jueves, 12 de marzo de 2026

Un caballero errante

George R.R. Martin, creador del famoso universo de Juego de tronos, es quizá víctima de haber escrito un mundo demasiado real para sus numerosos seguidores. En uno de los ensayos reunidos en Juego de tronos. Un libro afilado como el acero valyrio (“¡Ponte a escribir, George R.R. Martin!”), publicado por la editorial española Errata Naturae en 2012, la periodista Laura Miller describe la obsesión de los fans con los libros y el fenómeno cultural generado por la saga, que se mantiene varios años después de la publicación del título más reciente, en 2011, y el final de la serie producida por HBO en 2019.

La creación de Martin ha provocado, como afirma Miller, que muchos fans sean más expertos en Juego de tronos que el autor mismo. Es tal la cantidad de genealogías, símbolos, mensajes encriptados, teorías de la conspiración, polémicas, conocimiento canónico y misterios irresolubles, que George R.R. Martin probablemente dejará inconclusa la saga por dos razones: la imposibilidad de añadir algo más a una creación que lo rebasa en términos de imaginación y memoria y, por supuesto, la tarea de satisfacer a los seguidores de un universo que se ha convertido para ellos en una suerte de religión. 

Debido a la sequía creativa de Martin, HBO se ha dedicado a escarbar en los volúmenes de Juego de tronos y en historias publicadas al margen de las narraciones más famosas. Los fans, por su parte, han creado una galería de imágenes y secuencias de video para ilustrar episodios que aparecen en algunos libros o son mencionados de forma indirecta en algún pasaje. Esta imaginería visual es usada en los análisis de especialistas en YouTube, que estrenan sus transmisiones una vez que acaba el capítulo semanal de cualquier serie basada en su universo favorito. Para explotar comercialmente el fenómeno mediático, a Juego de tronos siguió La casa del dragón –precuela con personajes diferentes, estrenada en 2022– y, este año, la primera temporada de El caballero de los Siete Reinos (cocreada por Martin e Ira Parker), historia basada en tres novelas cortas publicadas por el autor entre 1998 y 2010, antes de que la fama de la serie llegara a su vida y se convirtiera en referente global. 

Siete Reinos

Dexter Sol Ansell y Peter Claffey en El caballero de los Siete Reinos (2026). Fotografía: Steffan Hill / HBO

No sólo es interesante la trama de El caballero de los Siete Reinos (las aventuras de un caballero errante y un escudero cuya identidad secreta se revela a las primeras de cambio) sino el hecho de que se estrene en medio de una fuerte crítica de la desigualdad y del poder. Si Juego de tronosLa casa del dragón se concentran en las élites de un mundo de fantasía –aunque termina siendo una copia del Medievo, como gran parte de la fantasía épica–, la nueva serie de HBO tiene como personaje principal a Duncan el Alto, un joven sin abolengo que representa, al menos en esta primera temporada, a la gente de a pie que tiene que sobrevivir a una realidad dictada desde el trono.

El contexto es interesante también, pues la historia retrata el declive de una dinastía –los Targaryen– que ha perdido a los dragones, su arma principal. Inmersa en luchas internas, la élite que oprime la tierra ficticia de Westeros tiene que hacer uso de la tradición, la fuerza militar que aún le es fiel y, sobre todo, la capacidad de imponer respeto en los llamados Siete Reinos. El temor, por supuesto, es otro ingrediente para mantener un equilibrio social cada vez más precario. Tiempo después, cuando la dinastía está casi extinta, una de sus descendientes, Daenerys Targaryen, recupera a los dragones y destruye King’s Landing –la capital de Westeros– en el capítulo 5 de la octava temporada de Juego de tronos, cuyas imágenes recuerdan las de un bombardeo nuclear. El final de la serie remite a un determinismo que molestó a muchos espectadores, pues la rebelión que promete libertad a los oprimidos degenera en una orgía de sangre y en el germen de una dictadura con reminiscencias del fascismo del siglo XX.

Siete Reinos

Imagen de la serie El caballero de los Siete Reinos (2026), creada por Ira Parker y George R. R. Martin. Fotografía: Steffan Hill / HBO

En medio de la épica trágica de Juego de tronos, la figura de un caballero errante como Duncan el Alto (Peter Claffey) es una reivindicación de los antiguos ideales de la caballería. No sólo eso: el escudero del protagonista es un noble de escasos 8 o 9 años. Aegon “Egg” Targaryen (Dexter Sol Ansell) es un niño que intenta alejarse del poder para no corromperse y encuentra en el caballero un modelo a seguir. La serie, al menos en su primera temporada, apenas recurre a elementos sobrenaturales, pues la intención es mostrar el enfrentamiento entre el idealismo de Duncan el Alto y una sociedad que se ha acostumbrado al sometimiento y es gobernada por tiranos cada vez más alejados de la realidad.

El héroe que inicia su camino desde abajo y enfrenta al poder es un paradigma que se retrata en innumerables narraciones a lo largo del tiempo. En esta nueva aproximación, el contraste entre un caballero que duerme bajo un árbol y una nobleza que ha perdido casi toda su legitimidad encaja muy bien con nuestra época. En el capítulo 5 de la serie, “In the Name of the Mother”, Duncan el Alto se enfrenta a un juicio por combate a causa de su defensa de una mujer agredida por Aerion Targaryen, uno de los herederos al trono y hermano de su escudero. Forzado a obtener un último combatiente para su causa, Duncan el Alto se dirige a la tribuna llena de nobles de distintos rangos y les reclama, mientras algunos guardan silencio y otros se burlan, la falta de honor y la pérdida de principios. Ese reclamo resuena con fuerza en el siglo XXI. 

