miércoles, 26 de agosto de 2026

Regina José Galindo: poner el cuerpo

La artista Regina José Galindo (Ciudad de Guatemala, 1974) presenta Los peores tiempos posibles en el Museo Universitario del Chopo, Ciudad de México. La exposición, curada por Maya Juracán y Regina de Con Cossío, reúne casi tres décadas de trabajo en 33 “tiempos”, cada uno anclado a una forma específica de violencia estructural: guerra, feminicidio, racismo, migración…

No es la retrospectiva que la trayectoria de Galindo ya justificaba –León de Oro para artista joven en la Bienal de Venecia 2005, obra en colecciones como el MoMA, la Tate y el Centre Pompidou–, sino una lectura del presente hecha desde el cuerpo, su herramienta de trabajo desde finales de los noventa. La muestra permanecerá abierta hasta el 15 de noviembre en el Museo del Chopo, y se inauguró con Maquillando la muerte, un performance creado específicamente para la ocasión sobre la industria mexicana del manejo del cadáver –el tema con el que arranca esta conversación.

Regina José Galindo

La artista guatemalteca Regina José Galindo

¿Cómo ha sido para ti volver a México, a un espacio tan particular como el Museo del Chopo?

México siempre ha sido un vecino con historias y situaciones similares a las de Guatemala. Me siento acompañada de mis vecinas, de mis vecinos. Sabemos que hay un grado de racismo del norte al sur, pero en cuestiones de problemáticas sociales hay muchos puntos en que nos encontramos. Creo que algunas de las piezas que fueron realizadas en Guatemala, o desde Guatemala, por una artista guatemalteca, van a tener su propia lectura en México y van a encontrar su propia forma de ser leídas aquí.

“Creo que algunas de las piezas que fueron realizadas en Guatemala, o desde Guatemala, por una artista guatemalteca, van a tener su propia lectura en México y van a encontrar su propia forma de ser leídas aquí”: Regina José Galindo

¿Qué significa esta exposición en el momento actual de México?

No pienso en la situación de México de forma singular, sino en lo que significa a nivel estratégico. México es, con Brasil, uno de los pocos pulmones de oxígeno democrático de este lado del mundo. En Europa tenemos a España, Dinamarca, Malta, pero no mucho más: el resto de países están sumidos en nuevas formas de gobierno dictatoriales, de ultraderecha, que no sabemos cómo van a terminar. Hasta ahora han resultado mal. Pero la derecha avanza, sigue avanzando de forma feroz, y México se sostiene.

¿Te reconoces en la idea de dar a conocer y alzar la voz por lo que no debería ocurrir?

Yo me reconozco como artista. Mi reto, muchas veces, es concretar las formas correctas para lo que estoy diciendo. No me veo como una activista que pelea luchas singulares; me veo como una artista que produce formas, y esas formas están sostenidas por luchas.

Regina José Galindo

Regina José Galindo, El gran retorno (2019). Fotograma de video. Cortesía de la artista

¿Cómo decides que una idea necesita convertirse en cuerpo o en performance?

Tengo dos salidas: el performance o el poema. Algunas veces una idea se convierte en escrito –no necesariamente con la forma de un poema– que sirve como boceto, como spring line para el performance que va a ser. Yo resuelvo mis ideas escribiendo.

Has insistido en que el cuerpo no es una metáfora sino un territorio de archivo. ¿Cómo has construido esa relación con tu propio cuerpo a lo largo de tu trayectoria?

Con sutileza y responsabilidad. Cuando era más joven hacía obras más arriesgadas, más radicales; ya no hago procedimientos médicos, aunque recientemente hubo una extracción de sangre. El oficio te hace: son años de trabajar el ejercicio de la seda, de verlo documentado, de las lecturas que hace el público. Todo eso va creando una amalgama. En el performance tenemos el cuerpo en blanco total, y tú vas conociéndolo, sabes qué puede suceder sobre ese cuerpo.

“El pesimismo existe porque existe el optimismo. Cuando estamos en los peores tiempos posibles nos agarramos de la esperanza, de la utopía de creer que no hemos tocado fondo, que vamos a salir adelante. Siempre creemos que se puede estar peor”: Regina José Galindo

Los peores tiempos posibles está dividida en 33 momentos. ¿Qué lugar ocupa la esperanza en esa estructura?

Esa pregunta es más para las curadoras, Maya Juracán y Regina de Con Cossío, que tuvieron la idea de organizarlo a través del tiempo. Ninguna de las tres queríamos una muestra retrospectiva; esa palabra me queda grande, es para artistas en un nivel de madurez mayor al mío, y además ver hacia atrás implica que ya no hay mucho hacia adelante. Tengo 52 años y casi 30 haciendo performance, pero me considero muy activa. Acordamos que era una revisión dividida en 33 tiempos que reflejan 33 momentos de la era contemporánea que me ha tocado vivir desde los años noventa.

Sobre la esperanza: uno no existe sin el otro. El pesimismo existe porque existe el optimismo. Cuando estamos en los peores tiempos posibles nos agarramos de la esperanza, de la utopía de creer que no hemos tocado fondo, que vamos a salir adelante. Siempre creemos que se puede estar peor.

