jueves, 20 de agosto de 2026

Luna en piscis o sobre el ‘az-zahr’

El viernes 17 de julio de 2026 me invitaron a dormir en el Museo Jumex de 5 a 6 pm.

Jornalera de sueños fue un performance en el que, durante un día laboral, los artistas Emilio Carrera y Sandra Sánchez se turnaron para dormir, junto a personas invitadas, en la Galería -1, donde se presenta la exposición Colección Jumex: Visiones difusas. Mientras uno dormía, el otro registraba con palabras lo que los cuerpos durmientes le comunicaban: gestos, delirios, pensamientos y manifestaciones. El público podía ver tanto los cuerpos durmientes como la escritura en vivo.

Recordé que podía llevar una publicación, así que tomé The Muppet Show. Vol. 1 de Ronit Guttman Berditchevsky (Miau Ediciones, 2026), porque me gustan mucho sus colores, sus poemas y la contraportada que dice:

Al momento de imprimir esta publicación, Israel, Estados Unidos y sus cómplices continúan su limpieza étnica y genocidio contra el pueblo palestino impunemente. Han asesinado a 75 mil palestines, más de 3 mil libaneses y más de 4 mil iraníes.

Ante el ascenso del fascismo en el mundo, sostengo firmemente que:

Nadie es libre hasta que todes seamos libres.

Nunca más para nadie.

¡Que viva Palestina libre!

¡Que viva la autodeterminación!

sueños

Vista del performance Jornalera de sueños, de Emilio Carrera y Sandra Sánchez. Museo Jumex, Ciudad de México, 17 de julio de 2026

Iba en piyama, lista para dormir. Es una de mis actividades favoritas, sobre todo porque sueño mucho. Me gusta tanto porque las fantasías siempre han sido un refugio ante el exterior. Varias veces durante el día estoy imaginando emergencias posibles. Esto suele tener consecuencias en mi capacidad de acción, por eso cuando las amigas me hacen invitaciones que movilicen las fugas, las tomo. Jornalera de sueños era perfecto.

Al museo llegaban muchas personas, veían a Emilio dormir y juzgaban la dormición: críticas mordaces, hostilidad, acentos de clases sociales que no convergerían en mi vida de no estar en Polanco. Hubo algunas dudas genuinas del público, me preguntaron si lo que hacía Sandra –quien escribía en un trance, tomada por el texto– era parte de la exposición. Les dije que sí y comenzaron a tomarle fotos.

Llegó a mí la extrañeza y un cierto temor por haber llevado la publicación de Ronit. Comenzaron a llegar las fantasías. Imaginé que la gente podría ser agresiva. ¿Por qué surgía la inquietud ante la hostilidad y no la potencia que habilita la confrontación? Se despertaba en mí la vulnerabilidad que trae consigo el azar y la exposición, a pesar del encuadre institucional que aporta un museo. De nuevo, la imaginación buscaba anticiparse ante el antagonismo posible. Es el detalle de soñar despierta, a veces llegas a pasajes maravillosos o a callejones horribles.

sueños

Vista del performance Jornalera de sueños, de Emilio Carrera y Sandra Sánchez. Museo Jumex, Ciudad de México, 17 de julio de 2026

Me acosté, afortunadamente junto a Sandra. Es muy especial que la primera vez que dormimos juntas haya sido así. Procedí a taparme la cara con los poemas de Ronit. Sentí que me acompañaban mis amigas. Escuchaba más o menos las conversaciones, estaba alerta. ¿Por qué ahí? ¿Por qué con esa publicación? Recordé que ese sentimiento de sobreexposición relacionado con el sionismo estaba habitándome desde finales del año pasado, cuando intenté viajar a Palestina gracias a la invitación que Wonder Cabinet (PAL) hizo a Cráter Invertido (MX) como parte de una residencia. En la llegada al aeropuerto, en la Palestina ocupada (Tel Aviv), no pude pasar del control migratorio. Ahí, acostada en el museo, no soñaba, pero repasaba, una vez más, todo lo que había ocurrido esa noche.

Quedó grabado en mi corazón cómo una mujer musulmana respondía con furia ante las agresiones de la policía israelí que intentaba humillarla fallidamente. Ahí, en el punto en donde nos tenían recluidxs, con la violencia de quien sabe que tiene tus papeles y que es impune, ante la violencia genocida, surgió la piedra que se lanza con dignidad. Ella me hizo recordar que hacerle frente al fascismo es habitar el aquí y ahora que reclama fracturar la dominación mediante un movimiento que sabe habitar su propio riesgo.

