jueves, 10 de septiembre de 2026

El nuevo voyerismo

El canal de YouTube The Chateau Diaries fue creado por Stephanie Jarvis; su primera transmisión ocurrió en septiembre de 2018. El propósito del canal es documentar la remodelación del Castillo de Lalande, construcción del siglo XVI localizada en la región Centro-Valle del Loira, Francia. Jarvis adquirió el castillo con una amiga, con la esperanza de que funcionara como hotel para así recuperar la inversión. En Internet es común encontrar historias de turistas que compran residencias o castillos abandonados a un precio de remate.

El negocio de Jarvis parecía llegar a su fin con la pandemia del covid en 2020, pues el confinamiento terminó con los viajes y el turismo. Sin embargo, comenzó a documentar su vida en Lalande en su canal de YouTube. Las suscripciones aumentaron exponencialmente hasta llegar, en la actualidad, a 299 mil. El éxito de The Chateau Diaries salvó las finanzas de Jarvis, pues no había considerado los gastos que implica mantener y remodelar un castillo. Además, la convirtió en una estrella de Internet, una influencer o “creadora de contenido” cuya cuenta bancaria tiene ingresos gracias a los miles de visitantes, suscriptores, patrocinadores y fans que siguen, día a día, la vida de Jarvis y sus amigos.

The Chateau Diaries no es, por supuesto, el único canal en YouTube que documenta la remodelación de un inmueble y las experiencias de sus habitantes. Siguiendo la fórmula para monetizar la vida privada –explotada poco antes por los llamados reality shows– hay cientos de videos en los que vemos remodelaciones, viajes, restauraciones, recetas de cocina, entre muchas otras actividades. Antes de la pandemia, en 2017, la creadora de contenido china Li Ziqi cobró fama gracias a un canal en el que muestra el proceso de creación de platillos tradicionales de su país. El entorno exuberante del bosque, además del cuidadoso trabajo de edición, música y fotografía, transforman cada video –de poco más de 10 minutos– en una experiencia estética que idealiza las regiones rurales chinas. Los millones de espectadores que se deleitan con las imágenes de Li Ziqi le permitieron ganar mucho dinero con la plataforma y, después, echar a andar una marca de alimentos, además de ser reconocida por el gobierno de su país.

En 2019 el chef Amiraslan Ramikhanov, oriundo de Azerbaiyán, creó el canal de YouTube Country Life Vlog, en el que su madre, Aziza, realiza diferentes platillos de su región –Qusar– mientras se muestra la paradisiaca naturaleza del lugar y la vida rural en el que podemos ver vacas, gallinas, gatos y diferentes tipos de aves. Sobra decir que el trabajo de edición y la estética que transmite es similar al de la creadora de contenido china. Hasta el momento, el canal de Ramikhanov tiene más de ocho millones de suscriptores.

El fenómeno de los canales de YouTube como los que menciono es, por supuesto, un síntoma de nuestros tiempos. El auge de la hiperrealidad no sólo ocurre con la exhibición sin filtros de la violencia en internet. Existe una necesidad de mirar escenas que nos tranquilicen y transmitan sensaciones imposibles de experimentar en las grandes urbes. Encerrados durante la pandemia, las imágenes idílicas del campo en distintas regiones del mundo sirvieron como un placebo, la posibilidad de un modo diferente, casi al alcance de la mano. Sin embargo, la realidad que muestran –en algunos casos retrabajada con infinidad de filtros y ediciones hasta hacerla parecer creada por inteligencia artificial generativa– es una coreografía para los sentidos y, sus creadores, un ejército de personas que luchan por visibilidad en el algoritmo y tratan de adelantarse a cualquier cambio en sus tendencias. Para no perder seguidores tienen que cumplir su principal promesa: ofrecer un espacio en el que el espectador pueda refugiarse. Da lo mismo si es un carpintero remodelando un mueble, una granjera cuidando a unas gallinas o una anfitriona remodelando un castillo y recibiendo huéspedes que, además del pago por pasar la noche en el lugar que vieron innumerables veces en YouTube, se volverán parte del show.

La principal paradoja de la realidad que ofrecen estos canales es la lucha constante por evitarla. La principal intromisión es, por supuesto, cualquier mención a algún hecho que aparezca en los titulares de los medios tradicionales. En algunos canales –los más cercanos a la atmósfera relajante de la música new age y el andamiaje onírico que proponen– la imagen suple cualquier palabra y apenas algunos subtítulos ofrecen contexto. En otros, como The Chateau Diaries, los videos se concentran en las trivialidades de la remodelación del castillo y las excursiones a lugares cercanos, casi siempre turísticos. La idea es mostrar como producto una suerte de microcosmos, un limbo en el que el mundo exterior no se entromete. Stephanie Jarvis, en muchos de sus videos, ofrece una fiesta perpetua con sus huéspedes. En un capítulo documentó una convención de creadores de contenido premiados por YouTube gracias a sus millones de suscriptores.

La experiencia con otros influencers fue la culminación de la dinámica de exhibición de nuestra época: personas grabando a otras personas que también las graban para sus respectivos canales porque se tiene que generar contenido constantemente. En ocasiones un personaje secundario de un canal protagoniza su propia exhibición privada para tratar de alcanzar el éxito mediático. La regla es mantener a raya cualquier cosa que incomode al voyerista que busca confort. A veces la realidad se entromete y sólo queda disimular para mantener el negocio. Los incendios recientes en Francia, además de las olas de calor que han roto récords en el país, cobraron protagonismo en un viaje de Stephanie Jarvis que tuvo que mencionar la situación para sus seguidores. De igual forma, fue imposible disimular el calor –que en algunas regiones de Francia llegó a los 40 grados centígrados– en un castillo que no fue construido para un clima como el que espera esa parte de Europa gracias a la crisis climática. Sin embargo, como la famosa orquesta del Titanic, los músicos deben seguir tocando para la audiencia.

