miércoles, 27 de mayo de 2026

Perico Pastor: del texto a la imagen (y viceversa)

Perico Pastor (La Seu d’Urgell, 1953) se ha pasado la vida “recorriendo el camino que va de la imagen a la palabra y de vuelta”. La obra pictórica del artista catalán posee un fuerte impacto visual. La utilización conjunta del dibujo y del color dan como resultado ritmos, gestos y espacios cromáticos que se materializan en un tratamiento cálido y vital sobre la sutil textura del papel.

Como ilustrador ha colaborado en publicaciones tan importantes como The New York Times, Harper’s, The Village Voice o Vogue. Ha realizado portadas para libros de Quaderns Crema y Acantilado. Autor de una monumental Biblia ilustrada, su obra se ha expuesto en espacios como el museo Morimura (Osaka), la Commenoz Gallery (Miami) o la galería Elvira González (Madrid). Es autor del libro El matrimoni. Un catàleg… (Quaderns Crema) –esperemos que pronto lo veamos reeditado. Hemos tenido la suerte de charlar con Perico Pastor sobre su obra y los conceptos que tiene del arte.

Perico Pastor

Perico Pastor retratado en su estudio por Toni Prim

“Perico Pastor puede hacernos soñar con la impronta de un gesto que representa la intimidad de un personaje femenino, la ternura de un niño, la magia de un interior o de unas flores. Con una destreza innata y un perfecto dominio de los materiales, el artista nos cuenta historias para que el espectador acabe construyendo las secuencias que nos narra”. ¿Estas palabras definen su obra pictórica?

Sí, así es. Desde los cinco años que llevo pintando no he cambiado mi modus operandi.

¿Qué aptitudes cree que debe poseer un pintor para ser, al mismo tiempo, ilustrador, como es su caso?

En mi caso está claro que me gusta mucho ilustrar porque me gusta mucho leer, y establecer un diálogo entre imágenes y texto es bueno para las imágenes y, a veces, esclarecedor para el texto.

¿Ha habido algún momento, a lo largo de estos años, en el que la pintura o la ilustración prevalecieran la una sobre la otra?

No, siempre ha sido un diálogo, una refuerza a la otra, no hay competencia.

“En mi caso está claro que me gusta mucho ilustrar porque me gusta mucho leer, y establecer un diálogo entre imágenes y texto es bueno para las imágenes y, a veces, esclarecedor para el texto”: Perico Pastor

Entre 1976 y 1989 residió en Nueva York, donde colaboró en publicaciones como The New York Times, Harper’s o Vogue. ¿Qué destacaría de esos años?

Fueron unos maravillosos años de aprendizaje y de amistad y afecto entre los españoles –y algunos no españoles– que estábamos allí. Fue una forma de descubrimiento de una ciudad maravillosa como Nueva York y también de independencia, porque aprendías a sobrevivir y a ganarte la vida lejos de tu familia y de tus amigos. Fueron unos años muy buenos.

El escritor e ilustrador Quim Monzó también residió en Nueva York por aquella época. ¿Llegaron a coincidir?

Coincidimos con Quim Monzó y nos hicimos muy amigos.

Perico Pastor

Portada de ‘The Paris Review’. Entrevistas (1953-2012) (Acantilado), con ilustraciones de Perico Pastor

Ambos realizaron portadas durante los primeros años de Quaderns Crema. Recuerdo su portada de L’any que ve, de Francesc Trabal, o la Agenda Quaderns Crema, entre 1985 y 1988. ¿Qué recuerdos tiene de aquellos años y del editor Jaume Vallcorba?

Conocí a Vallcorba Plana cuando estaba planeando Quaderns Crema con Antoni Bosch. O sea que conozco la aventura editorial desde sus inicios. Y luego traté más a Jaume cuando él viajaba a Nueva York y también hice cosas para él, la Agenda y también un libro ilustrado. Además de un libro de autor a partir de un cuento de Monzó. La verdad es que era un editor maravilloso, un amigo impertinente y divertido… un amigo. Y, además, era una persona a la que le interesaba mucho la cultura, la llevaba en las venas. Cometía el acto imperdonable de pensar que la cultura puede ser: número uno, divertida; y segundo, provechosa, que uno puede ganarse la vida, y muy bien, haciendo una cultura con un nivel muy alto.

En Quaderns Crema publicó El matrimoni. Un catàleg…, desde hace tiempo agotado. ¿Puede hablarnos de este libro? ¿Tiene interés en su reedición? Su formato era como de libreta de espiral.

“Una de las cosas que me hicieron tanta ilusión cuando me propusieron ilustrar la Biblia fue que, sin haberla leído antes, implicaba cambios de ejercicios de estilo que forzosamente tenían que retratarse en la ilustración”: Perico Pastor

Este libro es el fruto de una noche dibujando sin ninguna intención particular. Me había comprado una libreta nueva y estaba probando e ilustré una página y en ella aparecía un señor vestido de frac y con chistera, una mujer elegante –podía ser una pareja–, un perro y un gato. Ilustré otra página con los mismos personajes en otras circunstancias y les ponía títulos a esos dibujitos que, repito, no tenían ningún objetivo más que el de probar esa libreta. Cuando llevaba diez o doce dibujos pensé que podrán ser aspectos diferentes de un matrimonio. Acabé la libreta esa misma noche sin haber tenido un plan, sin haber arrancado una página ni haber corregido una ilustración. Es una de las cosas que he hecho de las que estoy más orgulloso. Estaría encantado si Quaderns Crema decidiera reeditarla. Esto salió, se lo pedí yo a Jaume y él se avino, en mi primera exposición importante en Barcelona en la galería René Metras en 1985.

Una de sus obras más ambiciosas es la Biblia ilustrada, un encargo de la Enciclopèdia Catalana. Un millar de ilustraciones acompañan el texto sagrado. ¿Puede hablarnos un poco de este proyecto?

Fue un encargo, pero en cuanto me mencionaron esta oportunidad salté de alegría porque me di cuenta de las posibilidades que ofrecía, pero también por lo que exigía un texto como la Biblia. Fueron seis meses de trabajo. Una de las cosas que me hicieron tanta ilusión cuando me propusieron hacerlo fue que, sin haberla leído antes –ahora sí que la he leído porque lo hacía mientras trabajaba en ella, dándome cuenta de la cantidad de libros, de épocas y de autores que están metidos en la Biblia–, implicaba cambios de ejercicios de estilo que forzosamente tenían que retratarse en la ilustración. Y por eso pensé que me iba a exigir mucho. Me sirvió y me dio mucho.

Perico Pastor

Perico Pastor, Qué… (2023)

En 1990 Eduardo Mendoza publicó en El País, por entregas, Sin noticas de Gurb. Usted fue el encargado de realizar las ilustraciones. ¿Cómo planteó ese trabajo? Seix Barral ha publicado, recientemente, una edición conmemorativa con las ilustraciones de José David Morales, ¿qué le parece?

