jueves, 5 de noviembre de 2026

Sunn O))) en México

Hace unos años alguien me preguntó si, entre las tantas cosas que hacen singular a la banda Sunn O))), estaba el hecho de tener el único nombre, en el mundo del metal, que forma un emoji con caracteres. El uso ideográfico de la escritura alfabética representa el sonido de la banda con una literalidad descarada, y si agregamos el atuendo con el que suelen presentarse en vivo y ante la prensa (hábitos de monje benedictino), más la reputación –ya sea para quienes les escuchan de forma descuidada como para buena parte de la crítica– de haber desarrollado la variedad de metal más desoladora o estimulante, impenetrable o expansiva e indisputablemente pesada, tendríamos como suma una especie de caricatura que habría desgastado la buena voluntad de quienes se acercan a ellos por primera vez, antes de que suene el primer acorde.

Pero sucede que, si ese primer acorde suena bajo las condiciones adecuadas –puede que Sunn O))) sea una de las bandas que dependen más de un entorno físico propicio para desplegar su poder–, no hay cinismo que pueda atenuar su efecto. No falta mucho para que la agrupación, integrada por Stephen O’Malley y Greg Anderson, cumpla 30 años de haber sido fundada y, a pesar de que desde el inicio su sonido adoptó una forma parecida a la actual, los centímetros que escarban para ensanchar sus cuevas y las muescas que dibujan cuidadosamente en el diseño sonoro han logrado ampliar la sensación de profundidad y la reverberación en los resquicios correctos. Hay variaciones incrementales en oscuridad y tensión eléctrica que hacen parecer que cada nuevo lanzamiento ha logrado, ahora sí, el ideal platónico de su estilo. Tampoco es que este estilo haya surgido de la nada: ellos mismos han reconocido la influencia directa del drone metal que fundó Earth en los noventa, aunque nadie ha logrado consolidarlo como ellos. Apenas este año lanzaron su primer disco homónimo, en el sello de mayor tamaño con el que han grabado (Sub Pop), y ya sea por la homonimia o por el sello parece clara la intención de ponerse a mano con el hecho de que su público ha crecido de forma lenta y avasalladora. Hoy, gran parte de quienes los escuchan no tienen necesariamente afinidad con el resto del espectro del metal, del noise ni del dark ambient. 

A pesar de la constancia en la forma general de su música, la trayectoria de cada uno de sus integrantes, así como sus colaboraciones como banda, han tenido el eclecticismo de una curiosidad estética inquieta. Scott Walker alguna vez dijo que el álbum que más se  parecía a la música que quisiera haber logrado, de entre todos los que grabó, era Soused, para el que se acompañó de Sunn O))) como banda de estudio. Esto debería aparecer como encabezado de cualquier CV, aunque no suena desproporcionado si se revisa un poco la trayectoria de Anderson como guitarrista –que revienta las mejores tendencias de los proyectos con los que colabora– y especialmente de O’Malley como productor o músico de sesión (y con frecuencia los dos simultáneamente) –ha amasado una cantidad de colaboraciones que tal vez ni él ha memorizado entera–, que dibujan un mapa tan extenso y diverso que su territorio no es aprehensible a la primera ni a la segunda mirada, pero cuyos puntos tienen en común una mayor definición e intensidad que sin él habría sido impensable. (Como ejemplo reciente está Burning Song, el álbum de la gran Kali Malone, su pareja, que apareció esta semana y donde, si se apunta bien el oído, se encontrará al fondo el golpe de aquella miasma sombría.)

Que una trayectoria tan diversa se contraponga a la constancia obsesiva, casi enfermiza de la música de Sunn O))), habla, por un lado, de la entrega a un estilo que ha logrado una influencia desproporcionadamente mayor a la que cabría esperar para una banda de metal experimental, inmediatamente reconocible e imposible de replicar; por otro, de la búsqueda por perfeccionar la que será recordada como la forma arquetípica de ese sonido, que se encuentra a instantes de culminar su proceso de musealización, a poco tiempo de encontrarse con el público más amplio con el que ha dialogado. Tal vez ambas cosas sean la misma o sólo han conseguido una depuración tal de su búsqueda que cada nuevo gesto alimenta por igual a las dos. 

México es uno de los países en los que su fama ha crecido, casi siempre de boca en boca y con la misma intensidad subrepticia de su música. Esta semana es un punto crítico para quienes les han seguido con fascinación desde este territorio, porque se presentarán por primera vez en el país el próximo sábado 7 en Quarry Studios, Ciudad de México, como parte del festival Hipnosis. (Al día siguiente, tendrán una presentación individual en ORBE). Para quienes hemos deseado, desde hace años, atestiguar de cuerpo presente la capacidad pulverizadora de sus cuerdas y sus amplificadores, es una cita inescapable. 