Una nunca puede prever todos los peligros que implica vivir, estamos expuestas inevitablemente al azar. Y es mejor que esos riesgos te pesquen con lxs amigxs que comparten ilusiones y esperanzas contigo. Luego, sin plan ni causa clara, eso también se pierde, como cuando despiertas de un sueño y todo permanece como un conjuro alegre que no va a repetirse. Recuerdo que toda esa jornada de la deportación no dormí, no podía, me dio un tic en el ojo que a veces regresa. Ese tic que he intentado controlar pero que me indica que no se juega con el azar. Creo que dormí hasta que tomé el vuelo de conexión de Alemania a México, debe ser porque ya tenía de vuelta mi pasaporte.

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Vista del performance Jornalera de sueños, de Emilio Carrera y Sandra Sánchez. Museo Jumex, Ciudad de México, 17 de julio de 2026

En el museo tampoco pude dormir, aunque el colchón era cómodo. Llegó la certeza de que ya era tiempo de cambiar el colchón que le habíamos comprado a Luisa hace siete años. No sé desde cuándo registro los dolores de espalda alta que tengo al despertar, quizá desde la prepa. Culpo al colchón de resortes que acompañó todos mis sueños en San Juanico, Edomex. Ése es un dolor que viene y va. Al fin, hace unas semanas, compré mi primer colchón nuevo. Me convencí de que con ése ya no me dolía la espalda, pero de nuevo regresó el dolor. Culpo ahora a la almohada. ¿Cómo es que una de mis actividades favoritas siempre ha estado atravesada por un dolor intermitente? Casi tan similar como mi tránsito por distintos colectivos. ¿Será realmente el colchón o será mi cuerpo que no se soporta a sí mismo? La incomodidad siempre me ha acompañado al soñar.

Al final no pasó nada malo mientras estuve acostada en el museo. Una vez más, la fantasía había desbordado la estima que tengo por mi propio destino. Una sueña con un orden que no hay, como si el dominio fuera omnipresente. Nunca lo fue, nunca lo será. Hay una fuerza que siempre encadena los sucesos de manera arbitraria.

Azar proviene del árabe الزهر (az-zahr), que significa flor. La flor de azahar es un símbolo del derecho de retorno palestino, de los naranjales que volverán a sembrarse en una Palestina libre. ¡Qué nos encuentren las flores, siempre, siempre!

sueños

Vista del performance Jornalera de sueños, de Emilio Carrera y Sandra Sánchez. Museo Jumex, Ciudad de México, 17 de julio de 2026

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miércoles, 19 de agosto de 2026

Un caja, todo Kubrick

La obra de Stanley Kubrick, concisa y profundamente influyente, exigía una edición definitiva para las cinetecas personales. El 20 de octubre, The Criterion Collection pondrá a la venta The Complete Kubrick, una caja de 30 discos que reúne sus trece largometrajes –de Miedo y deseo (1952) a Ojos bien cerrados (1999)–, además de tres cortometrajes tempranos –Day of the Fight (1951), Flying Padre (1951) y The Seafarers (1953). El diseño del volumen se inspira en el archivo del cineasta y utiliza fotografías, materiales y documentos rara vez vistos, incluidas anotaciones de su puño y letra. El volumen crítico que acompaña la edición lleva la firma del escritor y crítico Nathaniel Rich.

Aunque buena parte de la filmografía de Kubrick ya contaba con restauraciones en 4K, algunas de ellas lanzadas por la propia Criterion, The Complete Kubrick permitirá volver a ver películas que no habían contado con masterizaciones prístinas en alta definición, como Lolita (1962), Naranja mecánica (1971), El resplandor (1980) o Cara de guerra (1987). Las películas se presentan además en Dolby Vision HDR, con las bandas sonoras monofónicas originales y nuevas mezclas 5.1 restauradas y remasterizadas. El conjunto incluye más de 25 horas de entrevistas, documentales y materiales de detrás de cámaras; entre ellos, la nueva restauración de Making ‘The Shining’, el registro realizado por Vivian Kubrick durante el rodaje de El resplandor, así como la versión internacional de la película.

