jueves, 9 de junio de 2016

APRDELESP, entrevista

 

Semanas atrás el jurado del concurso Pabellón El Eco declaró ganador el proyecto presentado por APRDELESP, quienes han hecho de la experimentación espacial y los procesos de apropiación el centro de sus casos de estudio, cuarenta y cinco hasta la fecha. El Parque Experimental El Eco se instaló en el patio interior y la sala principal del Museo El Eco, transformando el recinto de Goeritz en un parque público: se colocaron mesas y sombrillas, una alberca, una canasta de basquetbol, un asador, mesas con café y otros objetos de uso diario, y al alcance de cualquiera, para convertir el espacio en un evento abierto a todo público. El debate acerca del Caso de estudio #44 inició incluso antes de que el parque abriera, las opiniones del gremio arquitectónico se polarizaron: algunos consideran la apropiación una «broma líquida», y otros lo ven como un crítica que evidencia la miopía del arquitecto mexicano. La siguiente conversación gira en torno al sistema de jerarquías autoimpuesto por los arquitectos en sus procesos de diseño y a los parques públicos de la Ciudad de México.

 

Ninguno de los pabellones ganadores de la convocatoria anual de El Eco despertó la polémica, aunque fugaz, que el Caso de estudio #44 o Parque Experimental El Eco, ¿cómo está conviviendo aprdelesp con las opiniones encontradas por parte de los colegas?

 

El concurso contempla que la instalación o apropiación dure diez semanas, durante las que podemos cuestionarnos cosas. No es un rascacielos, es un pabellón y por naturaleza es un espacio experimental y polémico. No se pierde nada. El Parque Experimental no es un readymade, queremos que se use. No quisimos caer en la intervención gestual, que no cuestiona sino el espacio. Nos interesa criticar las jerarquías de la práctica arquitectónica: no se le da la misma importancia a una sombrilla que al muro de El Eco, que es tan ordinario como un asador, como la cancha de baloncesto, el anafre o la misma duela de El Eco. Todos estos objetos tienen la misma jerarquía. Las prácticas arquitectónicas no contemplan estos objetos que siempre estarán ahí. Si se contemplaran en procesos arquitectónicos el resultado podría arrojar una forma diferente. Es una crítica a la práctica arquitectónica, incluyendo la nuestra. ¿Por qué nuestras primeras líneas en las hojas de papel son un muro o un techo o un piso? ¿Por qué no una mesa o un tapete que igual estarán en el espacio?

 

¿Cómo anteponer los objetos preexistentes al proyecto del edificio?

 

Podemos adquirir fácilmente un mueble, una planta, un tapete en cualquier tienda, pero no un muro o un techo y tenemos que recurrir a un arquitecto, a un constructor y a un montón de dinero. Las cosas que la gente posee son las primeras que deben considerarse, como el árbol de la calle, antes que los muros que aún no existe. La arquitectura de la casa habitación debe considerar la información preexistente para el proceso de diseño. Cuando se define el sitio de un muro se puede relacionar con la información preexistente del cliente. ¿Por qué siempre empezar por los muros? No sabemos cómo enfrentar eso, no tenemos las herramientas para eso, no nos educan para eso. Son batallas que los arquitectos hemos dejado de lado.

 

El Parque Experimental El Eco, entonces, no es una crítica institucional, es una crítica a la disciplina, pero al mismo tiempo es una invitación al ciudadano para apropiarse del patio del museo mediante eventos públicos. ¿Han tenido éxito?, ¿cómo miden el éxito del proyecto?

 

Está dirigido a cualquier persona, al ser humano, a los que caminan por ahí. No queremos que sólo vayan los que se enteren por los medios que adentro hay una pieza, por eso insistimos en la comunicación gráfica desde el exterior del recinto. Ahora hay gente que se apuntó a través de la página de Internet en el calendario de diez semanas con picnics, fiestas de cumpleaños, prácticas de yoga, etc. No queríamos ser organizadores de eventos, nos interesa que la gente se autoorganice en la página, bajo la logística del museo.

 

Si no generamos comunidad con el parque no nos afecta en nada, porque no promovemos el espacio de convivencia como una marca. Nos interesa eliminar las jerarquías y la ambigüedad espacial para que las personas se sientan libres de hacer lo que quieran ahí, que cada quien construya su espacio-evento, y que el arquitecto te diga, lo menos posible, como usar el espacio. Necesitamos espacios que nos ayuden a estar cómodos.