Además de Sunn O))), esta edición de Hipnosis cuenta con un cartel que se mueve en puntos más o menos cercanos del eje de la experimentación, y aunque tal vez nada se acerque a ese nivel de abstracción, varios de los nombres despertarán un entusiasmo o sensación de extrañeza parecidos (dependiendo de la familiaridad que se tenga con ellos): ya sea la decana del noise rock Kim Gordon, en su resurgimiento reciente como una mezcla de poeta y trapera industrial; YHWH Nailgun, la banda que ha despertado de su letargo a 4AD, o los pioneros del sludge y abuelos de varias generaciones de rock alternativo: Melvins. 

The post Sunn O))) en México first appeared on La Tempestad.



from La Tempestad https://ift.tt/Ancigso
via IFTTT Fuente: Revista La Tempestad

Sunn O))) en México

Hace unos años alguien me preguntó si, entre las tantas cosas que hacen singular a la banda Sunn O))), estaba el hecho de tener el único nombre, en el mundo del metal, que forma un emoji con caracteres. El uso ideográfico de la escritura alfabética representa el sonido de la banda con una literalidad descarada, y si agregamos el atuendo con el que suelen presentarse en vivo y ante la prensa (hábitos de monje benedictino), más la reputación –ya sea para quienes les escuchan de forma descuidada como para buena parte de la crítica– de haber desarrollado la variedad de metal más desoladora o estimulante, impenetrable o expansiva e indisputablemente pesada, tendríamos como suma una especie de caricatura que habría desgastado la buena voluntad de quienes se acercan a ellos por primera vez, antes de que suene el primer acorde.

Pero sucede que, si ese primer acorde suena bajo las condiciones adecuadas –puede que Sunn O))) sea una de las bandas que dependen más de un entorno físico propicio para desplegar su poder–, no hay cinismo que pueda atenuar su efecto. No falta mucho para que la agrupación, integrada por Stephen O’Malley y Greg Anderson, cumpla 30 años de haber sido fundada y, a pesar de que desde el inicio su sonido adoptó una forma parecida a la actual, los centímetros que escarban para ensanchar sus cuevas y las muescas que dibujan cuidadosamente en el diseño sonoro han logrado ampliar la sensación de profundidad y la reverberación en los resquicios correctos. Hay variaciones incrementales en oscuridad y tensión eléctrica que hacen parecer que cada nuevo lanzamiento ha logrado, ahora sí, el ideal platónico de su estilo. Tampoco es que este estilo haya surgido de la nada: ellos mismos han reconocido la influencia directa del drone metal que fundó Earth en los noventa, aunque nadie ha logrado consolidarlo como ellos. Apenas este año lanzaron su primer disco homónimo, en el sello de mayor tamaño con el que han grabado (Sub Pop), y ya sea por la homonimia o por el sello parece clara la intención de ponerse a mano con el hecho de que su público ha crecido de forma lenta y avasalladora. Hoy, gran parte de quienes los escuchan no tienen necesariamente afinidad con el resto del espectro del metal, del noise ni del dark ambient. 

A pesar de la constancia en la forma general de su música, la trayectoria de cada uno de sus integrantes, así como sus colaboraciones como banda, han tenido el eclecticismo de una curiosidad estética inquieta. Scott Walker alguna vez dijo que el álbum que más se  parecía a la música que quisiera haber logrado, de entre todos los que grabó, era Soused, para el que se acompañó de Sunn O))) como banda de estudio. Esto debería aparecer como encabezado de cualquier CV, aunque no suena desproporcionado si se revisa un poco la trayectoria de Anderson como guitarrista –que revienta las mejores tendencias de los proyectos con los que colabora– y especialmente de O’Malley como productor o músico de sesión (y con frecuencia los dos simultáneamente) –ha amasado una cantidad de colaboraciones que tal vez ni él ha memorizado entera–, que dibujan un mapa tan extenso y diverso que su territorio no es aprehensible a la primera ni a la segunda mirada, pero cuyos puntos tienen en común una mayor definición e intensidad que sin él habría sido impensable. (Como ejemplo reciente está Burning Song, el álbum de la gran Kali Malone, su pareja, que apareció esta semana y donde, si se apunta bien el oído, se encontrará al fondo el golpe de aquella miasma sombría.)

Que una trayectoria tan diversa se contraponga a la constancia obsesiva, casi enfermiza de la música de Sunn O))), habla, por un lado, de la entrega a un estilo que ha logrado una influencia desproporcionadamente mayor a la que cabría esperar para una banda de metal experimental, inmediatamente reconocible e imposible de replicar; por otro, de la búsqueda por perfeccionar la que será recordada como la forma arquetípica de ese sonido, que se encuentra a instantes de culminar su proceso de musealización, a poco tiempo de encontrarse con el público más amplio con el que ha dialogado. Tal vez ambas cosas sean la misma o sólo han conseguido una depuración tal de su búsqueda que cada nuevo gesto alimenta por igual a las dos. 

México es uno de los países en los que su fama ha crecido, casi siempre de boca en boca y con la misma intensidad subrepticia de su música. Esta semana es un punto crítico para quienes les han seguido con fascinación desde este territorio, porque se presentarán por primera vez en el país el próximo sábado 7 en Quarry Studios, Ciudad de México, como parte del festival Hipnosis. (Al día siguiente, tendrán una presentación individual en ORBE). Para quienes hemos deseado, desde hace años, atestiguar de cuerpo presente la capacidad pulverizadora de sus cuerdas y sus amplificadores, es una cita inescapable. 