Desde el diseño y los materiales adicionales que incorpora, la caja plantea la posibilidad de ver la obra completa de Stanley Kubrick como un solo cuerpo. En un cineasta tan preocupado por el control, resulta apropiado que esta edición adopte la forma de un archivo. Noir (El beso del asesino, Casta de malditos), bélico (Miedo y deseo, Patrulla infernal –1957­–, Cara de guerra), épico (Patrulla infernalEspartaco –1960­–), comedia (LolitaDr. Insólito –1964­–), ciencia ficción (2001: Odisea del espacio –1968­–, Naranja mecánica), drama de época (Barry Lyndon –1975­–), terror (El resplandor), melodrama (LolitaOjos bien cerrados), thriller (Casta de malditos, de nuevo Ojos bien cerrados): Kubrick “desmontó cada uno de esos sistemas expresivos para ofrecer obras de arte disfrazadas de productos industriales”, se lee en este ensayo.

El interés de The Complete Kubrick está también en la posibilidad de ampliar la experiencia de las películas. La caja incorpora nuevos comentarios de Lee Unkrich, cineasta y editor del libro Stanley Kubrick’s ‘The Shining’, y del escritor Michael Benson, autor de Space Odyssey: Stanley Kubrick, Arthur C. Clarke, and the Making of a Masterpiece. Incluye además una conversación inédita entre el novelista Jonathan Lethem y el historiador de cine Kevin Wynter sobre Kubrick y la autoría, además de pruebas de cámara inéditas de Lolita, material poco visto del rodaje de Cara de guerra y entrevistas de archivo con colaboradores y admiradores del cineasta como Christiane Kubrick, Kirk Douglas, Peter Sellers, Wendy Carlos, Douglas Trumbull, Steven Spielberg y Martin Scorsese. La cuestión será encontrar esta pieza de colección a un precio accesible para el cinéfilo.

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Un caja, todo Kubrick

La obra de Stanley Kubrick, concisa y profundamente influyente, exigía una edición definitiva para las cinetecas personales. El 20 de octubre, The Criterion Collection pondrá a la venta The Complete Kubrick, una caja de 30 discos que reúne sus trece largometrajes –de Miedo y deseo (1952) a Ojos bien cerrados (1999)–, además de tres cortometrajes tempranos –Day of the Fight (1951), Flying Padre (1951) y The Seafarers (1953). El diseño del volumen se inspira en el archivo del cineasta y utiliza fotografías, materiales y documentos rara vez vistos, incluidas anotaciones de su puño y letra. El volumen crítico que acompaña la edición lleva la firma del escritor y crítico Nathaniel Rich.

Aunque buena parte de la filmografía de Kubrick ya contaba con restauraciones en 4K, algunas de ellas lanzadas por la propia Criterion, The Complete Kubrick permitirá volver a ver películas que no habían contado con masterizaciones prístinas en alta definición, como Lolita (1962), Naranja mecánica (1971), El resplandor (1980) o Cara de guerra (1987). Las películas se presentan además en Dolby Vision HDR, con las bandas sonoras monofónicas originales y nuevas mezclas 5.1 restauradas y remasterizadas. El conjunto incluye más de 25 horas de entrevistas, documentales y materiales de detrás de cámaras; entre ellos, la nueva restauración de Making ‘The Shining’, el registro realizado por Vivian Kubrick durante el rodaje de El resplandor, así como la versión internacional de la película.

Desde el diseño y los materiales adicionales que incorpora, la caja plantea la posibilidad de ver la obra completa de Stanley Kubrick como un solo cuerpo. En un cineasta tan preocupado por el control, resulta apropiado que esta edición adopte la forma de un archivo. Noir (El beso del asesino, Casta de malditos), bélico (Miedo y deseo, Patrulla infernal –1957­–, Cara de guerra), épico (Patrulla infernalEspartaco –1960­–), comedia (LolitaDr. Insólito –1964­–), ciencia ficción (2001: Odisea del espacio –1968­–, Naranja mecánica), drama de época (Barry Lyndon –1975­–), terror (El resplandor), melodrama (LolitaOjos bien cerrados), thriller (Casta de malditos, de nuevo Ojos bien cerrados): Kubrick “desmontó cada uno de esos sistemas expresivos para ofrecer obras de arte disfrazadas de productos industriales”, se lee en este ensayo.