Como Gurb era un marciano y parecía verlo todo a la altura del suelo, decidí ilustrar todo el libro simplemente a través de los zapatos de la gente. Ahí se ven los pies de todos los personajes y toda la acción está reflejada en los pies. Fue muy divertido porque yo estaba de vacaciones e iban llegando las páginas de Mendoza y la verdad es que fue una aventura divertida. Y Gurb es un libro desternillante. Y en cuanto a las ilustraciones de José David Morales, están muy bien, son muy bonitas.

Ángel Jové, América Sánchez, Enric Satué, Leonard Beard, Quim Monzó y usted mismo… Importantes ilustradores afincados en Cataluña. ¿A qué cree que se debe?

A un buen entendimiento de la imagen con la palabra y al ser un país, tal vez, de pintores ilustrados, no necesariamente intelectuales, con un trato y una complicidad grande con los escritores. En mi caso, cuando se trata de ilustrar a Quim Monzó, o a un gran amigo mío como Sergi Pàmies, había cierta complicidad, como durante mi estancia en Nueva York.

¿Usted forma parte de alguna galería o trabaja de forma independiente?

“Irrumpí en la escena en un momento de gran optimismo tanto cultural como económico. La gente tenía dinero, ganas de gastarlo, y yo entré en un momento en el que el expresionismo abstracto imperaba, la gente estaba un poco con ganas de juerga. Entonces aparecimos Javier Montesol, Mariscal, los hermanos Moscardó, Didier Lourenço…”: Perico Pastor

Soy independiente. He trabajado con galerías varias, algunas muy buenas y otras regulares; en general he tenido buenas experiencias en las galerías, pero nunca he tenido exclusiva con ninguna. Salvo por razones prácticas, cuando exponía con Elvira González –que es como el Rolls Royce de las galerías– tampoco hubiera querido otra galería en Madrid. Un galerista es un socio del artista o un empleado del artista. La idea de que los artistas son empleados de las galerías es un error. Alguien tan importante como Elvira González está de acuerdo, ella siempre decía que estaba al servicio de los artistas.

Como pintor utiliza el papel tradicional japonés (washi) como soporte para sus obras. ¿Por qué elige, generalmente, este material?

Porque es muy inmediato, es muy fresco. El óleo y el acrílico se vuelven más laboriosos, y me gusta trabajar en papel. Esos papeles maravillosos orientales, sean japoneses, chinos, de Bután, estas fibras tan largas que son tan finas, la verdad es que me entusiasman. El papel ha de ser neutro para que no amarillee con la edad.

Perico Pastor

Portada de L’any que ve (Quaderns Crema), de Francesc Trabal, ilustrada de Perico Pastor

¿En qué momento se sintió que era un pintor reconocido? ¿Tras alguna exposición internacional, la repercusión de alguna de sus pinturas?

Irrumpí en la escena en un momento de gran optimismo tanto cultural como económico. La gente tenía dinero, ganas de gastarlo, y yo entré en un momento en el que el expresionismo abstracto imperaba, la gente estaba un poco con ganas de juerga. Entonces aparecimos [Javier] Montesol, Mariscal, los hermanos Moscardó, Didier Lourenço… te los quitaban de las manos. Fue un momento muy muy especial. Tuvimos suerte todos y algunos más que otros. La contrapartida de eso es que hay otro sector que considera que lo que hacemos nosotros son niñerías, que somos pintores banales, que hacemos cosas fáciles para complacer a la gente…

“Siempre ha habido aquí editoriales muy buenas. Es un momento en que esto se difunde y hay mucha gente que es consciente de que la ilustración es un valor añadido. De la misma manera que algunos artistas consideraban que el ilustrador es un artista menor, mucha gente considera que un libro ilustrado es un libro para niños”: Perico Pastor

Hay toda una escuela de críticos y galeristas que no es que no les gustemos, es que no nos toman en serio. Pero a mí me gusta lo que hago. He hecho cosas bastante buenas y espero seguir haciéndolas y seguir gustándole a la gente. Y que lo hijos y los nietos de los que me han comprado sigan disfrutando de Perico Pastor. Para escuela de la que hablaba el hecho de ganar dinero pintando es como pecaminoso. Los artistas somos como las mujeres en el siglo XIX, o putas o vírgenes, y a la que dejas de ser virgen eres una puta. No, es que yo me lo paso muy bien pintando y me gusta mucho vender lo que pinto, procuro que se venda bien y si puede ser un poco caro, mejor. Me considero un privilegiado y, para mí, es un piropo cualquier persona que es capaz de invertir en mí.

Volviendo a la ilustración, ¿cree que hay, desde hace algunos años, un interés en las editoriales porque sus libros salgan ilustrados? Editoriales como Anagrama, que no había tenido libros ilustrados, empiezan a publicarlos. También hay varias editoriales que le dan mucha importancia a la ilustración, como Libros del Zorro Rojo o Nórdica.

Siempre ha habido aquí editoriales muy buenas. Es un momento en que esto se difunde y hay mucha gente que es consciente de que la ilustración es un valor añadido. De la misma manera que algunos artistas consideraban que el ilustrador es un artista menor, mucha gente considera que un libro ilustrado es un libro para niños. El diálogo entre la palabra y la imagen es muy fructífero y es enriquecedor para ambos.

Usted es el coordinador del proyecto El Mar de l’Art, en el que se exponen obras de diez artistas en el Hospital del Mar de Barcelona. ¿Cómo surgió esta idea?

Fue una idea implementada desde el principio por el Hospital del Mar para las Olimpiadas [de Barcelona 92], y ha funcionado muy bien. En esta segunda etapa el efecto es fantástico. La gente se ha acostumbrado a la presencia del arte en el hospital y esto contribuye al bienestar tanto de los pacientes como de sus acompañantes. Ayuda, además, a humanizar unos espacios neutros o inhóspitos y los transforma en estancias en las que tanto los pacientes como sus familiares pueden disfrutar del arte, y creo que es algo que se agradece mucho.

Para terminar, me gustaría saber qué proyectos tiene como ilustrador en un futuro próximo.

Yo tengo un sueño como ilustrador, que espero que algún día se cumpla, que sería ilustrar las Memorias de Casanova. De longitud viene a ser como la Biblia, pero están escritas por un solo señor y, además, no es monotemático. Casanova habla de otras cosas además de sexo, era literato, esgrimista, matemático, empresario, sinvergüenza… Un hombre muy interesante, que recorrió todos los rincones de Europa y todos los estratos sociales. Fue hijo de una actriz en Venecia que, en aquella época, estaba muy en el límite de la prostitución. Llegó a codearse con Federico de Prusia, con los nobles de Francia. Estuvo en España, estuvo en Barcelona… Era un tío eminentemente simpático, ingenioso, buen observador. Quizás en algunas ocasiones exageraba, pero lo que cuenta es verdad.