Regina José Galindo

Regina José Galindo, performance Maquillando la muerte, Museo Universitario del Chopo, Ciudad de México, 15 de agosto de 2026

El domingo de la inauguración presentaste Maquillando la muerte. ¿Qué te importaba que sucediera en esa acción?

Me interesaba enunciar algo que descubrí investigando para trabajar en México: toda la sistematización que se ha creado alrededor de la muerte y el manejo del cadáver. Es tanta la cantidad de muerte que se maneja en México, tan alta, sumada a una cercanía histórica y cultural de los mexicanos con la muerte. Aparte está el efecto de la muerte violenta, que ha producido un sistema económico alrededor: hay estudios, se profesionaliza. Utilicé una marca mexicana de pintura para uso mortuorio, no maquillaje: es un producto químico que embalsama el cuerpo. Por eso era tanta cantidad.

“Le estamos dando demasiada responsabilidad al arte. Puede ser una agencia revolucionaria de ideas, un grano de arena que te acerca al pensamiento crítico. Y el pensamiento crítico sí puede acercarnos a la esperanza o a un cambio”: Regina José Galindo

¿Qué crees que puede hacer el arte –y qué no– frente a aquello que duele y se insiste en negar?

No va a hacer que la gente cambie de opinión y deje de estar en negación ante la realidad de la derecha. Le estamos dando demasiada responsabilidad al arte. Puede ser una agencia revolucionaria de ideas, un grano de arena que te acerca al pensamiento crítico. Y el pensamiento crítico sí puede acercarnos a la esperanza o a un cambio: entender qué está pasando y, al entenderlo, querer frenarlo. Pero el arte en sí no tiene esa capacidad. Es, con suerte, un agitador social: produce preguntas, y esas preguntas pueden producir pensamiento crítico.

Regina José Galindo

Regina José Galindo, Estoy viva (2014)

Después de casi tres décadas de trabajo, ¿qué sigue siendo una urgencia para ti?

La justicia social.

¿Qué te gustaría que el público mexicano se llevara de esta muestra, más allá de lo que se ve en las salas?

La fuerza de querer estar en resistencia ante el avance de la derecha. El arte es un elemento de lucha; hay que luchar con las armas que tenemos. Cada quien tiene las suyas, y cada quien, desde su espacio, tiene que luchar en este momento.

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Regina José Galindo: poner el cuerpo

La artista Regina José Galindo (Ciudad de Guatemala, 1974) presenta Los peores tiempos posibles en el Museo Universitario del Chopo, Ciudad de México. La exposición, curada por Maya Juracán y Regina de Con Cossío, reúne casi tres décadas de trabajo en 33 “tiempos”, cada uno anclado a una forma específica de violencia estructural: guerra, feminicidio, racismo, migración…

No es la retrospectiva que la trayectoria de Galindo ya justificaba –León de Oro para artista joven en la Bienal de Venecia 2005, obra en colecciones como el MoMA, la Tate y el Centre Pompidou–, sino una lectura del presente hecha desde el cuerpo, su herramienta de trabajo desde finales de los noventa. La muestra permanecerá abierta hasta el 15 de noviembre en el Museo del Chopo, y se inauguró con Maquillando la muerte, un performance creado específicamente para la ocasión sobre la industria mexicana del manejo del cadáver –el tema con el que arranca esta conversación.

Regina José Galindo

La artista guatemalteca Regina José Galindo

¿Cómo ha sido para ti volver a México, a un espacio tan particular como el Museo del Chopo?

México siempre ha sido un vecino con historias y situaciones similares a las de Guatemala. Me siento acompañada de mis vecinas, de mis vecinos. Sabemos que hay un grado de racismo del norte al sur, pero en cuestiones de problemáticas sociales hay muchos puntos en que nos encontramos. Creo que algunas de las piezas que fueron realizadas en Guatemala, o desde Guatemala, por una artista guatemalteca, van a tener su propia lectura en México y van a encontrar su propia forma de ser leídas aquí.

“Creo que algunas de las piezas que fueron realizadas en Guatemala, o desde Guatemala, por una artista guatemalteca, van a tener su propia lectura en México y van a encontrar su propia forma de ser leídas aquí”: Regina José Galindo

¿Qué significa esta exposición en el momento actual de México?

No pienso en la situación de México de forma singular, sino en lo que significa a nivel estratégico. México es, con Brasil, uno de los pocos pulmones de oxígeno democrático de este lado del mundo. En Europa tenemos a España, Dinamarca, Malta, pero no mucho más: el resto de países están sumidos en nuevas formas de gobierno dictatoriales, de ultraderecha, que no sabemos cómo van a terminar. Hasta ahora han resultado mal. Pero la derecha avanza, sigue avanzando de forma feroz, y México se sostiene.

¿Te reconoces en la idea de dar a conocer y alzar la voz por lo que no debería ocurrir?

Yo me reconozco como artista. Mi reto, muchas veces, es concretar las formas correctas para lo que estoy diciendo. No me veo como una activista que pelea luchas singulares; me veo como una artista que produce formas, y esas formas están sostenidas por luchas.