Más allá de lo que suceda con Duncan el Alto, El caballero de los Siete Reinos ofrece una mirada diferente a la idealización de la fantasía épica inspirada en el imaginario asociado a la Edad Media. No es un secreto que la ultraderecha global ha usado la nostalgia por los reinos medievales e, incluso, el Imperio romano para vender la idea de una sociedad patriarcal y jerárquica como remedio al caos de nuestra época. Los grandes emperadores, el determinismo histórico, la jerarquía obtenida por nacimiento y, sobre todo, la idea de una sociedad pura que representa el bien y la civilización enfrentada a una amenaza externa, han sido explotados desde hace mucho tiempo en series y películas. En medio de las grandes historias existen personajes como Duncan el Alto, que rechazan los grandes honores y que van a contracorriente en un mundo en crisis.

Si los grandes reyes del universo de Juego de tronos pueden mandar al matadero a su ejército o ejecutar a alguien por capricho, Duncan el Alto decide perdonar a un rival caído en un duelo y ser amable con los animales, algo que una parte de la sociedad actual no dudaría en calificar de woke, pues va en contra de la política de la crueldad y la deshumanización que se difunde desde diferentes trincheras. La historia de El caballero de los Siete Reinos no es, en absoluto, revolucionaria; sin embargo, muestra que la épica también puede ocurrir en las historias minúsculas –al menos en sus inicios– que contrastan con las leyendas de los grandes hombres. Quizá los fans de George R.R. Martin puedan apreciar este tipo de historias, que ocurren al margen de las grandes batallas. 

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Un caballero errante

George R.R. Martin, creador del famoso universo de Juego de tronos, es quizá víctima de haber escrito un mundo demasiado real para sus numerosos seguidores. En uno de los ensayos reunidos en Juego de tronos. Un libro afilado como el acero valyrio (“¡Ponte a escribir, George R.R. Martin!”), publicado por la editorial española Errata Naturae en 2012, la periodista Laura Miller describe la obsesión de los fans con los libros y el fenómeno cultural generado por la saga, que se mantiene varios años después de la publicación del título más reciente, en 2011, y el final de la serie producida por HBO en 2019.

La creación de Martin ha provocado, como afirma Miller, que muchos fans sean más expertos en Juego de tronos que el autor mismo. Es tal la cantidad de genealogías, símbolos, mensajes encriptados, teorías de la conspiración, polémicas, conocimiento canónico y misterios irresolubles, que George R.R. Martin probablemente dejará inconclusa la saga por dos razones: la imposibilidad de añadir algo más a una creación que lo rebasa en términos de imaginación y memoria y, por supuesto, la tarea de satisfacer a los seguidores de un universo que se ha convertido para ellos en una suerte de religión. 

Debido a la sequía creativa de Martin, HBO se ha dedicado a escarbar en los volúmenes de Juego de tronos y en historias publicadas al margen de las narraciones más famosas. Los fans, por su parte, han creado una galería de imágenes y secuencias de video para ilustrar episodios que aparecen en algunos libros o son mencionados de forma indirecta en algún pasaje. Esta imaginería visual es usada en los análisis de especialistas en YouTube, que estrenan sus transmisiones una vez que acaba el capítulo semanal de cualquier serie basada en su universo favorito. Para explotar comercialmente el fenómeno mediático, a Juego de tronos siguió La casa del dragón –precuela con personajes diferentes, estrenada en 2022– y, este año, la primera temporada de El caballero de los Siete Reinos (cocreada por Martin e Ira Parker), historia basada en tres novelas cortas publicadas por el autor entre 1998 y 2010, antes de que la fama de la serie llegara a su vida y se convirtiera en referente global. 

Siete Reinos

Dexter Sol Ansell y Peter Claffey en El caballero de los Siete Reinos (2026). Fotografía: Steffan Hill / HBO

No sólo es interesante la trama de El caballero de los Siete Reinos (las aventuras de un caballero errante y un escudero cuya identidad secreta se revela a las primeras de cambio) sino el hecho de que se estrene en medio de una fuerte crítica de la desigualdad y del poder. Si Juego de tronosLa casa del dragón se concentran en las élites de un mundo de fantasía –aunque termina siendo una copia del Medievo, como gran parte de la fantasía épica–, la nueva serie de HBO tiene como personaje principal a Duncan el Alto, un joven sin abolengo que representa, al menos en esta primera temporada, a la gente de a pie que tiene que sobrevivir a una realidad dictada desde el trono.

El contexto es interesante también, pues la historia retrata el declive de una dinastía –los Targaryen– que ha perdido a los dragones, su arma principal. Inmersa en luchas internas, la élite que oprime la tierra ficticia de Westeros tiene que hacer uso de la tradición, la fuerza militar que aún le es fiel y, sobre todo, la capacidad de imponer respeto en los llamados Siete Reinos. El temor, por supuesto, es otro ingrediente para mantener un equilibrio social cada vez más precario. Tiempo después, cuando la dinastía está casi extinta, una de sus descendientes, Daenerys Targaryen, recupera a los dragones y destruye King’s Landing –la capital de Westeros– en el capítulo 5 de la octava temporada de Juego de tronos, cuyas imágenes recuerdan las de un bombardeo nuclear. El final de la serie remite a un determinismo que molestó a muchos espectadores, pues la rebelión que promete libertad a los oprimidos degenera en una orgía de sangre y en el germen de una dictadura con reminiscencias del fascismo del siglo XX.