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Perico Pastor: del texto a la imagen (y viceversa)

Perico Pastor (La Seu d’Urgell, 1953) se ha pasado la vida “recorriendo el camino que va de la imagen a la palabra y de vuelta”. La obra pictórica del artista catalán posee un fuerte impacto visual. La utilización conjunta del dibujo y del color dan como resultado ritmos, gestos y espacios cromáticos que se materializan en un tratamiento cálido y vital sobre la sutil textura del papel.

Como ilustrador ha colaborado en publicaciones tan importantes como The New York Times, Harper’s, The Village Voice o Vogue. Ha realizado portadas para libros de Quaderns Crema y Acantilado. Autor de una monumental Biblia ilustrada, su obra se ha expuesto en espacios como el museo Morimura (Osaka), la Commenoz Gallery (Miami) o la galería Elvira González (Madrid). Es autor del libro El matrimoni. Un catàleg… (Quaderns Crema) –esperemos que pronto lo veamos reeditado. Hemos tenido la suerte de charlar con Perico Pastor sobre su obra y los conceptos que tiene del arte.

Perico Pastor

Perico Pastor retratado en su estudio por Toni Prim

“Perico Pastor puede hacernos soñar con la impronta de un gesto que representa la intimidad de un personaje femenino, la ternura de un niño, la magia de un interior o de unas flores. Con una destreza innata y un perfecto dominio de los materiales, el artista nos cuenta historias para que el espectador acabe construyendo las secuencias que nos narra”. ¿Estas palabras definen su obra pictórica?

Sí, así es. Desde los cinco años que llevo pintando no he cambiado mi modus operandi.

¿Qué aptitudes cree que debe poseer un pintor para ser, al mismo tiempo, ilustrador, como es su caso?

En mi caso está claro que me gusta mucho ilustrar porque me gusta mucho leer, y establecer un diálogo entre imágenes y texto es bueno para las imágenes y, a veces, esclarecedor para el texto.

¿Ha habido algún momento, a lo largo de estos años, en el que la pintura o la ilustración prevalecieran la una sobre la otra?

No, siempre ha sido un diálogo, una refuerza a la otra, no hay competencia.

“En mi caso está claro que me gusta mucho ilustrar porque me gusta mucho leer, y establecer un diálogo entre imágenes y texto es bueno para las imágenes y, a veces, esclarecedor para el texto”: Perico Pastor

Entre 1976 y 1989 residió en Nueva York, donde colaboró en publicaciones como The New York Times, Harper’s o Vogue. ¿Qué destacaría de esos años?

Fueron unos maravillosos años de aprendizaje y de amistad y afecto entre los españoles –y algunos no españoles– que estábamos allí. Fue una forma de descubrimiento de una ciudad maravillosa como Nueva York y también de independencia, porque aprendías a sobrevivir y a ganarte la vida lejos de tu familia y de tus amigos. Fueron unos años muy buenos.

El escritor e ilustrador Quim Monzó también residió en Nueva York por aquella época. ¿Llegaron a coincidir?

Coincidimos con Quim Monzó y nos hicimos muy amigos.

Perico Pastor

Portada de ‘The Paris Review’. Entrevistas (1953-2012) (Acantilado), con ilustraciones de Perico Pastor

Ambos realizaron portadas durante los primeros años de Quaderns Crema. Recuerdo su portada de L’any que ve, de Francesc Trabal, o la Agenda Quaderns Crema, entre 1985 y 1988. ¿Qué recuerdos tiene de aquellos años y del editor Jaume Vallcorba?

Conocí a Vallcorba Plana cuando estaba planeando Quaderns Crema con Antoni Bosch. O sea que conozco la aventura editorial desde sus inicios. Y luego traté más a Jaume cuando él viajaba a Nueva York y también hice cosas para él, la Agenda y también un libro ilustrado. Además de un libro de autor a partir de un cuento de Monzó. La verdad es que era un editor maravilloso, un amigo impertinente y divertido… un amigo. Y, además, era una persona a la que le interesaba mucho la cultura, la llevaba en las venas. Cometía el acto imperdonable de pensar que la cultura puede ser: número uno, divertida; y segundo, provechosa, que uno puede ganarse la vida, y muy bien, haciendo una cultura con un nivel muy alto.

En Quaderns Crema publicó El matrimoni. Un catàleg…, desde hace tiempo agotado. ¿Puede hablarnos de este libro? ¿Tiene interés en su reedición? Su formato era como de libreta de espiral.

“Una de las cosas que me hicieron tanta ilusión cuando me propusieron ilustrar la Biblia fue que, sin haberla leído antes, implicaba cambios de ejercicios de estilo que forzosamente tenían que retratarse en la ilustración”: Perico Pastor

Este libro es el fruto de una noche dibujando sin ninguna intención particular. Me había comprado una libreta nueva y estaba probando e ilustré una página y en ella aparecía un señor vestido de frac y con chistera, una mujer elegante –podía ser una pareja–, un perro y un gato. Ilustré otra página con los mismos personajes en otras circunstancias y les ponía títulos a esos dibujitos que, repito, no tenían ningún objetivo más que el de probar esa libreta. Cuando llevaba diez o doce dibujos pensé que podrán ser aspectos diferentes de un matrimonio. Acabé la libreta esa misma noche sin haber tenido un plan, sin haber arrancado una página ni haber corregido una ilustración. Es una de las cosas que he hecho de las que estoy más orgulloso. Estaría encantado si Quaderns Crema decidiera reeditarla. Esto salió, se lo pedí yo a Jaume y él se avino, en mi primera exposición importante en Barcelona en la galería René Metras en 1985.

Una de sus obras más ambiciosas es la Biblia ilustrada, un encargo de la Enciclopèdia Catalana. Un millar de ilustraciones acompañan el texto sagrado. ¿Puede hablarnos un poco de este proyecto?

Fue un encargo, pero en cuanto me mencionaron esta oportunidad salté de alegría porque me di cuenta de las posibilidades que ofrecía, pero también por lo que exigía un texto como la Biblia. Fueron seis meses de trabajo. Una de las cosas que me hicieron tanta ilusión cuando me propusieron hacerlo fue que, sin haberla leído antes –ahora sí que la he leído porque lo hacía mientras trabajaba en ella, dándome cuenta de la cantidad de libros, de épocas y de autores que están metidos en la Biblia–, implicaba cambios de ejercicios de estilo que forzosamente tenían que retratarse en la ilustración. Y por eso pensé que me iba a exigir mucho. Me sirvió y me dio mucho.

Perico Pastor

Perico Pastor, Qué… (2023)

En 1990 Eduardo Mendoza publicó en El País, por entregas, Sin noticas de Gurb. Usted fue el encargado de realizar las ilustraciones. ¿Cómo planteó ese trabajo? Seix Barral ha publicado, recientemente, una edición conmemorativa con las ilustraciones de José David Morales, ¿qué le parece?