Regina José Galindo

Regina José Galindo, El gran retorno (2019). Fotograma de video. Cortesía de la artista

¿Cómo decides que una idea necesita convertirse en cuerpo o en performance?

Tengo dos salidas: el performance o el poema. Algunas veces una idea se convierte en escrito –no necesariamente con la forma de un poema– que sirve como boceto, como spring line para el performance que va a ser. Yo resuelvo mis ideas escribiendo.

Has insistido en que el cuerpo no es una metáfora sino un territorio de archivo. ¿Cómo has construido esa relación con tu propio cuerpo a lo largo de tu trayectoria?

Con sutileza y responsabilidad. Cuando era más joven hacía obras más arriesgadas, más radicales; ya no hago procedimientos médicos, aunque recientemente hubo una extracción de sangre. El oficio te hace: son años de trabajar el ejercicio de la seda, de verlo documentado, de las lecturas que hace el público. Todo eso va creando una amalgama. En el performance tenemos el cuerpo en blanco total, y tú vas conociéndolo, sabes qué puede suceder sobre ese cuerpo.

“El pesimismo existe porque existe el optimismo. Cuando estamos en los peores tiempos posibles nos agarramos de la esperanza, de la utopía de creer que no hemos tocado fondo, que vamos a salir adelante. Siempre creemos que se puede estar peor”: Regina José Galindo

Los peores tiempos posibles está dividida en 33 momentos. ¿Qué lugar ocupa la esperanza en esa estructura?

Esa pregunta es más para las curadoras, Maya Juracán y Regina de Con Cossío, que tuvieron la idea de organizarlo a través del tiempo. Ninguna de las tres queríamos una muestra retrospectiva; esa palabra me queda grande, es para artistas en un nivel de madurez mayor al mío, y además ver hacia atrás implica que ya no hay mucho hacia adelante. Tengo 52 años y casi 30 haciendo performance, pero me considero muy activa. Acordamos que era una revisión dividida en 33 tiempos que reflejan 33 momentos de la era contemporánea que me ha tocado vivir desde los años noventa.

Sobre la esperanza: uno no existe sin el otro. El pesimismo existe porque existe el optimismo. Cuando estamos en los peores tiempos posibles nos agarramos de la esperanza, de la utopía de creer que no hemos tocado fondo, que vamos a salir adelante. Siempre creemos que se puede estar peor.

Regina José Galindo

Regina José Galindo, performance Maquillando la muerte, Museo Universitario del Chopo, Ciudad de México, 15 de agosto de 2026

El domingo de la inauguración presentaste Maquillando la muerte. ¿Qué te importaba que sucediera en esa acción?

Me interesaba enunciar algo que descubrí investigando para trabajar en México: toda la sistematización que se ha creado alrededor de la muerte y el manejo del cadáver. Es tanta la cantidad de muerte que se maneja en México, tan alta, sumada a una cercanía histórica y cultural de los mexicanos con la muerte. Aparte está el efecto de la muerte violenta, que ha producido un sistema económico alrededor: hay estudios, se profesionaliza. Utilicé una marca mexicana de pintura para uso mortuorio, no maquillaje: es un producto químico que embalsama el cuerpo. Por eso era tanta cantidad.

“Le estamos dando demasiada responsabilidad al arte. Puede ser una agencia revolucionaria de ideas, un grano de arena que te acerca al pensamiento crítico. Y el pensamiento crítico sí puede acercarnos a la esperanza o a un cambio”: Regina José Galindo

¿Qué crees que puede hacer el arte –y qué no– frente a aquello que duele y se insiste en negar?

No va a hacer que la gente cambie de opinión y deje de estar en negación ante la realidad de la derecha. Le estamos dando demasiada responsabilidad al arte. Puede ser una agencia revolucionaria de ideas, un grano de arena que te acerca al pensamiento crítico. Y el pensamiento crítico sí puede acercarnos a la esperanza o a un cambio: entender qué está pasando y, al entenderlo, querer frenarlo. Pero el arte en sí no tiene esa capacidad. Es, con suerte, un agitador social: produce preguntas, y esas preguntas pueden producir pensamiento crítico.

Regina José Galindo

Regina José Galindo, Estoy viva (2014)

Después de casi tres décadas de trabajo, ¿qué sigue siendo una urgencia para ti?

La justicia social.

¿Qué te gustaría que el público mexicano se llevara de esta muestra, más allá de lo que se ve en las salas?

La fuerza de querer estar en resistencia ante el avance de la derecha. El arte es un elemento de lucha; hay que luchar con las armas que tenemos. Cada quien tiene las suyas, y cada quien, desde su espacio, tiene que luchar en este momento.

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jueves, 20 de agosto de 2026

Luna en piscis o sobre el ‘az-zahr’

El viernes 17 de julio de 2026 me invitaron a dormir en el Museo Jumex de 5 a 6 pm.

Jornalera de sueños fue un performance en el que, durante un día laboral, los artistas Emilio Carrera y Sandra Sánchez se turnaron para dormir, junto a personas invitadas, en la Galería -1, donde se presenta la exposición Colección Jumex: Visiones difusas. Mientras uno dormía, el otro registraba con palabras lo que los cuerpos durmientes le comunicaban: gestos, delirios, pensamientos y manifestaciones. El público podía ver tanto los cuerpos durmientes como la escritura en vivo.