The post El nuevo voyerismo first appeared on La Tempestad.



from La Tempestad https://ift.tt/CLBrJxi
via IFTTT Fuente: Revista La Tempestad

El nuevo voyerismo

El canal de YouTube The Chateau Diaries fue creado por Stephanie Jarvis; su primera transmisión ocurrió en septiembre de 2018. El propósito del canal es documentar la remodelación del Castillo de Lalande, construcción del siglo XVI localizada en la región Centro-Valle del Loira, Francia. Jarvis adquirió el castillo con una amiga, con la esperanza de que funcionara como hotel para así recuperar la inversión. En Internet es común encontrar historias de turistas que compran residencias o castillos abandonados a un precio de remate.

El negocio de Jarvis parecía llegar a su fin con la pandemia del covid en 2020, pues el confinamiento terminó con los viajes y el turismo. Sin embargo, comenzó a documentar su vida en Lalande en su canal de YouTube. Las suscripciones aumentaron exponencialmente hasta llegar, en la actualidad, a 299 mil. El éxito de The Chateau Diaries salvó las finanzas de Jarvis, pues no había considerado los gastos que implica mantener y remodelar un castillo. Además, la convirtió en una estrella de Internet, una influencer o “creadora de contenido” cuya cuenta bancaria tiene ingresos gracias a los miles de visitantes, suscriptores, patrocinadores y fans que siguen, día a día, la vida de Jarvis y sus amigos.

The Chateau Diaries no es, por supuesto, el único canal en YouTube que documenta la remodelación de un inmueble y las experiencias de sus habitantes. Siguiendo la fórmula para monetizar la vida privada –explotada poco antes por los llamados reality shows– hay cientos de videos en los que vemos remodelaciones, viajes, restauraciones, recetas de cocina, entre muchas otras actividades. Antes de la pandemia, en 2017, la creadora de contenido china Li Ziqi cobró fama gracias a un canal en el que muestra el proceso de creación de platillos tradicionales de su país. El entorno exuberante del bosque, además del cuidadoso trabajo de edición, música y fotografía, transforman cada video –de poco más de 10 minutos– en una experiencia estética que idealiza las regiones rurales chinas. Los millones de espectadores que se deleitan con las imágenes de Li Ziqi le permitieron ganar mucho dinero con la plataforma y, después, echar a andar una marca de alimentos, además de ser reconocida por el gobierno de su país.

En 2019 el chef Amiraslan Ramikhanov, oriundo de Azerbaiyán, creó el canal de YouTube Country Life Vlog, en el que su madre, Aziza, realiza diferentes platillos de su región –Qusar– mientras se muestra la paradisiaca naturaleza del lugar y la vida rural en el que podemos ver vacas, gallinas, gatos y diferentes tipos de aves. Sobra decir que el trabajo de edición y la estética que transmite es similar al de la creadora de contenido china. Hasta el momento, el canal de Ramikhanov tiene más de ocho millones de suscriptores.

El fenómeno de los canales de YouTube como los que menciono es, por supuesto, un síntoma de nuestros tiempos. El auge de la hiperrealidad no sólo ocurre con la exhibición sin filtros de la violencia en internet. Existe una necesidad de mirar escenas que nos tranquilicen y transmitan sensaciones imposibles de experimentar en las grandes urbes. Encerrados durante la pandemia, las imágenes idílicas del campo en distintas regiones del mundo sirvieron como un placebo, la posibilidad de un modo diferente, casi al alcance de la mano. Sin embargo, la realidad que muestran –en algunos casos retrabajada con infinidad de filtros y ediciones hasta hacerla parecer creada por inteligencia artificial generativa– es una coreografía para los sentidos y, sus creadores, un ejército de personas que luchan por visibilidad en el algoritmo y tratan de adelantarse a cualquier cambio en sus tendencias. Para no perder seguidores tienen que cumplir su principal promesa: ofrecer un espacio en el que el espectador pueda refugiarse. Da lo mismo si es un carpintero remodelando un mueble, una granjera cuidando a unas gallinas o una anfitriona remodelando un castillo y recibiendo huéspedes que, además del pago por pasar la noche en el lugar que vieron innumerables veces en YouTube, se volverán parte del show.

La principal paradoja de la realidad que ofrecen estos canales es la lucha constante por evitarla. La principal intromisión es, por supuesto, cualquier mención a algún hecho que aparezca en los titulares de los medios tradicionales. En algunos canales –los más cercanos a la atmósfera relajante de la música new age y el andamiaje onírico que proponen– la imagen suple cualquier palabra y apenas algunos subtítulos ofrecen contexto. En otros, como The Chateau Diaries, los videos se concentran en las trivialidades de la remodelación del castillo y las excursiones a lugares cercanos, casi siempre turísticos. La idea es mostrar como producto una suerte de microcosmos, un limbo en el que el mundo exterior no se entromete. Stephanie Jarvis, en muchos de sus videos, ofrece una fiesta perpetua con sus huéspedes. En un capítulo documentó una convención de creadores de contenido premiados por YouTube gracias a sus millones de suscriptores.

La experiencia con otros influencers fue la culminación de la dinámica de exhibición de nuestra época: personas grabando a otras personas que también las graban para sus respectivos canales porque se tiene que generar contenido constantemente. En ocasiones un personaje secundario de un canal protagoniza su propia exhibición privada para tratar de alcanzar el éxito mediático. La regla es mantener a raya cualquier cosa que incomode al voyerista que busca confort. A veces la realidad se entromete y sólo queda disimular para mantener el negocio. Los incendios recientes en Francia, además de las olas de calor que han roto récords en el país, cobraron protagonismo en un viaje de Stephanie Jarvis que tuvo que mencionar la situación para sus seguidores. De igual forma, fue imposible disimular el calor –que en algunas regiones de Francia llegó a los 40 grados centígrados– en un castillo que no fue construido para un clima como el que espera esa parte de Europa gracias a la crisis climática. Sin embargo, como la famosa orquesta del Titanic, los músicos deben seguir tocando para la audiencia.