Como Gurb era un marciano y parecía verlo todo a la altura del suelo, decidí ilustrar todo el libro simplemente a través de los zapatos de la gente. Ahí se ven los pies de todos los personajes y toda la acción está reflejada en los pies. Fue muy divertido porque yo estaba de vacaciones e iban llegando las páginas de Mendoza y la verdad es que fue una aventura divertida. Y Gurb es un libro desternillante. Y en cuanto a las ilustraciones de José David Morales, están muy bien, son muy bonitas.

Ángel Jové, América Sánchez, Enric Satué, Leonard Beard, Quim Monzó y usted mismo… Importantes ilustradores afincados en Cataluña. ¿A qué cree que se debe?

A un buen entendimiento de la imagen con la palabra y al ser un país, tal vez, de pintores ilustrados, no necesariamente intelectuales, con un trato y una complicidad grande con los escritores. En mi caso, cuando se trata de ilustrar a Quim Monzó, o a un gran amigo mío como Sergi Pàmies, había cierta complicidad, como durante mi estancia en Nueva York.

¿Usted forma parte de alguna galería o trabaja de forma independiente?

“Irrumpí en la escena en un momento de gran optimismo tanto cultural como económico. La gente tenía dinero, ganas de gastarlo, y yo entré en un momento en el que el expresionismo abstracto imperaba, la gente estaba un poco con ganas de juerga. Entonces aparecimos Javier Montesol, Mariscal, los hermanos Moscardó, Didier Lourenço…”: Perico Pastor

Soy independiente. He trabajado con galerías varias, algunas muy buenas y otras regulares; en general he tenido buenas experiencias en las galerías, pero nunca he tenido exclusiva con ninguna. Salvo por razones prácticas, cuando exponía con Elvira González –que es como el Rolls Royce de las galerías– tampoco hubiera querido otra galería en Madrid. Un galerista es un socio del artista o un empleado del artista. La idea de que los artistas son empleados de las galerías es un error. Alguien tan importante como Elvira González está de acuerdo, ella siempre decía que estaba al servicio de los artistas.

Como pintor utiliza el papel tradicional japonés (washi) como soporte para sus obras. ¿Por qué elige, generalmente, este material?

Porque es muy inmediato, es muy fresco. El óleo y el acrílico se vuelven más laboriosos, y me gusta trabajar en papel. Esos papeles maravillosos orientales, sean japoneses, chinos, de Bután, estas fibras tan largas que son tan finas, la verdad es que me entusiasman. El papel ha de ser neutro para que no amarillee con la edad.

Perico Pastor

Portada de L’any que ve (Quaderns Crema), de Francesc Trabal, ilustrada de Perico Pastor

¿En qué momento se sintió que era un pintor reconocido? ¿Tras alguna exposición internacional, la repercusión de alguna de sus pinturas?

Irrumpí en la escena en un momento de gran optimismo tanto cultural como económico. La gente tenía dinero, ganas de gastarlo, y yo entré en un momento en el que el expresionismo abstracto imperaba, la gente estaba un poco con ganas de juerga. Entonces aparecimos [Javier] Montesol, Mariscal, los hermanos Moscardó, Didier Lourenço… te los quitaban de las manos. Fue un momento muy muy especial. Tuvimos suerte todos y algunos más que otros. La contrapartida de eso es que hay otro sector que considera que lo que hacemos nosotros son niñerías, que somos pintores banales, que hacemos cosas fáciles para complacer a la gente…

“Siempre ha habido aquí editoriales muy buenas. Es un momento en que esto se difunde y hay mucha gente que es consciente de que la ilustración es un valor añadido. De la misma manera que algunos artistas consideraban que el ilustrador es un artista menor, mucha gente considera que un libro ilustrado es un libro para niños”: Perico Pastor

Hay toda una escuela de críticos y galeristas que no es que no les gustemos, es que no nos toman en serio. Pero a mí me gusta lo que hago. He hecho cosas bastante buenas y espero seguir haciéndolas y seguir gustándole a la gente. Y que lo hijos y los nietos de los que me han comprado sigan disfrutando de Perico Pastor. Para escuela de la que hablaba el hecho de ganar dinero pintando es como pecaminoso. Los artistas somos como las mujeres en el siglo XIX, o putas o vírgenes, y a la que dejas de ser virgen eres una puta. No, es que yo me lo paso muy bien pintando y me gusta mucho vender lo que pinto, procuro que se venda bien y si puede ser un poco caro, mejor. Me considero un privilegiado y, para mí, es un piropo cualquier persona que es capaz de invertir en mí.

Volviendo a la ilustración, ¿cree que hay, desde hace algunos años, un interés en las editoriales porque sus libros salgan ilustrados? Editoriales como Anagrama, que no había tenido libros ilustrados, empiezan a publicarlos. También hay varias editoriales que le dan mucha importancia a la ilustración, como Libros del Zorro Rojo o Nórdica.

Siempre ha habido aquí editoriales muy buenas. Es un momento en que esto se difunde y hay mucha gente que es consciente de que la ilustración es un valor añadido. De la misma manera que algunos artistas consideraban que el ilustrador es un artista menor, mucha gente considera que un libro ilustrado es un libro para niños. El diálogo entre la palabra y la imagen es muy fructífero y es enriquecedor para ambos.

Usted es el coordinador del proyecto El Mar de l’Art, en el que se exponen obras de diez artistas en el Hospital del Mar de Barcelona. ¿Cómo surgió esta idea?

Fue una idea implementada desde el principio por el Hospital del Mar para las Olimpiadas [de Barcelona 92], y ha funcionado muy bien. En esta segunda etapa el efecto es fantástico. La gente se ha acostumbrado a la presencia del arte en el hospital y esto contribuye al bienestar tanto de los pacientes como de sus acompañantes. Ayuda, además, a humanizar unos espacios neutros o inhóspitos y los transforma en estancias en las que tanto los pacientes como sus familiares pueden disfrutar del arte, y creo que es algo que se agradece mucho.

Para terminar, me gustaría saber qué proyectos tiene como ilustrador en un futuro próximo.

Yo tengo un sueño como ilustrador, que espero que algún día se cumpla, que sería ilustrar las Memorias de Casanova. De longitud viene a ser como la Biblia, pero están escritas por un solo señor y, además, no es monotemático. Casanova habla de otras cosas además de sexo, era literato, esgrimista, matemático, empresario, sinvergüenza… Un hombre muy interesante, que recorrió todos los rincones de Europa y todos los estratos sociales. Fue hijo de una actriz en Venecia que, en aquella época, estaba muy en el límite de la prostitución. Llegó a codearse con Federico de Prusia, con los nobles de Francia. Estuvo en España, estuvo en Barcelona… Era un tío eminentemente simpático, ingenioso, buen observador. Quizás en algunas ocasiones exageraba, pero lo que cuenta es verdad.

