener que leer la cédula. Aquí todo sucede de una manera muy informal, si bien regulada. Hay componentes y dispositivos pedagógicos por todos lados para lograr una experiencia significativa”.

María Bustamante Harfush ofreció una charla sobre la arquitectura de Abraham Zabludovsky en 2024, como parte del programa público de Arte Abierto Pedregal, Ciudad de México. Fotografía: Daishla Herrera
La relación entre los proyectos artísticos y los públicos se construye desde lo sensorial y lo cotidiano. Correa insiste en que muchas de las exposiciones buscan activar una relación física e inmediata con las piezas antes que una comprensión teórica: “Siempre hacemos saber al artista que el público es el primero que va a recibir su trabajo. Entonces tiene que haber lo que llamamos experiencia: escala, óptica, olor, humedad. Esto hace que la gente conecte con las piezas de forma más inmediata, a diferencia de cuando debe leer algo previo”.
“Arte Abierto nació con la intención de acercar el arte contemporáneo a un público más amplio, no únicamente al público especializado, y hacerlo desde un contexto poco convencional: el espacio comercial”: Mónica de Haro
La conversación con ambas directoras deja claro que uno de los núcleos del proyecto ha sido desplazar la centralidad de la figura curatorial. De Haro afirma que desde el principio se buscó una relación más directa entre el artista y el espectador, mientras Correa describe un modelo de trabajo colectivo en el que el acompañamiento curatorial existe, pero sin una autoría dominante: “Quisimos debilitar la figura del curador para que el artista tuviera mayor posibilidad de actuar”. Y agrega: “Aquí los hacemos escribir, pensar en la comunicación, en las redes, en el programa público. Les pedimos que se involucren desde el principio. Son proyectos que se van construyendo durante dos años o más”.
Esa metodología ha permitido desarrollar comisiones específicas para el espacio y proyectos técnicamente complejos. Gabriela Correa menciona, por ejemplo, las colaboraciones con Rafael Lozano-Hemmer, Ugo Rondinone, Mario García Torres o Carsten Höller. Sobre este último, adelanta que la futura sede en el centro comercial Antara incluirá uno de los toboganes más grandes de Latinoamérica, una pieza concebida desde la experiencia lúdica y colectiva. En Arte Abierto Pedregal, por otra parte, acaba de inaugurarse Los tiempos del aire, proyecto de Cristina Umaña Durán que plantea, a través de formas textiles inflables, una reflexión sobre nociones como el tiempo, el cuerpo y la fragilidad.

Vista exterior de la exposición Los tiempos del aire, de Cristina Umaña Durán, en Arte Abierto Pedregal, Ciudad de México
La expansión a través de nuevas sedes es un momento clave para Arte Abierto. Mónica de Haro considera que este crecimiento no modifica la esencia del proyecto, sino que la complejiza: “Cada sede tiene una personalidad muy clara, y eso nos obliga a repensar constantemente cómo se produce y se presenta el arte en distintos contextos. Pedregal es un cubo blanco que se transforma con cada exposición. Baja es un espacio al aire libre que dialoga con la naturaleza. Y Polanco plantea un reto distinto: es un espacio completamente abierto, más cercano a una plaza pública”.
“Si Ugo Rondinone habló de los cuerpos celestes, nosotros trajimos astrónomos. Si una pieza tocó temas de ecología o arquitectura, buscamos especialistas que pudieran dialogar desde otros lugares. El arte se alimenta de todo y al mismo tiempo alimenta otros campos”: Gabriela Correa
En Los Cabos, la nueva sede de Arte Abierto se construye precisamente desde la relación con el entorno. Correa explica que el proyecto está pensado para que artistas y visitantes entren en diálogo con el paisaje desértico, la fauna, la flora y el océano. Pero insiste también en que la intención no es producir un espacio orientado exclusivamente al turismo cultural: “No queremos hacerlo desde un lugar donde llegue un proyecto de Ciudad de México y se imponga. Queremos escuchar primero, entender cómo podemos sumar y no restar”. El espacio abrió sus puertas en diciembre del año pasado, con la instalación de Abraham Cruzvillegas Autorretrato flameante…, que puede visitarse en el corredor turístico de Cabo del Sol hasta el próximo octubre.
La directora institucional reconoce el escepticismo que suelen generar este tipo de iniciativas fuera de la capital: “Nos lo hicieron saber muchas veces: ‘Ya vinieron desde Ciudad de México, prometen muchas cosas y después no incluyen a nadie’. Queremos hacerlo con mucho cuidado”. Por eso, explica, el proyecto busca trabajar con universidades, secretarías de cultura, artistas y especialistas locales antes de definir cualquier programación.

Instalación de Abraham Cruzvillegas en Arte Abierto Baja, Los Cabos. Fotografía: Ariadna Polo
Esa dimensión colaborativa se extiende también al programa público, que ambas directoras consideran una de las columnas vertebrales de Arte Abierto. De Haro sostiene que abrir el arte implica generar contenido, contexto y pensamiento; Correa, por su parte, describe un modelo donde las exposiciones funcionan como detonadores de conversaciones más amplias: “Si Ugo Rondinone habló de los cuerpos celestes, nosotros trajimos astrónomos. Si una pieza tocó temas de ecología o arquitectura, buscamos especialistas que pudieran dialogar desde otros lugares. El arte se alimenta de todo y al mismo tiempo alimenta otros campos”.
“Me gustaría que Arte Abierto sea visto como un proyecto que logró mantenerse fiel a sus principios, que creció sin diluir su visión y que ha contribuido a transformar la manera en que distintos públicos se relacionan con el arte contemporáneo”: Mónica de Haro
Más allá de las exposiciones, Arte Abierto ha funcionado también como plataforma para artistas jóvenes, colectivos y proyectos experimentales. Correa recuerda talleres de DJs, colaboraciones con estudiantes de danza y actividades que mezclan música, diseño y performance: “La experimentación permite el error, y gracias al error hemos identificado líneas que se terminan quedando como programas”. Esa flexibilidad institucional, afirma, sería mucho más difícil dentro de estructuras museísticas convencionales.
Rumbo a 2029, cuando la fundación cumpla diez años, Mónica de Haro imagina una etapa de consolidación más que de expansión acelerada: “El objetivo principal es profundizar. Nos interesa fortalecer el programa público y el trabajo editorial, seguir desarrollando proyectos cada vez más ambiciosos, pero también más rigurosos”. Y añade: “Me gustaría que Arte Abierto sea visto como un proyecto que logró mantenerse fiel a sus principios, que creció sin diluir su visión y que ha contribuido a transformar la manera en que distintos públicos se relacionan con el arte contemporáneo”.

Representación digital de la pieza que Carsten Höller instalará en Arte Abierto Polanco, Ciudad de México
Tras escuchar a Mónica de Haro y Gabriela Correa, queda claro que Arte Abierto se ha ocupado de sacar al arte contemporáneo de sus circuitos tradicionales para ofrecer una experiencia diferencial en espacios atravesados por el consumo y el ocio. Un modelo híbrido –entre museo, laboratorio y espacio público– que apuesta por la construcción lenta de comunidad a través de la creación de públicos. La inauguración de la tercera sede, en Polanco, tendrá una pieza de Carsten Höller como protagonista.
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