El interés de The Complete Kubrick está también en la posibilidad de ampliar la experiencia de las películas. La caja incorpora nuevos comentarios de Lee Unkrich, cineasta y editor del libro Stanley Kubrick’s ‘The Shining’, y del escritor Michael Benson, autor de Space Odyssey: Stanley Kubrick, Arthur C. Clarke, and the Making of a Masterpiece. Incluye además una conversación inédita entre el novelista Jonathan Lethem y el historiador de cine Kevin Wynter sobre Kubrick y la autoría, además de pruebas de cámara inéditas de Lolita, material poco visto del rodaje de Cara de guerra y entrevistas de archivo con colaboradores y admiradores del cineasta como Christiane Kubrick, Kirk Douglas, Peter Sellers, Wendy Carlos, Douglas Trumbull, Steven Spielberg y Martin Scorsese. La cuestión será encontrar esta pieza de colección a un precio accesible para el cinéfilo.

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jueves, 13 de agosto de 2026

Identidad y futbol

En su columna –un intercambio epistolar con Juan Villoro en El País– publicada un día después de la final de Mundial de Futbol, el escritor argentino Martín Caparrós reflexionó sobre los “caracteres nacionales” construidos durante la competencia, en particular, sobre el caso argentino. Convertido en el gran villano del evento –compitiendo en rechazo con Donald Trump–, el equipo de Argentina provocó cualquier cantidad de comentarios en redes sociales que fueron de la crítica a su estilo de juego al insulto clasista o xenófobo. Los jugadores que protagonizaron la final se volvieron símbolos de las disputas políticas y las guerras culturales de este tiempo. Poco después se analizó el papel de los algoritmos, lo viral que puede llegar a ser el discurso de odio en Internet y la instrumentalización que hizo el presidente argentino, Javier Milei, de la violencia digital para emprender una campaña contra los extranjeros que critiquen a su país.

Se pregunta Caparrós para el caso argentino: ¿se puede extrapolar la idiosincrasia –la mal llamada “filosofía”– de un equipo de futbol a una nación entera? ¿Quiénes son los argentinos? En el juego de los bandos, Argentina se convirtió en un ente homogéneo en clara alianza con el sionismo internacional y representante de la ultraderecha esquizofrénica de su presidente, entre otros graves defectos para los defensores del progresismo y las causas populares. Por otro lado, España se convirtió en emblema de un país abierto a la migración y crítico del genocidio palestino por la posición que ha mantenido, en tiempos recientes, su presidente Pedro Sánchez. Esta línea divisoria, sin embargo, no quedó tan clara para muchos personajes en las redes sociales, pues se podían encontrar fácilmente a derechistas festejando el triunfo de la “izquierdista” España o comprometidos izquierdistas lamentando la derrota de la “derechista” Argentina aun cuando los jugadores reivindicaron a las Malvinas en el partido contra Inglaterra, el imperio colonial que se las quitó. La enseñanza, por supuesto, es que la realidad es más compleja de lo que nos mostró la radicalización de Internet.

Los conflictos geopolíticos siguieron semanas después del Mundial. El 30 y 31 de julio unas 50 mil personas cruzaron la frontera entre Marruecos y el enclave español de Ceuta. Hay serias sospechas que la crisis fue aprovechada por el rey Mohamed VI, aliado del gobierno de Donald Trump. Muchos analistas apuntan, incluso, a un intento de desestabilización en la zona para castigar al gobierno español por sus críticas a la Casa Blanca. Sin embargo, la selección marroquí tiene muy buena fama. La mayor parte de los jugadores del representativo nacional nacieron en Europa y simbolizan la historia de los migrantes asediados por los prejuicios, en particular los de origen árabe. Quizás, especulo, habrá jugadores de la selección que simpaticen con ideas de derecha, pero eso difícilmente cambiará la percepción que tiene el público global de selecciones de “izquierda” sin importar las contradicciones o realidades de los gobiernos de sus países.

El nacionalismo fubtolero –una suerte de esencialismo que brota periódicamente en cada Mundial o competencia importante– es, también, contradictorio. Si antes los equipos de futbol tenían un ancla social y podían representar a una comunidad, ahora son franquicias trasnacionales. Por ejemplo, algunos clubes en Inglaterra –muchos de ellos con orígenes obreros en el siglo XIX– ahora son parte de inmensos conglomerados financieros ubicados en paraísos fiscales como Emiratos Árabes Unidos o Arabia Saudita. Igual sucede con otras ligas en el mundo. Los jugadores, por su parte, son activos financieros subastados en multimillonarias transacciones comerciales. Los futbolistas de élite apenas pisan su país de origen, pero se convierten en héroes nacionales para una multitud sedienta de reivindicaciones de todo tipo. Habitantes de una burbuja que los separa de la realidad, los astros de la cancha –con algunas honrosas excepciones– repiten los consabidos lugares comunes en las entrevistas o meten la pata cuando se les ocurre improvisar y aportar algo de su cosecha. Sin embargo, la condición “apolítica” del futbolista profesional es ideal no sólo para evitar incomodar a los dueños del juego –una estructura que no le pide nada a la mafia de las películas hollywoodenses– sino que se presta para que cualquiera vea en sus ídolos lo que quiera ver: meritocracia, culto al más fuerte, disciplina, mentalidad ganadora y otras virtudes exaltadas por el individualismo contemporáneo.