Siete Reinos

Imagen de la serie El caballero de los Siete Reinos (2026), creada por Ira Parker y George R. R. Martin. Fotografía: Steffan Hill / HBO

En medio de la épica trágica de Juego de tronos, la figura de un caballero errante como Duncan el Alto (Peter Claffey) es una reivindicación de los antiguos ideales de la caballería. No sólo eso: el escudero del protagonista es un noble de escasos 8 o 9 años. Aegon “Egg” Targaryen (Dexter Sol Ansell) es un niño que intenta alejarse del poder para no corromperse y encuentra en el caballero un modelo a seguir. La serie, al menos en su primera temporada, apenas recurre a elementos sobrenaturales, pues la intención es mostrar el enfrentamiento entre el idealismo de Duncan el Alto y una sociedad que se ha acostumbrado al sometimiento y es gobernada por tiranos cada vez más alejados de la realidad.

El héroe que inicia su camino desde abajo y enfrenta al poder es un paradigma que se retrata en innumerables narraciones a lo largo del tiempo. En esta nueva aproximación, el contraste entre un caballero que duerme bajo un árbol y una nobleza que ha perdido casi toda su legitimidad encaja muy bien con nuestra época. En el capítulo 5 de la serie, “In the Name of the Mother”, Duncan el Alto se enfrenta a un juicio por combate a causa de su defensa de una mujer agredida por Aerion Targaryen, uno de los herederos al trono y hermano de su escudero. Forzado a obtener un último combatiente para su causa, Duncan el Alto se dirige a la tribuna llena de nobles de distintos rangos y les reclama, mientras algunos guardan silencio y otros se burlan, la falta de honor y la pérdida de principios. Ese reclamo resuena con fuerza en el siglo XXI. 

Más allá de lo que suceda con Duncan el Alto, El caballero de los Siete Reinos ofrece una mirada diferente a la idealización de la fantasía épica inspirada en el imaginario asociado a la Edad Media. No es un secreto que la ultraderecha global ha usado la nostalgia por los reinos medievales e, incluso, el Imperio romano para vender la idea de una sociedad patriarcal y jerárquica como remedio al caos de nuestra época. Los grandes emperadores, el determinismo histórico, la jerarquía obtenida por nacimiento y, sobre todo, la idea de una sociedad pura que representa el bien y la civilización enfrentada a una amenaza externa, han sido explotados desde hace mucho tiempo en series y películas. En medio de las grandes historias existen personajes como Duncan el Alto, que rechazan los grandes honores y que van a contracorriente en un mundo en crisis.

Si los grandes reyes del universo de Juego de tronos pueden mandar al matadero a su ejército o ejecutar a alguien por capricho, Duncan el Alto decide perdonar a un rival caído en un duelo y ser amable con los animales, algo que una parte de la sociedad actual no dudaría en calificar de woke, pues va en contra de la política de la crueldad y la deshumanización que se difunde desde diferentes trincheras. La historia de El caballero de los Siete Reinos no es, en absoluto, revolucionaria; sin embargo, muestra que la épica también puede ocurrir en las historias minúsculas –al menos en sus inicios– que contrastan con las leyendas de los grandes hombres. Quizá los fans de George R.R. Martin puedan apreciar este tipo de historias, que ocurren al margen de las grandes batallas. 

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miércoles, 11 de marzo de 2026

El nacimiento de la Corunda

Hace unos años, tras un concierto en colaboración en Casa del Lago, los compositores Iván Naranjo y Emilio Hinojosa Carrión iniciaron una conversación que en 2025 se materializó con el nombre de un platillo tradicional michoacano: Corunda. “Queríamos crear una disquera dedicada a la música experimental que viniera ‘envuelta’ en una hoja de tamal”, recuerda Hijonosa: “Esa imagen nos recordó inmediatamente una cinta de Möbius, algo que nos pareció perfecto para representar la música contemporánea: tejida con hojas de maíz o plátano, pero nunca envuelta en dos panes ni sumergida en el caldo de una torta ahogada”. Tras unos meses de maduración, luego de unir esfuerzos con Benjamín Morales, el proyecto comenzó a cristalizarse.

En aquella charla, explica Naranjo, “hablamos de la poca música experimental, contemporánea y de improvisación libre que se graba y produce profesionalmente en México, en contraste con la enorme cantidad de proyectos que existen y se presentan en vivo en el país”. En un tiempo en el que los sellos parecen haberse vuelto innecesarios, surge la necesidad de crear, además de canales de distribución, un registro de ciertas sonoridades que están produciéndose en el país, con un criterio claro. Los dos primeros frutos de aquella conversación, casi con un ánimo de manifiesto, están disponibles desde noviembre del año pasado, no sólo para descarga digital sino en formato físico: Hoy to Play Music, de Emilio Hinojosa Carrión (Ciudad de México, 1984), y el álbum doble formado por Mineral y Superficies de tiempo, de Iván Naranjo (Morelia, 1977).