Recordé que podía llevar una publicación, así que tomé The Muppet Show. Vol. 1 de Ronit Guttman Berditchevsky (Miau Ediciones, 2026), porque me gustan mucho sus colores, sus poemas y la contraportada que dice:

Al momento de imprimir esta publicación, Israel, Estados Unidos y sus cómplices continúan su limpieza étnica y genocidio contra el pueblo palestino impunemente. Han asesinado a 75 mil palestines, más de 3 mil libaneses y más de 4 mil iraníes.

Ante el ascenso del fascismo en el mundo, sostengo firmemente que:

Nadie es libre hasta que todes seamos libres.

Nunca más para nadie.

¡Que viva Palestina libre!

¡Que viva la autodeterminación!

sueños

Vista del performance Jornalera de sueños, de Emilio Carrera y Sandra Sánchez. Museo Jumex, Ciudad de México, 17 de julio de 2026

Iba en piyama, lista para dormir. Es una de mis actividades favoritas, sobre todo porque sueño mucho. Me gusta tanto porque las fantasías siempre han sido un refugio ante el exterior. Varias veces durante el día estoy imaginando emergencias posibles. Esto suele tener consecuencias en mi capacidad de acción, por eso cuando las amigas me hacen invitaciones que movilicen las fugas, las tomo. Jornalera de sueños era perfecto.

Al museo llegaban muchas personas, veían a Emilio dormir y juzgaban la dormición: críticas mordaces, hostilidad, acentos de clases sociales que no convergerían en mi vida de no estar en Polanco. Hubo algunas dudas genuinas del público, me preguntaron si lo que hacía Sandra –quien escribía en un trance, tomada por el texto– era parte de la exposición. Les dije que sí y comenzaron a tomarle fotos.

Llegó a mí la extrañeza y un cierto temor por haber llevado la publicación de Ronit. Comenzaron a llegar las fantasías. Imaginé que la gente podría ser agresiva. ¿Por qué surgía la inquietud ante la hostilidad y no la potencia que habilita la confrontación? Se despertaba en mí la vulnerabilidad que trae consigo el azar y la exposición, a pesar del encuadre institucional que aporta un museo. De nuevo, la imaginación buscaba anticiparse ante el antagonismo posible. Es el detalle de soñar despierta, a veces llegas a pasajes maravillosos o a callejones horribles.

sueños

Vista del performance Jornalera de sueños, de Emilio Carrera y Sandra Sánchez. Museo Jumex, Ciudad de México, 17 de julio de 2026

Me acosté, afortunadamente junto a Sandra. Es muy especial que la primera vez que dormimos juntas haya sido así. Procedí a taparme la cara con los poemas de Ronit. Sentí que me acompañaban mis amigas. Escuchaba más o menos las conversaciones, estaba alerta. ¿Por qué ahí? ¿Por qué con esa publicación? Recordé que ese sentimiento de sobreexposición relacionado con el sionismo estaba habitándome desde finales del año pasado, cuando intenté viajar a Palestina gracias a la invitación que Wonder Cabinet (PAL) hizo a Cráter Invertido (MX) como parte de una residencia. En la llegada al aeropuerto, en la Palestina ocupada (Tel Aviv), no pude pasar del control migratorio. Ahí, acostada en el museo, no soñaba, pero repasaba, una vez más, todo lo que había ocurrido esa noche.

Quedó grabado en mi corazón cómo una mujer musulmana respondía con furia ante las agresiones de la policía israelí que intentaba humillarla fallidamente. Ahí, en el punto en donde nos tenían recluidxs, con la violencia de quien sabe que tiene tus papeles y que es impune, ante la violencia genocida, surgió la piedra que se lanza con dignidad. Ella me hizo recordar que hacerle frente al fascismo es habitar el aquí y ahora que reclama fracturar la dominación mediante un movimiento que sabe habitar su propio riesgo.

Una nunca puede prever todos los peligros que implica vivir, estamos expuestas inevitablemente al azar. Y es mejor que esos riesgos te pesquen con lxs amigxs que comparten ilusiones y esperanzas contigo. Luego, sin plan ni causa clara, eso también se pierde, como cuando despiertas de un sueño y todo permanece como un conjuro alegre que no va a repetirse. Recuerdo que toda esa jornada de la deportación no dormí, no podía, me dio un tic en el ojo que a veces regresa. Ese tic que he intentado controlar pero que me indica que no se juega con el azar. Creo que dormí hasta que tomé el vuelo de conexión de Alemania a México, debe ser porque ya tenía de vuelta mi pasaporte.

sueños

Vista del performance Jornalera de sueños, de Emilio Carrera y Sandra Sánchez. Museo Jumex, Ciudad de México, 17 de julio de 2026

En el museo tampoco pude dormir, aunque el colchón era cómodo. Llegó la certeza de que ya era tiempo de cambiar el colchón que le habíamos comprado a Luisa hace siete años. No sé desde cuándo registro los dolores de espalda alta que tengo al despertar, quizá desde la prepa. Culpo al colchón de resortes que acompañó todos mis sueños en San Juanico, Edomex. Ése es un dolor que viene y va. Al fin, hace unas semanas, compré mi primer colchón nuevo. Me convencí de que con ése ya no me dolía la espalda, pero de nuevo regresó el dolor. Culpo ahora a la almohada. ¿Cómo es que una de mis actividades favoritas siempre ha estado atravesada por un dolor intermitente? Casi tan similar como mi tránsito por distintos colectivos. ¿Será realmente el colchón o será mi cuerpo que no se soporta a sí mismo? La incomodidad siempre me ha acompañado al soñar.