El nacionalismo futbolero –a veces criticado por los clasistas de costumbre, pues desprecian todo lo que consideran populachero– es, en realidad, una manera de simbolizar a una nación y exorcizar, aunque sea por un momento, los conflictos sociales. Sin embargo, los símbolos tienden a resquebrajarse cuando se contrastan con la realidad. Si ganar una Copa del Mundo representa el auge de una nación, la derrota se interpreta como la decadencia nacional. Al menos así es visto por las redes sociales y los líderes de opinión que caen en la trampa de las analogías fáciles y los reduccionismos que no llevan a ningún lado. No deja ser irónico que la victoria de España en el Mundial haya sido seguida de los peores incendios de su historia y que, mientras la gente celebraba en las plazas públicas del país, el termómetro alcanzara los 40 grados de temperatura gracias a la crisis climática. El augurio, en este caso, no es muy bueno. Sin embargo, el futbol siempre llega para rescatar, en tiempos de zozobra, las esperanzas.

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Identidad y futbol

En su columna –un intercambio epistolar con Juan Villoro en El País– publicada un día después de la final de Mundial de Futbol, el escritor argentino Martín Caparrós reflexionó sobre los “caracteres nacionales” construidos durante la competencia, en particular, sobre el caso argentino. Convertido en el gran villano del evento –compitiendo en rechazo con Donald Trump–, el equipo de Argentina provocó cualquier cantidad de comentarios en redes sociales que fueron de la crítica a su estilo de juego al insulto clasista o xenófobo. Los jugadores que protagonizaron la final se volvieron símbolos de las disputas políticas y las guerras culturales de este tiempo. Poco después se analizó el papel de los algoritmos, lo viral que puede llegar a ser el discurso de odio en Internet y la instrumentalización que hizo el presidente argentino, Javier Milei, de la violencia digital para emprender una campaña contra los extranjeros que critiquen a su país.

Se pregunta Caparrós para el caso argentino: ¿se puede extrapolar la idiosincrasia –la mal llamada “filosofía”– de un equipo de futbol a una nación entera? ¿Quiénes son los argentinos? En el juego de los bandos, Argentina se convirtió en un ente homogéneo en clara alianza con el sionismo internacional y representante de la ultraderecha esquizofrénica de su presidente, entre otros graves defectos para los defensores del progresismo y las causas populares. Por otro lado, España se convirtió en emblema de un país abierto a la migración y crítico del genocidio palestino por la posición que ha mantenido, en tiempos recientes, su presidente Pedro Sánchez. Esta línea divisoria, sin embargo, no quedó tan clara para muchos personajes en las redes sociales, pues se podían encontrar fácilmente a derechistas festejando el triunfo de la “izquierdista” España o comprometidos izquierdistas lamentando la derrota de la “derechista” Argentina aun cuando los jugadores reivindicaron a las Malvinas en el partido contra Inglaterra, el imperio colonial que se las quitó. La enseñanza, por supuesto, es que la realidad es más compleja de lo que nos mostró la radicalización de Internet.

Los conflictos geopolíticos siguieron semanas después del Mundial. El 30 y 31 de julio unas 50 mil personas cruzaron la frontera entre Marruecos y el enclave español de Ceuta. Hay serias sospechas que la crisis fue aprovechada por el rey Mohamed VI, aliado del gobierno de Donald Trump. Muchos analistas apuntan, incluso, a un intento de desestabilización en la zona para castigar al gobierno español por sus críticas a la Casa Blanca. Sin embargo, la selección marroquí tiene muy buena fama. La mayor parte de los jugadores del representativo nacional nacieron en Europa y simbolizan la historia de los migrantes asediados por los prejuicios, en particular los de origen árabe. Quizás, especulo, habrá jugadores de la selección que simpaticen con ideas de derecha, pero eso difícilmente cambiará la percepción que tiene el público global de selecciones de “izquierda” sin importar las contradicciones o realidades de los gobiernos de sus países.