 

Nuestra primera propuesta fue derrumbar el muro de la fachada, pero al final no nos convenció esa vía, porque se acercaba más a una crítica del Estado o de la crisis social que vive México. Para nosotros era relevante hacer esta provocación a través de estos objetos al alcance de todos. Enfrentar una sombrilla o una silla o un asador a un muro o una columna de Goeritz. Lo extraño anuncia y denuncia, y debemos trasladar ese poder a los objetos. ¿De qué me sirve pensar que esa silla está de la chingada si va a formar parte del espacio? Tenemos que otorgarle los mismos derechos a todos los objetos, porque van a convivir. El arquitecto no debe jerarquizar, cada uno debe definir el espacio. Nosotros no hacemos la forma, no podemos otorgarle una unidad o medida a la forma, la forma siempre está cambiando, el espacio es un evento, una situación. Todos los objetos y las personas y las plantas conviven en mismo espacio. Tenemos que encontrar herramientas de trabajo para tomar decisiones a partir de las situaciones del espacio, de la información que ya está ahí.

 

Poco a poco la Ciudad de México pierde su poder de convocar a los cuerpos, se vive una lucha entre la predominancia del espacio público y el espacio comercial. ¿Qué solución están ofreciendo los arquitectos al problema?

 

No me parece que la solución al problema sea una solución arquitectónica, debe surgir de una colaboración. Es un problema de todos, de los habitantes de la ciudad. Los arquitectos tenemos que recibir información de otros para poder presentar soluciones. Con esto no quiero decir que aprdelesp plantea un diseño participativo, nuestra práctica debe involucrar la mayor cantidad de información, pero no me refiero a invitar o convocar a todos, sino que la dinámica incluya posturas definidas.

 

La Ciudad de México es cada vez más inhóspita para los cuerpos. ¿Cómo pueden los parques ayudarnos al encuentro o el entrelazamientos de cuerpos alejados de los motores? A veces también uno puede percibir cierta antipatía por parte de los parques.

 

En los parques no se puede lograr un diálogo realmente crítico y libre para tomar decisiones, son superficiales; las decisiones para la ciudad se están tomando en salas de juntas privadas. Los parques no tienen ni mesas, ni contactos eléctricos, ni sillas cómodas, ni Internet, ni están limpios. No hay elementos para el diálogo informado, los parques deberían tener bibliotecas y funcionar durante veinticuatro horas. En este sentido, la Biblioteca José Vasconcelos es un parque interesante: hay techo, hay libros, hay agua, hay Internet, y eso puede provocar un diálogo más informado, de hecho es mejor parque que biblioteca. Creo que las tipologías sirven para comunicarse, es muy delicado definir algo, muchos de los espacios que nombramos como parques en verdad son banquetas para pasar, con jardineras y pasillos, no tienen iluminación ni baños y son peligrosos. Pero lo de El Eco no es una crítica al parque, sino a las prácticas arquitectónicas que no exploran nuevas estrategias que podrían arrojar nuevas formas. Necesitamos nuevas formas, las que tenemos no están funcionando. ¿Cuánto tiempo puedes pasar en un parque? La gente tiene que poder estar ahí no solamente para pasear a sus mascotas o para pasar, sino para eliminar gastos y espacios de trabajo. Los parques tienen que hacer que las salas de juntas sean obsoletas. La convivencia no es una distracción, el hecho de eliminar la convivencia al aire libre no te permite ser ciudadano.

 

¿Cada proyecto de aprdelesp es una crítica a cierta tipología arquitectónica o a la manera en que se construye en el país?

 

Queremos que las decisiones que tomamos en nuestros proyectos públicos broten no de una sola cabeza sino de un sistema, de la información que recibimos y podemos procesar. Somos partidarios de las estrategias de trabajo que funcionen en colaboración, de trabajar con la información de más personas para comunicarnos. Debemos pensar en diseñar espacios manejables, a eso nos referimos con maquetas 1:1, no a una representación de la realidad, sino a un modelo de trabajo: a un prototipo para probar dinámicas como el Comedor Café Zena o Muebles Sullivan. En este sentido, todos los edificios pueden ser maqueta 1:1, pero tienen una fuerza que les impide el cambio operativo o de aspecto. El espacio abierto, público, debe repensarse todo el tiempo para que permanezcan quienes entren.

 

¿En México se diseña sin tomar en cuenta el potencial de transformación que puede tener un espacio?

 

No siempre es así, pero es importante ser críticos y no buscar los mismos resultados formales, no tomar las mismas decisiones en los procesos de diseño. Tomemos como ejemplo El Eco: Goeritz decidió que en el museo no habría muebles. Es una cuestión de tomar decisiones conscientes y no por hábito o costumbre. Es importante no estar conformes con nuestras prácticas arquitectónicas. Todos los arquitectos asumen que están bien y ni siquiera dicen por qué. Nosotros no quisiéramos pensar que nuestras reflexiones acerca del objeto arquitectónico son parte del objeto arquitectónico. Nos interesa hacer públicos nuestros cambios. No nos importa cambiar, es una práctica.

 

Esta entrevista fue publicada en La Tempestad 110, mayo de 2016. 

 

 



from La Tempestad http://ift.tt/25OpK6Z
via IFTTT Fuente: Revista La Tempestad

No hay comentarios:

Publicar un comentario