Además de Sunn O))), esta edición de Hipnosis cuenta con un cartel que se mueve en puntos más o menos cercanos del eje de la experimentación, y aunque tal vez nada se acerque a ese nivel de abstracción, varios de los nombres despertarán un entusiasmo o sensación de extrañeza parecidos (dependiendo de la familiaridad que se tenga con ellos): ya sea la decana del noise rock Kim Gordon, en su resurgimiento reciente como una mezcla de poeta y trapera industrial; YHWH Nailgun, la banda que ha despertado de su letargo a 4AD, o los pioneros del sludge y abuelos de varias generaciones de rock alternativo: Melvins. 

The post Sunn O))) en México first appeared on La Tempestad.



from La Tempestad https://ift.tt/Ancigso
via IFTTT Fuente: Revista La Tempestad

Dilemas de la identidad

La literatura, los testimonios y los estudios sobre el genocidio y la política de apartheid en Palestina forman una suerte de inmenso rompecabezas. De libro en libro el lector puede encontrar coincidencias que, en su mayor parte, son macabras por sus implicaciones. Los autores que han ofrecido una ventana a la limpieza étnica en Gaza –iniciada en la Nakba entre los años 1947 y 1949– son las propias víctimas e, incluso, los que participaron en la expulsión en las filas del ejército israelí como el autor S. Yizhar –seudónimo de Sámej Izhar Smilansky–, que en su novela Hirbet Hiza. Un pueblo árabe (1949) narra el exterminio de una comunidad en los primeros años de opresión.

Basim Khandaqji, novelista y poeta palestino nacido en 1983, pasó 20 años encarcelado en Israel y fue deportado posteriormente a Egipto, en donde permanece retenido. En 2004, durante la segunda intifada palestina, fue condenado por planear un atentado suicida que acabó con la vida de tres israelíes en un mercado al aire libre. En la cárcel se volvió novelista y eligió las palabras como nuevo campo de batalla. El año pasado Israel impidió que Khandaqji y su hermano viajaran al Festival Pan y Roses, que se celebra en Asturias. La novela que lo hizo conocido en el mundo es Una máscara del color del cielo, que ganó el Premio Internacional de Ficción Árabe en 2024.

Una máscara del color del cielo es interesante no sólo por el contexto de creación de la obra, pues Basim Khandaqji la escribió mientras estaba preso. La novela –publicada en español por la editorial Hoja de Lata– demuestra que la resistencia palestina puede servirse de la ficción más allá de las innumerables denuncias, diarios y testimonios del genocidio en Gaza. La trama aborda la vida de Nur Mahdi al-Shahdi, un joven palestino aficionado a la arqueología, que sobrevive en un campo de refugiados en Ramala. Su padre, líder en la primera intifada (1987-1993), se gana la vida gracias a un puesto ambulante que vende café y té. Después de haber sido encarcelado abandona cualquier resistencia y se refugia en el silencio, señal de que la experiencia en prisión sirvió para los propósitos de los israelíes que buscan, sobre todo, desactivar la rebelión palestina por medio de la coacción, la intimidación y el miedo. 

Basim Khandaqji

La arqueología –tema en apariencia lejano a los asociados a Gaza– es un elemento fundamental para entender los aspectos más importantes del dominio y apartheid israelí en la zona. Recientemente se publicó el libro de la académica israelí Maya Wind Torres de acero y marfil. Cómo las universidades israelíes destruyen la libertad palestina. La investigación aborda cómo la arqueología sirve para justificar el despojo y destrucción de innumerables aldeas y ciudades palestinas. A partir de documentación y evidencias ambiguas –por no decir dudosas o inventadas–, algunas de ellas extraídas de textos sagrados del judaísmo, se construye una nueva historia sobre las ruinas de la población exterminada y despojada de su memoria. La lucha por el pasado y el olvido como herramienta de control es clave para erosionar la resistencia cultural y la experiencia heredada por la población segregada, su única ancla con una identidad en asedio permanente. En la novela de la autora palestina Adanía Shibli, Un detalle menor, la protagonista se interna en las zonas colonizadas por los israelíes y comprueba cómo han renombrado cada asentamiento y accidente geográfico. La apuesta es el olvido.

El otro elemento importante de Una máscara del color del cielo es la lucha entre la identidad propia –con todas sus luchas y fricciones– y la del opresor. Nur Mahdi al-Shahdi encuentra, por accidente, la identificación de un israelí de nombre Or Shapira. Por su color de piel, sus rasgos y su cabello puede aprovechar el documento para hacerse pasar por él. Su principal ambición es visitar las excavaciones arqueológicas que hace Israel, pues uno de sus sueños es escribir una novela histórica basada en la vida de María Magdalena y colocarla en un contexto más acorde con la memoria palestina. Ese acto de justicia a una figura silenciada contrasta con el reto de asumir una identidad falsa mientras convive con judíos sionistas y académicos de otros países que trabajan en la excavación. La historia, de esta manera, se multiplica en varias perspectivas: las grabaciones que hace Nur con sus ideas para la novela sobre María Magdalena, las notas que dirige a su amigo preso en una cárcel israelí y el día a día en el que Or Shapira adquiere cada vez más materialidad por medio de una voz que lo conduce a una suerte de personalidad escindida. 