Como se ve, los animadores de este proyecto son dos de los más relevantes compositores contemporáneos mexicanos. De ahí que Corunda se plantee como una postura ante la escucha. No sólo la naciente línea estética del sello, sino la apuesta por grabaciones de calidad. En ese sentido, encontrar estos dos trabajos en CD no es nostálgico, es un planteamiento crítico: “Responde a la necesidad de propiciar una escucha más atenta y menos mediada por la lógica algorítmica que domina las plataformas digitales”, plantea Naranjo. Abunda Hinojosa: “El formato físico (junto al streaming) defiende la obra como archivo tangible y memoria viva, no por nostalgia, sino para resistir la volatilidad digital: cada disco es un objeto que contiene, protege y se desdobla infinitamente, como la corunda misma”.

Corunda

El disco How to Play Music (2025), de Emilio Hinojosa Carrión. Cortesía de Corunda

Entramos en una discusión pertinente, vinculada a la transformación de los hábitos de escucha. Las plataformas de streaming, especialmente Spotify, han jugado un papel central al favorecer la dispersión y la superficialidad. El álbum, como unidad estética y en ocasiones como obra en sí, ha sido marginado a favor de la pieza, la unidad de contenido, unos minutos de acompañamiento antes de pasar otra cosa. Eso sin hablar del modelo de negocio, sostenido en la casi nula remuneración de los creadores. “Por ello apostamos, al menos por ahora, a trabajar con Bandcamp, con un modelo más directo entre artistas y escuchas, así como la posibilidad de ofrecer formatos de alta calidad y una relación menos intermediada”, explica Naranjo.

“El formato físico defiende la obra como archivo tangible y memoria viva, no por nostalgia, sino para resistir la volatilidad digital: cada disco es un objeto que contiene, protege y se desdobla infinitamente, como la corunda misma”: Emilio Hinojosa Carrión

El formato físico recupera, además, la noción de identidad gráfica. La de Corunda expresa claridad, limpieza, gusto por la abstracción. El diseñador Fernando Espinosa tomó de inspiración la gran variedad de tipos de tamales que existen en México. A casa portada corresponderá un tamal distintivo, aludiendo a que, también en materia musical, el país ofrece rutas diversas y “sabores” arriesgados. En ese sentido, los discos de los fundadores del sello dan la pauta, pero hay planes para una larga lista de lanzamientos futuros.

“Por una parte, queremos lanzar un álbum de música de la compositora Marisol Jiménez, que reside en Berlín y ha consolidado un lenguaje propio y una práctica que involucra máquinas robotizadas que ella misma diseña y construye, en convivencia con escritura instrumental, y que nos parece importante y emocionante documentar. Por otro lado, dos intérpretes solistas: Dirén Checa, violinista virtuosa, residente del ensamble Cepromusic, con un repertorio como solista que incluye numerosas piezas escritas para ella, y Alex Motta, un destacadísimo contrabajista, también residente de Cepromusic y con un pie muy firme en los territorios inestables de la improvisación libre. En su caso, el disco involucrará colaboraciones con el compositor Andrés Motta, además de algo de su trabajo como improvisador”, abunda Iván Naranjo.

Corunda

El disco doble Mineral / Superficies de tiempo (2025), de Iván Naranjo. Cortesía de Corunda

¿Cuál es, entonces, la vocación de Corunda? “Abrir un espacio genuino para la exploración sin que ‘lo experimental’ se convierta en otro género cómodo, con sus clichés sonoros, su estética predecible y su zona de confort camuflada de riesgo. No queremos museos ni vitrinas académicas; apostamos por lo que sucede en nuestro entorno, por los montajes, los hallazgos, el reciclaje; por mantener viva (con ironía y orgullo) la vieja acusación de ‘eso no es música’”, propone Hinojosa, dejando claro que el proyecto tiene, también, un espíritu provocador.

“Aquellas otras músicas, con una intención de exploración de mundos musicales menos visitados, suelen ser menos interpretadas y mucho menos grabadas; es a éstas a las que queremos prestar especial atención”: Iván Naranjo

El diagnóstico es claro, a decir de Emilio Hinojosa Carrión: “En México hay una escena de música contemporánea y experimental de altísima calidad (de compositores e intérpretes que exploran sin red), pero muchas obras circulan de forma precaria, sólo en conciertos puntuales o plataformas algo efímeras, sin permanencia ni cuidado editorial. La música de concierto, aunque vibrante en circuitos independientes, a menudo queda atrapada en el evento único, sin devenir objeto, memoria o referencia. Corunda nace para contrarrestar esa volatilidad, dar visibilidad, cuidado y archivo a ese trabajo, confiando ingenuamente en que aún vale la pena apostar por lo que no encaja, por lo polémico y por lo que, al escucharse, hace dudar de si es música o no”.

Lo cierto es que no nacen disqueras todos los días, y menos una dedicada a la música contemporánea en sus vertientes más aventureras. Puntualiza Naranjo: “Hablar de la música de concierto en México es hablar de muchas músicas y muchas situaciones. El panorama es diverso y las situaciones también lo son. Vemos un gran interés por las músicas con enfoque neonacionalista, tanto en México como en el extranjero, y el oficio de estas músicas es de gran calidad. Por otra parte, aquellas otras músicas, con una intención de exploración de mundos musicales menos visitados, suelen ser menos interpretadas y mucho menos grabadas; es a éstas a las que queremos prestar especial atención”. Corunda inicia su andadura, entonces, con una apuesta por los oídos abiertos y la capacidad de, nuevamente, sentarnos a oír.