The post El nuevo voyerismo first appeared on La Tempestad.



from La Tempestad https://ift.tt/CLBrJxi
via IFTTT Fuente: Revista La Tempestad

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Sobre (y de) ‘Tragazona’

“A cierta distancia / la luz no puede / alcanzarnos”

Matías Ruiz

 

1.

Nobody wants any more poems / about foreign cities”. Tomo el epígrafe de Charles Tomlinson que abre el libro como una advertencia y, al mismo tiempo, como una clave de lectura. Tragazona (Álbum del Universo Bakterial, 2026) no es un libro sobre una ciudad extranjera. Si bien los textos que lo componen giran en torno a una serie de referentes espaciales (la Tróade de Misia, el monte Ida, el Gárgaro, el río Esepo, etc.), quien abra sus páginas buscando fijar un escenario, una voz, el relato de un viaje, fracasará. Me gustaría, en su lugar, introducir la idea de que lo que guía la propuesta de Rodrigo Vera Cubas (Lima, 1987) es un cuestionamiento de la mirada a partir de múltiples cambios de escala y posiciones de observación.

La mirada resulta un problema central desde el primer poema. “dónde mirarnos”, se dice en el verso inicial. Esta primera escena nos sitúa ante una percepción dislocada para la cual los referentes espaciales, el “contexto”, han sido desdibujados. ¿“dónde mirarnos” si se ha “abandonado el contexto” y los puntos de referencia se han vuelto inestables, si lo que vemos es, desde un inicio, un paisaje estallado, reducido a un cúmulo de detalles y superficies flotantes? ¿Dónde ubicar la mirada?

2.

La colocación a distancia es una de las formas bajo las cuales se organiza la visión del sujeto de los textos. Allí se mide la tensión entre aquello que resulta visible y aquello que no. En La invención de lo cotidiano, Michel de Certeau plantea una distinción entre la mirada a distancia, de quien se ubica en una posición alejada para ver, en un afán totalizador, la ciudad como conjunto, y la mirada trashumante, la del sujeto perdido entre la multitud e inmerso en la experiencia de una espacialidad que se le muestra opaca. Pero la poética de Vera trabaja las escalas espaciales más allá de ese sentido jerárquico. Lejos de proporcionar una visión de conjunto, nítida, en que la ciudad aparece como un texto perfectamente legible, aquí la toma de distancia se presenta más bien como índice de pérdida:

 

a cierta distancia

la luz no puede alcanzarnos

y no hay forma de medir

lo que allí ocurre existe

 

O como contradicción:

 

vi la ciudad a lo lejos

             no

                 la vi

 

En otros casos, esta mirada a distancia se configura a partir de un movimiento de zoom out con el que el hablante de los textos nombra los distintos elementos de la escena que lo rodea:

 

hola glande, hola techo, hola cielo millonario, hola humedad presión

temperatura laxitud del universo roca ácida en lugar de asteroide que no

huele peponcito de sopa primigenia

 

Hay, entonces, una consciencia del paralaje, es decir, de que distintos ángulos de visión producen realidades igualmente distintas. La crítica a la perspectiva se centra, así, en desarticular las formas de percepción habituales, en hacerlas estallar, por ejemplo, a través de la paradoja: “el Diplodocus será siempre gigante / incluso a la distancia / no importa dónde estén tus ojos / ni dónde esté su cara”.

3.

La existencia o no-existencia de aquello que es perdido para la visión aparece como uno de los tópicos centrales del libro. La repetición de la palabra “existe” al final de cada uno de los poemas que conforman la segunda sección puede leerse no sólo como un guiño a la poesía enumerativa de Inger Christiensen, sino también como la insistencia por nombrar una realidad que se escapa a la mirada. De ahí que se aluda a una serie de interlocutores antagónicos que metonímicamente refieren al cálculo, a la técnica y a las formas institucionalizadas de medición del espacio: el cartógrafo, el topógrafo, el espeléologo, etc. De esta forma, la presencia de una mirada dislocada y lacunar frente a otra de afán totalizador es lo que rige la experiencia perceptiva del poemario: “yo la verdad me habría quedado feliz / apreciando mi descomposición / pero vinieron / los señores con sus reglas / a querer forjarme / un estilo sideral un estilo en base”.

En Tragazona los referentes geográficos aparecen dentro de un juego de tensiones entre lo visible y lo invisible, entre lo legible y lo ilegible. El monte Ida es, por ejemplo, un escenario recurrente, pero un escenario enrarecido e inestable. A lo largo del libro, sea por los constantes juegos de perspectiva o por la experimentación sonora, los referentes espaciales quedan disueltos, o prácticamente irreconocibles. Y esto ocurre precisamente allí donde lenguaje y mirada entran en conflicto: “el name distorsiona las escalas y ensombrece los accesos”. La tensión entre ver y nombrar tiene como efecto la distorsión y, en algunos casos, el borramiento de estos referentes.

Creo que hacia allí apunta la descomposición tipográfica que el libro hace de las coordenadas que titula cada una de las secciones del libro. Es decir, es en ese gesto de contracción y superposición de los caracteres que conforman estas coordenadas donde se llama la atención sobre la imposibilidad de leer una ciudad ajena, y es en ese extrañamiento donde el sujeto poético se vuelve Otro en el acto de enunciación: “Soy el travesti de mi novia favorita”.

Hay un extrañamiento del “yo” producido en el habla del sujeto poético que puede rastrearse a partir de la introducción de la figura del doble. En algunos casos, el sujeto aparece como un elemento más del espacio observado, es decir, se mira en tercera persona: (“alguien con mi cara / intenta hacer música / frente al banco Pichincha”). Se produce así una enajenación que opera como un proceso de desconocimiento de la propia imagen. Las posiciones paradójicas (que recuerdan al Vallejo de Trilce, el de “esas posaderas sentadas para arriba”) desplazan en el cuerpo mismo del hablante la posibilidad de su reconocimiento como un todo (“no soy el lugar en el que estás / estás / en el lugar en el que soy”). Esto ocurre también, desde luego, en el recurso a los juegos de combinatorias. En algunos casos, las posiciones de los elementos convocados en el texto se alternan hasta el punto de desdibujar cualquier imagen reconocible de un cuerpo o escena: “la intercambiabilidad de las flores tiene un costo”, dice uno de los poemas.

