jueves, 19 de febrero de 2026

Estado actual de la imaginación

En principio me lancé a Róterdam porque iban a programar dos películas en las que participé hace unos años. Por andar contándole a la banda antes de tiempo, se saló mi aventura: ninguna de las susodichas películas iba a presentarse y yo ya había comprado boleto de avión. Ándele, me quedé como el llanero solitario, pero en la nieve, sin bufanda y sin plata, ¿y ora? Pues a cubrir la prensa, ¿no? Al fin eso es lo que siempre habías querido, no te hagas. Mente positiva, ay qué cosas de la vida.

A la velocidad del rayo me puse a investigar qué películas habría durante el festival, cuántas secciones se inventaron, a quiénes conocía, cuántas sonaban bien y todo lo que haría Peter Parker en mi lugar. Le pedí su cámara a Ramón, vendí la lavadora de mi jefa para llevar dinero, etcétera. Le eché una llamada de ultratumba a las oficinas de Ojo al Cine del buen Andrés Caicedo y le pedí un consejo, me dio uno ajeno: El mal y la fealdad se cuidarán solos; es el bien y la belleza lo que necesita de nuestros cuidados.

Con calcetines dobles y armado hasta los dientes de un amor imaginario, llegué al aeropuerto en Holanda. ¿Quién eres y a qué vienes aquí? No pus que Lolo y que soy reportero. Muéstrame evidencias. Aquí, mire, ésta es mi acreditación del festival. Okey, muéstreme un boleto de cine de las películas que dice que viene a ver, el que sea… A ver, a ver, espéreme tantito, deje checo el mail, péreme, péreme…

Viajaré unos días al pasado, al fin que hay tiempo, o no hay, pero hay superficie y hay palabras. Una sección del festival que me propuse cubrir por completo está enfocada al cine japonés que durante los noventa se distribuyó en video, no salía en cine, directo a la videocasetera de los trabajadores de saco gris que llegando de la oficina querían ver balazos, peleas y besos. Telenovelas de acción. El género se conoce como V-Cinema y el festival dio una selección de 18 películas curadas por Tom Mes. Títulos como Drug Connection, Anxious Virgin o Crime Hunters son normales en estos videos.

El Festival Internacional de Cine de Róterdam es un territorio de vibraciones, sensibilidades e ideas. El IFFR se fundó porque Hubert Bals lo tenía claro en 1972: “Los maestros del cine del futuro están en el Tercer Mundo”.

Aquí tiene, oficial, estos son los boletos, elija usted alguno… Y que sale Sex Teacher: Forbiden Sex. Is this a joke, man? No, no, let me explain. Did you see The Ring? Same director, Hideo Nakata first movie, less money, okey?1 Okey Okey. Welcome to the Netherlands. Tan pronto pisé Róterdam me di cuenta de que estaba perdido: cervezas baratas, seres raros, miles de películas por ver en salas premium con 16 bocinas de alta nitidez y pantallas curvas de alta definición.

El Festival Internacional de Cine de Róterdam es un territorio de vibraciones, sensibilidades e ideas. El IFFR se fundó porque Hubert Bals lo tenía claro en 1972: “Los maestros del cine del futuro están en el Tercer Mundo”. Todavía hoy, a través del fondo que dejó al morir, en 1988, se apoya a cineastas de países donde no hay infraestructura o donde el gobierno ahorca actos creativos. ¿Cómo llegan a ellos? Gracias a investigadores especializados disfrazados de cinéfilos despeinados: Gertjan Zuilhof (), Olaf Möller, Tom Mes, Nina Rodriguez, Hiromi Aihara. Estos scouts son una de las tres vías por las que los trabajos confluyen en el programa; las otras dos son aplicaciones directas por parte de las producciones y una tercera parte que la industria propone. Este año el programa ofreció 649 largometrajes y cortos. Tendrías que tener seis pares de ojos para verlas todas. Les contaré de algunas que vi y que seguramente llegarán a México.

 

Dead Souls

Alex Cox

Estados Unidos / España, 2025, 88 min.

Róterdam

Fotograma de Dead Souls (2025), de Alex Cox

En la fila de espera había un vaquero. Su nombre: Geoff Marslett. Esperábamos juntos que nos dejaran entrar a la sala para sentarnos hasta adelante. No me di cuenta, hasta que miraba la pantalla, que dicho sujeto era uno de los actores de este western cómico-místico. Broma tras broma se asoma el espíritu de Alex Cox, un diablillo que continúa siendo bastante transgresor al no importarle ninguna norma, solo la suya: hacer un filme divertido, con amigos. Adaptar la novela de Nikolái Gógol al viejo nuevo oeste e interpretar a Strindler, un sujeto que paga bien a los aldeanos por saber los nombres de mexicanos hundidos seis pies bajo tierra para apoderarse de sus almas. ¿Para qué? No queda claro, un coleccionista no necesita explicar su afición. Al final le pregunté a Geoff: ¿Cómo está Alex? Respuesta: Feliz.

 

Krakatoa

Carlos Casas

España / Reino Unido / Polonia, 2026, 79 min.

Róterdam

Fotograma de Krakatoa (2026), de Carlos Casas

El sonido más fuerte que se ha escuchado jamás en el planeta Tierra sucedió durante la explosión del volcán Krakatoa en Java, en 1883. Durante 79 minutos nos convertimos en un pescador que experimentó este evento sicodélico desde una isla solitaria. El cine de Carlos Casas es efectivo, mimético, arrojado y lento. Quizás hay tres personajes en toda la historia: un pescador que vive en una balsa de bambú, un coco que sufre el poder destructor humano y una cabra fantasmagórica. Podría contar el mar y la lava pero funcionan como coro más que como actores. Casi sin darte cuenta te conviertes en el pescador, el tiempo se estira y la marea del cine te arroja dentro de una cueva sin fondo. Pueden buscar en Internet el documental de Casas sobre los tres últimos pescadores de ballenas del mar del Aral. Hunters Since the Beginning of Time (2008). Es cine que reconstruye la soledad.

