La Tate Modern presenta su nuevo edificio, una estructura piramidal que amplía en un 60% el tamaño de la galería y que adopta un enfoque más internacional. The Switch House, una torre de diez pisos, fue diseñada por Jacques Herzog y Pierre de Meuron que dieciséis años atrás transformaron una central eléctrica en la actual sede del Museo Nacional Británico de Arte Moderno. La ampliación inició en 2010 y desató una de las más grandes campañas de financiamiento orquestada por el museo, el costo ascendió a más de 370 millones de dólares. La decisión de ampliar la sede se debió a que el flujo de visitas anuales pasó de 2 a 5 millones. Ambas sedes albergan 800 obras de arte de 300 artistas de 50 países. Su actual directora, Frances Morris, señaló que tras dieciséis años era momento de que el museo renovara sus relato (con mayor presencia de artistas mujeres y menos concentrado al arte europeo y estadounidense). La intención de los arquitectos con la vertical estructura de ladrillo que contrasta con la horizontalidad de su proyecto previo, fue lograr que el nuevo edificio se integrara como parte de un todo, como si éste siempre hubiera estado ahí, según señalaron a diferentes medios. Aún cuando el proyecto pretende tener un alcance global, Nicholas Serota, director general de la Tate ha señalado que el propósito del museo no es alinearse al discurso de franquicia como el del centro Pompidou, el museo Guggenheim o el Louvre. Tal vez el tiempo contradiga la ingenuidad de sus palabras.
© El País / Matt Dunham / AP
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