El nacionalismo fubtolero –una suerte de esencialismo que brota periódicamente en cada Mundial o competencia importante– es, también, contradictorio. Si antes los equipos de futbol tenían un ancla social y podían representar a una comunidad, ahora son franquicias trasnacionales. Por ejemplo, algunos clubes en Inglaterra –muchos de ellos con orígenes obreros en el siglo XIX– ahora son parte de inmensos conglomerados financieros ubicados en paraísos fiscales como Emiratos Árabes Unidos o Arabia Saudita. Igual sucede con otras ligas en el mundo. Los jugadores, por su parte, son activos financieros subastados en multimillonarias transacciones comerciales. Los futbolistas de élite apenas pisan su país de origen, pero se convierten en héroes nacionales para una multitud sedienta de reivindicaciones de todo tipo. Habitantes de una burbuja que los separa de la realidad, los astros de la cancha –con algunas honrosas excepciones– repiten los consabidos lugares comunes en las entrevistas o meten la pata cuando se les ocurre improvisar y aportar algo de su cosecha. Sin embargo, la condición “apolítica” del futbolista profesional es ideal no sólo para evitar incomodar a los dueños del juego –una estructura que no le pide nada a la mafia de las películas hollywoodenses– sino que se presta para que cualquiera vea en sus ídolos lo que quiera ver: meritocracia, culto al más fuerte, disciplina, mentalidad ganadora y otras virtudes exaltadas por el individualismo contemporáneo.

El nacionalismo futbolero –a veces criticado por los clasistas de costumbre, pues desprecian todo lo que consideran populachero– es, en realidad, una manera de simbolizar a una nación y exorcizar, aunque sea por un momento, los conflictos sociales. Sin embargo, los símbolos tienden a resquebrajarse cuando se contrastan con la realidad. Si ganar una Copa del Mundo representa el auge de una nación, la derrota se interpreta como la decadencia nacional. Al menos así es visto por las redes sociales y los líderes de opinión que caen en la trampa de las analogías fáciles y los reduccionismos que no llevan a ningún lado. No deja ser irónico que la victoria de España en el Mundial haya sido seguida de los peores incendios de su historia y que, mientras la gente celebraba en las plazas públicas del país, el termómetro alcanzara los 40 grados de temperatura gracias a la crisis climática. El augurio, en este caso, no es muy bueno. Sin embargo, el futbol siempre llega para rescatar, en tiempos de zozobra, las esperanzas.

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martes, 11 de agosto de 2026

Tres muestras de diseño

Coinciden, en tres importantes museos mexicanos, exposiciones sobre los variados caminos que ha tomado el diseño moderno y contemporáneo en sus diversas manifestaciones. No es un hecho frecuente. Si Biodiseño Mx (Museo Franz Mayer) mira hacia las posibilidades futuras de la creación de objetos, en sintonía con los procesos naturales, La historia de cómo sentarse (MUAC) revisa cómo el diseño de mobiliario, específicamente de sillas, construye cultura e identidad en México. La práctica interdisciplinaria de Charles y Ray Eames, por su parte, desborda el objeto, y el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) le dedica su primera muestra monográfica en el país: La inusual belleza de las cosas comunes.

 

Biodiseño Mx. Territorios vivos

Museo Franz Mayer, Ciudad de México

Del 28 de mayo al 11 de octubre de 2026

Vista de la exposición Biodiseño Mx. Territorios vivos, Museo Franz Mayer, Ciudad de México, 2026. Cortesía del Museo Franz Mayer

¿Qué sucede cuando el diseño deja de entender la naturaleza como un repertorio de formas y comienza a trabajar con ella? Esa pregunta atraviesa Biodiseño Mx. Territorios vivos, exposición que el Museo Franz Mayer presenta –dentro de las actividades por su 40° aniversario– como la primera dedicada al biodiseño en México. Bajo la curaduría de Taina Campos, la muestra reúne 74 obras, además de gráficos, fotografías y piezas audiovisuales de creadores nacionales e internacionales, consolidados y emergentes. Organizada en cinco núcleos –“Flora”, “Fauna”, “Microbia”, “Funga” y “Bioinspiración”–, la exposición explora materiales, procesos y objetos desarrollados a partir de plantas, hongos, microorganismos y otros sistemas vivos.