 

Chronovisor

Kevin Walker y Jack Auen

Estados Unidos, 2026, 99 min.

Róterdam

Fotograma de Chronovisor (2026), de Kevin Walker y Jack Auen

La película más borgesiana que recuerdo haber visto. Chronovisor comienza con una secuencia que te mete de lleno en el mundo icónico del cine norteamericano de horror y suspenso de los años ochenta: vaporosas tomas nocturnas de las calles de Nueva York acompañadas de la música dramática y celestial de Gustav Holst. Luego comienza una investigación casi por accidente: ¿qué es el Chronovisor?, ¿existe esta máquina que te lleva a ver el pasado desde los ojos de alguien más?, ¿hasta dónde llegará la académica neurocientífica Beatrice Court para asegurarse que no es una estafa? Texto presentado como video experimental, zoom-in imperceptible hasta que reparas en el tiempo que ha transcurrido, conspiración, ciencia ficción y 16mm.

 

Tycoon

Charlotte Zhang

Canadá / Estados Unidos, 2026, 89 min

Róterdam

Fotograma de Tycoon (2026), de Charlotte Zhang

Realismo futurista. Fotografiada con simpleza pero sin intentar parecerse a nada más que un día con los amigos en la ciudad –como La Haine (1995), como Kids (1995)–, el filme de Charlotte Zhang logra elaborar lo inestable, lo rebelde y lo agitado que debe ser una persecución sin fin en Los Ángeles de 2028 días antes de los Juegos Olímpicos en una ciudad infestada de cucarachas donde solo unos pocos son dueños de todo. La película está hecha por dentro, desde dentro, escuchamos las conversaciones de amigos, sin drama, cotidianas, casuales, bobas, pero que hacen que la historia avance y uno se vaya dando cuenta de cómo piensan los esquizoides inquietos en una ciudad del futuro donde el gobierno anuncia que ya está disponible la nueva vacuna contra la nueva enfermedad. El ritmo es intermitente, se filtran ejercicios visuales que Zhang ha presentado en galerías anteriormente, experimentales y compulsivos como una mente en desesperación. It’s all a scam, it will always be2.

 

Nox

Matti Harju

Finlandia, 2026, 64 min.

Róterdam

Fotograma de Nox (2026), de Matti Harju

Sólo necesitas una cámara, tres amigos, un lente viejo y aberrante, música tecno, dolor en el alma –si es que tienes 😉 –, problemas en la cabeza, un buen sonidista, el bosque, la niebla y haber visto Baal y Repulsión y tener problemas en la cabeza y que no te importe repetirte a voluntad para hacer una gran gran gran película como Nox. Se trata de un asunto policiaco, pero presentado con diálogos de contraste entre brutos y legos, como si estuvieras viendo una sesión de terapia clínica entre amigos muy tontos y otros muy listos, serios, que no se hallan y parecen sesudos. Figúrate a Harmony Korine chemo y en Finlandia, lento, misterioso, de una melancolía modernista. Un noir donde no sale ninguna mujer fatal y todos sudan; música ambiental de sintetizadores, mínima, boscosa, viscosa y fosforescente. Nox es como un insecto en la mente que se sale (o no se sale) después una hora y cuatro minutos. Programada por Olaf Möller, así que no hay falla.

 

El arte es oscuro y está lleno de horrores

Artemio Narro

Mexico, 2026, 120 min.

Róterdam

Fotograma de El arte es oscuro y está lleno de horrores (2026), de Artemio Narro

Áhi les van tres chistes que salen en la película:

– Un gordito borracho dice: Da mucha hambre eso de desconstruirse.

– En una llamada telefónica le preguntan a un artista: ¿Qué haces? Y el artista contesta: Nada, aquí namás escuchando a Mahler. En realidad se está rascando la panza.

– Un jucio de valor: Eres un perdedor pero al menos eres feliz.

Dirigida por Artemio Narro, coescrita con María González de León (al igual que ColOZio), fotografiada por Nur Rubio Sherwell y actuada por una pléyade de seres alocados, El arte es oscuro y está lleno de horrores resulta una película postirónica que lanza misiles a los campamentos de curadores, estudiantes de arte, galeristas, artistas consumados y seres ridículos en general que deseen ilusoriamente ser alguien, ser elegidos por alguien para ser alguien.

En dos horas Artemio y su equipo arman una comedia faustiana con arcos narrativos torcidos y lecciones morales propias de alguien que va al infierno cada fin de semana. La puesta en escena trata (principalmente) de tres artistas que sacan lo mejor de sí mismos ante la visita de un importante curador extranjero que los podría llevar a una vida más pomposa si pusiera sus verdes ojos azules en ellos o en su trabajo. Los tres artistas tienen jerarquías muy claras que caricaturizan las relaciones de dominio en las instituciones de la creatividad. Lo que está de fondo y me resulta enriquecedor y resonante es la proyección y la perversión de la identidad que hacemos cuando veneramos gente a la que no le importamos. Los personajes femeninos, como siempre en las pelis de Artemio, generan las dinámicas más absurdas y violentas, llegando a notas gore en la punta del clímax.

A pesar de sus virtudes, El arte es oscuro y está lleno de horrores transmite muy poco cinemáticamente; pareciera que la cámara se dedica a explorar una obra de teatro, más que a desarrollar una unidad de lenguaje y mirada.

 

Orchids Under the Moon

Ishii Takashi

Japón, 1991, 88 min.

