martes, 20 de enero de 2026

No dejes nada sin hacer

Hacer máquinas, programar y construir una escritura me parecen exactamente lo mismo”, dice Francisco (Paco) Rangel. “Hay que lograr que las cosas sean de cierta forma para que peguen, para que funcionen”. Son las palabras de alguien que no está consultando el instructivo ni copiando del modelo. La música que hace como Slummy Guys puede, por momentos y con un margen de duda, reconocerse como afiliada a ciertos géneros (dub, funk), pero hay algo esquivo en ella, que hace pensar en una versión de sus influencias que se desvió en el camino y a la que se le fue adhiriendo la mugre callejera. 

La aproximación poco convencional de Rangel podría explicarse, en buena parte, por su currículum heterogéneo, en el que se encuentran lo mismo su trabajo en bares (como DJ y como mesero, en la ciudad de León, donde vive actualmente) que una licenciatura en filosofía y un posgrado en física, además de una reconocida trayectoria como editor literario y poeta (aunque él se definiría más como un narrador que recurre al verso como forma predilecta). Esto último también ha sido la puerta de entrada a un proyecto de largo aliento, en el que crea piezas de música y arte sonoro a partir del trabajo de poetas contemporánexs, residentes sobre todo en México y relativamente jóvenes (casi todas pueden escucharse en su perfil de Soundcloud). Esta serie de lo que él describe como colaboraciones funciona como una puerta entre ámbitos que, cuando interactúan, casi siempre lo hacen por medio de la subordinación de una disciplina a la otra. Aquí, aunque la obra inicia como una referencia o un homenaje a los poemas, las piezas resultantes pueden escucharse de forma independiente.

La música de Slummy Guys puede reconocerse como afiliada a ciertos géneros, pero hay algo esquivo en ella, que hace pensar en una versión de sus influencias que se desvió en el camino y a la que se le fue adhiriendo la mugre callejera.

La curiosidad que lo ha llevado a tener esta historia individual ecléctica y a mantener una dedicación multidisciplinaria en su búsqueda artística se refleja claramente en los sonidos de Slummy Guys: agitados, siempre abiertos a la posibilidad. Esto vale, especialmente, para Sin miedo, un mini álbum aparecido en 2024 donde Rangel hace excursiones por varias zonas grises entre géneros (incluso lugares que podrían aproximarse al arte sonoro) y en el que, cuando parece aproximarse a un lugar reconocible, algo suena fuera de sitio e, inevitablemente, está a unos instantes de mutar. 

Slummy Guys

Aunque el dub lleva la marca indeleble del tecnopesimismo (desde Neuromante, al menos) o de las excursiones cósmicas, pero casi siempre apacibles, Paco Rangel lo aterriza en el presente y a nivel de calle, en una forma reconocible para quienes vivimos en estas geografías, más nerviosa (y, podríamos decir, más eriza), inclinada al juego y con la sensación de riesgo que se siente al manipular una materia más volátil de lo habitual. “Mucho del sonido que hay [en Sin miedo] viene del lugar en el que vivo. Es una zona peligrosa de León, pero me gusta mucho”.

Primero llegaste a la parte del audio y la música que a la escritura.

Crecí con madre jipi, entonces no teníamos televisión. Ella pensaba que te hacía cagada la cabeza. Pero teníamos radio. Vivíamos en la Ciudad de México y escuché muchísima radio. Para mí era un sueño ver cómo funcionaba. Cuando lo descubrí fue, bueno… no mames. Con el tiempo vi que era más técnica que otra cosa. 

Supongo que también había una parte emocional o estética involucrada.

Mucha. Pero eso lo comprendí después. Lo  primero que aprendí fue a agarrar aparatitos y producir. Lo que ahora llamaríamos samplear. Grababa en cassette, lo recortaba y lo reproducía. Después, en la radio, era con cinta de carrete abierto. Me tocaba hacer un comercial o algo y entonces era grabar, sobreponer efectos, subir o bajar. Empecé con medios analógicos. En ese momento empecé a ir al tianguis del Chopo. Después llegué a Celaya, a Radio Tecnológico, y empecé a hacer radio. Ahí pude escuchar más música, porque a la estación llegaban materiales de disqueras gringas y europeas. Después, por culpa de la radio, empecé a escribir.