Biomateriales elaborados con residuos agrícolas, textiles biológicos, refugios para abejas y arrecifes impresos en 3D plantean alternativas a una concepción antropocéntrica del diseño. A la experimentación contemporánea se suman saberes ancestrales vinculados con los territorios, en un diálogo entre ciencia, tecnología, artesanía y materia. La propia arquitectura de la exposición participa de esta reflexión: muros intervenidos con tierras arcillosas y elementos museográficos realizados con materiales reciclados incorporan la sostenibilidad a la experiencia.

 

Charles & Ray Eames. La inusual belleza de las cosas comunes

Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey

Del 5 de junio de 2026 al 7 de febrero de 2027

diseño

Vista de la exposición Charles & Ray Eames. La inusual belleza de las cosas comunes, Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, 2026. Fotografía: Arthur Mora. © 2026 Eames Office, LLC.

La obra de Charles y Ray Eames suele asociarse con algunos de los objetos más reconocibles del diseño moderno, pero su trabajo difícilmente se reduce al mobiliario. La inusual belleza de las cosas comunes, en el MARCO de Monterrey, propone justamente ampliar esa mirada: muebles, fotografías, películas y materiales de archivo revelan una práctica en la que diseño, imagen, educación, juego e investigación forman parte de un mismo campo de experimentación.

Curada por Brenda Fernández, la exposición, que se organiza en ocho núcleos temáticos –“Urgencia y sistema”, “Descomposición de la mirada”, “Modelo y abstracción”, “Disciplina y ritual”, “Economía y transición”, “Vida como archivo”, “Infraestructura de la percepción” y “Ecos”–, desplaza la atención del objeto aislado hacia las relaciones que lo hacen posible. Lo artesanal y lo industrial, lo local y lo global, lo cotidiano y lo pedagógico aparecen entrelazados en una concepción del diseño como herramienta para observar y comprender el mundo. La muestra incluye piezas emblemáticas de los Eames y materiales que permiten aproximarse a sus procesos de trabajo, así como a su particular relación con la fotografía y el cine. Sus experiencias en México forman también parte del recorrido.

La historia de cómo sentarse. Variaciones del asiento en México

Museo Universitario Arte Contemporáneo, Ciudad de México

Del 1 de agosto al 11 de octubre de 2026

diseño

Vista de la exposición La historia de cómo sentarse. Variaciones del asiento en México, Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), Ciudad de México, 2026. Cortesía del MUAC

Sentarse parece un gesto cotidiano, casi automático, pero la manera en que disponemos el cuerpo en el espacio también habla de una sociedad. Esa es la premisa de La historia de cómo sentarse. Variaciones del asiento en México, exposición que el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) presenta con curaduría de Ana Elena Mallet. A partir de poco más de 40 piezas de los siglos XX y XXI, la muestra construye una genealogía del asiento en México que se aleja de una historia lineal del mobiliario para explorar las relaciones entre tradición, modernidad, memoria y experimentación.

Butaques, equipales, sillas y bancos dialogan con propuestas de diseñadores y arquitectos como Clara Porset, Pedro Ramírez Vázquez, Héctor Esrawe, Óscar Hagerman y Ricardo Legorreta, entre otros. Los materiales –madera, palma, tule, mimbre, piel, acero, bronce o polipropileno– revelan distintas concepciones del cuerpo y del habitar. La exposición muestra cómo la modernidad mexicana no necesariamente rompió con las formas vernáculas, sino que encontró en ellas recursos para imaginar nuevos objetos. Así, el asiento deja de ser un objeto meramente funcional para convertirse en un registro de las formas de convivir, trabajar, descansar y construir identidad.

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Tres muestras de diseño

Coinciden, en tres importantes museos mexicanos, exposiciones sobre los variados caminos que ha tomado el diseño moderno y contemporáneo en sus diversas manifestaciones. No es un hecho frecuente. Si Biodiseño Mx (Museo Franz Mayer) mira hacia las posibilidades futuras de la creación de objetos, en sintonía con los procesos naturales, La historia de cómo sentarse (MUAC) revisa cómo el diseño de mobiliario, específicamente de sillas, construye cultura e identidad en México. La práctica interdisciplinaria de Charles y Ray Eames, por su parte, desborda el objeto, y el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) le dedica su primera muestra monográfica en el país: La inusual belleza de las cosas comunes.