Como sucede con las obras que van más allá de la denuncia, Una máscara del color del cielo no sólo es un ejercicio valioso por la forma en la que entrelaza las historias alrededor del protagonista. Su principal aportación es una reflexión incómoda a partir de una idea que ya había establecido Frantz Fanon en su legendario libro Piel negra, máscaras blancas (1952): la sumisión del dominado gracias a que es absorbido por la mentalidad del colonizador. El texto de Fanon –citado en algunos pasajes por Khandaqji– se adapta muy bien a la realidad de Gaza no sólo de los años recientes sino a partir de que Israel decidió complementar la limpieza étnica de la población palestina con una colonización mental de la población árabe dentro de sus fronteras. La mente de hombres, mujeres y niños palestinos se enfrenta no sólo a un asedio físico sino a la tentación de cruzar el límite e identificarse con su opresor. La identidad, de esta manera, es moldeada para ser inofensiva y participar asumiendo un papel de ciudadano de segunda clase –como ocurre de facto con gran parte de la población musulmana y árabe en Israel– en un Estado supremacista. Así como se ocultan las ruinas de las aldeas destruidas por la ocupación se oculta la memoria de un pueblo que aún puede expresarse en las palabras de Basim Khandaqji y otros artistas palestinos que viven en Gaza o en el exilio.

Basim Khandaqji, Una máscara del color del cielo, prólogo de Luz Gómez, traducción de Alberto López Oliva, Hoja de Lata, Gijón, 2025

The post Dilemas de la identidad first appeared on La Tempestad.



from La Tempestad https://ift.tt/b9P2AZj
via IFTTT Fuente: Revista La Tempestad

Dilemas de la identidad

La literatura, los testimonios y los estudios sobre el genocidio y la política de apartheid en Palestina forman una suerte de inmenso rompecabezas. De libro en libro el lector puede encontrar coincidencias que, en su mayor parte, son macabras por sus implicaciones. Los autores que han ofrecido una ventana a la limpieza étnica en Gaza –iniciada en la Nakba entre los años 1947 y 1949– son las propias víctimas e, incluso, los que participaron en la expulsión en las filas del ejército israelí como el autor S. Yizhar –seudónimo de Sámej Izhar Smilansky–, que en su novela Hirbet Hiza. Un pueblo árabe (1949) narra el exterminio de una comunidad en los primeros años de opresión.

Basim Khandaqji, novelista y poeta palestino nacido en 1983, pasó 20 años encarcelado en Israel y fue deportado posteriormente a Egipto, en donde permanece retenido. En 2004, durante la segunda intifada palestina, fue condenado por planear un atentado suicida que acabó con la vida de tres israelíes en un mercado al aire libre. En la cárcel se volvió novelista y eligió las palabras como nuevo campo de batalla. El año pasado Israel impidió que Khandaqji y su hermano viajaran al Festival Pan y Roses, que se celebra en Asturias. La novela que lo hizo conocido en el mundo es Una máscara del color del cielo, que ganó el Premio Internacional de Ficción Árabe en 2024.

Una máscara del color del cielo es interesante no sólo por el contexto de creación de la obra, pues Basim Khandaqji la escribió mientras estaba preso. La novela –publicada en español por la editorial Hoja de Lata– demuestra que la resistencia palestina puede servirse de la ficción más allá de las innumerables denuncias, diarios y testimonios del genocidio en Gaza. La trama aborda la vida de Nur Mahdi al-Shahdi, un joven palestino aficionado a la arqueología, que sobrevive en un campo de refugiados en Ramala. Su padre, líder en la primera intifada (1987-1993), se gana la vida gracias a un puesto ambulante que vende café y té. Después de haber sido encarcelado abandona cualquier resistencia y se refugia en el silencio, señal de que la experiencia en prisión sirvió para los propósitos de los israelíes que buscan, sobre todo, desactivar la rebelión palestina por medio de la coacción, la intimidación y el miedo. 

Basim Khandaqji

La arqueología –tema en apariencia lejano a los asociados a Gaza– es un elemento fundamental para entender los aspectos más importantes del dominio y apartheid israelí en la zona. Recientemente se publicó el libro de la académica israelí Maya Wind Torres de acero y marfil. Cómo las universidades israelíes destruyen la libertad palestina. La investigación aborda cómo la arqueología sirve para justificar el despojo y destrucción de innumerables aldeas y ciudades palestinas. A partir de documentación y evidencias ambiguas –por no decir dudosas o inventadas–, algunas de ellas extraídas de textos sagrados del judaísmo, se construye una nueva historia sobre las ruinas de la población exterminada y despojada de su memoria. La lucha por el pasado y el olvido como herramienta de control es clave para erosionar la resistencia cultural y la experiencia heredada por la población segregada, su única ancla con una identidad en asedio permanente. En la novela de la autora palestina Adanía Shibli, Un detalle menor, la protagonista se interna en las zonas colonizadas por los israelíes y comprueba cómo han renombrado cada asentamiento y accidente geográfico. La apuesta es el olvido.