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El nacimiento de la Corunda

Hace unos años, tras un concierto en colaboración en Casa del Lago, los compositores Iván Naranjo y Emilio Hinojosa Carrión iniciaron una conversación que en 2025 se materializó con el nombre de un platillo tradicional michoacano: Corunda. “Queríamos crear una disquera dedicada a la música experimental que viniera ‘envuelta’ en una hoja de tamal”, recuerda Hijonosa: “Esa imagen nos recordó inmediatamente una cinta de Möbius, algo que nos pareció perfecto para representar la música contemporánea: tejida con hojas de maíz o plátano, pero nunca envuelta en dos panes ni sumergida en el caldo de una torta ahogada”. Tras unos meses de maduración, luego de unir esfuerzos con Benjamín Morales, el proyecto comenzó a cristalizarse.

En aquella charla, explica Naranjo, “hablamos de la poca música experimental, contemporánea y de improvisación libre que se graba y produce profesionalmente en México, en contraste con la enorme cantidad de proyectos que existen y se presentan en vivo en el país”. En un tiempo en el que los sellos parecen haberse vuelto innecesarios, surge la necesidad de crear, además de canales de distribución, un registro de ciertas sonoridades que están produciéndose en el país, con un criterio claro. Los dos primeros frutos de aquella conversación, casi con un ánimo de manifiesto, están disponibles desde noviembre del año pasado, no sólo para descarga digital sino en formato físico: Hoy to Play Music, de Emilio Hinojosa Carrión (Ciudad de México, 1984), y el álbum doble formado por Mineral y Superficies de tiempo, de Iván Naranjo (Morelia, 1977).

Como se ve, los animadores de este proyecto son dos de los más relevantes compositores contemporáneos mexicanos. De ahí que Corunda se plantee como una postura ante la escucha. No sólo la naciente línea estética del sello, sino la apuesta por grabaciones de calidad. En ese sentido, encontrar estos dos trabajos en CD no es nostálgico, es un planteamiento crítico: “Responde a la necesidad de propiciar una escucha más atenta y menos mediada por la lógica algorítmica que domina las plataformas digitales”, plantea Naranjo. Abunda Hinojosa: “El formato físico (junto al streaming) defiende la obra como archivo tangible y memoria viva, no por nostalgia, sino para resistir la volatilidad digital: cada disco es un objeto que contiene, protege y se desdobla infinitamente, como la corunda misma”.

Corunda

El disco How to Play Music (2025), de Emilio Hinojosa Carrión. Cortesía de Corunda

Entramos en una discusión pertinente, vinculada a la transformación de los hábitos de escucha. Las plataformas de streaming, especialmente Spotify, han jugado un papel central al favorecer la dispersión y la superficialidad. El álbum, como unidad estética y en ocasiones como obra en sí, ha sido marginado a favor de la pieza, la unidad de contenido, unos minutos de acompañamiento antes de pasar otra cosa. Eso sin hablar del modelo de negocio, sostenido en la casi nula remuneración de los creadores. “Por ello apostamos, al menos por ahora, a trabajar con Bandcamp, con un modelo más directo entre artistas y escuchas, así como la posibilidad de ofrecer formatos de alta calidad y una relación menos intermediada”, explica Naranjo.

“El formato físico defiende la obra como archivo tangible y memoria viva, no por nostalgia, sino para resistir la volatilidad digital: cada disco es un objeto que contiene, protege y se desdobla infinitamente, como la corunda misma”: Emilio Hinojosa Carrión

El formato físico recupera, además, la noción de identidad gráfica. La de Corunda expresa claridad, limpieza, gusto por la abstracción. El diseñador Fernando Espinosa tomó de inspiración la gran variedad de tipos de tamales que existen en México. A casa portada corresponderá un tamal distintivo, aludiendo a que, también en materia musical, el país ofrece rutas diversas y “sabores” arriesgados. En ese sentido, los discos de los fundadores del sello dan la pauta, pero hay planes para una larga lista de lanzamientos futuros.

“Por una parte, queremos lanzar un álbum de música de la compositora Marisol Jiménez, que reside en Berlín y ha consolidado un lenguaje propio y una práctica que involucra máquinas robotizadas que ella misma diseña y construye, en convivencia con escritura instrumental, y que nos parece importante y emocionante documentar. Por otro lado, dos intérpretes solistas: Dirén Checa, violinista virtuosa, residente del ensamble Cepromusic, con un repertorio como solista que incluye numerosas piezas escritas para ella, y Alex Motta, un destacadísimo contrabajista, también residente de Cepromusic y con un pie muy firme en los territorios inestables de la improvisación libre. En su caso, el disco involucrará colaboraciones con el compositor Andrés Motta, además de algo de su trabajo como improvisador”, abunda Iván Naranjo.

Corunda

El disco doble Mineral / Superficies de tiempo (2025), de Iván Naranjo. Cortesía de Corunda

¿Cuál es, entonces, la vocación de Corunda? “Abrir un espacio genuino para la exploración sin que ‘lo experimental’ se convierta en otro género cómodo, con sus clichés sonoros, su estética predecible y su zona de confort camuflada de riesgo. No queremos museos ni vitrinas académicas; apostamos por lo que sucede en nuestro entorno, por los montajes, los hallazgos, el reciclaje; por mantener viva (con ironía y orgullo) la vieja acusación de ‘eso no es música’”, propone Hinojosa, dejando claro que el proyecto tiene, también, un espíritu provocador.