Róterdam

Fotograma de Orchids Under the Moon (1991), de Ishii Takashi

Entre las 18 películas de la sección Focus: V-Cinema, elijo hablar de Orchids Under the Moon porque es el poema más colorido que he visto sobre el amor y la muerte. No sólo pone en crisis la moral y la estética de las películas de acción donde el héroe suele imponerse y conquistar por su fuerza y hombría a la mujer objeto de su deseo, sino que lo logra de una manera tan cómica como profundamente dolorosa. Es la única película que trastornó mi comprensión de la duración y de la realidad. Para haber sido lanzada directo a video, tiene tomas larguísimas donde uno se pregunta si está pasando lo que está pasando o de plano ya nos encontramos en un sueño. La trama es muy divertida porque acompañamos a la cantante de pop Ran en su huida por la ciudad y en su encuentro con Hashikawa en motocicleta, un apostador que perdió diez años antes a su esposa e hijo de manos de la mafia. Juntos roban un huevo de oro macizo en un restaurante y la persecución se prolonga hasta el más allá. Takashi Ishii es uno de los maestros del cine de acción y romance; revitalizó el lenguaje cinematográfico durante la crisis económica de Japón en los noventa. Recomiendo A Night in Nude (1993) y Gonin (1995), si les gustan estas ondas.    

 

Experiencia vital trascendente, se puede pensar el mundo a través del cine: besos en chino, peleas en portugués, pesadillas en polaco. Con sintaxis obtusa, perceptible pero inaprensible, hecha de imágenes y tiempo, modifica nuestra experiencia de la realidad. El Festival Internacional de Cine de Róterdam se apodera del puerto durante diez días, reparte cientos de películas en treinta salas y diez cines. En medio de la absurda crisis global de valores, políticas e ideas, el IFFR es una máquina de guerra. Magia blanca, vitalismos aparte, quizás el cine nos pueda salvar. Hubert Bals vivant vivant!

La edición 55 del Festival Internacional de Cine de Róterdam se realizó del 29 de enero al 8 de febrero de 2026

El primer largometraje de Everardo Felipe es Gizmo (2024)

  1. ¿Bromea usted? No, no, deje le explico, ¿vio El aro? Es del mismo director, su primera película, pero con menos dinero, ¿de acuerdo?
  2. Todo es una tomada de pelo, siempre lo será.

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Estado actual de la imaginación

En principio me lancé a Róterdam porque iban a programar dos películas en las que participé hace unos años. Por andar contándole a la banda antes de tiempo, se saló mi aventura: ninguna de las susodichas películas iba a presentarse y yo ya había comprado boleto de avión. Ándele, me quedé como el llanero solitario, pero en la nieve, sin bufanda y sin plata, ¿y ora? Pues a cubrir la prensa, ¿no? Al fin eso es lo que siempre habías querido, no te hagas. Mente positiva, ay qué cosas de la vida.

A la velocidad del rayo me puse a investigar qué películas habría durante el festival, cuántas secciones se inventaron, a quiénes conocía, cuántas sonaban bien y todo lo que haría Peter Parker en mi lugar. Le pedí su cámara a Ramón, vendí la lavadora de mi jefa para llevar dinero, etcétera. Le eché una llamada de ultratumba a las oficinas de Ojo al Cine del buen Andrés Caicedo y le pedí un consejo, me dio uno ajeno: El mal y la fealdad se cuidarán solos; es el bien y la belleza lo que necesita de nuestros cuidados.

Con calcetines dobles y armado hasta los dientes de un amor imaginario, llegué al aeropuerto en Holanda. ¿Quién eres y a qué vienes aquí? No pus que Lolo y que soy reportero. Muéstrame evidencias. Aquí, mire, ésta es mi acreditación del festival. Okey, muéstreme un boleto de cine de las películas que dice que viene a ver, el que sea… A ver, a ver, espéreme tantito, deje checo el mail, péreme, péreme…

Viajaré unos días al pasado, al fin que hay tiempo, o no hay, pero hay superficie y hay palabras. Una sección del festival que me propuse cubrir por completo está enfocada al cine japonés que durante los noventa se distribuyó en video, no salía en cine, directo a la videocasetera de los trabajadores de saco gris que llegando de la oficina querían ver balazos, peleas y besos. Telenovelas de acción. El género se conoce como V-Cinema y el festival dio una selección de 18 películas curadas por Tom Mes. Títulos como Drug Connection, Anxious Virgin o Crime Hunters son normales en estos videos.

El Festival Internacional de Cine de Róterdam es un territorio de vibraciones, sensibilidades e ideas. El IFFR se fundó porque Hubert Bals lo tenía claro en 1972: “Los maestros del cine del futuro están en el Tercer Mundo”.

Aquí tiene, oficial, estos son los boletos, elija usted alguno… Y que sale Sex Teacher: Forbiden Sex. Is this a joke, man? No, no, let me explain. Did you see The Ring? Same director, Hideo Nakata first movie, less money, okey?1 Okey Okey. Welcome to the Netherlands. Tan pronto pisé Róterdam me di cuenta de que estaba perdido: cervezas baratas, seres raros, miles de películas por ver en salas premium con 16 bocinas de alta nitidez y pantallas curvas de alta definición.

El Festival Internacional de Cine de Róterdam es un territorio de vibraciones, sensibilidades e ideas. El IFFR se fundó porque Hubert Bals lo tenía claro en 1972: “Los maestros del cine del futuro están en el Tercer Mundo”. Todavía hoy, a través del fondo que dejó al morir, en 1988, se apoya a cineastas de países donde no hay infraestructura o donde el gobierno ahorca actos creativos. ¿Cómo llegan a ellos? Gracias a investigadores especializados disfrazados de cinéfilos despeinados: Gertjan Zuilhof (), Olaf Möller, Tom Mes, Nina Rodriguez, Hiromi Aihara. Estos scouts son una de las tres vías por las que los trabajos confluyen en el programa; las otras dos son aplicaciones directas por parte de las producciones y una tercera parte que la industria propone. Este año el programa ofreció 649 largometrajes y cortos. Tendrías que tener seis pares de ojos para verlas todas. Les contaré de algunas que vi y que seguramente llegarán a México.