El otro elemento importante de Una máscara del color del cielo es la lucha entre la identidad propia –con todas sus luchas y fricciones– y la del opresor. Nur Mahdi al-Shahdi encuentra, por accidente, la identificación de un israelí de nombre Or Shapira. Por su color de piel, sus rasgos y su cabello puede aprovechar el documento para hacerse pasar por él. Su principal ambición es visitar las excavaciones arqueológicas que hace Israel, pues uno de sus sueños es escribir una novela histórica basada en la vida de María Magdalena y colocarla en un contexto más acorde con la memoria palestina. Ese acto de justicia a una figura silenciada contrasta con el reto de asumir una identidad falsa mientras convive con judíos sionistas y académicos de otros países que trabajan en la excavación. La historia, de esta manera, se multiplica en varias perspectivas: las grabaciones que hace Nur con sus ideas para la novela sobre María Magdalena, las notas que dirige a su amigo preso en una cárcel israelí y el día a día en el que Or Shapira adquiere cada vez más materialidad por medio de una voz que lo conduce a una suerte de personalidad escindida. 

Como sucede con las obras que van más allá de la denuncia, Una máscara del color del cielo no sólo es un ejercicio valioso por la forma en la que entrelaza las historias alrededor del protagonista. Su principal aportación es una reflexión incómoda a partir de una idea que ya había establecido Frantz Fanon en su legendario libro Piel negra, máscaras blancas (1952): la sumisión del dominado gracias a que es absorbido por la mentalidad del colonizador. El texto de Fanon –citado en algunos pasajes por Khandaqji– se adapta muy bien a la realidad de Gaza no sólo de los años recientes sino a partir de que Israel decidió complementar la limpieza étnica de la población palestina con una colonización mental de la población árabe dentro de sus fronteras. La mente de hombres, mujeres y niños palestinos se enfrenta no sólo a un asedio físico sino a la tentación de cruzar el límite e identificarse con su opresor. La identidad, de esta manera, es moldeada para ser inofensiva y participar asumiendo un papel de ciudadano de segunda clase –como ocurre de facto con gran parte de la población musulmana y árabe en Israel– en un Estado supremacista. Así como se ocultan las ruinas de las aldeas destruidas por la ocupación se oculta la memoria de un pueblo que aún puede expresarse en las palabras de Basim Khandaqji y otros artistas palestinos que viven en Gaza o en el exilio.

Basim Khandaqji, Una máscara del color del cielo, prólogo de Luz Gómez, traducción de Alberto López Oliva, Hoja de Lata, Gijón, 2025

The post Dilemas de la identidad first appeared on La Tempestad.



from La Tempestad https://ift.tt/b9P2AZj
via IFTTT Fuente: Revista La Tempestad

jueves, 29 de octubre de 2026

Museo del Chopo: exposiciones

Junto a Los peores tiempos posibles (hasta el 15 de noviembre), montaje panorámico del trabajo de Regina José Galindo (a quien entrevistamos aquí), el Museo Universitario del Chopo de la Ciudad de México alberga tres exposiciones que se vinculan por sus formas de explorar los cuerpos y las identidades. Con una retrospectiva del colectivo chileno Yeguas del Apocalipsis, una revisión de la obra del artista amazónico Santiago Yahuarcani y la instalación colaborativa de Erik Tlaseca y Wynnie Mynerva, el recinto universitario reúne prácticas que se desvían de las narrativas hegemónicas para ofrecer distintas sensibilidades políticas, espirituales y sensoriales.

Desbocadas. Retrospectiva

Yeguas del Apocalipsis

Del 1 de octubre de 2026 al 4 de abril de 2027

Museo del Chopo

Vista de la exposición Yeguas del Apocalipsis. Desbocadas. Retrospectiva, Museo Universitario del Chopo, Ciudad de México, 2026. Fotografía: @wap_estudio / Luis Vázquez. Cortesía del Museo Universitario del Chopo

Integrado por los escritores santiaguinos Francisco Casas (1959) y Pedro Lemebel (1952-2015), el dúo chileno Yeguas del Apocalipsis desarrolló, entre 1987 y 1993, una práctica performática que cuestionó las estructuras políticas y sociales de la dictadura de Pinochet y la transición a la democracia. Esta retrospectiva, organizada por el Museo Nacional de Bellas Artes de Chile, reúne obras y documentación de sus acciones, muchas de las cuales, por su carácter efímero y contracultural, no quedaron registradas.