4.

Quisiera terminar aludiendo al tópico del viaje y llamando la atención acerca de que la deriva que emprende esta poética, su desplazamiento interno, tiene que ver, más que con una dimensión geográfica, con el trabajo constante sobre la sonoridad del signo. El juego de paronomasias, homofonías, aliteraciones y calambures abre la lectura a un desencuentro entre sonido y sentido, a una deriva significante plegada sobre sí misma. Pongo solo un ejemplo: “Ama mantra mez quita lamano otomano mustio sin faquir echado”. El exceso de sonido aparece entonces como un agente deformante en que el habla enajenada del sujeto, en un gesto logofágico (y allí una posible resonancia con el “tragar” del título del libro), cancela la posibilidad de reconstrucción de un relato, de una memoria de viaje.

En ciertos casos, los textos llevan a cabo una deconstrucción sonora de formulaciones iniciales, como en el poema “[baba i ajos]”, donde la frase “el trabajo está en su sitio” es sometida a procedimientos de permutación y fragmentación (el mismo título del poema es un ejemplo de ello). Con todo, no se trata de una poética que ha renunciado a “la exactitud del nombre”. De hecho, uno de los logros de Tragazona consiste en proponer un balance entre formulaciones proliferantes, diseñadas por el oído, y otras más bien contenidas, que se articulan a través del registro sensorial, del relato de la percepción. Sonido y sentido, así, se mueven en una tensión que a lo largo del libro no alcanza a resolverse. O como dice uno de los poemas: “cuídame de los sonidos que del sentido me cuido yo”.

 

Tragazona (selección)

Rodrigo Vera Cubas

 

Champa de recuerdo amoratado, brama afuera

 

Bajo drones, casi raqueteo un pie cappadoxio en las aldeas. Chola algarabía aerostática cunde lejos y en una sola garganta te diría

 

hola glande, hola techo, hola cielo millonario, hola humedad presión temperatura laxitud del universo roca ácida en lugar de asteroide que no huele peponcito de sopa primigenia, hola alambres satélites merluzas melaza carne sajiro palos nubarrones kilometrajes forrados en Tul y almácigos impuestos peluches médulas juncos bolsas leyes vidrios murciélagos de nariz tubular sanguijuelas eucaliptos musarañas queso petróleo eneldos algas miel de abejas y elefantes vuelvan a juntarse vida imbécil!

 

los adoro a todos los adoro

sin topógrafos que exclamen

 

tu ojo es sádico, pero zonificado

las carcasas del orden lo demuestran

 

perdón, amor

así te diría

                así está la cosa últimamente

así de pulcra

                              hoy   

 

[hijo ido]

 

nadar en la repercusión del agua

es una imagen demasiado mental

 

                                                                    ella dijo

 

no hay sumersión posible

en el efecto

 

las aguas bajan y en la vejiga te pienso mientras

rebota la orina en un vértice formidable

de mí mismo aún para él

desconoc

ido

tal es la liquidez que está ocurriendo

                                              casi de golpe

                                             

 ijo

 

 

[lugares]

 

soy el travesti de mi novia favorita

soy egoísta así que elijo mi ropa

             para vestirme de ella

 

me alcanzo una ciudad

recojo las costumbres

resiento en todos los besos la lengua

del imperio

 

antes de bañarla

anoto cada uno de sus pliegues

siento al colorete facial dibujar

bucles sobre mi espejo

                                            empañado

 

parto en dos la idiosincrasia

de su aliento

inhalo

la clase social la exhalo

y despido mi aroma íntimo

para sudarme de ella

 

luego me ovillo

en su regazo mojado

y registro la espera

cuando la ropa de paso al cuerpo

 

no soy el lugar en el que estás

estás

en el lugar en el que soy

 

dijo el travesti de mi novia favorita

cuyo nombre lejano

termina adentro

como el esperma de ese otro monstruo

celado

que ahora soy

                 sin dejar sernos

 

 

[parece aceite]

 

descansar y mirar las rejas de las tiendas cerradas de golpe a la vez que cierran las fronteras y se abren los puertos de containers, como un entendimiento en el mar negro

el berlón, el cuco y el golondro son signos en la noche distante

la foca monje ha huido del mediterráneo y el paiche aquí no tiene nombre

parece aceite el mar de noche, había leído sobre una carretilla vieja parchada de stickers luminosos

parece aceite refractado en el ojo, lo que busco, meditaba escaldado, mientras nombraba a los peces

miraba rejas

miraba el brillo de las mercancías filtrándose entre cajas

miraba el acueducto disiparse en las fronteras

la cadena de suministros interrumpida por moluscos y corales

me miraba en el espejo de la circulación

sin logística

sin nada

rodeado de enfrentamiento puro me miraba

en el mar de la tranquilidad

hasta alcanzar un reflejo de proporciones inhumanas

me miraba en la violencia de las máquinas frotando

el último bien social utilitario

miraba azulejos, moscas y alicates trenzando

la fuerza ideológica la síntesis falsa

la línea divisoria entre lo instrumental

y lo sentimental

me miraba resueltamente

incompatible con la contemplación

en una posición impensable desde entonces las rejas

se cerraban

la lotería del mar universal mezclaba todas las bolas

minutos antes del relam

                                            pago

 

 

[´´]