 

Dead Souls

Alex Cox

Estados Unidos / España, 2025, 88 min.

Róterdam

Fotograma de Dead Souls (2025), de Alex Cox

En la fila de espera había un vaquero. Su nombre: Geoff Marslett. Esperábamos juntos que nos dejaran entrar a la sala para sentarnos hasta adelante. No me di cuenta, hasta que miraba la pantalla, que dicho sujeto era uno de los actores de este western cómico-místico. Broma tras broma se asoma el espíritu de Alex Cox, un diablillo que continúa siendo bastante transgresor al no importarle ninguna norma, solo la suya: hacer un filme divertido, con amigos. Adaptar la novela de Nikolái Gógol al viejo nuevo oeste e interpretar a Strindler, un sujeto que paga bien a los aldeanos por saber los nombres de mexicanos hundidos seis pies bajo tierra para apoderarse de sus almas. ¿Para qué? No queda claro, un coleccionista no necesita explicar su afición. Al final le pregunté a Geoff: ¿Cómo está Alex? Respuesta: Feliz.

 

Krakatoa

Carlos Casas

España / Reino Unido / Polonia, 2026, 79 min.

Róterdam

Fotograma de Krakatoa (2026), de Carlos Casas

El sonido más fuerte que se ha escuchado jamás en el planeta Tierra sucedió durante la explosión del volcán Krakatoa en Java, en 1883. Durante 79 minutos nos convertimos en un pescador que experimentó este evento sicodélico desde una isla solitaria. El cine de Carlos Casas es efectivo, mimético, arrojado y lento. Quizás hay tres personajes en toda la historia: un pescador que vive en una balsa de bambú, un coco que sufre el poder destructor humano y una cabra fantasmagórica. Podría contar el mar y la lava pero funcionan como coro más que como actores. Casi sin darte cuenta te conviertes en el pescador, el tiempo se estira y la marea del cine te arroja dentro de una cueva sin fondo. Pueden buscar en Internet el documental de Casas sobre los tres últimos pescadores de ballenas del mar del Aral. Hunters Since the Beginning of Time (2008). Es cine que reconstruye la soledad.

 

Chronovisor

Kevin Walker y Jack Auen

Estados Unidos, 2026, 99 min.

Róterdam

Fotograma de Chronovisor (2026), de Kevin Walker y Jack Auen

La película más borgesiana que recuerdo haber visto. Chronovisor comienza con una secuencia que te mete de lleno en el mundo icónico del cine norteamericano de horror y suspenso de los años ochenta: vaporosas tomas nocturnas de las calles de Nueva York acompañadas de la música dramática y celestial de Gustav Holst. Luego comienza una investigación casi por accidente: ¿qué es el Chronovisor?, ¿existe esta máquina que te lleva a ver el pasado desde los ojos de alguien más?, ¿hasta dónde llegará la académica neurocientífica Beatrice Court para asegurarse que no es una estafa? Texto presentado como video experimental, zoom-in imperceptible hasta que reparas en el tiempo que ha transcurrido, conspiración, ciencia ficción y 16mm.

 

Tycoon

Charlotte Zhang

Canadá / Estados Unidos, 2026, 89 min

Róterdam

Fotograma de Tycoon (2026), de Charlotte Zhang

Realismo futurista. Fotografiada con simpleza pero sin intentar parecerse a nada más que un día con los amigos en la ciudad –como La Haine (1995), como Kids (1995)–, el filme de Charlotte Zhang logra elaborar lo inestable, lo rebelde y lo agitado que debe ser una persecución sin fin en Los Ángeles de 2028 días antes de los Juegos Olímpicos en una ciudad infestada de cucarachas donde solo unos pocos son dueños de todo. La película está hecha por dentro, desde dentro, escuchamos las conversaciones de amigos, sin drama, cotidianas, casuales, bobas, pero que hacen que la historia avance y uno se vaya dando cuenta de cómo piensan los esquizoides inquietos en una ciudad del futuro donde el gobierno anuncia que ya está disponible la nueva vacuna contra la nueva enfermedad. El ritmo es intermitente, se filtran ejercicios visuales que Zhang ha presentado en galerías anteriormente, experimentales y compulsivos como una mente en desesperación. It’s all a scam, it will always be2.

 

Nox

Matti Harju

Finlandia, 2026, 64 min.

Róterdam

Fotograma de Nox (2026), de Matti Harju

Sólo necesitas una cámara, tres amigos, un lente viejo y aberrante, música tecno, dolor en el alma –si es que tienes 😉 –, problemas en la cabeza, un buen sonidista, el bosque, la niebla y haber visto Baal y Repulsión y tener problemas en la cabeza y que no te importe repetirte a voluntad para hacer una gran gran gran película como Nox. Se trata de un asunto policiaco, pero presentado con diálogos de contraste entre brutos y legos, como si estuvieras viendo una sesión de terapia clínica entre amigos muy tontos y otros muy listos, serios, que no se hallan y parecen sesudos. Figúrate a Harmony Korine chemo y en Finlandia, lento, misterioso, de una melancolía modernista. Un noir donde no sale ninguna mujer fatal y todos sudan; música ambiental de sintetizadores, mínima, boscosa, viscosa y fosforescente. Nox es como un insecto en la mente que se sale (o no se sale) después una hora y cuatro minutos. Programada por Olaf Möller, así que no hay falla.

 

El arte es oscuro y está lleno de horrores

Artemio Narro

Mexico, 2026, 120 min.

Róterdam

Fotograma de El arte es oscuro y está lleno de horrores (2026), de Artemio Narro

Áhi les van tres chistes que salen en la película:

– Un gordito borracho dice: Da mucha hambre eso de desconstruirse.