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viernes, 22 de mayo de 2026

La sangre amarga

Presentamos siete poemas del escritor italiano Valerio Magrelli (Roma, 1957). Pertenecen al libro La sangre amarga, publicado por Einaudi en 2014 y hasta hoy inédito en español.

 

Inventiva1 bajo una tumba etrusca 

 

Latín mortal…

G. Apollinaire

 

Ahora hablarán todos igual,

todos la misma lengua que nos ha arrebatado la nuestra.

Han expulsado el alfabeto entre los campos

persiguiéndolo como a un fugitivo, como a un ladrón,

el alfabeto de los padres.

 

Nadie nos entenderá, y ni siquiera entre nosotros

mejor emplearemos las viejas palabras,

corroídas, murallas derruidas de nuestras fortalezas.

Sólo nos han dejado

las tumbas, el último resguardo.

 

Por eso hablo desde aquí,

voz reclusa en la oscuridad

entre formas coloridas, pero inmóviles para siempre

como el último aliento

de nuestra pronunciación.

 

 

INVISIBLE e invencible

es la calca que llevo dentro de mí,

calca del mundo estampada a mí en el mundo

y que me hace estar en el mundo

solamente en la forma de calca.

 

¿Dónde está la libertad, si la melancolía

recoge sus nubes sin ningún por qué?

Estoy aquí y padezco su lento tránsito

sólo esperando

a la sombra de mí mismo.

 

 

Las nupcias químicas

 

Estas gotas que tomo

con tanta compunción religiosa

son mis testigos

para las nupcias con el mundo.

Solamente gracias a ellas puedo estrechar

un pacto de amor con el mundo,

porque sólo con ellas soporto el impacto

de su hostilidad ilimitada.

Casco encantado: mi padre no lo tenía

y murió –incluso antes de morir–

incrédulo, indefenso e indignado,

bajo los golpes del mundo.

 

 

SOY una ciudad incendiada,

pero las llamas no me queman.

Estas llamas son la ansiedad

que me quema pero no arde.

La ansiedad incendia y no consume,

como fuego falso, sin embargo

la tortura es verdadera, y reales

son estas medicinas

sólo para curar un sueño

en el que sueño con quemarme.

 

 

Tradición de la isla de Ceos

 

Cuanto más voluntaria, más hermosa es la muerte.

La vida depende de la voluntad ajena; la muerte, de la nuestra.

Montaigne

 

Si Cristo quiso elegir vivir,

¿por qué yo no podría eligir ex-vivir?2

La libertad de amar su Navidad

se reflejará en mi día Mortal

seleccionado a través de la Santa Eutanasia,

nuestra navidad, auto-eucaristía.

 

 

Las plumas, el estiércol

 

Por una ventana abierta no solamente entra la luz;

en ocasiones puede entrar algo distinto que no hubieras deseado.

Lo asqueroso, lo repulsivo, lo repugnante de un animal que vuela

entre las cosas de casa, violando el espacio privado,

ese único espacio que queda al otro lado de la ventana.

 

 

En los baños públicos

 

Las pintas en los baños públicos

me narran el dolor

del joven que escribe,

solo, en los baños públicos.

Solo, con la escritura

de quien lo precedió,

en un diálogo mudo,

denso, en los baños públicos.

 

Alguna vez también escribí,

solo, en los baños públicos,

confiando mi dolor

a los peores insultos.

 

Aquí, en los baños públicos,

se escribe solamente de odio,

pero de un odio que circula

como un cigarro entre compañeros.

 

Nota y traducción del italiano de Roberto Bernal

 

  1. Composición literaria de tono polémico que cobró auge durante los siglos XIV y XV. Se trataba de un discurso violento, impetuoso, encaminado a acusar, reprender duramente o insultar a alguien o algo. [N. del T.]
  2. S-vivere en el italiano original. El prefijo s- deriva del latín ex- e indica alejamiento, separación o privación. [N. del T.]

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La sangre amarga

Presentamos siete poemas del escritor italiano Valerio Magrelli (Roma, 1957). Pertenecen al libro La sangre amarga, publicado por Einaudi en 2014 y hasta hoy inédito en español.

 

Inventiva1 bajo una tumba etrusca 

 

Latín mortal…

G. Apollinaire

 

Ahora hablarán todos igual,

todos la misma lengua que nos ha arrebatado la nuestra.

Han expulsado el alfabeto entre los campos

persiguiéndolo como a un fugitivo, como a un ladrón,

el alfabeto de los padres.

 

Nadie nos entenderá, y ni siquiera entre nosotros

mejor emplearemos las viejas palabras,

corroídas, murallas derruidas de nuestras fortalezas.

Sólo nos han dejado

las tumbas, el último resguardo.

 

Por eso hablo desde aquí,

voz reclusa en la oscuridad

entre formas coloridas, pero inmóviles para siempre

como el último aliento

de nuestra pronunciación.

 

 

INVISIBLE e invencible

es la calca que llevo dentro de mí,

calca del mundo estampada a mí en el mundo

y que me hace estar en el mundo

solamente en la forma de calca.

 

¿Dónde está la libertad, si la melancolía

recoge sus nubes sin ningún por qué?

Estoy aquí y padezco su lento tránsito

sólo esperando

a la sombra de mí mismo.

 

 

Las nupcias químicas

 

Estas gotas que tomo

con tanta compunción religiosa

son mis testigos

para las nupcias con el mundo.

Solamente gracias a ellas puedo estrechar

un pacto de amor con el mundo,

porque sólo con ellas soporto el impacto

de su hostilidad ilimitada.

Casco encantado: mi padre no lo tenía

y murió –incluso antes de morir–

incrédulo, indefenso e indignado,

bajo los golpes del mundo.

 

 

SOY una ciudad incendiada,

pero las llamas no me queman.

Estas llamas son la ansiedad

que me quema pero no arde.

La ansiedad incendia y no consume,

como fuego falso, sin embargo

la tortura es verdadera, y reales

son estas medicinas

sólo para curar un sueño

en el que sueño con quemarme.

 

 

Tradición de la isla de Ceos

 

Cuanto más voluntaria, más hermosa es la muerte.

La vida depende de la voluntad ajena; la muerte, de la nuestra.

Montaigne

 

Si Cristo quiso elegir vivir,

¿por qué yo no podría eligir ex-vivir?2

La libertad de amar su Navidad

se reflejará en mi día Mortal

seleccionado a través de la Santa Eutanasia,

nuestra navidad, auto-eucaristía.

 

 

Las plumas, el estiércol

 

Por una ventana abierta no solamente entra la luz;

en ocasiones puede entrar algo distinto que no hubieras deseado.