“Lo  primero que aprendí fue a agarrar aparatitos y producir. Lo que ahora llamaríamos samplear. Grababa en cassette, lo recortaba y lo reproducía. Después, en la radio, era con cinta de carrete abierto”: Paco Rangel.

Slummy Guys, el proyecto, ¿de qué se trata?

Soy el único integrante. Es un proyecto que salió a partir de un chiste que hizo un amigo, un DJ leonés. Mi primer trabajo, luego de salir de la carrera (estudié filosofía), fue ser DJ en un bar gay. Un amigo me empezó a enseñar cómo generar emoción en la gente por medio de la música. Él me decía que necesitaba un nombre y me puso este de Slummy Guys, que significa tahúres o personas que juegan con las cosas. Este nombre se quedó para mi trabajo como DJ y seguí con él cuando empecé a hacer música desde el sintetizador, desde la computadora, buscando utilizar los menos elementos posibles para producir los sonidos.

Actualmente ¿tienes otros proyectos musicales?

No, dejé durante un buen rato el rollo de producir: me metí a estudiar física y terminé un doctorado en astrofísica teórica. Empecé a hacer un desmadre de mi vida, me casé, tuve dos hijas. Eso puede interrumpir la vida creativa, aunque ahí seguía escribiendo. Volví a tener la beca del FONCA, en 2009 o 2010, para escribir un libro de cuentos. Sentía insatisfacción y empecé a hacer música de nuevo. Me clavé con el Ableton Live, sin dispositivos que dispararan los audios, sino empezando a producir los sonidos desde nada, a programarlo todo desde la computadora.

Uno de mis primeros proyectos fue remezclar una rola de Lalo [el poeta, músico y guionista Eduardo Padilla]. Una temporada estuve haciendo una especie de soundtrack para poemas, que es de lo que más tengo en Soundcloud: rolas a partir de textos de León Plascencia, Antonio León, Lalo Padilla, Ángel Ortuño… cosas que me iban gustando y de las que me preguntaba: “¿Esto cómo sonaría?”. A partir de ahí Sergio Ernesto Ríos me contactó con Minerva Reynosa y ella me invitó al festival que hacía en Monterrey. Yo le decía que me interesaba que los sonidos fueran como muebles, como un dispositivo para sentarte y escuchar mientras leías algo. Y me he clavado en eso: no es tanto hacer música, sino hacer ruidos. 

Aunque, en cierta forma, la música siempre ha sido una forma de platicar, por medio de sonidos, con algo más…

Bueno, hay algo de Humberto Maturana que siempre me gustó. Dice que la música siempre ha aparentado ser un lenguaje, por eso acompaña a lo que la rodea. Por eso, también, puedes ponerle emociones, aunque no sea más que ruido. Y lo que me interesa son los ruidos. Luego leí a gente que hablaba sobre la cumbia, por ejemplo, o sobre neurociencias y música, para entender cómo es que estos sonidos pueden generar una noción de afecto o de emoción, sin ser precisamente nada. Y a partir de eso lo sublimas de tal forma que puedes llegar a la música barroca o a la música de cámara actual. Pero, al igual que las letras, es sólo una muy bonita estafa. No es que esté haciendo teorías, simplemente es algo que pienso y lo hago desde ahí. 

¿Crees que importa la diferencia entre EP y LP, para presentar Sin miedo de una u otra forma?

Puse que era EP porque me lo pedía Bandcamp. Pero lo siento más como un álbum de fotos, pequeñas escenas sonoras, con una conexión entre sí y que están trabajadas de la misma manera. A lo que está más apegado es al dub y al noise.

“Hay muchas bandas de noise que me gustan, gente que está haciendo sonidos que me interesan y me imaginé que podía hacer algo a mi estilo. No pensé en nada más que hacer el producto. No había un nicho o algo que lo identificara”: Paco Rangel.