A través de performances e intervenciones públicas en las que el travestismo y la desnudez funcionaban como estrategias de confrontación, Casas y Lemebel articularon una disidencia sexual y política que desafió tanto las normas de género como los protocolos institucionales del arte. Su trabajo abordó la homofobia, la crisis del sida, la violencia de Estado y las desapariciones forzadas, además de solidarizarse con las luchas feministas y otros movimientos sociales. Curada por Gerardo Mosquera, la exposición recupera la radicalidad de una práctica que convirtió el cuerpo y la provocación en instrumentos de resistencia.

 

El principio del conocimiento

Santiago Yahuarcani

Del 24 de octubre al 28 de marzo de 2027

Museo del Chopo

Santiago Yahuarcani, La primera casa (2012). Cortesía del artista

La primera revisión de la obra de Santiago Yahuarcani (Pucaurquillo, Perú, 1960), artista autodidacta y líder del pueblo uitoto, reúne más de 35 pinturas realizadas entre 2004 y 2025, además de obras de su esposa, Nereyda López, y de su hijo, Rember Yahuarcani. El conjunto incluye también un fragmento de El canto de las mariposas (2020), película de Núria Frigola Torrent. La retrospectiva fue organizada junto a la galería The Whitworth, de la Universidad de Manchester, y el Museu de Arte de São Paulo Assis Chateaubriand (MASP).

A partir de tintas naturales y acrílico sobre llanchama –fibra vegetal extraída del árbol ojé–, Yahuarcani construye imágenes vinculadas a los mitos de creación, los conocimientos medicinales y los seres guardianes de la selva amazónica. La exposición, curada por Miguel A. López, aborda también la explotación del caucho y la violencia colonial ejercida contra los pueblos originarios. En su obra, la transmisión intergeneracional de saberes y la memoria colectiva se convierten en formas de resistencia, mientras que la crisis ecológica aparece ligada a una historia prolongada de despojo territorial y destrucción de mundos singulares.

Entrañas

Erik Tlaseca y Wynnie Mynerva

Del 15 de agosto al 29 de noviembre

Museo del Chopo

Vista de la exposición Erik Tlaseca y Wynnie Mynerva. Entrañas, Museo Universitario del Chopo, Ciudad de México, 2026. Fotografía: Ramiro Chaves. Cortesía del Museo Universitario del Chopo

Resultado de la colaboración entre Erik Tlaseca (Ciudad de México, 1989) y Wynnie Mynerva (Lima, 1993), iniciada durante su residencia en la Rijksakademie de Ámsterdam en 2024, Entrañas propone una exploración del cuerpo como territorio sensorial, sexual y político. La exposición reúne una instalación central, construida con tela, pigmento, metal y otros materiales, y una serie de pinturas de gran formato.

Las obras desbordan la idea del cuerpo como entidad individual y contenida: sus formas y texturas evocan órganos, cavidades y fluidos, pero también paisajes, cortezas, suelos y montañas. Entre lo orgánico y lo arquitectónico, Tlaseca y Mynerva imaginan una corporalidad expandida, atravesada por relaciones colectivas, deseos y experiencias compartidas. Curada por Miguel A. López y Abril Castro Prieto, la muestra propone una experiencia visceral en la que la piel deja de ser una frontera para convertirse en un espacio abierto, donde convergen el placer, la vulnerabilidad y la posibilidad de otras formas de existencia.

The post Museo del Chopo: exposiciones first appeared on La Tempestad.



from La Tempestad https://ift.tt/NnwaWSA
via IFTTT Fuente: Revista La Tempestad

Museo del Chopo: exposiciones

Junto a Los peores tiempos posibles (hasta el 15 de noviembre), montaje panorámico del trabajo de Regina José Galindo (a quien entrevistamos aquí), el Museo Universitario del Chopo de la Ciudad de México alberga tres exposiciones que se vinculan por sus formas de explorar los cuerpos y las identidades. Con una retrospectiva del colectivo chileno Yeguas del Apocalipsis, una revisión de la obra del artista amazónico Santiago Yahuarcani y la instalación colaborativa de Erik Tlaseca y Wynnie Mynerva, el recinto universitario reúne prácticas que se desvían de las narrativas hegemónicas para ofrecer distintas sensibilidades políticas, espirituales y sensoriales.

Desbocadas. Retrospectiva

Yeguas del Apocalipsis

Del 1 de octubre de 2026 al 4 de abril de 2027

Museo del Chopo

Vista de la exposición Yeguas del Apocalipsis. Desbocadas. Retrospectiva, Museo Universitario del Chopo, Ciudad de México, 2026. Fotografía: @wap_estudio / Luis Vázquez. Cortesía del Museo Universitario del Chopo

Integrado por los escritores santiaguinos Francisco Casas (1959) y Pedro Lemebel (1952-2015), el dúo chileno Yeguas del Apocalipsis desarrolló, entre 1987 y 1993, una práctica performática que cuestionó las estructuras políticas y sociales de la dictadura de Pinochet y la transición a la democracia. Esta retrospectiva, organizada por el Museo Nacional de Bellas Artes de Chile, reúne obras y documentación de sus acciones, muchas de las cuales, por su carácter efímero y contracultural, no quedaron registradas.