 

el agua guagua

deslizando

pue              de

remover

el concolón de

mi cabeza

aledaña

 

          fuera la paila

una conciencia amplia

 

la observación de

una mosca retenida

adentro

que

el aire ama en mi casa

 

y en mi cabeza besa

 

       la muchedumbre

con su ollón al hombro

imaginado

 

habría un montón

de agua en esa espalda

sinagua y habría vidadá

 

si hubiese

una respuesta

lejos de mi hambre

pero es lejos dentro

 

por eso raspa el agua

en el cilin

drogado el aire

 

y ama el óxido parido

en un ollón ajeno

allí la sien

allí la sien

to agua

 

y el aire ama a ledaña

en mi conciencia

 

y en el mismo lecho

raspa el concolón

de mi cabeza

pero no el

 

agua

        gua

gua

 

de mi madre

                en costra líquida

no

ajena

 

 

[para alejo]

 

parece un juego

escupir dentro de un balde rojo

hasta llenarlo de espuma

y hundir tu mano en él

como si nada

 

buscar una sortija blanca

debajo de las aguas que adormecen

al dinosaurio que amas – y

que ha dejado

de funcionar

 

la cucaracha expulsa

un líquido blanco cuando la pisan

pero yo te hablo de una ley

que ahora ignoras

aunque luego te enteres sin saber cómo

 

la ley de la perspectiva parece un juego:

mi cara es más grande cuando me miras de cerca

y más chica cuando te alejas

 

haz la prueba ahora con el dinosaurio:

no funciona

 

el Diplodocus será siempre gigante

incluso a la distancia

no importa dónde estén tus ojos

ni dónde esté su cara

 

pero

 

todo crece

todo crece

en tu cuerpo

mediano

y

mi cara no es un juego

 

aléjate e inténtalo de nuevo,

Alejandro.

 

la sortija blanca es lo único

que permanece al fondo

 

ella nos espera

cuando estemos dentro

y el balde rojo no exista

 

The post Sobre (y de) ‘Tragazona’ first appeared on La Tempestad.



from La Tempestad https://ift.tt/xDguh43
via IFTTT Fuente: Revista La Tempestad

Sobre (y de) ‘Tragazona’

“A cierta distancia / la luz no puede / alcanzarnos”

Matías Ruiz

 

1.

Nobody wants any more poems / about foreign cities”. Tomo el epígrafe de Charles Tomlinson que abre el libro como una advertencia y, al mismo tiempo, como una clave de lectura. Tragazona (Álbum del Universo Bakterial, 2026) no es un libro sobre una ciudad extranjera. Si bien los textos que lo componen giran en torno a una serie de referentes espaciales (la Tróade de Misia, el monte Ida, el Gárgaro, el río Esepo, etc.), quien abra sus páginas buscando fijar un escenario, una voz, el relato de un viaje, fracasará. Me gustaría, en su lugar, introducir la idea de que lo que guía la propuesta de Rodrigo Vera Cubas (Lima, 1987) es un cuestionamiento de la mirada a partir de múltiples cambios de escala y posiciones de observación.

La mirada resulta un problema central desde el primer poema. “dónde mirarnos”, se dice en el verso inicial. Esta primera escena nos sitúa ante una percepción dislocada para la cual los referentes espaciales, el “contexto”, han sido desdibujados. ¿“dónde mirarnos” si se ha “abandonado el contexto” y los puntos de referencia se han vuelto inestables, si lo que vemos es, desde un inicio, un paisaje estallado, reducido a un cúmulo de detalles y superficies flotantes? ¿Dónde ubicar la mirada?

2.

La colocación a distancia es una de las formas bajo las cuales se organiza la visión del sujeto de los textos. Allí se mide la tensión entre aquello que resulta visible y aquello que no. En La invención de lo cotidiano, Michel de Certeau plantea una distinción entre la mirada a distancia, de quien se ubica en una posición alejada para ver, en un afán totalizador, la ciudad como conjunto, y la mirada trashumante, la del sujeto perdido entre la multitud e inmerso en la experiencia de una espacialidad que se le muestra opaca. Pero la poética de Vera trabaja las escalas espaciales más allá de ese sentido jerárquico. Lejos de proporcionar una visión de conjunto, nítida, en que la ciudad aparece como un texto perfectamente legible, aquí la toma de distancia se presenta más bien como índice de pérdida:

 

a cierta distancia

la luz no puede alcanzarnos

y no hay forma de medir

lo que allí ocurre existe

 

O como contradicción:

 

vi la ciudad a lo lejos

             no

                 la vi

 

En otros casos, esta mirada a distancia se configura a partir de un movimiento de zoom out con el que el hablante de los textos nombra los distintos elementos de la escena que lo rodea:

 

hola glande, hola techo, hola cielo millonario, hola humedad presión

temperatura laxitud del universo roca ácida en lugar de asteroide que no

huele peponcito de sopa primigenia

 

Hay, entonces, una consciencia del paralaje, es decir, de que distintos ángulos de visión producen realidades igualmente distintas. La crítica a la perspectiva se centra, así, en desarticular las formas de percepción habituales, en hacerlas estallar, por ejemplo, a través de la paradoja: “el Diplodocus será siempre gigante / incluso a la distancia / no importa dónde estén tus ojos / ni dónde esté su cara”.

3.

La existencia o no-existencia de aquello que es perdido para la visión aparece como uno de los tópicos centrales del libro. La repetición de la palabra “existe” al final de cada uno de los poemas que conforman la segunda sección puede leerse no sólo como un guiño a la poesía enumerativa de Inger Christiensen, sino también como la insistencia por nombrar una realidad que se escapa a la mirada. De ahí que se aluda a una serie de interlocutores antagónicos que metonímicamente refieren al cálculo, a la técnica y a las formas institucionalizadas de medición del espacio: el cartógrafo, el topógrafo, el espeléologo, etc. De esta forma, la presencia de una mirada dislocada y lacunar frente a otra de afán totalizador es lo que rige la experiencia perceptiva del poemario: “yo la verdad me habría quedado feliz / apreciando mi descomposición / pero vinieron / los señores con sus reglas / a querer forjarme / un estilo sideral un estilo en base”.