Para darnos una idea de dónde sale esto, quiero repasar tus antecedentes: tú escribes poesía.

No podría considerarme poeta, soy más bien un narrador, porque termino contando historias con mis poemas. Últimamente no he escrito poemas, fuera de dos o tres cosillas. He estado escribiendo más sobre ciencia: de la divulgación al paper. Soy editor en una revista electrónica. En el bar, trabajo de diez de la mañana a seis o siete de la tarde. El problema es que también bebo: llegué al punto en que de pronto tenía una cerveza en cada mesa y estaba tomando con unos y otros. He tenido algunas ocupaciones extrañas. Hasta hace 15 años fui profesor de ética policial, en la academia. Estuve ahí nueve años. También fui profesor universitario y de preparatoria.

Pensando en el tratamiento que le das a los géneros que abordas, entiendo que no estás esperando enriquecerte con la música. ¿Qué quisieras encontrar, gracias a ella?

Hay muchas bandas de noise que me gustan, gente que está haciendo sonidos que me interesan y me imaginé que podía hacer algo a mi estilo. No pensé en nada más que hacer el producto. No había un nicho o algo que lo identificara. Lo que sí sabía era qué quería ir construyendo y fue un proceso de más de un año, casi dos. 

¿Y ese proceso cómo fue: escuchar, grabar, manipular, etcétera?

Sí, todo eso y pensar cómo afecta cada sonido el momento en el que suena. Hay unos sonidos que están encimados; yo quería que sonaran encimados. 

En el álbum hay muchas sonoridades cruzadas, muchas sorpresas, y es poco complaciente. “No dejes nada sin hacer” es la rola más conspicua y la más larga, y a la vez la más experimental. Estás poniendo el foco en algo que puede hacer sentir confrontada a alguna parte del público. Otras partes son más accesibles, en cierto momento, antes de fracturarse, mezclarse con ruido o volverse algo más difícil. ¿Tienes alguna postura frente a esto (la complacencia) o fue solamente como sucedió, a medida que lo creabas?

Pienso que puede verse como un organismo, algo que se desarrolla sobre una estructura que ya está dada. Pero, por ejemplo, en “No dejes nada sin hacer” buscaba más complacerme a mí. Todo es un juego. Se trataba de disfrutar las cosas y punto. Sé que no es música para baile o para el disfrute fácil; se trata de música que me habría gustado que alguien más hiciera. 

Hay una carencia casi total de información en la entrada de Bandcamp del álbum. No dice quién es Slummy Guys ni cómo se hizo la música. Un aspecto de eso se agradece: sabemos que vivimos días en los que buena parte de la gente suele sobreexponerese en las plataformas. 

Bueno, hay dos vertientes. Por un lado, en los años noventa me clavé mucho con este asunto de la Huelga del Arte y estos grupos italianos que hablaban de que había que desaparecer al autor para que la obra funcionara por sí misma. Con el tiempo, ellos mismos entendieron que no es posible desligarse del todo de la obra, por más que el autor quiera ocultarse. Por otro lado, está Burial, que me parece una de las cosas más hermosas del mundo, de quien no sabíamos absolutamente nada. El cálculo de su anonimato era importantísimo, pero lo que lograba era que tú disfrutaras el sonido. Podría haber sido, por decir algo, un banquero, pero no me habría estorbado. Y desde ahí era: “Yo no importo, lo que importa es este ruido”. 

Y a pesar de todo esto apareces en la portada del álbum.

Es que no sabía qué poner. Esa foto me la tomó Lalo (Padilla). Estábamos en un bar, donde yo trabajaba en la cocina. Ese día se fue la luz y estaba cocinando con una lámpara en la cabeza. Fue un poco para burlarme de eso.

“No importa que sea algo bello, sino algo que se disfrute. Me parece importante que los autores hagan esa chamba interna, no hay para qué contarle su vida a la gente en las redes sociales. Para qué hizo aquello el autor, por qué lo hizo… invéntalo”: Paco Rangel.