Lo asqueroso, lo repulsivo, lo repugnante de un animal que vuela

entre las cosas de casa, violando el espacio privado,

ese único espacio que queda al otro lado de la ventana.

 

 

En los baños públicos

 

Las pintas en los baños públicos

me narran el dolor

del joven que escribe,

solo, en los baños públicos.

Solo, con la escritura

de quien lo precedió,

en un diálogo mudo,

denso, en los baños públicos.

 

Alguna vez también escribí,

solo, en los baños públicos,

confiando mi dolor

a los peores insultos.

 

Aquí, en los baños públicos,

se escribe solamente de odio,

pero de un odio que circula

como un cigarro entre compañeros.

 

Nota y traducción del italiano de Roberto Bernal

 

  1. Composición literaria de tono polémico que cobró auge durante los siglos XIV y XV. Se trataba de un discurso violento, impetuoso, encaminado a acusar, reprender duramente o insultar a alguien o algo. [N. del T.]
  2. S-vivere en el italiano original. El prefijo s- deriva del latín ex- e indica alejamiento, separación o privación. [N. del T.]

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jueves, 21 de mayo de 2026

Viaje al Reino de los Sueños

Muchas veces la imaginación literaria funciona como una suerte de anticipación de los tiempos por venir. El mundo onírico, en particular, permite al escritor especular sobre el futuro. La periodista Charlotte Beradt recopiló en El Tercer Reich de los sueños (1966) las pesadillas de ciudadanos alemanes cuando el nazismo ganaba cada vez más espacios en la sociedad. Los sueños, como puede suponerse, reflejaban el miedo a un control totalitario que trascendía cualquier límite físico o mental.

Décadas antes, en 1909, Alfred Kubin –artista nacido en la región de Bohemia cuando ésta era parte del Imperio Austrohúngaro– publicó La otra parte, una novela que refleja la incertidumbre que llegó con el nuevo siglo, y especuló, por medio de la fantasía, con diferentes crisis que se desarrollarían con el paso de los años. Kubin –que era amigo de Kafka– es conocido por ilustraciones macabras en las que somos testigos de paisajes y criaturas que condensan el espíritu del expresionismo, el simbolismo e, incluso, el surrealismo, mucho antes de que esta vanguardia se popularizara en Europa. Su única novela, escrita en el lapso de unos días, funciona como hilo conductor de sus imágenes y, por así decirlo, como una explicación desesperada de lo que ocurre detrás de sus atmósferas, creadas en tonalidades sepia o blanco y negro.

La otra parte es una suerte de artefacto que anticipó la experimentación formal de las vanguardias. La novela de Kubin es una mezcla de diario de viaje, exploración psicológica, tratado filosófico y pesadilla onírica. El texto, de hecho, es un puente entre la imaginación mórbida del romanticismo europeo del siglo XIX y las distopías totalitarias que escribirían autores como Kafka, Orwell y Zamiatin, entre otros. La historia comienza de forma convencional: el protagonista –suerte de alter ego de Kubin, pues es un ilustrador– recibe la visita de un emisario de Claus Patera, antiguo compañero de colegio. El personaje le cuenta que Patera hizo una gran fortuna en el lejano Oriente, y que ha fundado en esa región el Reino de los Sueños, una especie de utopía que recuerda leyendas medievales como la del Preste Juan, que fantaseaban con un gobernante cristiano reinando en un territorio desconocido para Europa. El ilustrador descubrirá, sin embargo, que el Reino de los Sueños es el reverso del mundo ideal que imaginaba.

Alfred Kubin describe el Reino de los Sueños como un lugar cubierto siempre por nubes, que no difiere mucho de las ciudades europeas de la época. La diferencia importante, al menos en los primeros capítulos de la novela, es la obsesión de Patera por las antigüedades, al grado de trasladar edificios viejos de Europa a su reino. Las casas, los muebles y hasta la ropa que usan los habitantes pertenecen a décadas anteriores. El ilustrador, acompañado por su esposa, nos habla del carácter melancólico de las personas y, en particular, de la extraña condición de Claus Patera: un demiurgo que observa a todos desde su castillo, pero que no ejerce ningún terror explícito para gobernar. Los ciudadanos se refugian en la intrascendencia, la monotonía y en hábitos absurdos que anuncian un desastre futuro.

Alfred Kubin

En uno de los pasajes más interesantes de La otra parte, el ilustrador –por medio de una carta a un amigo– refiere el hechizo que provoca un reloj en una torre. A ciertas horas, el aparato es rodeado por muchas personas que no atinan a explicar la fascinación que ejerce en ellas. En la parte inferior hay una celda en la que entran y dicen, frente a una pared, “¡Aquí estoy, delante de ti!”; luego salen, muy satisfechos. Hay, también, empleados de empresas funerarias que llegan a domicilios equivocados y un mono llamado Giovanni Battista, ayudante de un peluquero filósofo que hace todo su trabajo. Mientras avanzan los días, la mujer del ilustrador cae enferma de una dolencia inexplicable y muere. En estos capítulos Kubin lleva más allá las fantasías decadentes de E.T.A. Hoffmann, Edgar Allan Poe, James Hogg o Gérard de Nerval, pues sus ensoñaciones carecen de toda lógica. No hay, en absoluto, un pacto que se haya roto o una expiación provocada por el pecado. Los habitantes del Reino de los Sueños viven como autómatas, sin preguntarse qué hay más allá de sus fronteras. El sueño, en este caso, es un anestésico que imposibilita trascender lo inmediato; el autor crítica así la sociedad de fines del siglo XIX y principios del XX.

La novela adquiere un tono hiperbólico y desenfrenado cuando aparece Hércules Bell, un estadounidense multimillonario. Sin mayores explicaciones, pronto se convierte en enemigo de Claus Patera. Se podría decir que Alfred Kubin enfrenta al poder económico con el político. Sin embargo, pronto nos damos cuenta de que, a través de los ojos de su alter ego, ha decidido cortar cualquier lazo con la realidad y, por supuesto, cualquier convención con el lector, y se dedica a hilvanar escenas que forman atmósferas delirantes. Los animales comienzan a invadir Perla, la capital del reino, y ocurren linchamientos, plagas, guerras y transformaciones de todo tipo. En uno de los pasajes más memorables, los enemigos se convierten en gigantes –una imagen que recuerda El coloso, obra atribuida a Goya, influencia perceptible en el trabajo visual de Kubin– y pelean en la ciudad destruyendo todo a su alrededor. En estos capítulos la imaginación pictórica se funde con el lenguaje verbal: no hay explicaciones ni diálogos, sólo la perspectiva del narrador, que refleja incansablemente la serie de pesadillas que aparecen frente a sus ojos. Al final, el ilustrador encuentra a Patera, que ha quedado reducido a un homúnculo, y el caos cede a un colapso que recuerda una purga bíblica, dejando apenas rastros en el terreno.