En Tragazona los referentes geográficos aparecen dentro de un juego de tensiones entre lo visible y lo invisible, entre lo legible y lo ilegible. El monte Ida es, por ejemplo, un escenario recurrente, pero un escenario enrarecido e inestable. A lo largo del libro, sea por los constantes juegos de perspectiva o por la experimentación sonora, los referentes espaciales quedan disueltos, o prácticamente irreconocibles. Y esto ocurre precisamente allí donde lenguaje y mirada entran en conflicto: “el name distorsiona las escalas y ensombrece los accesos”. La tensión entre ver y nombrar tiene como efecto la distorsión y, en algunos casos, el borramiento de estos referentes.

Creo que hacia allí apunta la descomposición tipográfica que el libro hace de las coordenadas que titula cada una de las secciones del libro. Es decir, es en ese gesto de contracción y superposición de los caracteres que conforman estas coordenadas donde se llama la atención sobre la imposibilidad de leer una ciudad ajena, y es en ese extrañamiento donde el sujeto poético se vuelve Otro en el acto de enunciación: “Soy el travesti de mi novia favorita”.

Hay un extrañamiento del “yo” producido en el habla del sujeto poético que puede rastrearse a partir de la introducción de la figura del doble. En algunos casos, el sujeto aparece como un elemento más del espacio observado, es decir, se mira en tercera persona: (“alguien con mi cara / intenta hacer música / frente al banco Pichincha”). Se produce así una enajenación que opera como un proceso de desconocimiento de la propia imagen. Las posiciones paradójicas (que recuerdan al Vallejo de Trilce, el de “esas posaderas sentadas para arriba”) desplazan en el cuerpo mismo del hablante la posibilidad de su reconocimiento como un todo (“no soy el lugar en el que estás / estás / en el lugar en el que soy”). Esto ocurre también, desde luego, en el recurso a los juegos de combinatorias. En algunos casos, las posiciones de los elementos convocados en el texto se alternan hasta el punto de desdibujar cualquier imagen reconocible de un cuerpo o escena: “la intercambiabilidad de las flores tiene un costo”, dice uno de los poemas.

4.

Quisiera terminar aludiendo al tópico del viaje y llamando la atención acerca de que la deriva que emprende esta poética, su desplazamiento interno, tiene que ver, más que con una dimensión geográfica, con el trabajo constante sobre la sonoridad del signo. El juego de paronomasias, homofonías, aliteraciones y calambures abre la lectura a un desencuentro entre sonido y sentido, a una deriva significante plegada sobre sí misma. Pongo solo un ejemplo: “Ama mantra mez quita lamano otomano mustio sin faquir echado”. El exceso de sonido aparece entonces como un agente deformante en que el habla enajenada del sujeto, en un gesto logofágico (y allí una posible resonancia con el “tragar” del título del libro), cancela la posibilidad de reconstrucción de un relato, de una memoria de viaje.

En ciertos casos, los textos llevan a cabo una deconstrucción sonora de formulaciones iniciales, como en el poema “[baba i ajos]”, donde la frase “el trabajo está en su sitio” es sometida a procedimientos de permutación y fragmentación (el mismo título del poema es un ejemplo de ello). Con todo, no se trata de una poética que ha renunciado a “la exactitud del nombre”. De hecho, uno de los logros de Tragazona consiste en proponer un balance entre formulaciones proliferantes, diseñadas por el oído, y otras más bien contenidas, que se articulan a través del registro sensorial, del relato de la percepción. Sonido y sentido, así, se mueven en una tensión que a lo largo del libro no alcanza a resolverse. O como dice uno de los poemas: “cuídame de los sonidos que del sentido me cuido yo”.

 

Tragazona (selección)

Rodrigo Vera Cubas

 

Champa de recuerdo amoratado, brama afuera

 

Bajo drones, casi raqueteo un pie cappadoxio en las aldeas. Chola algarabía aerostática cunde lejos y en una sola garganta te diría

 

hola glande, hola techo, hola cielo millonario, hola humedad presión temperatura laxitud del universo roca ácida en lugar de asteroide que no huele peponcito de sopa primigenia, hola alambres satélites merluzas melaza carne sajiro palos nubarrones kilometrajes forrados en Tul y almácigos impuestos peluches médulas juncos bolsas leyes vidrios murciélagos de nariz tubular sanguijuelas eucaliptos musarañas queso petróleo eneldos algas miel de abejas y elefantes vuelvan a juntarse vida imbécil!

 

los adoro a todos los adoro

sin topógrafos que exclamen

 

tu ojo es sádico, pero zonificado

las carcasas del orden lo demuestran

 

perdón, amor

así te diría

                así está la cosa últimamente

así de pulcra

                              hoy   

 

[hijo ido]

 

nadar en la repercusión del agua

es una imagen demasiado mental

 

                                                                    ella dijo

 

no hay sumersión posible

en el efecto

 

las aguas bajan y en la vejiga te pienso mientras

rebota la orina en un vértice formidable

de mí mismo aún para él

desconoc

ido

tal es la liquidez que está ocurriendo

                                              casi de golpe

                                             

 ijo

 

 

[lugares]

 

soy el travesti de mi novia favorita

soy egoísta así que elijo mi ropa

             para vestirme de ella

 

me alcanzo una ciudad

recojo las costumbres

resiento en todos los besos la lengua

del imperio

 

antes de bañarla

anoto cada uno de sus pliegues

siento al colorete facial dibujar

bucles sobre mi espejo

                                            empañado

 

parto en dos la idiosincrasia

de su aliento

inhalo

la clase social la exhalo

y despido mi aroma íntimo

para sudarme de ella

 

luego me ovillo

en su regazo mojado

y registro la espera

cuando la ropa de paso al cuerpo

 

no soy el lugar en el que estás

estás

en el lugar en el que soy

 

dijo el travesti de mi novia favorita

cuyo nombre lejano

termina adentro

como el esperma de ese otro monstruo

celado

que ahora soy

                 sin dejar sernos

 

 

[parece aceite]