Al final no pasó nada malo mientras estuve acostada en el museo. Una vez más, la fantasía había desbordado la estima que tengo por mi propio destino. Una sueña con un orden que no hay, como si el dominio fuera omnipresente. Nunca lo fue, nunca lo será. Hay una fuerza que siempre encadena los sucesos de manera arbitraria.

Azar proviene del árabe الزهر (az-zahr), que significa flor. La flor de azahar es un símbolo del derecho de retorno palestino, de los naranjales que volverán a sembrarse en una Palestina libre. ¡Qué nos encuentren las flores, siempre, siempre!

sueños

Vista del performance Jornalera de sueños, de Emilio Carrera y Sandra Sánchez. Museo Jumex, Ciudad de México, 17 de julio de 2026

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Luna en piscis o sobre el ‘az-zahr’

El viernes 17 de julio de 2026 me invitaron a dormir en el Museo Jumex de 5 a 6 pm.

Jornalera de sueños fue un performance en el que, durante un día laboral, los artistas Emilio Carrera y Sandra Sánchez se turnaron para dormir, junto a personas invitadas, en la Galería -1, donde se presenta la exposición Colección Jumex: Visiones difusas. Mientras uno dormía, el otro registraba con palabras lo que los cuerpos durmientes le comunicaban: gestos, delirios, pensamientos y manifestaciones. El público podía ver tanto los cuerpos durmientes como la escritura en vivo.

Recordé que podía llevar una publicación, así que tomé The Muppet Show. Vol. 1 de Ronit Guttman Berditchevsky (Miau Ediciones, 2026), porque me gustan mucho sus colores, sus poemas y la contraportada que dice:

Al momento de imprimir esta publicación, Israel, Estados Unidos y sus cómplices continúan su limpieza étnica y genocidio contra el pueblo palestino impunemente. Han asesinado a 75 mil palestines, más de 3 mil libaneses y más de 4 mil iraníes.

Ante el ascenso del fascismo en el mundo, sostengo firmemente que:

Nadie es libre hasta que todes seamos libres.

Nunca más para nadie.

¡Que viva Palestina libre!

¡Que viva la autodeterminación!

sueños

Vista del performance Jornalera de sueños, de Emilio Carrera y Sandra Sánchez. Museo Jumex, Ciudad de México, 17 de julio de 2026

Iba en piyama, lista para dormir. Es una de mis actividades favoritas, sobre todo porque sueño mucho. Me gusta tanto porque las fantasías siempre han sido un refugio ante el exterior. Varias veces durante el día estoy imaginando emergencias posibles. Esto suele tener consecuencias en mi capacidad de acción, por eso cuando las amigas me hacen invitaciones que movilicen las fugas, las tomo. Jornalera de sueños era perfecto.

Al museo llegaban muchas personas, veían a Emilio dormir y juzgaban la dormición: críticas mordaces, hostilidad, acentos de clases sociales que no convergerían en mi vida de no estar en Polanco. Hubo algunas dudas genuinas del público, me preguntaron si lo que hacía Sandra –quien escribía en un trance, tomada por el texto– era parte de la exposición. Les dije que sí y comenzaron a tomarle fotos.

Llegó a mí la extrañeza y un cierto temor por haber llevado la publicación de Ronit. Comenzaron a llegar las fantasías. Imaginé que la gente podría ser agresiva. ¿Por qué surgía la inquietud ante la hostilidad y no la potencia que habilita la confrontación? Se despertaba en mí la vulnerabilidad que trae consigo el azar y la exposición, a pesar del encuadre institucional que aporta un museo. De nuevo, la imaginación buscaba anticiparse ante el antagonismo posible. Es el detalle de soñar despierta, a veces llegas a pasajes maravillosos o a callejones horribles.

sueños

Vista del performance Jornalera de sueños, de Emilio Carrera y Sandra Sánchez. Museo Jumex, Ciudad de México, 17 de julio de 2026

Me acosté, afortunadamente junto a Sandra. Es muy especial que la primera vez que dormimos juntas haya sido así. Procedí a taparme la cara con los poemas de Ronit. Sentí que me acompañaban mis amigas. Escuchaba más o menos las conversaciones, estaba alerta. ¿Por qué ahí? ¿Por qué con esa publicación? Recordé que ese sentimiento de sobreexposición relacionado con el sionismo estaba habitándome desde finales del año pasado, cuando intenté viajar a Palestina gracias a la invitación que Wonder Cabinet (PAL) hizo a Cráter Invertido (MX) como parte de una residencia. En la llegada al aeropuerto, en la Palestina ocupada (Tel Aviv), no pude pasar del control migratorio. Ahí, acostada en el museo, no soñaba, pero repasaba, una vez más, todo lo que había ocurrido esa noche.