– En una llamada telefónica le preguntan a un artista: ¿Qué haces? Y el artista contesta: Nada, aquí namás escuchando a Mahler. En realidad se está rascando la panza.

– Un jucio de valor: Eres un perdedor pero al menos eres feliz.

Dirigida por Artemio Narro, coescrita con María González de León (al igual que ColOZio), fotografiada por Nur Rubio Sherwell y actuada por una pléyade de seres alocados, El arte es oscuro y está lleno de horrores resulta una película postirónica que lanza misiles a los campamentos de curadores, estudiantes de arte, galeristas, artistas consumados y seres ridículos en general que deseen ilusoriamente ser alguien, ser elegidos por alguien para ser alguien.

En dos horas Artemio y su equipo arman una comedia faustiana con arcos narrativos torcidos y lecciones morales propias de alguien que va al infierno cada fin de semana. La puesta en escena trata (principalmente) de tres artistas que sacan lo mejor de sí mismos ante la visita de un importante curador extranjero que los podría llevar a una vida más pomposa si pusiera sus verdes ojos azules en ellos o en su trabajo. Los tres artistas tienen jerarquías muy claras que caricaturizan las relaciones de dominio en las instituciones de la creatividad. Lo que está de fondo y me resulta enriquecedor y resonante es la proyección y la perversión de la identidad que hacemos cuando veneramos gente a la que no le importamos. Los personajes femeninos, como siempre en las pelis de Artemio, generan las dinámicas más absurdas y violentas, llegando a notas gore en la punta del clímax.

A pesar de sus virtudes, El arte es oscuro y está lleno de horrores transmite muy poco cinemáticamente; pareciera que la cámara se dedica a explorar una obra de teatro, más que a desarrollar una unidad de lenguaje y mirada.

 

Orchids Under the Moon

Ishii Takashi

Japón, 1991, 88 min.

Róterdam

Fotograma de Orchids Under the Moon (1991), de Ishii Takashi

Entre las 18 películas de la sección Focus: V-Cinema, elijo hablar de Orchids Under the Moon porque es el poema más colorido que he visto sobre el amor y la muerte. No sólo pone en crisis la moral y la estética de las películas de acción donde el héroe suele imponerse y conquistar por su fuerza y hombría a la mujer objeto de su deseo, sino que lo logra de una manera tan cómica como profundamente dolorosa. Es la única película que trastornó mi comprensión de la duración y de la realidad. Para haber sido lanzada directo a video, tiene tomas larguísimas donde uno se pregunta si está pasando lo que está pasando o de plano ya nos encontramos en un sueño. La trama es muy divertida porque acompañamos a la cantante de pop Ran en su huida por la ciudad y en su encuentro con Hashikawa en motocicleta, un apostador que perdió diez años antes a su esposa e hijo de manos de la mafia. Juntos roban un huevo de oro macizo en un restaurante y la persecución se prolonga hasta el más allá. Takashi Ishii es uno de los maestros del cine de acción y romance; revitalizó el lenguaje cinematográfico durante la crisis económica de Japón en los noventa. Recomiendo A Night in Nude (1993) y Gonin (1995), si les gustan estas ondas.    

 

Experiencia vital trascendente, se puede pensar el mundo a través del cine: besos en chino, peleas en portugués, pesadillas en polaco. Con sintaxis obtusa, perceptible pero inaprensible, hecha de imágenes y tiempo, modifica nuestra experiencia de la realidad. El Festival Internacional de Cine de Róterdam se apodera del puerto durante diez días, reparte cientos de películas en treinta salas y diez cines. En medio de la absurda crisis global de valores, políticas e ideas, el IFFR es una máquina de guerra. Magia blanca, vitalismos aparte, quizás el cine nos pueda salvar. Hubert Bals vivant vivant!

La edición 55 del Festival Internacional de Cine de Róterdam se realizó del 29 de enero al 8 de febrero de 2026

El primer largometraje de Everardo Felipe es Gizmo (2024)

  1. ¿Bromea usted? No, no, deje le explico, ¿vio El aro? Es del mismo director, su primera película, pero con menos dinero, ¿de acuerdo?
  2. Todo es una tomada de pelo, siempre lo será.

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miércoles, 18 de febrero de 2026

Verner Panton, centenario

El 13 de febrero se conmemoraron cien años del nacimiento de Verner Panton (1926-1998), figura icónica del diseño industrial del siglo XX. Nacido en Gamtofte, Dinamarca, se formó como arquitecto en la Real Academia Danesa de Bellas Artes. Trabajó brevemente con Arne Jacobsen antes de emprender una trayectoria propia, donde rompió con el funcionalismo dominante en Escandinavia –que privilegiaba la madera y las líneas rectas– para explorar, con el plástico como material protagónico, las posibilidades del color y la curvatura.

Sus diseños, hoy clásicos del mobiliario moderno, dialogaron con el arte pop y son indisociables de la psicodelia de los sesenta. Su trabajo más célebre, la silla Panton (1960, producida en serie desde 1967), fue el primer asiento de una sola pieza moldeada en plástico con estructura en voladizo. Fabricada por Vitra, su silueta en S demostró que la experimentación formal podía ir de la mano con la producción industrial a gran escala. Verdadero hito de los paisajes interiores de las últimas seis décadas, la silla sintetiza la búsqueda de continuidad espacial y ligereza visual.

Otra de las creaciones emblemáticas de Verner Panton es la lámpara Flowerpot (1968; fabricada por &Tradition), compuesta por dos semiesferas enfrentadas que generan una iluminación suave y envolvente. En ella el diseñador danés profundizó en la expresividad cromática –naranjas intensos, verdes ácidos, azules eléctricos– de los objetos cotidianos. Más que fuentes de luz, sus lámparas construyen atmósferas. La vocación inmersiva alcanzó su clímax en los ambientes que diseñó para la Feria Internacional de Mobiliario de Colonia, especialmente la instalación Visiona II (1970), un espacio de superficies ondulantes, textiles vibrantes y módulos acolchados que borran los límites entre mobiliario y arquitectura.