A través de performances e intervenciones públicas en las que el travestismo y la desnudez funcionaban como estrategias de confrontación, Casas y Lemebel articularon una disidencia sexual y política que desafió tanto las normas de género como los protocolos institucionales del arte. Su trabajo abordó la homofobia, la crisis del sida, la violencia de Estado y las desapariciones forzadas, además de solidarizarse con las luchas feministas y otros movimientos sociales. Curada por Gerardo Mosquera, la exposición recupera la radicalidad de una práctica que convirtió el cuerpo y la provocación en instrumentos de resistencia.

 

El principio del conocimiento

Santiago Yahuarcani

Del 24 de octubre al 28 de marzo de 2027

Museo del Chopo

Santiago Yahuarcani, La primera casa (2012). Cortesía del artista

La primera revisión de la obra de Santiago Yahuarcani (Pucaurquillo, Perú, 1960), artista autodidacta y líder del pueblo uitoto, reúne más de 35 pinturas realizadas entre 2004 y 2025, además de obras de su esposa, Nereyda López, y de su hijo, Rember Yahuarcani. El conjunto incluye también un fragmento de El canto de las mariposas (2020), película de Núria Frigola Torrent. La retrospectiva fue organizada junto a la galería The Whitworth, de la Universidad de Manchester, y el Museu de Arte de São Paulo Assis Chateaubriand (MASP).

A partir de tintas naturales y acrílico sobre llanchama –fibra vegetal extraída del árbol ojé–, Yahuarcani construye imágenes vinculadas a los mitos de creación, los conocimientos medicinales y los seres guardianes de la selva amazónica. La exposición, curada por Miguel A. López, aborda también la explotación del caucho y la violencia colonial ejercida contra los pueblos originarios. En su obra, la transmisión intergeneracional de saberes y la memoria colectiva se convierten en formas de resistencia, mientras que la crisis ecológica aparece ligada a una historia prolongada de despojo territorial y destrucción de mundos singulares.

Entrañas

Erik Tlaseca y Wynnie Mynerva

Del 15 de agosto al 29 de noviembre

Museo del Chopo

Vista de la exposición Erik Tlaseca y Wynnie Mynerva. Entrañas, Museo Universitario del Chopo, Ciudad de México, 2026. Fotografía: Ramiro Chaves. Cortesía del Museo Universitario del Chopo

Resultado de la colaboración entre Erik Tlaseca (Ciudad de México, 1989) y Wynnie Mynerva (Lima, 1993), iniciada durante su residencia en la Rijksakademie de Ámsterdam en 2024, Entrañas propone una exploración del cuerpo como territorio sensorial, sexual y político. La exposición reúne una instalación central, construida con tela, pigmento, metal y otros materiales, y una serie de pinturas de gran formato.

Las obras desbordan la idea del cuerpo como entidad individual y contenida: sus formas y texturas evocan órganos, cavidades y fluidos, pero también paisajes, cortezas, suelos y montañas. Entre lo orgánico y lo arquitectónico, Tlaseca y Mynerva imaginan una corporalidad expandida, atravesada por relaciones colectivas, deseos y experiencias compartidas. Curada por Miguel A. López y Abril Castro Prieto, la muestra propone una experiencia visceral en la que la piel deja de ser una frontera para convertirse en un espacio abierto, donde convergen el placer, la vulnerabilidad y la posibilidad de otras formas de existencia.

The post Museo del Chopo: exposiciones first appeared on La Tempestad.



from La Tempestad https://ift.tt/NnwaWSA
via IFTTT Fuente: Revista La Tempestad

miércoles, 28 de octubre de 2026

Apuntes sobre ‘Heil Jupiter!’

Heil Jupiter! (2026), sexto largometraje de ficción de Carlos Reygadas, confirma la inquietante habilidad del autor para compartir ideas crueles y conmovedoras sobre un mundo que va en picada, pero en el cual abunda la belleza, el amor y el deseo. Estrenada en México hace unos días durante el Festival Internacional de Cine de Morelia, la cinta es una ráfaga de maneras de hacer cine, de generar impresiones sobre el tiempo y de ubicarnos en espacios de reflexión y anestesia. Ya lo dice su ficha: Heil Jupiter! muestra a cuatro amigos que atraviesan el tiempo y el espacio, encontrándose en diversas encarnaciones, escenarios y roles sociales. Ya la verán ustedes. Mientras tanto, seis apuntes sobre mi experiencia en aquella función.

1

Siempre he encontrado un momento Murnau en las películas de Carlos Reygadas, ya sea una cámara que mira el mundo con la libertad de una alfombra mágica, un desvanecimiento que yuxtapone un mundo de juguete con uno de brutalidad, una lluvia sin fin que replica el ánimo de los amantes atormentados por la culpa. En Heil Jupiter! un demonio negro abraza al mundo. 