Quedó grabado en mi corazón cómo una mujer musulmana respondía con furia ante las agresiones de la policía israelí que intentaba humillarla fallidamente. Ahí, en el punto en donde nos tenían recluidxs, con la violencia de quien sabe que tiene tus papeles y que es impune, ante la violencia genocida, surgió la piedra que se lanza con dignidad. Ella me hizo recordar que hacerle frente al fascismo es habitar el aquí y ahora que reclama fracturar la dominación mediante un movimiento que sabe habitar su propio riesgo.

Una nunca puede prever todos los peligros que implica vivir, estamos expuestas inevitablemente al azar. Y es mejor que esos riesgos te pesquen con lxs amigxs que comparten ilusiones y esperanzas contigo. Luego, sin plan ni causa clara, eso también se pierde, como cuando despiertas de un sueño y todo permanece como un conjuro alegre que no va a repetirse. Recuerdo que toda esa jornada de la deportación no dormí, no podía, me dio un tic en el ojo que a veces regresa. Ese tic que he intentado controlar pero que me indica que no se juega con el azar. Creo que dormí hasta que tomé el vuelo de conexión de Alemania a México, debe ser porque ya tenía de vuelta mi pasaporte.

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Vista del performance Jornalera de sueños, de Emilio Carrera y Sandra Sánchez. Museo Jumex, Ciudad de México, 17 de julio de 2026

En el museo tampoco pude dormir, aunque el colchón era cómodo. Llegó la certeza de que ya era tiempo de cambiar el colchón que le habíamos comprado a Luisa hace siete años. No sé desde cuándo registro los dolores de espalda alta que tengo al despertar, quizá desde la prepa. Culpo al colchón de resortes que acompañó todos mis sueños en San Juanico, Edomex. Ése es un dolor que viene y va. Al fin, hace unas semanas, compré mi primer colchón nuevo. Me convencí de que con ése ya no me dolía la espalda, pero de nuevo regresó el dolor. Culpo ahora a la almohada. ¿Cómo es que una de mis actividades favoritas siempre ha estado atravesada por un dolor intermitente? Casi tan similar como mi tránsito por distintos colectivos. ¿Será realmente el colchón o será mi cuerpo que no se soporta a sí mismo? La incomodidad siempre me ha acompañado al soñar.

Al final no pasó nada malo mientras estuve acostada en el museo. Una vez más, la fantasía había desbordado la estima que tengo por mi propio destino. Una sueña con un orden que no hay, como si el dominio fuera omnipresente. Nunca lo fue, nunca lo será. Hay una fuerza que siempre encadena los sucesos de manera arbitraria.

Azar proviene del árabe الزهر (az-zahr), que significa flor. La flor de azahar es un símbolo del derecho de retorno palestino, de los naranjales que volverán a sembrarse en una Palestina libre. ¡Qué nos encuentren las flores, siempre, siempre!

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miércoles, 19 de agosto de 2026

Un caja, todo Kubrick

La obra de Stanley Kubrick, concisa y profundamente influyente, exigía una edición definitiva para las cinetecas personales. El 20 de octubre, The Criterion Collection pondrá a la venta The Complete Kubrick, una caja de 30 discos que reúne sus trece largometrajes –de Miedo y deseo (1952) a Ojos bien cerrados (1999)–, además de tres cortometrajes tempranos –Day of the Fight (1951), Flying Padre (1951) y The Seafarers (1953). El diseño del volumen se inspira en el archivo del cineasta y utiliza fotografías, materiales y documentos rara vez vistos, incluidas anotaciones de su puño y letra. El volumen crítico que acompaña la edición lleva la firma del escritor y crítico Nathaniel Rich.

Aunque buena parte de la filmografía de Kubrick ya contaba con restauraciones en 4K, algunas de ellas lanzadas por la propia Criterion, The Complete Kubrick permitirá volver a ver películas que no habían contado con masterizaciones prístinas en alta definición, como Lolita (1962), Naranja mecánica (1971), El resplandor (1980) o Cara de guerra (1987). Las películas se presentan además en Dolby Vision HDR, con las bandas sonoras monofónicas originales y nuevas mezclas 5.1 restauradas y remasterizadas. El conjunto incluye más de 25 horas de entrevistas, documentales y materiales de detrás de cámaras; entre ellos, la nueva restauración de Making ‘The Shining’, el registro realizado por Vivian Kubrick durante el rodaje de El resplandor, así como la versión internacional de la película.