Verner Panton

Verner Panton, Visiona II (1970), en la exposición Verner Panton. The Collected Works del Vitra Design Museum, Weil am Rhein, 2000. © Verner Panton Design AG

A lo largo de su carrera colaboró con firmas como Vitra, Louis Poulsen o Fritz Hansen, y desarrolló lo mismo sillas apilables que sistemas de iluminación modular y textiles de patrones geométricos. Panton entendía el diseño industrial no como la creación de objetos aislados, sino como la composición integral del entorno. “El propósito principal de mi trabajo es provocar a la gente para que use su imaginación”, afirmó. Amplió el vocabulario formal del diseño moderno y evidenció las capacidades del plástico en la producción en serie. Otras piezas memorables de su repertorio son las sillas Heart Cone (1958) y System 1-2-3 (1973), la lámpara Panthella (1971) o el carrito Barboy (1963), así como la inclasificable Living Tower (1969).

Para celebrar su legado, marcas como Vitra y &Tradition, en colaboración con la familia Panton y Verner Panton Design AG, han anunciando diversas actividades y, como era de esperarse, lanzamientos de ediciones limitadas y reimaginadas de sus diseños: objetos, mobiliario, textiles y luminarias. Dos grandes retrospectivas tendrán lugar en el año: Verner Panton: Form, Colour, Space, en el Vitra Schaudepot de Weil am Rhein (23 de mayo de 2026 al 9 de mayo de 2027), y Power, Pop & Plastic: A Verner Panton Centennial, en el Museo de Artes Decorativas de Berlín (13 de noviembre de 2026 al 23 de mayo de 2027).

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Verner Panton, centenario

El 13 de febrero se conmemoraron cien años del nacimiento de Verner Panton (1926-1998), figura icónica del diseño industrial del siglo XX. Nacido en Gamtofte, Dinamarca, se formó como arquitecto en la Real Academia Danesa de Bellas Artes. Trabajó brevemente con Arne Jacobsen antes de emprender una trayectoria propia, donde rompió con el funcionalismo dominante en Escandinavia –que privilegiaba la madera y las líneas rectas– para explorar, con el plástico como material protagónico, las posibilidades del color y la curvatura.

Sus diseños, hoy clásicos del mobiliario moderno, dialogaron con el arte pop y son indisociables de la psicodelia de los sesenta. Su trabajo más célebre, la silla Panton (1960, producida en serie desde 1967), fue el primer asiento de una sola pieza moldeada en plástico con estructura en voladizo. Fabricada por Vitra, su silueta en S demostró que la experimentación formal podía ir de la mano con la producción industrial a gran escala. Verdadero hito de los paisajes interiores de las últimas seis décadas, la silla sintetiza la búsqueda de continuidad espacial y ligereza visual.

Otra de las creaciones emblemáticas de Verner Panton es la lámpara Flowerpot (1968; fabricada por &Tradition), compuesta por dos semiesferas enfrentadas que generan una iluminación suave y envolvente. En ella el diseñador danés profundizó en la expresividad cromática –naranjas intensos, verdes ácidos, azules eléctricos– de los objetos cotidianos. Más que fuentes de luz, sus lámparas construyen atmósferas. La vocación inmersiva alcanzó su clímax en los ambientes que diseñó para la Feria Internacional de Mobiliario de Colonia, especialmente la instalación Visiona II (1970), un espacio de superficies ondulantes, textiles vibrantes y módulos acolchados que borran los límites entre mobiliario y arquitectura.

Verner Panton

Verner Panton, Visiona II (1970), en la exposición Verner Panton. The Collected Works del Vitra Design Museum, Weil am Rhein, 2000. © Verner Panton Design AG

A lo largo de su carrera colaboró con firmas como Vitra, Louis Poulsen o Fritz Hansen, y desarrolló lo mismo sillas apilables que sistemas de iluminación modular y textiles de patrones geométricos. Panton entendía el diseño industrial no como la creación de objetos aislados, sino como la composición integral del entorno. “El propósito principal de mi trabajo es provocar a la gente para que use su imaginación”, afirmó. Amplió el vocabulario formal del diseño moderno y evidenció las capacidades del plástico en la producción en serie. Otras piezas memorables de su repertorio son las sillas Heart Cone (1958) y System 1-2-3 (1973), la lámpara Panthella (1971) o el carrito Barboy (1963), así como la inclasificable Living Tower (1969).

Para celebrar su legado, marcas como Vitra y &Tradition, en colaboración con la familia Panton y Verner Panton Design AG, han anunciando diversas actividades y, como era de esperarse, lanzamientos de ediciones limitadas y reimaginadas de sus diseños: objetos, mobiliario, textiles y luminarias. Dos grandes retrospectivas tendrán lugar en el año: Verner Panton: Form, Colour, Space, en el Vitra Schaudepot de Weil am Rhein (23 de mayo de 2026 al 9 de mayo de 2027), y Power, Pop & Plastic: A Verner Panton Centennial, en el Museo de Artes Decorativas de Berlín (13 de noviembre de 2026 al 23 de mayo de 2027).

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viernes, 13 de febrero de 2026

Ernesto Ríos en el MACAZ

El Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce (MACAZ) cobija Retrovisión (2000-2025), exposición que revisa y pone en diálogo un cuarto de siglo de producción del artista mexicano Ernesto Ríos (Cuernavaca, 1975). Concebida como una mirada panorámica de su trayectoria, la muestra reúne obras tempranas y trabajos recientes para ofrecer una lectura amplia de sus búsquedas formales. Inaugurada el 11 de diciembre del año pasado, la retrospectiva puede visitarse en el museo moreliano hasta el 1 de marzo. “Retrovisión no es una mirada nostálgica, sino un ejercicio crítico y poético: observar cómo ciertas preguntas que atraviesan su obra desde hace más de dos décadas hoy adquieren nuevos significados”, escribe Gabriela Gorab en uno de los textos de sala.