“Aquellas otras músicas, con una intención de exploración de mundos musicales menos visitados, suelen ser menos interpretadas y mucho menos grabadas; es a éstas a las que queremos prestar especial atención”: Iván Naranjo

El diagnóstico es claro, a decir de Emilio Hinojosa Carrión: “En México hay una escena de música contemporánea y experimental de altísima calidad (de compositores e intérpretes que exploran sin red), pero muchas obras circulan de forma precaria, sólo en conciertos puntuales o plataformas algo efímeras, sin permanencia ni cuidado editorial. La música de concierto, aunque vibrante en circuitos independientes, a menudo queda atrapada en el evento único, sin devenir objeto, memoria o referencia. Corunda nace para contrarrestar esa volatilidad, dar visibilidad, cuidado y archivo a ese trabajo, confiando ingenuamente en que aún vale la pena apostar por lo que no encaja, por lo polémico y por lo que, al escucharse, hace dudar de si es música o no”.

Lo cierto es que no nacen disqueras todos los días, y menos una dedicada a la música contemporánea en sus vertientes más aventureras. Puntualiza Naranjo: “Hablar de la música de concierto en México es hablar de muchas músicas y muchas situaciones. El panorama es diverso y las situaciones también lo son. Vemos un gran interés por las músicas con enfoque neonacionalista, tanto en México como en el extranjero, y el oficio de estas músicas es de gran calidad. Por otra parte, aquellas otras músicas, con una intención de exploración de mundos musicales menos visitados, suelen ser menos interpretadas y mucho menos grabadas; es a éstas a las que queremos prestar especial atención”. Corunda inicia su andadura, entonces, con una apuesta por los oídos abiertos y la capacidad de, nuevamente, sentarnos a oír.

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martes, 10 de marzo de 2026

Museo Jumex: nuevas exposiciones

Las nuevas propuestas expositivas del Museo Jumex, en la Ciudad de México, coinciden con el aniversario 25 de la Fundación de la que es parte, dedicada a fomentar la producción, la discusión y el conocimiento del arte contemporáneo. Luego de Gabriel de la Mora: La petite mort y Elsa-Louise Manceaux: Notas de voz, la plaza del edificio diseñado por David Chipperfield se pobló con tres esculturas de la libanesa Simone Fattal, ganadora del XLIX Prix International d’Art Contemporain (PIAC) 2025. Tres nuevas exposiciones en el museo combinan las búsquedas de artistas contemporáneos con la coyuntura, específicamente la Copa Mundial de Futbol 2026, que tendrá en México una de sus sedes.

 

Un tiempo de libertad en que el mundo había sido posible

Melanie Smith

Del 28 de febrero al 15 de marzo

Museo Jumex

Melanie Smith, fotograma de Axolotl (2025). Cortesía de la artista

El título de esta videoinstalación, comisionada por el Museo Jumex y el Museo de Arte de Zapopan (MAZ), proviene del cuento “Axolotl”, de Julio Cortázar. La inglesa-mexicana Melanie Smith se acerca a la figura del anfibio, tan socorrida en los estudios sobre la identidad nacional, desde una perspectiva personal, tratando de extraer una nueva imagen, apoyada en las investigaciones de la bióloga Eria Rebollar. Con curaduría de Helena Chávez Mac Gregor, Un tiempo de libertad en que el mundo había sido posible piensa los ajolotes no sólo desde su raigambre artística –José María Velasco, Diego Rivera, Wolfgang Paalen– e histórica sino desde su evidencia orgánica y su forma de vida. Parte del Festival TONO 2026, el 14 de marzo tendrá lugar un programa público en torno al proyecto.

 

Colección Jumex: Visiones difusas

Varios artistas

Del 7 de marzo al 19 de julio

Museo Jumex

Vista de la exposición Colección Jumex: Visiones difusas, Museo Jumex, Ciudad de México, 2026. Fotografía: Ramiro Chaves

Con piezas de Ale de la Puente, Michel François, Cyprien Gaillard, Petrit Halilaj, Jim Hodges, Emily Kraus, Pipilotti Rist y Teresa Solar Abboud, todas pertenecientes a la Colección Jumex, Visiones difusas explora las fronteras entre el sueño y la vigilia. Carolina Estrada García, Adriana Flores Suárez y Natalia Vargas, asistentes curatoriales del Museo Jumex, evidencian la porosidad de los límites de esos estados a través de obras que plantean un estado intermedio de ensoñación. En esa zona indócil a veces lo cotidiano se torna siniestro y la vida humana se proyecta en otras especies. La muestra construye una atmósfera tan inquietante como fantástica donde la razón es asediada por aquello que surge de los espacios liminares. “Soñar es recorrer un continente sin fronteras, repleto de imágenes difusas que fluyen como ríos interiores”, escribe Carolina Estrada García.