Desde el diseño y los materiales adicionales que incorpora, la caja plantea la posibilidad de ver la obra completa de Stanley Kubrick como un solo cuerpo. En un cineasta tan preocupado por el control, resulta apropiado que esta edición adopte la forma de un archivo. Noir (El beso del asesino, Casta de malditos), bélico (Miedo y deseo, Patrulla infernal –1957­–, Cara de guerra), épico (Patrulla infernalEspartaco –1960­–), comedia (LolitaDr. Insólito –1964­–), ciencia ficción (2001: Odisea del espacio –1968­–, Naranja mecánica), drama de época (Barry Lyndon –1975­–), terror (El resplandor), melodrama (LolitaOjos bien cerrados), thriller (Casta de malditos, de nuevo Ojos bien cerrados): Kubrick “desmontó cada uno de esos sistemas expresivos para ofrecer obras de arte disfrazadas de productos industriales”, se lee en este ensayo.

El interés de The Complete Kubrick está también en la posibilidad de ampliar la experiencia de las películas. La caja incorpora nuevos comentarios de Lee Unkrich, cineasta y editor del libro Stanley Kubrick’s ‘The Shining’, y del escritor Michael Benson, autor de Space Odyssey: Stanley Kubrick, Arthur C. Clarke, and the Making of a Masterpiece. Incluye además una conversación inédita entre el novelista Jonathan Lethem y el historiador de cine Kevin Wynter sobre Kubrick y la autoría, además de pruebas de cámara inéditas de Lolita, material poco visto del rodaje de Cara de guerra y entrevistas de archivo con colaboradores y admiradores del cineasta como Christiane Kubrick, Kirk Douglas, Peter Sellers, Wendy Carlos, Douglas Trumbull, Steven Spielberg y Martin Scorsese. La cuestión será encontrar esta pieza de colección a un precio accesible para el cinéfilo.

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Un caja, todo Kubrick

La obra de Stanley Kubrick, concisa y profundamente influyente, exigía una edición definitiva para las cinetecas personales. El 20 de octubre, The Criterion Collection pondrá a la venta The Complete Kubrick, una caja de 30 discos que reúne sus trece largometrajes –de Miedo y deseo (1952) a Ojos bien cerrados (1999)–, además de tres cortometrajes tempranos –Day of the Fight (1951), Flying Padre (1951) y The Seafarers (1953). El diseño del volumen se inspira en el archivo del cineasta y utiliza fotografías, materiales y documentos rara vez vistos, incluidas anotaciones de su puño y letra. El volumen crítico que acompaña la edición lleva la firma del escritor y crítico Nathaniel Rich.

Aunque buena parte de la filmografía de Kubrick ya contaba con restauraciones en 4K, algunas de ellas lanzadas por la propia Criterion, The Complete Kubrick permitirá volver a ver películas que no habían contado con masterizaciones prístinas en alta definición, como Lolita (1962), Naranja mecánica (1971), El resplandor (1980) o Cara de guerra (1987). Las películas se presentan además en Dolby Vision HDR, con las bandas sonoras monofónicas originales y nuevas mezclas 5.1 restauradas y remasterizadas. El conjunto incluye más de 25 horas de entrevistas, documentales y materiales de detrás de cámaras; entre ellos, la nueva restauración de Making ‘The Shining’, el registro realizado por Vivian Kubrick durante el rodaje de El resplandor, así como la versión internacional de la película.

Desde el diseño y los materiales adicionales que incorpora, la caja plantea la posibilidad de ver la obra completa de Stanley Kubrick como un solo cuerpo. En un cineasta tan preocupado por el control, resulta apropiado que esta edición adopte la forma de un archivo. Noir (El beso del asesino, Casta de malditos), bélico (Miedo y deseo, Patrulla infernal –1957­–, Cara de guerra), épico (Patrulla infernalEspartaco –1960­–), comedia (LolitaDr. Insólito –1964­–), ciencia ficción (2001: Odisea del espacio –1968­–, Naranja mecánica), drama de época (Barry Lyndon –1975­–), terror (El resplandor), melodrama (LolitaOjos bien cerrados), thriller (Casta de malditos, de nuevo Ojos bien cerrados): Kubrick “desmontó cada uno de esos sistemas expresivos para ofrecer obras de arte disfrazadas de productos industriales”, se lee en este ensayo.

El interés de The Complete Kubrick está también en la posibilidad de ampliar la experiencia de las películas. La caja incorpora nuevos comentarios de Lee Unkrich, cineasta y editor del libro Stanley Kubrick’s ‘The Shining’, y del escritor Michael Benson, autor de Space Odyssey: Stanley Kubrick, Arthur C. Clarke, and the Making of a Masterpiece. Incluye además una conversación inédita entre el novelista Jonathan Lethem y el historiador de cine Kevin Wynter sobre Kubrick y la autoría, además de pruebas de cámara inéditas de Lolita, material poco visto del rodaje de Cara de guerra y entrevistas de archivo con colaboradores y admiradores del cineasta como Christiane Kubrick, Kirk Douglas, Peter Sellers, Wendy Carlos, Douglas Trumbull, Steven Spielberg y Martin Scorsese. La cuestión será encontrar esta pieza de colección a un precio accesible para el cinéfilo.