 

descansar y mirar las rejas de las tiendas cerradas de golpe a la vez que cierran las fronteras y se abren los puertos de containers, como un entendimiento en el mar negro

el berlón, el cuco y el golondro son signos en la noche distante

la foca monje ha huido del mediterráneo y el paiche aquí no tiene nombre

parece aceite el mar de noche, había leído sobre una carretilla vieja parchada de stickers luminosos

parece aceite refractado en el ojo, lo que busco, meditaba escaldado, mientras nombraba a los peces

miraba rejas

miraba el brillo de las mercancías filtrándose entre cajas

miraba el acueducto disiparse en las fronteras

la cadena de suministros interrumpida por moluscos y corales

me miraba en el espejo de la circulación

sin logística

sin nada

rodeado de enfrentamiento puro me miraba

en el mar de la tranquilidad

hasta alcanzar un reflejo de proporciones inhumanas

me miraba en la violencia de las máquinas frotando

el último bien social utilitario

miraba azulejos, moscas y alicates trenzando

la fuerza ideológica la síntesis falsa

la línea divisoria entre lo instrumental

y lo sentimental

me miraba resueltamente

incompatible con la contemplación

en una posición impensable desde entonces las rejas

se cerraban

la lotería del mar universal mezclaba todas las bolas

minutos antes del relam

                                            pago

 

 

[´´]

 

el agua guagua

deslizando

pue              de

remover

el concolón de

mi cabeza

aledaña

 

          fuera la paila

una conciencia amplia

 

la observación de

una mosca retenida

adentro

que

el aire ama en mi casa

 

y en mi cabeza besa

 

       la muchedumbre

con su ollón al hombro

imaginado

 

habría un montón

de agua en esa espalda

sinagua y habría vidadá

 

si hubiese

una respuesta

lejos de mi hambre

pero es lejos dentro

 

por eso raspa el agua

en el cilin

drogado el aire

 

y ama el óxido parido

en un ollón ajeno

allí la sien

allí la sien

to agua

 

y el aire ama a ledaña

en mi conciencia

 

y en el mismo lecho

raspa el concolón

de mi cabeza

pero no el

 

agua

        gua

gua

 

de mi madre

                en costra líquida

no

ajena

 

 

[para alejo]

 

parece un juego

escupir dentro de un balde rojo

hasta llenarlo de espuma

y hundir tu mano en él

como si nada

 

buscar una sortija blanca

debajo de las aguas que adormecen

al dinosaurio que amas – y

que ha dejado

de funcionar

 

la cucaracha expulsa

un líquido blanco cuando la pisan

pero yo te hablo de una ley

que ahora ignoras

aunque luego te enteres sin saber cómo

 

la ley de la perspectiva parece un juego:

mi cara es más grande cuando me miras de cerca

y más chica cuando te alejas

 

haz la prueba ahora con el dinosaurio:

no funciona

 

el Diplodocus será siempre gigante

incluso a la distancia

no importa dónde estén tus ojos

ni dónde esté su cara

 

pero

 

todo crece

todo crece

en tu cuerpo

mediano

y

mi cara no es un juego

 

aléjate e inténtalo de nuevo,

Alejandro.

 

la sortija blanca es lo único

que permanece al fondo

 

ella nos espera

cuando estemos dentro

y el balde rojo no exista

 

The post Sobre (y de) ‘Tragazona’ first appeared on La Tempestad.



from La Tempestad https://ift.tt/xDguh43
via IFTTT Fuente: Revista La Tempestad

martes, 8 de septiembre de 2026

Chapterhouse llega a México

En la historia de la música alternativa –narrada por Simon Reynolds en el reciente Still In A Dream: Shoegaze, Slackers and the Reinvention of Rock, 1984–1994– cada capítulo parece ser tan importante como el anterior. Sin embargo, la excitación proviene de ser producto de un momento, un lugar y un contexto que parecen irrepetibles. La escena británica de inicios de los noventa es un claro ejemplo. Como escribió Irvine Welsh en Trainspotting (1993), la música, el público, la fiesta y hasta las drogas estaban cambiando.

Chapterhouse nació en ese universo. Originaria de Reading, la banda formada en 1987 es reconocida entre los pilares del shoegaze, que englobó propuestas como las de Slowdive, My Bloody Valentine, Lush o Ride, de la llamada Scene That Celebrates Itself por su espíritu de camaradería. Chapterhouse, sin embargo, se desmarcó de los otros grupos por su capacidad para conectar lo etéreo con la euforia de la cultura rave y el fenómeno Madchester. Se distinguieron por inyectar dinamismo y pulso bailable a las paredes impenetrables de distorsión y reverberación típicas del subgénero.

El experimento sonoro, que fusionó patrones breakbeat, bajos marcados con ráfagas de guitarras cargadas de chorus y delay y una voz flotante pero definida y melódica, desembocó en Whirlpool, su álbum debut, en 1991: rápidamente se hizo un lugar lo mismo en la radio que en las pistas de baile. Sus atmósferas ruidosas distaban de ser estáticas o melancólicas, abriendo la puerta a los registros electrónicos dentro del shoegaze. El himno de este disco, “Pearl”, contó con coros de Rachel Goswell de Slowdive, y se convirtió en la canción que mostraba que en el movimiento la euforia tenía cabida.

El 24 de septiembre Chapterhouse se presentará por primera vez en México, como parte de la gira que celebra el distintivo disco Whirlpool a 35 años de su lanzamiento. La alineación constará de los fundadores Andrew Sherriff (guitarra, voz) y Stephen Patman (guitarra, voz) junto a Joe Light (guitarra), Greg Moore (bajo) y Ashley Bates (batería). La cita será en el multiforo urbano Bajo Circuito de la Ciudad de México. Aunque su discografía es breve (su otro álbum es Blood Music, de 1993), la banda británica redefinió el alcance de los pedales demostrando que, además de mirarse los zapatos, eran capaces de romper la pista.