La obra de Ernesto Ríos está marcada por un enfoque transdisciplinario que articula arte, ciencia y tecnología. A lo largo de su trayectoria ha integrado procesos de investigación vinculados a las matemáticas, la arquitectura, la lingüística y los sistemas complejos, con un lenguaje visual donde coexisten técnica e intuición. La muestra recorre estos intereses mediante una selección de pinturas, esculturas, fotografías y videos. Entre las obras destacadas se encuentran instalaciones y series que exploran geometrías, códigos, redes y metáforas del laberinto, así como Zoonosis (2021), videoproyección en cuatro canales que reflexiona sobre las interacciones entre los virus biológicos y los códigos informáticos, abriendo un diálogo entre lo orgánico y lo digital.

Ernesto Ríos

Vista de la exposición Retrovisión (2000-2025), de Ernesto Ríos, en el Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce (MACAZ), Morelia, 2025. Cortesía del artista

“En sus pinturas y esculturas, la distancia y la percepción son esenciales: lo que desde lejos parece un código visual o una imagen abstracta obliga al espectador a acercarse y dedicar un esfuerzo de búsqueda para descifrar los signos delineados con pinceles milimétricos. Este enfoque participativo también se extiende a sus esculturas, particularmente a sus cerámicas realizadas con técnicas como el raku”, plantea Marigel Valencia, directora del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce, sobre el trabajo de Ernesto Ríos. En ese sentido, en Retrovisión (2000-2025) cada obra actúa como un nodo en una red de ideas, con lo que se construye un espacio abierto al pensamiento.

“El objetivo de algunas de estas obras es reflexionar en torno a la situación que actualmente estamos viviendo, expandir el diálogo entre el arte contemporáneo y su relación con la ciencia y la tecnología; así como las posibles interrelaciones del código genético de virus SARS-CoV-2 en yuxtaposición con el lenguaje codificado de los virus informáticos”: así plantea el artista mexicano sus búsquedas en diversas pinturas o en la videoinstalación Zoonosis. Tras Códigos (2025), en la Galería Central del Centro de las Artes de San Luis Potosí, Ríos expone en Morelia la primera visión retrospectiva de su trabajo a través de 55 obras que evidencian una práctica sostenida y rigurosa donde, con la figura del laberinto en mente, se encuentran el tiempo, la memoria y la hiperconectividad contemporánea.

Ernesto Ríos

Ernesto Ríos, Zoonosis (videoinstalación, 2021). Cortesía del artista

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Ernesto Ríos en el MACAZ

El Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce (MACAZ) cobija Retrovisión (2000-2025), exposición que revisa y pone en diálogo un cuarto de siglo de producción del artista mexicano Ernesto Ríos (Cuernavaca, 1975). Concebida como una mirada panorámica de su trayectoria, la muestra reúne obras tempranas y trabajos recientes para ofrecer una lectura amplia de sus búsquedas formales. Inaugurada el 11 de diciembre del año pasado, la retrospectiva puede visitarse en el museo moreliano hasta el 1 de marzo. “Retrovisión no es una mirada nostálgica, sino un ejercicio crítico y poético: observar cómo ciertas preguntas que atraviesan su obra desde hace más de dos décadas hoy adquieren nuevos significados”, escribe Gabriela Gorab en uno de los textos de sala.

La obra de Ernesto Ríos está marcada por un enfoque transdisciplinario que articula arte, ciencia y tecnología. A lo largo de su trayectoria ha integrado procesos de investigación vinculados a las matemáticas, la arquitectura, la lingüística y los sistemas complejos, con un lenguaje visual donde coexisten técnica e intuición. La muestra recorre estos intereses mediante una selección de pinturas, esculturas, fotografías y videos. Entre las obras destacadas se encuentran instalaciones y series que exploran geometrías, códigos, redes y metáforas del laberinto, así como Zoonosis (2021), videoproyección en cuatro canales que reflexiona sobre las interacciones entre los virus biológicos y los códigos informáticos, abriendo un diálogo entre lo orgánico y lo digital.

Ernesto Ríos

Vista de la exposición Retrovisión (2000-2025), de Ernesto Ríos, en el Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce (MACAZ), Morelia, 2025. Cortesía del artista

“En sus pinturas y esculturas, la distancia y la percepción son esenciales: lo que desde lejos parece un código visual o una imagen abstracta obliga al espectador a acercarse y dedicar un esfuerzo de búsqueda para descifrar los signos delineados con pinceles milimétricos. Este enfoque participativo también se extiende a sus esculturas, particularmente a sus cerámicas realizadas con técnicas como el raku”, plantea Marigel Valencia, directora del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce, sobre el trabajo de Ernesto Ríos. En ese sentido, en Retrovisión (2000-2025) cada obra actúa como un nodo en una red de ideas, con lo que se construye un espacio abierto al pensamiento.

“El objetivo de algunas de estas obras es reflexionar en torno a la situación que actualmente estamos viviendo, expandir el diálogo entre el arte contemporáneo y su relación con la ciencia y la tecnología; así como las posibles interrelaciones del código genético de virus SARS-CoV-2 en yuxtaposición con el lenguaje codificado de los virus informáticos”: así plantea el artista mexicano sus búsquedas en diversas pinturas o en la videoinstalación Zoonosis. Tras Códigos (2025), en la Galería Central del Centro de las Artes de San Luis Potosí, Ríos expone en Morelia la primera visión retrospectiva de su trabajo a través de 55 obras que evidencian una práctica sostenida y rigurosa donde, con la figura del laberinto en mente, se encuentran el tiempo, la memoria y la hiperconectividad contemporánea.