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jueves, 13 de agosto de 2026

Identidad y futbol

En su columna –un intercambio epistolar con Juan Villoro en El País– publicada un día después de la final de Mundial de Futbol, el escritor argentino Martín Caparrós reflexionó sobre los “caracteres nacionales” construidos durante la competencia, en particular, sobre el caso argentino. Convertido en el gran villano del evento –compitiendo en rechazo con Donald Trump–, el equipo de Argentina provocó cualquier cantidad de comentarios en redes sociales que fueron de la crítica a su estilo de juego al insulto clasista o xenófobo. Los jugadores que protagonizaron la final se volvieron símbolos de las disputas políticas y las guerras culturales de este tiempo. Poco después se analizó el papel de los algoritmos, lo viral que puede llegar a ser el discurso de odio en Internet y la instrumentalización que hizo el presidente argentino, Javier Milei, de la violencia digital para emprender una campaña contra los extranjeros que critiquen a su país.

Se pregunta Caparrós para el caso argentino: ¿se puede extrapolar la idiosincrasia –la mal llamada “filosofía”– de un equipo de futbol a una nación entera? ¿Quiénes son los argentinos? En el juego de los bandos, Argentina se convirtió en un ente homogéneo en clara alianza con el sionismo internacional y representante de la ultraderecha esquizofrénica de su presidente, entre otros graves defectos para los defensores del progresismo y las causas populares. Por otro lado, España se convirtió en emblema de un país abierto a la migración y crítico del genocidio palestino por la posición que ha mantenido, en tiempos recientes, su presidente Pedro Sánchez. Esta línea divisoria, sin embargo, no quedó tan clara para muchos personajes en las redes sociales, pues se podían encontrar fácilmente a derechistas festejando el triunfo de la “izquierdista” España o comprometidos izquierdistas lamentando la derrota de la “derechista” Argentina aun cuando los jugadores reivindicaron a las Malvinas en el partido contra Inglaterra, el imperio colonial que se las quitó. La enseñanza, por supuesto, es que la realidad es más compleja de lo que nos mostró la radicalización de Internet.

Los conflictos geopolíticos siguieron semanas después del Mundial. El 30 y 31 de julio unas 50 mil personas cruzaron la frontera entre Marruecos y el enclave español de Ceuta. Hay serias sospechas que la crisis fue aprovechada por el rey Mohamed VI, aliado del gobierno de Donald Trump. Muchos analistas apuntan, incluso, a un intento de desestabilización en la zona para castigar al gobierno español por sus críticas a la Casa Blanca. Sin embargo, la selección marroquí tiene muy buena fama. La mayor parte de los jugadores del representativo nacional nacieron en Europa y simbolizan la historia de los migrantes asediados por los prejuicios, en particular los de origen árabe. Quizás, especulo, habrá jugadores de la selección que simpaticen con ideas de derecha, pero eso difícilmente cambiará la percepción que tiene el público global de selecciones de “izquierda” sin importar las contradicciones o realidades de los gobiernos de sus países.

El nacionalismo fubtolero –una suerte de esencialismo que brota periódicamente en cada Mundial o competencia importante– es, también, contradictorio. Si antes los equipos de futbol tenían un ancla social y podían representar a una comunidad, ahora son franquicias trasnacionales. Por ejemplo, algunos clubes en Inglaterra –muchos de ellos con orígenes obreros en el siglo XIX– ahora son parte de inmensos conglomerados financieros ubicados en paraísos fiscales como Emiratos Árabes Unidos o Arabia Saudita. Igual sucede con otras ligas en el mundo. Los jugadores, por su parte, son activos financieros subastados en multimillonarias transacciones comerciales. Los futbolistas de élite apenas pisan su país de origen, pero se convierten en héroes nacionales para una multitud sedienta de reivindicaciones de todo tipo. Habitantes de una burbuja que los separa de la realidad, los astros de la cancha –con algunas honrosas excepciones– repiten los consabidos lugares comunes en las entrevistas o meten la pata cuando se les ocurre improvisar y aportar algo de su cosecha. Sin embargo, la condición “apolítica” del futbolista profesional es ideal no sólo para evitar incomodar a los dueños del juego –una estructura que no le pide nada a la mafia de las películas hollywoodenses– sino que se presta para que cualquiera vea en sus ídolos lo que quiera ver: meritocracia, culto al más fuerte, disciplina, mentalidad ganadora y otras virtudes exaltadas por el individualismo contemporáneo.

El nacionalismo futbolero –a veces criticado por los clasistas de costumbre, pues desprecian todo lo que consideran populachero– es, en realidad, una manera de simbolizar a una nación y exorcizar, aunque sea por un momento, los conflictos sociales. Sin embargo, los símbolos tienden a resquebrajarse cuando se contrastan con la realidad. Si ganar una Copa del Mundo representa el auge de una nación, la derrota se interpreta como la decadencia nacional. Al menos así es visto por las redes sociales y los líderes de opinión que caen en la trampa de las analogías fáciles y los reduccionismos que no llevan a ningún lado. No deja ser irónico que la victoria de España en el Mundial haya sido seguida de los peores incendios de su historia y que, mientras la gente celebraba en las plazas públicas del país, el termómetro alcanzara los 40 grados de temperatura gracias a la crisis climática. El augurio, en este caso, no es muy bueno. Sin embargo, el futbol siempre llega para rescatar, en tiempos de zozobra, las esperanzas.

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