¿Y cómo esperas que se relacione la gente con este vacío de información acerca de ti, del disco y de cómo fue creado?

Tuve un maestro de literatura, Daniel Sada. Cuando estaba escribiendo Porque parece mentira la verdad nunca se sabe, contaba que sólo a los muy clavados les puede interesar que una acción sea narrada en octosílabos y que los diálogos de otro personaje se escriban en endecasílabos. Pero lo que nos interesa es que a la gente le parezca natural lo que lee y que lo disfrute. No importa que sea algo bello, sino algo que se disfrute. Me parece importante que los autores hagan esa chamba interna, no hay para qué contarle su vida a la gente en las redes sociales. Para qué hizo aquello el autor, por qué lo hizo… invéntalo. Tú sigue contándote la historia. Es más bonito, hasta puedes hacer chismes con eso. No se puede habitar un lugar totalmente oscuro, donde no se sepa nada de ti, ni tampoco uno totalmente iluminado, como es el caso de la vida en las redes. Es posible, de hecho mejor, habitar las zonas grises, donde puede verse, pero hay sombras, te ves borroso. 

Le pusiste un precio muy pequeño a la descarga digital de tu disco en Bandcamp. 

Bueno, yo lo quería poner en descarga gratuita, pero como era mi primer EP, no me dio permiso la plataforma: tenía que pagarle algo para comenzar. Me parece perfecto que si están poniendo ese medio de distribución, se queden con una parte, no tengo problema con eso. Hay que entender que el campo de la producción y el campo del mercado son dos cosas distintas. Para quien se preocupa por el campo del mercado, la idea es convencer a alguien de que eres el mejor. Todo se centra en cuánto vales o cuánto vale tu trabajo. En sociedades, digamos, tercermundistas, en los márgenes del mundo hipercapitalizado, lo que nos interesa más es compartir, que la obra llegue a alguien que pueda disfrutarlo, no tanto entrar en el mercado. Hace tiempo trabajé con una chica, Mónica, en una presentación en una galería. Lo único que puse fue un zapato con una luz cenital, me puse atrás con una computadora y ella al lado, con un chelo. Nadie habría pagado por algo así. No creo que me vaya a capitalizar, al menos no con la música que estoy haciendo.

“Hay que entender que el campo de la producción y el campo del mercado son dos cosas distintas. Para quien se preocupa por el campo del mercado, la idea es convencer a alguien de que eres el mejor. Todo se centra en cuánto vales o cuánto vale tu trabajo”: Paco Rangel.

A veces pueden caer escuchas insospechadas. Puede ser que olvidarse del imperativo de hacer música para la masificación deja un margen más amplio para merodear, fuera de la vista.

Sí,  por ejemplo ahora empecé a trabajar con [la escritora] Isaura Leonardo. Estoy pensando qué quiero, cómo se escucha mejor esto. Quiero hacer algo con su voz, grabaciones en las que ella lee poemas. Estoy apenas desdoblando las cosas. No creo que ella espere ganar mucho dinero y menos con lo que está buscando hacer, que es noise. Lo que me compartió me recuerda a cierta música que no apreciaba en su momento, en los noventa, y que ahora valoro más por la producción, ese house de diva gritona. No sé, pienso en Fangoria. Estoy pensando en hacer algo de house sucio para ella: mucho delay, mucho feedback.

¿Cuáles son otros sonidos o estilos que has explorado?

En mi Soundcloud de Slummy Guys hay cosas anteriores al EP. Muchos momentos que suenan a maquinitas, un vicio que tuve de chavito. Fui uno de esos niños a los que su mamá llegó a jalonearlo porque se había gastado en las maquinitas la lana de las tortillas. Son sonidos que tengo en la cabeza. Ya casi está lleno todo el espacio que permite Soundcloud sin pagar y no pienso pagarles. 

¿Qué has escuchado últimamente, que te haya gustado?

Estos días he estado dándole a una banda que se llama Son Rompe Pera, que suenan a muchas cosas distintas, que me han gustado en diferentes momentos de mi vida.

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