La otra parte exige, casi desde un inicio, una interpretación simbólica para escrutar las intenciones del escritor. El paisaje onírico, profundamente influido por La interpretación de los sueños de Freud, publicado en alemán en 1900, es aprovechado por Kubin para llevarlo a una catarsis que reflejó nuevos miedos y crisis sociales. El espíritu de los tiempos captado por el autor, en el que conviven la locura y la muerte, puede entenderse hoy como profecía de lo que vendría más adelante: la alienación tecnológica, la industria de la guerra e incluso el fascismo y la ideología totalitaria que se extendió por Europa a inicios del siglo XX, que Kubin alcanzó a ver (murió en 1959). Según su biografía, el autor vivió a partir de 1906 y hasta su muerte en un castillo del siglo XII en Zwickledt, en los Alpes austriacos. Es interesante imaginarlo como testigo silencioso, en medio del desastre de las dos guerras mundiales, preguntándose si sus ensoñaciones terribles eran un reflejo adelantado de lo que pasaría años después.

Alfred Kubin, La otra parte, trad. del alemán de Juan José del Solar, Siruela, Madrid, 2026

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Viaje al Reino de los Sueños

Muchas veces la imaginación literaria funciona como una suerte de anticipación de los tiempos por venir. El mundo onírico, en particular, permite al escritor especular sobre el futuro. La periodista Charlotte Beradt recopiló en El Tercer Reich de los sueños (1966) las pesadillas de ciudadanos alemanes cuando el nazismo ganaba cada vez más espacios en la sociedad. Los sueños, como puede suponerse, reflejaban el miedo a un control totalitario que trascendía cualquier límite físico o mental.

Décadas antes, en 1909, Alfred Kubin –artista nacido en la región de Bohemia cuando ésta era parte del Imperio Austrohúngaro– publicó La otra parte, una novela que refleja la incertidumbre que llegó con el nuevo siglo, y especuló, por medio de la fantasía, con diferentes crisis que se desarrollarían con el paso de los años. Kubin –que era amigo de Kafka– es conocido por ilustraciones macabras en las que somos testigos de paisajes y criaturas que condensan el espíritu del expresionismo, el simbolismo e, incluso, el surrealismo, mucho antes de que esta vanguardia se popularizara en Europa. Su única novela, escrita en el lapso de unos días, funciona como hilo conductor de sus imágenes y, por así decirlo, como una explicación desesperada de lo que ocurre detrás de sus atmósferas, creadas en tonalidades sepia o blanco y negro.

La otra parte es una suerte de artefacto que anticipó la experimentación formal de las vanguardias. La novela de Kubin es una mezcla de diario de viaje, exploración psicológica, tratado filosófico y pesadilla onírica. El texto, de hecho, es un puente entre la imaginación mórbida del romanticismo europeo del siglo XIX y las distopías totalitarias que escribirían autores como Kafka, Orwell y Zamiatin, entre otros. La historia comienza de forma convencional: el protagonista –suerte de alter ego de Kubin, pues es un ilustrador– recibe la visita de un emisario de Claus Patera, antiguo compañero de colegio. El personaje le cuenta que Patera hizo una gran fortuna en el lejano Oriente, y que ha fundado en esa región el Reino de los Sueños, una especie de utopía que recuerda leyendas medievales como la del Preste Juan, que fantaseaban con un gobernante cristiano reinando en un territorio desconocido para Europa. El ilustrador descubrirá, sin embargo, que el Reino de los Sueños es el reverso del mundo ideal que imaginaba.

Alfred Kubin describe el Reino de los Sueños como un lugar cubierto siempre por nubes, que no difiere mucho de las ciudades europeas de la época. La diferencia importante, al menos en los primeros capítulos de la novela, es la obsesión de Patera por las antigüedades, al grado de trasladar edificios viejos de Europa a su reino. Las casas, los muebles y hasta la ropa que usan los habitantes pertenecen a décadas anteriores. El ilustrador, acompañado por su esposa, nos habla del carácter melancólico de las personas y, en particular, de la extraña condición de Claus Patera: un demiurgo que observa a todos desde su castillo, pero que no ejerce ningún terror explícito para gobernar. Los ciudadanos se refugian en la intrascendencia, la monotonía y en hábitos absurdos que anuncian un desastre futuro.

Alfred Kubin

En uno de los pasajes más interesantes de La otra parte, el ilustrador –por medio de una carta a un amigo– refiere el hechizo que provoca un reloj en una torre. A ciertas horas, el aparato es rodeado por muchas personas que no atinan a explicar la fascinación que ejerce en ellas. En la parte inferior hay una celda en la que entran y dicen, frente a una pared, “¡Aquí estoy, delante de ti!”; luego salen, muy satisfechos. Hay, también, empleados de empresas funerarias que llegan a domicilios equivocados y un mono llamado Giovanni Battista, ayudante de un peluquero filósofo que hace todo su trabajo. Mientras avanzan los días, la mujer del ilustrador cae enferma de una dolencia inexplicable y muere. En estos capítulos Kubin lleva más allá las fantasías decadentes de E.T.A. Hoffmann, Edgar Allan Poe, James Hogg o Gérard de Nerval, pues sus ensoñaciones carecen de toda lógica. No hay, en absoluto, un pacto que se haya roto o una expiación provocada por el pecado. Los habitantes del Reino de los Sueños viven como autómatas, sin preguntarse qué hay más allá de sus fronteras. El sueño, en este caso, es un anestésico que imposibilita trascender lo inmediato; el autor crítica así la sociedad de fines del siglo XIX y principios del XX.

La novela adquiere un tono hiperbólico y desenfrenado cuando aparece Hércules Bell, un estadounidense multimillonario. Sin mayores explicaciones, pronto se convierte en enemigo de Claus Patera. Se podría decir que Alfred Kubin enfrenta al poder económico con el político. Sin embargo, pronto nos damos cuenta de que, a través de los ojos de su alter ego, ha decidido cortar cualquier lazo con la realidad y, por supuesto, cualquier convención con el lector, y se dedica a hilvanar escenas que forman atmósferas delirantes. Los animales comienzan a invadir Perla, la capital del reino, y ocurren linchamientos, plagas, guerras y transformaciones de todo tipo. En uno de los pasajes más memorables, los enemigos se convierten en gigantes –una imagen que recuerda El coloso, obra atribuida a Goya, influencia perceptible en el trabajo visual de Kubin– y pelean en la ciudad destruyendo todo a su alrededor. En estos capítulos la imaginación pictórica se funde con el lenguaje verbal: no hay explicaciones ni diálogos, sólo la perspectiva del narrador, que refleja incansablemente la serie de pesadillas que aparecen frente a sus ojos. Al final, el ilustrador encuentra a Patera, que ha quedado reducido a un homúnculo, y el caos cede a un colapso que recuerda una purga bíblica, dejando apenas rastros en el terreno.

