Hace unos años alguien me preguntó si, entre las tantas cosas que hacen singular a la banda Sunn O))), estaba el hecho de tener el único nombre, en el mundo del metal, que forma un emoji con caracteres. El uso ideográfico de la escritura alfabética representa el sonido de la banda con una literalidad descarada, y si agregamos el atuendo con el que suelen presentarse en vivo y ante la prensa (hábitos de monje benedictino), más la reputación –ya sea para quienes les escuchan de forma descuidada como para buena parte de la crítica– de haber desarrollado la variedad de metal más desoladora o estimulante, impenetrable o expansiva e indisputablemente pesada, tendríamos como suma una especie de caricatura que habría desgastado la buena voluntad de quienes se acercan a ellos por primera vez, antes de que suene el primer acorde.
Pero sucede que, si ese primer acorde suena bajo las condiciones adecuadas –puede que Sunn O))) sea una de las bandas que dependen más de un entorno físico propicio para desplegar su poder–, no hay cinismo que pueda atenuar su efecto. No falta mucho para que la agrupación, integrada por Stephen O’Malley y Greg Anderson, cumpla 30 años de haber sido fundada y, a pesar de que desde el inicio su sonido adoptó una forma parecida a la actual, los centímetros que escarban para ensanchar sus cuevas y las muescas que dibujan cuidadosamente en el diseño sonoro han logrado ampliar la sensación de profundidad y la reverberación en los resquicios correctos. Hay variaciones incrementales en oscuridad y tensión eléctrica que hacen parecer que cada nuevo lanzamiento ha logrado, ahora sí, el ideal platónico de su estilo. Tampoco es que este estilo haya surgido de la nada: ellos mismos han reconocido la influencia directa del drone metal que fundó Earth en los noventa, aunque nadie ha logrado consolidarlo como ellos. Apenas este año lanzaron su primer disco homónimo, en el sello de mayor tamaño con el que han grabado (Sub Pop), y ya sea por la homonimia o por el sello parece clara la intención de ponerse a mano con el hecho de que su público ha crecido de forma lenta y avasalladora. Hoy, gran parte de quienes los escuchan no tienen necesariamente afinidad con el resto del espectro del metal, del noise ni del dark ambient.
A pesar de la constancia en la forma general de su música, la trayectoria de cada uno de sus integrantes, así como sus colaboraciones como banda, han tenido el eclecticismo de una curiosidad estética inquieta. Scott Walker alguna vez dijo que el álbum que más se parecía a la música que quisiera haber logrado, de entre todos los que grabó, era Soused, para el que se acompañó de Sunn O))) como banda de estudio. Esto debería aparecer como encabezado de cualquier CV, aunque no suena desproporcionado si se revisa un poco la trayectoria de Anderson como guitarrista –que revienta las mejores tendencias de los proyectos con los que colabora– y especialmente de O’Malley como productor o músico de sesión (y con frecuencia los dos simultáneamente) –ha amasado una cantidad de colaboraciones que tal vez ni él ha memorizado entera–, que dibujan un mapa tan extenso y diverso que su territorio no es aprehensible a la primera ni a la segunda mirada, pero cuyos puntos tienen en común una mayor definición e intensidad que sin él habría sido impensable. (Como ejemplo reciente está Burning Song, el álbum de la gran Kali Malone, su pareja, que apareció esta semana y donde, si se apunta bien el oído, se encontrará al fondo el golpe de aquella miasma sombría.)
Que una trayectoria tan diversa se contraponga a la constancia obsesiva, casi enfermiza de la música de Sunn O))), habla, por un lado, de la entrega a un estilo que ha logrado una influencia desproporcionadamente mayor a la que cabría esperar para una banda de metal experimental, inmediatamente reconocible e imposible de replicar; por otro, de la búsqueda por perfeccionar la que será recordada como la forma arquetípica de ese sonido, que se encuentra a instantes de culminar su proceso de musealización, a poco tiempo de encontrarse con el público más amplio con el que ha dialogado. Tal vez ambas cosas sean la misma o sólo han conseguido una depuración tal de su búsqueda que cada nuevo gesto alimenta por igual a las dos.
México es uno de los países en los que su fama ha crecido, casi siempre de boca en boca y con la misma intensidad subrepticia de su música. Esta semana es un punto crítico para quienes les han seguido con fascinación desde este territorio, porque se presentarán por primera vez en el país el próximo sábado 7 en Quarry Studios, Ciudad de México, como parte del festival Hipnosis. (Al día siguiente, tendrán una presentación individual en ORBE). Para quienes hemos deseado, desde hace años, atestiguar de cuerpo presente la capacidad pulverizadora de sus cuerdas y sus amplificadores, es una cita inescapable.
Además de Sunn O))), esta edición de Hipnosis cuenta con un cartel que se mueve en puntos más o menos cercanos del eje de la experimentación, y aunque tal vez nada se acerque a ese nivel de abstracción, varios de los nombres despertarán un entusiasmo o sensación de extrañeza parecidos (dependiendo de la familiaridad que se tenga con ellos): ya sea la decana del noise rock Kim Gordon, en su resurgimiento reciente como una mezcla de poeta y trapera industrial; YHWH Nailgun, la banda que ha despertado de su letargo a 4AD, o los pioneros del sludge y abuelos de varias generaciones de rock alternativo: Melvins.
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