Ernesto Ríos

Ernesto Ríos, Zoonosis (videoinstalación, 2021). Cortesía del artista

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miércoles, 11 de febrero de 2026

La noche entera

Es hasta cruel. Incluso para la pista de baile más cargada de estupefacientes. Es, incluso, desconsiderado. Como una confirmación de que los límites naturales de la música electrónica y la experiencia colectiva que le corresponde vienen marcados por la resistencia física de quienes la escuchan. Es, por sus propias dimensiones, un mito que cuesta derribar sirviéndose tan sólo de la siempre discutible, escasa experiencia personal.

Porque haber visto en vivo a un artista como Ricardo Villalobos supone necedad e insensatez, administradas como una jeringa fría bajo la vena. En su absurdo –sets de doce, catorce, veinte horas, incluso tres días, cuenta el mito–, el chileno parece haber alcanzado la final form de lo que un DJ se supone que es: infatigable, saturado por una intensidad que lo desborda por todos lados y lo sagrado de un cuerpo que se ha puesto al servicio de la música que lo atraviesa. “The music’s coming through me”, dice el baterista George Marsh en una entrevista que sampleó DJ Shadow al comienzo de Endtroducing…..

Casi todos los sets de Ricardo Villalobos poseen una belleza particular. Es la belleza de un loco, cuya búsqueda hace tiempo dejó de ser un camino que cualquier otro, con el mínimo de cordura, pudiese transitar. En los videos que circulan sobre sus míticas actuaciones aparece muchas veces como un ser humano agotado, como sostenido por hilo y sin embargo deslumbrante. Una figura que se contrapone con la imagen estilizada y casi perfecta de los cientos, ¿miles?, de DJs/influencers que engalanan sus redes con fotografías y videos frente a la consola, pero cuyo oído –y con él su música– nunca fue más allá de un timorato buscapiés.

Ver a Villalobos significa constatar que la profesión del DJ es una de las más agotadoras y exigentes de la música en vivo. Pueden llegar a vivir con jet lag permanente, instalado en el cuerpo, como una rémora; ejecutar de forma continua sets de seis y diez horas y experimentar un agotamiento psicológico que sólo puede paliarse con el uso de drogas. Simon Reynolds sugirió que el verdadero DJ está más cerca de un obrero que de un artista. Desde luego, no es verdad; pero, en cuanto a la exigencia física, la mención no deja de ser tentadora. Bruce Tantum apunta en sus crónicas la idea de un DJ que siempre está más agotado que su público. Y es entendible aquel mito sobre cómo su calidad puede medirse por el tamaño de las ojeras, por lo hueco de sus ojos. “My angel’s on angel dust”, decía Kendrick Lamar.

Bajo un ángulo así, Ricardo Villalobos –cuya ética artística, a razón de quién sabe qué espiritualidad, ha llegado varias veces a lugares insostenibles– representa como pocos esa mística. Heredero, por supuesto, de los fantasmas de una época donde el rave apuntaba hacia una metamorfosis que jamás llegó a cumplirse. En cambio obtuvimos la consciencia mutilada de una revolución que no fue: una música electrónica reducida en casi todo aspecto a la construcción de momentum, al atroz devenir de lo vistoso y a la forma más trivial de su expresividad: la construcción de un solo instante “memorable” (palabra de márketing), ese drop definitivo en el track, en el set, en la experiencia. Sí, como la pirotecnia de Disney cuando el parque tiene que cerrarse.

Villalobos apuesta, con todo lo que tiene, a otra cosa: el momento, en la electrónica, incluso cuando llega a ser perfectamente construido, no es ni puede ser sustituto de un verdadero estado de éxtasis. Hoy un pensamiento bastante radical, cuya ejecución, donde el DJ prescinde de todo clímax y crea sets y piezas donde no pasa nada, raya en lo extremo. Como en el cine de Béla Tarr o James Benning, esperar algo constituye la verdadera insensatez. Como en Thomas Bernhard, nada tiene que resolverse, la obra espiraliza hasta el colapso, que es, también, uno de los modos más puros de revelación.

En sus álbumes pasa algo similar, y no son pocos los reproches a Alcachofa (2003) o a las versiones de ECM que Villalobos mezcló, erigidos sobre el argumento de falta de sucesos. Lo cierto es que esas lecturas tienen más que ver con una manera de escuchar que con la obra y el pensamiento del chileno-alemán. Maneras que han sido moldeadas por la oscilación del algoritmo, que nos arrojaron de lleno a un sesgo cognitivo donde repelemos todo lo que parezca inconcluso o sin momento culminante. La ausencia de sentido o, peor de aún, de propósito –palabra de márketing, van dos– nos parece aterradora.

El proyecto de Ricardo Villalobos resulta pertinente y su figura importante, pues constituye una de las afrentas más contundentes a esa lógica de consumo. Es el maestro de los sets larguísimos porque alcanza lo que bien podríamos llamar el after total. Cuando la voluntad ya está completamente rota y lo único que sostiene a quien escucha es la plenitud de entender que el fantasma no es del todo alucinación. Permite un escape casi milagroso de cualquier narrativa social, rechaza una funcionalidad específica, nos hace atravesar la ruina del evento. El algoritmo, por supuesto, no puede producir after, sólo su derivado monstruoso: la resaca. Cuando Villalobos se deshace de los picos nos está proponiendo habitar un sitio donde, si se presta atención suficiente, puede escucharse la nada. Salir de ahí implica unos cuantos minutos, horas, tal vez días, de descompresión. Pero hay que verlo. Matarse, de tanto en tanto.

Ricardo Villalobos se presentará el 12 de febrero en Frontón Bucareli (Ciudad de México) y el 15 de febrero en el festival Bahidorá (Las Estacas, Morelos)

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