Futbol y arte. Esa misma emoción

Varios artistas

Del 28 de marzo al 26 de julio

Museo Jumex

Francis Alÿs, fotograma de Juego de niños #19: Futbol Haram (2017). Cortesía del artista, Julien Devaux y Félix Blume

“Categóricamente, la cultura visual moderna encuentra su cumbre más refulgente en la red de representaciones y de ritos sociales paralelos al juego del balompié. El futbol es un sistema de imaginación y de información que exhala e inhala a la compleja realidad de la especie humana del siglo XXI, y en efecto, sus incalculables emociones”, comenta Guillermo Santamarina, curador de la muestra que el Museo Jumex propone en el contexto del Mundial de Futbol. El juego de pelota como expresión cultural, estética y social se manifiesta en un centenar de obras. Pinturas, esculturas, instalaciones, fotografías y videos se disponen a lo largo de la museografía diseñada por el arquitecto Mauricio Rocha, que alude lo mismo al balón que a la cancha, las gradas y el estadio. El más universal de los deportes permite pensar, a través de la mirada de 60 artistas internacionales, el género, la comunidad, la identidad y el mundo global. Futbol y arte. Esa misma emoción contará con obras especialmente comisionadas a Diego Berruecos, Iñaki Bonillas y Sofía Echeverri, además de la instalación escultórica Tribunas, del colectivo Tercerunquinto, en la plaza del museo.

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Museo Jumex: nuevas exposiciones

Las nuevas propuestas expositivas del Museo Jumex, en la Ciudad de México, coinciden con el aniversario 25 de la Fundación de la que es parte, dedicada a fomentar la producción, la discusión y el conocimiento del arte contemporáneo. Luego de Gabriel de la Mora: La petite mort y Elsa-Louise Manceaux: Notas de voz, la plaza del edificio diseñado por David Chipperfield se pobló con tres esculturas de la libanesa Simone Fattal, ganadora del XLIX Prix International d’Art Contemporain (PIAC) 2025. Tres nuevas exposiciones en el museo combinan las búsquedas de artistas contemporáneos con la coyuntura, específicamente la Copa Mundial de Futbol 2026, que tendrá en México una de sus sedes.

 

Un tiempo de libertad en que el mundo había sido posible

Melanie Smith

Del 28 de febrero al 15 de marzo

Museo Jumex

Melanie Smith, fotograma de Axolotl (2025). Cortesía de la artista

El título de esta videoinstalación, comisionada por el Museo Jumex y el Museo de Arte de Zapopan (MAZ), proviene del cuento “Axolotl”, de Julio Cortázar. La inglesa-mexicana Melanie Smith se acerca a la figura del anfibio, tan socorrida en los estudios sobre la identidad nacional, desde una perspectiva personal, tratando de extraer una nueva imagen, apoyada en las investigaciones de la bióloga Eria Rebollar. Con curaduría de Helena Chávez Mac Gregor, Un tiempo de libertad en que el mundo había sido posible piensa los ajolotes no sólo desde su raigambre artística –José María Velasco, Diego Rivera, Wolfgang Paalen– e histórica sino desde su evidencia orgánica y su forma de vida. Parte del Festival TONO 2026, el 14 de marzo tendrá lugar un programa público en torno al proyecto.

 

Colección Jumex: Visiones difusas

Varios artistas

Del 7 de marzo al 19 de julio

Museo Jumex

Vista de la exposición Colección Jumex: Visiones difusas, Museo Jumex, Ciudad de México, 2026. Fotografía: Ramiro Chaves

Con piezas de Ale de la Puente, Michel François, Cyprien Gaillard, Petrit Halilaj, Jim Hodges, Emily Kraus, Pipilotti Rist y Teresa Solar Abboud, todas pertenecientes a la Colección Jumex, Visiones difusas explora las fronteras entre el sueño y la vigilia. Carolina Estrada García, Adriana Flores Suárez y Natalia Vargas, asistentes curatoriales del Museo Jumex, evidencian la porosidad de los límites de esos estados a través de obras que plantean un estado intermedio de ensoñación. En esa zona indócil a veces lo cotidiano se torna siniestro y la vida humana se proyecta en otras especies. La muestra construye una atmósfera tan inquietante como fantástica donde la razón es asediada por aquello que surge de los espacios liminares. “Soñar es recorrer un continente sin fronteras, repleto de imágenes difusas que fluyen como ríos interiores”, escribe Carolina Estrada García.

Futbol y arte. Esa misma emoción

Varios artistas

Del 28 de marzo al 26 de julio

Museo Jumex

Francis Alÿs, fotograma de Juego de niños #19: Futbol Haram (2017). Cortesía del artista, Julien Devaux y Félix Blume

“Categóricamente, la cultura visual moderna encuentra su cumbre más refulgente en la red de representaciones y de ritos sociales paralelos al juego del balompié. El futbol es un sistema de imaginación y de información que exhala e inhala a la compleja realidad de la especie humana del siglo XXI, y en efecto, sus incalculables emociones”, comenta Guillermo Santamarina, curador de la muestra que el Museo Jumex propone en el contexto del Mundial de Futbol. El juego de pelota como expresión cultural, estética y social se manifiesta en un centenar de obras. Pinturas, esculturas, instalaciones, fotografías y videos se disponen a lo largo de la museografía diseñada por el arquitecto Mauricio Rocha, que alude lo mismo al balón que a la cancha, las gradas y el estadio. El más universal de los deportes permite pensar, a través de la mirada de 60 artistas internacionales, el género, la comunidad, la identidad y el mundo global. Futbol y arte. Esa misma emoción contará con obras especialmente comisionadas a Diego Berruecos, Iñaki Bonillas y Sofía Echeverri, además de la instalación escultórica Tribunas, del colectivo Tercerunquinto, en la plaza del museo.

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sábado, 7 de marzo de 2026

La libertad o la ley

Lograr la elegancia en aquello aparentemente despreocupado, o poco esforzado, tiene un nombre en italiano: sprezzatura. Describe esa suerte de esmero disimulado en la confianza del saber hacer, que no pocos ambicionan en el arte (y por allá –se sabe– especialmente en el buen vestir). Quizá no existe artificio mayor: que lo difícil parezca fácil, presentarse ante el mundo con la naturalidad de un maestro nato. Estrategias de la dolce vita.