 

Biodiseño Mx. Territorios vivos

Museo Franz Mayer, Ciudad de México

Del 28 de mayo al 11 de octubre de 2026

Vista de la exposición Biodiseño Mx. Territorios vivos, Museo Franz Mayer, Ciudad de México, 2026. Cortesía del Museo Franz Mayer

¿Qué sucede cuando el diseño deja de entender la naturaleza como un repertorio de formas y comienza a trabajar con ella? Esa pregunta atraviesa Biodiseño Mx. Territorios vivos, exposición que el Museo Franz Mayer presenta –dentro de las actividades por su 40° aniversario– como la primera dedicada al biodiseño en México. Bajo la curaduría de Taina Campos, la muestra reúne 74 obras, además de gráficos, fotografías y piezas audiovisuales de creadores nacionales e internacionales, consolidados y emergentes. Organizada en cinco núcleos –“Flora”, “Fauna”, “Microbia”, “Funga” y “Bioinspiración”–, la exposición explora materiales, procesos y objetos desarrollados a partir de plantas, hongos, microorganismos y otros sistemas vivos.

Biomateriales elaborados con residuos agrícolas, textiles biológicos, refugios para abejas y arrecifes impresos en 3D plantean alternativas a una concepción antropocéntrica del diseño. A la experimentación contemporánea se suman saberes ancestrales vinculados con los territorios, en un diálogo entre ciencia, tecnología, artesanía y materia. La propia arquitectura de la exposición participa de esta reflexión: muros intervenidos con tierras arcillosas y elementos museográficos realizados con materiales reciclados incorporan la sostenibilidad a la experiencia.

 

Charles & Ray Eames. La inusual belleza de las cosas comunes

Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey

Del 5 de junio de 2026 al 7 de febrero de 2027

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Vista de la exposición Charles & Ray Eames. La inusual belleza de las cosas comunes, Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, 2026. Fotografía: Arthur Mora. © 2026 Eames Office, LLC.

La obra de Charles y Ray Eames suele asociarse con algunos de los objetos más reconocibles del diseño moderno, pero su trabajo difícilmente se reduce al mobiliario. La inusual belleza de las cosas comunes, en el MARCO de Monterrey, propone justamente ampliar esa mirada: muebles, fotografías, películas y materiales de archivo revelan una práctica en la que diseño, imagen, educación, juego e investigación forman parte de un mismo campo de experimentación.

Curada por Brenda Fernández, la exposición, que se organiza en ocho núcleos temáticos –“Urgencia y sistema”, “Descomposición de la mirada”, “Modelo y abstracción”, “Disciplina y ritual”, “Economía y transición”, “Vida como archivo”, “Infraestructura de la percepción” y “Ecos”–, desplaza la atención del objeto aislado hacia las relaciones que lo hacen posible. Lo artesanal y lo industrial, lo local y lo global, lo cotidiano y lo pedagógico aparecen entrelazados en una concepción del diseño como herramienta para observar y comprender el mundo. La muestra incluye piezas emblemáticas de los Eames y materiales que permiten aproximarse a sus procesos de trabajo, así como a su particular relación con la fotografía y el cine. Sus experiencias en México forman también parte del recorrido.

La historia de cómo sentarse. Variaciones del asiento en México

Museo Universitario Arte Contemporáneo, Ciudad de México

Del 1 de agosto al 11 de octubre de 2026

diseño

Vista de la exposición La historia de cómo sentarse. Variaciones del asiento en México, Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), Ciudad de México, 2026. Cortesía del MUAC

Sentarse parece un gesto cotidiano, casi automático, pero la manera en que disponemos el cuerpo en el espacio también habla de una sociedad. Esa es la premisa de La historia de cómo sentarse. Variaciones del asiento en México, exposición que el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) presenta con curaduría de Ana Elena Mallet. A partir de poco más de 40 piezas de los siglos XX y XXI, la muestra construye una genealogía del asiento en México que se aleja de una historia lineal del mobiliario para explorar las relaciones entre tradición, modernidad, memoria y experimentación.

Butaques, equipales, sillas y bancos dialogan con propuestas de diseñadores y arquitectos como Clara Porset, Pedro Ramírez Vázquez, Héctor Esrawe, Óscar Hagerman y Ricardo Legorreta, entre otros. Los materiales –madera, palma, tule, mimbre, piel, acero, bronce o polipropileno– revelan distintas concepciones del cuerpo y del habitar. La exposición muestra cómo la modernidad mexicana no necesariamente rompió con las formas vernáculas, sino que encontró en ellas recursos para imaginar nuevos objetos. Así, el asiento deja de ser un objeto meramente funcional para convertirse en un registro de las formas de convivir, trabajar, descansar y construir identidad.

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