La otra parte exige, casi desde un inicio, una interpretación simbólica para escrutar las intenciones del escritor. El paisaje onírico, profundamente influido por La interpretación de los sueños de Freud, publicado en alemán en 1900, es aprovechado por Kubin para llevarlo a una catarsis que reflejó nuevos miedos y crisis sociales. El espíritu de los tiempos captado por el autor, en el que conviven la locura y la muerte, puede entenderse hoy como profecía de lo que vendría más adelante: la alienación tecnológica, la industria de la guerra e incluso el fascismo y la ideología totalitaria que se extendió por Europa a inicios del siglo XX, que Kubin alcanzó a ver (murió en 1959). Según su biografía, el autor vivió a partir de 1906 y hasta su muerte en un castillo del siglo XII en Zwickledt, en los Alpes austriacos. Es interesante imaginarlo como testigo silencioso, en medio del desastre de las dos guerras mundiales, preguntándose si sus ensoñaciones terribles eran un reflejo adelantado de lo que pasaría años después.

Alfred Kubin, La otra parte, trad. del alemán de Juan José del Solar, Siruela, Madrid, 2026

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miércoles, 20 de mayo de 2026

Contra la dimensión

He visto demasiada televisión. Vi El Oso, Pluribus, algunos episodios de Scarpetta: médico forense y The Lowdown (que me gustó). Vi Industry, que es como Euphoria con algo de Succession. Intenté ver Girls. Vi episodios de Der Pass porque ya no quería volver a ver True Detective. Pero no comenté nada de esto, lo vi de la peor manera posible: echando la baba, el sempiterno espectador pasivo. La experiencia episódica, a veces conmovedora, de ver The Pitt o El caballero de los Siete Reinos termina siendo aplanada por una experiencia mayor, la del volumen de tiempo malgastado frente a la pantalla (y sólo estoy señalando, caritativo, la de la televisión). Creo que vi algo nuevo de Taylor Sheridan pero sus telenovelas con aire neowestern, a veces neonoir, ya se me confunden. ¡Son demasiadas!

Estoy… ¿deprimido? Vi algo que disfruté, en la tele. Un par de episodios de Widow’s Bay, desarrollada por Katie Dippold. Está en Apple y el par de episodios es dirigido por Hiro Murai (el de Atlanta). Se la recomendé a un amigo. Le dije: “Es como Tiburón. El alcalde de un pueblo costero intenta atraer turismo, pero en lugar de que aceche un escualo… el tema es que hay elementos sobrenaturales”. “Ah, ya”, me dijo, “como Sheinbaum atrayendo gente al Mundial en la Ciudad de México, pero resulta que la ciudad está embrugada”. ¡Ya no dejan disfrutar nada!

¿Qué está pasando en el mundo, más allá de la tele? Guerra, claro, un Mundial que se avecina, precariedad y economía de la atención. La semana pasada, en The Guardian, leí un artículo de Stephanie O’Connell sobre cómo más mujeres solteras han comprado casas, obteniendo cierta estabilidad económica, sólo para descubrir que esto les dificulta relacionarse con hombres, pues invariablemente –de acuerdo con algunos testimonios, libros y estudios– estos responden competitivamente (por no decir agresivamente, al sentirse disminuidos). Era como algo sacado de Houellebecq, que tiene un artículo titulado “¿Para qué sirven los hombres?”.

Pues para ver la tele.

Así que me acuesto una vez más sobre el árido suelo de la cultura popular, coloco mi oído atento contra él. Y espero. ¿Qué es eso que se distingue a la distancia? Son las pisadas de una burda metáfora: la de la dimensión. Primero en los lugares obvios, como esas series sobre gente dedicada a negocios que sólo pueden medirse en números; todos emanaciones del maligno Valle del Silicón. Pero también resulta que acá tenemos una escena del quinto capítulo de la tercera y grotesca temporada de Euphoria. Cassie finalmente tiene éxito como “creadora de contenido” para OnlyFans y su cuerpo empieza a crecer. Son secuencias que hemos visto en las transformaciones de Hulk, en Alicia en el país de las maravillas y, por supuesto, en El ataque de la mujer de 50 pies.

Más tarde intento ver Una esposa en miniatura, pero sólo consigo tolerar un episodio. Es una comedia pero me deprime, porque básicamente es una mezcla de La guerra de los Rose con algo de Querida, encogí a los niños. Me recuerda demasiado al artículo de O’Connell. Pero leo el relato en el que se basó la serie, “The Miniature Wife”, de Manuel Gonzales. Vale la pena, aunque le deba tanto a Richard Matheson, a su cuento “Presa”, pero también a su famosa novela El hombre menguante (se publicó en 1956, al año siguiente se estrenó su adaptación al cine y al siguiente, como si fuera su espejo siniestro, El ataque de la mujer de 50 pies). Hay una nueva adaptación al cine de la novela de Matheson, pero no he podido verla, es francesa. Entiendo que, aunque vuelve a la aventura en el sótano, la araña, etcétera, se concentra más en el aspecto emocional del hombre que comienza a disminuir… Acabo de recordar que el año pasado vi la pésima película Amores materialistas (ya está en HBO Max). El personaje de Dakota Johnson deja al personaje de Pedro Pascal en el momento en que se entera de que, como es rico, pudo, quirúrgicamente, dejar de ser chaparro.

Había algo interesante en el episodio de Una esposa en miniatura que vi. Cada vez que pasaban escenas de transición, que explicaban los cambios de escenario, la cámara mostraba un bonito paisaje, pero los planos de enfoque creaban efectos diorama –como en la escena de la carrera de remo de La red social. Cuando vi esa película me chocó un poco el uso del efecto, pero luego entendí que era la manera de mostrar cómo la competencia de remo en la que participan los gemelos Winklevoss era apenas un juego, un escenario de juguete, en contraste con lo que estaba en riesgo (no sólo una idea billonaria sino, me temo, el futuro). Como ven, la venganza de los nerds, pasando por la transformación de Zuckerberg en otro cretino de la machósfera, sigue desarrollándose.

En fin, levanto la cabeza, dejo de escuchar las pisaditas de la burda metáfora, suspiro y recuerdo que hay otras maneras de experimentar el mundo que no tienen que ver con números ni dimensiones. Mejor aún: la dimensión misma no se reduce a la asignación de un mero valor de consumo. Como anotó Dante Saucedo en “Breve elogio de la miniatura”: “Como una naranja partida a la que se da vuelta para mostrar sus gajos, el alma de lo pequeño, su pulpa, está en la superficie. El secreto de su magia es que en su centro no hay otra cosa que el deseo de quien las hace y de quien las mira. Mucho más que una versión reducida de lo real, son la forma concentrada de lo posible”. Estoy de acuerdo. Pero por lo que veo creo que debemos tener cuidado con –y cuidar lo que– deseamos.

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