De tradición estadounidense hasta la médula, cuando pienso en el cine de Kelly Reichardt (Miami, 1964) este concepto italiano me persigue, y no precisamente por su parentesco con el neorrealismo, que lo tiene. La sprezzatura flota en ese desparpajo organizado que, cual mantra, anima los nueve largometrajes de esta veterana del indie gringo. Todos parecen leves, espontáneos, como si su gracia estuviera naturalmente dada. Para definirlos sin esfuerzo se ha invocado al “minimalismo fílmico”, aprovechando que se valen de muy poco: una trama apenas esbozada, dos o tres personajes lacónicos que circulan en un espacio amplio, y una cámara dispuesta a seguirlos. A golpe de vista poco complejos, a través de la lupa semejan juegos malabares, torres de Jenga que van creciendo –buen pulso mediante–, reciclando los mismos bloques que les dan cimiento. Bajo capas de aparente llanura, el artificio mayor: la naturalidad.

En 1970 un hombre planea robar un puñado de obras del museo de arte moderno de su ciudad, y ahí empieza la acción de Mente maestra (2025; disponible en MUBI), la más reciente cinta de Reichardt, también autora del guion. Puesto en papel, el argumento parece desmentir la premisa del trazo sencillo de la directora y coquetear con cierta sofisticación ligada a las heist movies, el subgénero de robos. Pero estamos sólo ante un dispositivo formal para encender motores; cualquier dejo de glamour se extingue sobre la marcha hasta que emana algo parecido a una comicidad agridulce.

Kelly Reichardt

Fotograma de Mente maestra (2025), de Kelly Reichardt

Nada de Fuego contra fuego (Mann, 1995), nada de La gran estafa (Soderbergh, 2001), existe ya suficiente épica filmada por hombres. La apuesta tiene que ser, de tan ordinaria, casi imposible: capturar un pedacito de realidad. Al menos esa que le ha interesado a la directora desde su ópera prima, River of Grass (1994), la de aquellos que renuncian al oropel del American dream en busca, si acaso, de alguna íntima ambición. La de nuestro protagonista será adueñarse de varios trabajos de Arthur Dove, un respetado artista de inicios del siglo XX, tan desconocido para el gran público como apreciado por conocedores. Así, el ladrón (Josh O’Connor) resulta un campechano ex estudiante de arte, desempleado y con nula capacidad criminal; el plan involucra dos vagos de poca monta y el museo, en Massachusetts, tiene menos vigilancia que una tienda de abarrotes.

La época que ha elegido la cineasta para ubicar esta historia responde, por un lado, al evento real que la inspira, el robo de algunos Picasso, Gauguin y Rembrandt del Worcester Art Museum en 1972. Como se sabe, en esos años los recintos carecían de buen blindaje y los ladrones de arte cobraban horas extra (para más está Museo, 2018, de Alonso Ruizpalacios). Pero quizá la motivación para recrear a detalle esta década cale más hondo. Los años setenta remiten al auge del Nuevo Hollywood, tan importante en la idea de cine que Kelly Reichardt enarbola, preocupado por las vidas pequeñas de gente común, alejado de los poderosos estudios y comprometido con cierta idea autoral. En diálogo permanente con directores como Schlesinger, Nichols, Bogdanovich o incluso el primer Scorsese (el de Alicia ya no vive aquí, de 1974), sus filmes interrogan la relación humana con la naturaleza, los acomodos sociales, las aspiraciones modestas, el ocio y las normas que marginan al diferente.

Kelly Reichardt

Alana Haim en Mente maestra (2025), de Kelly Reichardt

Hay que detenerse en la secuencia principal de Mente maestra, la del robo, pues en ella convergen varios ejes de este cine a contracorriente que Reichardt lleva más de dos décadas proponiendo. La narrativa se subvierte desde la forma, por ejemplo; en este caso, reordenando los recursos exigidos por el género hasta crear el efecto contrario. Es decir, a través de edición cruzada con música incidental –¿habrá un clásico más invocado para crear tensión?– se puede montar el atraco menos espectacular del que se tenga memoria. La clave radica en usarla como distractor de la acción y no para enfatizarla. Ayuda, por supuesto, la cadencia del jazz que propone Rob Mazurek, con percusiones por momentos casi imperceptibles.

La resolución de esta secuencia enfrenta conceptos opuestos, un motivo que atraviesa sutilmente toda la obra de Kelly Reichardt. No es casual que, anhelando cierta libertad, sus personajes terminen acosados por la ley –como en River of Grass, Wendy y Lucy (2008) y Radicales (2013)–; tampoco que las pulsiones de un individuo se contrapongan a las de la comunidad –Old Joy (2006) y Showing Up (2022). O que en cada una de sus historias monte la lucha entre ternura y apatía, entre movimiento y calma, desde los temas y las elecciones formales.

Entonces: si el atraco es fácil de cometer será difícil de ver. La cámara se coloca debajo de una banca o es colgada de un cuadro; restringe los acercamientos extremos y la claridad. Se trata de encontrar puntos de vista inusuales, lejanos, llenos de obstáculos. Son poco generosos con el voyeur de fantasía, pero juegan a favor de la mirada paciente y afilada.

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