martes, 14 de junio de 2016

Charla sobre el Limbo

 

El próximo 17 de junio comienza el Curso Profesional de Capacitación y Desarrollo del Limbo de Pablo Helguera, organizado por Alumnos 47. El seminario busca «fusionar procesos pedagógicos con experiencias de índole participativo». Esto en la Ciudad de México, de junio a noviembre.

 

Con pretexto de lo anterior, Pablo Helguera, pedagogo del arte, y Óscar Benassini, coeditor de La Tempestad, han iniciado un intercambio de ideas acerca del limbo. La correspondencia se irá publicando semanalmente, durante los próximos meses, en este sitio. Aquí la primera entrega.

 

Óscar Benassini: Frente a ti dos cajas de zapatos, una con tapa y otra sin tapa. Dentro de la que está tapada hay, se nos dice, un gato, vivo o muerto. La destapada contiene las partículas del ambiente y algunos ácaros, se diría que está vacía o que ha sido vaciada.

 

Pablo Helguera: Me interesan más aquellas cajas donde ha habido algo que aquellas donde hay algo. Me interesan aún más las cajas donde se dice que había algo y ya no lo hay, aunque no sea cierto. Y las que más me interesan son aquellas cajas de las que desconozco su existencia, tanto de sus exterior como de su interior. Esas cajas son instancias de limbo.

 

OB: ¿Es el limbo un lugar o un lugar?

 

PH: El limbo es una simulación de lugar. Es el extravío permanente. Es como el fantasma que sientes que se te aparece pero cuando volteas ya no está ahí. El encontrarlo implica destruirlo. El limbo es el lugar que deja de ser limbo cuando lo localizas, cuando te localizas a ti mismo.

 

Respondiendo al estilo de un intelectual mexicano: En el Ulises de James Joyce, Stephen pregunta qué es un fantasma; alguien le responde: es un ser que se ha vuelto intangible por razón de muerte, por ausencia, por cambio de costumbres.

 

El limbo es algo similar.

 

OB: ¿El limbo mantiene viva nuestra esperanza?

 

PH: No, la esperanza es lo que mantiene vivo al limbo.

 

OB: ¿Tiene el limbo fronteras o es una frontera en sí mismo?

 

PH: El limbo está entre las fronteras mismas. Es un anti-espacio, un vacío de transición. Es como un verbo desconectado de una frase. Existe cuando es impensable: en el momento en que lo logramos pensar ya no existe.

 

 



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