2

La película es fundamentalmente una sinfonía, donde los temas recurren y se enredan para generar la sensación de movimiento y donde los movimientos tienen cada uno su temperamento particular. Carlos Reygadas presenta un gigantesco diamante de mil secciones, unas diáfanas, otras en bruto; todo en función de un gran tema originario: el cuerpo. Específicamente la dualidad entre cuerpo y expresión, donde la subjetividad es más abierta y polifónica. La propia película es un cuerpo enrarecido, una composición de fracturas, el pegamento de un corte a otro es a veces lógico, según las reglas propias de la composición, y a veces es un enigma. A propósito del pegamento, hay mucosa en las imágenes, mucha viscosidad, conceptual y material, lo cual me hace pensar en las reflexiones de Mike Kelley sobre películas de horror como La mancha voraz (1988) o La cosa del otro mundo (1982) y en la posición que tengo en una sala de cine: estoy dentro del vientre, a punto de ver un nuevo mundo sobre la pantalla. La mucosa nos rodea y al verla nos provoca una regresión que nos deja susceptibles al espanto. 

Las primeras imágenes de Heil Jupiter! son indeterminación de lo real, figuras sin sentido, exposición al color, lenguaje sin código, sonido saturado, demasiada luz y, luego, el mar, las ninfas jugando en el agua del Rin, pianísimo, mi bemol. La cámara flotando sobre el mar, el cuerpo flotando como un bebé. Un relato erótico en un idioma extraño. Agua y viento, aviones a la velocidad del sonido. “Capitán DAS, ¿qué cree que hace?”, ahora estamos en una película de acción donde un piloto rebelde no quiere obedecer al cuartel general y genera su propia misión: observar el mundo. Vemos el bosque en fuego, la montaña de hielo, la tierra. En varios momentos incluso me convertí en el piloto de ese jet. 

Heil Jupiter!

Fotograma de Heil Jupiter! (2026), de Carlos Reygadas

3

Hay muchos lentes para ver las cosas y cada uno tiene su función y su ideología. Las primeras cámaras no necesitaban lentes, un simple orificio con un obturador de algún tipo (el dedo mismo o la nariz) podría haber funcionado. Pero hemos logrado enrarecer la mirada: ¡hurra! Lo que empezó como curiosidad (mira qué extraña es esa luz que se cuela por el orificio y replica, volteado, el paisaje allá afuera de la cueva) se convirtió en un juguete de alto impacto ideológico, capaz de convertir a alguien en rey, en führer o, mejor aún, en estrella y hasta establecer la hegemonía del pensamiento científico mostrando lo verdadero, lo que tiene bien definidos sus contornos 4K. Ahora es un arma del fascismo de Estado, la denigrante herramienta a través de la cual se nos ha robado la libertad, el derecho a no ser nadie. ¿Cómo habla la película sobre esto? Con lentes, con cambios de cámara, diagramas militares sobre los encuadres, cambios de calidad de imagen, glitch, material de diagnóstico médico y diseño digital. Pero también con las decisiones propias del lenguaje, recordemos que al director le gusta operar la cámara y moverla como si bailara con ella un vals locuaz a través del infierno, ya una multitud furiosa de gente, ya entre párvulos estudiantes. 

4

La progresión del relato o, mejor dicho, del itinerario orquestal nos lleva del descubrimiento del mundo al descubrimiento del odio, la pasión y la brutalidad, de lo animal a lo social, del contacto con Dios al contacto con la ley humana, del violento expresionismo al hosco costumbrismo; somos un Parzival desencantado que busca a Klingsor para golpearlo con un bate. Y, para ser sensibles a una trayectoria tan abyecta, debemos saber disfrutar las modulaciones, las aberraciones, darle sentido al ruido; no hay que fijarse demasiado en lo que solemos llamar historia sino en la psicología de los que aparecen ahí gritándose majaderías, chupándose las tetas, tasajeando miembros tasajeados, requiriendo la objeción sobre el testimonio –absurdo– del acusado sobre el estrado.

Heil Jupiter!

Fotograma de Heil Jupiter! (2026), de Carlos Reygadas

5

Castigar y vigilar. La voz robótica de Daphne (al parecer una computadora, menudo emblema de la castidad eterna como lo fue el laurel para los griegos) recuerda la voz de Alpha 60, que persigue a Lemmy Caution por toda la ciudad en Alphaville (1965), la película de ciencia ficción de Jean-Luc Godard. La voz aparece tirando misiones a los personajes, que obedecen sus mandatos como si tuvieran que ganar en un videojuego, quizás uno diseñado por Philip K. Dick, H.P. Lovecraft o John le Carré. Género: horror transhumanista. Estudio desarrollado: caosmosis. Carlos Reygadas comentó tras la función: “Dios no ha muerto como dijo Nietzsche”. Y es verdad, nos vigila. 

6

Ustedes tienen razón: ésta no es una película para cualquiera, ni siquiera para cualquiera que simplemente la quiera ver. Sería como abrir el cofre de un automóvil y querer entender la carburación. Se trata de una obra cifrada para los que puedan desintegrar las convenciones y armar sus propias naves fuera de este mundo.

The post Apuntes sobre ‘Heil Jupiter!’ first appeared on La Tempestad.



from La Tempestad https://ift.tt/7nxirRG
via IFTTT Fuente: Revista La Tempestad