Chapterhouse

The post Chapterhouse llega a México first appeared on La Tempestad.



from La Tempestad https://ift.tt/RrvkDZi
via IFTTT Fuente: Revista La Tempestad

Chapterhouse llega a México

En la historia de la música alternativa –narrada por Simon Reynolds en el reciente Still In A Dream: Shoegaze, Slackers and the Reinvention of Rock, 1984–1994– cada capítulo parece ser tan importante como el anterior. Sin embargo, la excitación proviene de ser producto de un momento, un lugar y un contexto que parecen irrepetibles. La escena británica de inicios de los noventa es un claro ejemplo. Como escribió Irvine Welsh en Trainspotting (1993), la música, el público, la fiesta y hasta las drogas estaban cambiando.

Chapterhouse nació en ese universo. Originaria de Reading, la banda formada en 1987 es reconocida entre los pilares del shoegaze, que englobó propuestas como las de Slowdive, My Bloody Valentine, Lush o Ride, de la llamada Scene That Celebrates Itself por su espíritu de camaradería. Chapterhouse, sin embargo, se desmarcó de los otros grupos por su capacidad para conectar lo etéreo con la euforia de la cultura rave y el fenómeno Madchester. Se distinguieron por inyectar dinamismo y pulso bailable a las paredes impenetrables de distorsión y reverberación típicas del subgénero.

El experimento sonoro, que fusionó patrones breakbeat, bajos marcados con ráfagas de guitarras cargadas de chorus y delay y una voz flotante pero definida y melódica, desembocó en Whirlpool, su álbum debut, en 1991: rápidamente se hizo un lugar lo mismo en la radio que en las pistas de baile. Sus atmósferas ruidosas distaban de ser estáticas o melancólicas, abriendo la puerta a los registros electrónicos dentro del shoegaze. El himno de este disco, “Pearl”, contó con coros de Rachel Goswell de Slowdive, y se convirtió en la canción que mostraba que en el movimiento la euforia tenía cabida.

El 24 de septiembre Chapterhouse se presentará por primera vez en México, como parte de la gira que celebra el distintivo disco Whirlpool a 35 años de su lanzamiento. La alineación constará de los fundadores Andrew Sherriff (guitarra, voz) y Stephen Patman (guitarra, voz) junto a Joe Light (guitarra), Greg Moore (bajo) y Ashley Bates (batería). La cita será en el multiforo urbano Bajo Circuito de la Ciudad de México. Aunque su discografía es breve (su otro álbum es Blood Music, de 1993), la banda británica redefinió el alcance de los pedales demostrando que, además de mirarse los zapatos, eran capaces de romper la pista.

Chapterhouse

The post Chapterhouse llega a México first appeared on La Tempestad.



from La Tempestad https://ift.tt/RrvkDZi
via IFTTT Fuente: Revista La Tempestad

Daniel Buren, huésped en Casa Gilardi

La Casa Gilardi, última obra construida por Luis Barragán, es hasta el 26 de septiembre un espacio para el diálogo de formas. Buren, Barragán, presentada por Saenger Galería y Galería Hilario Galguera, reúne seis obras de Daniel Buren pertenecientes a la serie Las Cajas, trabajos situados (2022). Curada por Manuel Tuda, la muestra anima preguntas sobre lo que sucede cuando piezas de arte entran en relación con una arquitectura de fuerte identidad visual y espacial, como la vivienda construida en 1976 en la Ciudad de México. Lejos de operar como objetos autónomos, Las Cajas de Buren modifican la percepción del lugar y, al mismo tiempo, son modificadas por él.

Daniel Buren (Boulogne-Billancourt, 1938) tiene una relación añeja con México. En los años cincuenta, cuando todavía era estudiante, el artista francés visitó el país y entró en contacto con el muralismo. La posibilidad de sacar el arte de las salas y llevarlo a los espacios públicos lo influyó de forma decisiva. Décadas después, su trabajo ha vuelto a encontrarse con la arquitectura mexicana: en 2014 intervino el Museo Cabañas, en Guadalajara, y en 2019 realizó Afuera de salas: Daniel Buren en El Eco, extendiendo sus franjas características desde el museo experimental hacia distintos puntos de la Ciudad de México. El ejercicio en Casa Gilardi, realizado a partir de un diálogo a distancia con el curador y los galeristas, es un notable regreso a los espacios mexicanos.

Buren Barragán

Vista de la exposición Buren, Barragán en Casa Gilardi, Ciudad de México. Cortesía de Saenger Galería

En Las Cajas Buren desplaza su vocabulario hacia volúmenes geométricos, color, superficies reflejantes y estructuras modulares. El antecedente inmediato de las seis piezas que ahora llegan al edificio diseñado por Barragán fue la exposición de 2022 en Galería Hilario Galguera, donde 25 obras situadas transformaban la experiencia del espacio mediante la circulación y el movimiento del visitante. La propuesta partía de una reducción de la pintura a sus componentes esenciales –color y soporte– y de la idea de que obra, lugar y espectador son inseparables. En Casa Gilardi esa reducción encuentra un interlocutor preciso, el Barragán maduro que destiló su poética en operaciones elementales: muros, planos, volúmenes, aperturas, luz y color.

Buren, Barragán es, así, una interlocución en el sentido amplio. El pasillo amarillo, el contraste entre azul y rojo que define la alberca del comedor, los cambios de escala y los recorridos encuentran en las piezas de Buren todo tipo de resonancias. Los espejos y las superficies de Las Cajas devuelven la arquitectura y su propio reflejo al espectador, multiplicando las posibilidades de lectura. Buren toma prestada la Casa Gilardi e instala obras que operan como huéspedes durante algunas semanas, alterando las condiciones del edificio sin dejar de reconocer su autonomía. Frente al habitual cubo blanco de museos y galerías, esta exposición permite imaginar otras formas de diálogo entre los objetos y los espacios.

Buren Barragán

Vista de la exposición Buren, Barragán en Casa Gilardi, Ciudad de México. Cortesía de Saenger Galería

The post Daniel Buren, huésped en Casa Gilardi first appeared on La Tempestad.



from La Tempestad https://ift.tt/gS3KYNz
via IFTTT Fuente: Revista La Tempestad