jueves, 8 de octubre de 2026

Coltrane para desesperados

El 23 de septiembre de 1926 nació, en Hamlet, Carolina del Norte, John William Coltrane. Desde entonces no han transcurrido solamente cien años, sino un siglo, el XX, lleno de guerras, vanguardias y revoluciones fallidas. Para quienes han crecido en el XXI, es probable que su música parezca extraña y aburrida, y su mitología –un ex adicto reconvertido en genio del saxofón y guía espiritual–, exagerada. ¿Quién querría, en 2026, escuchar improvisaciones colectivas de casi una hora? Seguramente sus fanáticos hemos perdido ya la batalla contra el tiempo, pero en un mundo en el que los horrores de otros siglos parecen prolongarse, seguramente habrá todavía neuróticos, desesperados, anarquistas o dolientes a quienes el sonido de Coltrane les brinde algo de consuelo y maravilla. Esperemos que estas muestras de su obra los encuentren.

Para iconoclastas

En 1972, cinco años después de la muerte de John Coltrane, su viuda, Alice, tomó cuatro temas grabados en 1965 y 1966, les superpuso arreglos para cuerdas, arpa y nuevos solos en piano y los publicó en el álbum Infinity. Su decisión le valió el repudio casi unánime de músicos, críticos y fanáticos: “Está reescribiendo la Biblia”, dijo el baterista Rashied Ali. El resultado de su iconoclasia fue este umbral apócrifo para entrar al universo de Coltrane. La música del saxofonista siempre fue un intento feroz de transformar el dolor y la rabia, de destrozarlos hasta que no quedara más que una celebración desesperada de la vida y la posibilidad de la salvación por el amor y la belleza. Los arreglos de Alice nos abren una puerta falsa: son, por momentos, abiertamente cursis, pero ¿no es lindo imaginar a veces un mundo en paz, un Coltrane sin heroína, un cuarteto de cuerdas?

Para dolientes


La violencia y el horror, sin embargo, existen. El 15 de septiembre de 1963 un ataque terrorista perpetrado por el Ku Klux Klan contra una iglesia en Birmingham, Alabama, dejó como saldo cuatro menores de edad asesinadas. Coltrane siempre fue hábil para eludir preguntas de actualidad, y solía elegir títulos vagamente místicos para sus piezas. Días después de la agresión, sin embargo, compuso “Alabama”, en clara referencia al atentado. Se trata de una de sus piezas más breves, un réquiem y nada más. Aunque su biógrafo Lewis Porter no logró encontrar la fuente original, la leyenda repite que Coltrane escribió la melodía como una recitación de las palabras con las que Martin Luther King, Jr. despidió a las víctimas. Cada golpe de aire en su saxofón, una sílaba del discurso. El escritor Amiri Baraka fue el encargado de escribir las notas del álbum donde el tema se publicó por primera vez. Inició con esta frase: “Una de las cosas más desconcertantes sobre los Estados Unidos es que, a pesar de su carácter esencialmente vil, aún exista tanta belleza”. 

Para intrigantes



Todo indica que la legendaria residencia de Thelonious Monk en el club Five Spot, en el verano de 1957, fue el resultado de una lucha de egos. La historia, recogida por el crítico A.B. Spellman, es que Norman Mailer escuchó a Cecil Taylor en el Five Spot y, en medio de una borrachera, repitió una y otra vez que aquél era mejor pianista que Monk. Este último escuchó los rumores y movió sus hilos para que los dueños del bar despidieran a Taylor y él ocupara su lugar. Gracias a esa intriga, un Coltrane de treinta años apareció en el centro de la escena neoyorquina. Más que su paso por el grupo de Miles Davis –que le valió el mote de angry young tenor y acabó con el abucheo del público parisino en 1960–, o su incómoda sesión con el propio Taylor, el período con Monk fue el de mayor aprendizaje para el saxofonista. Poco a poco, ese cuarteto –con Wilbur Ware en el bajo y Shadow Wilson en la batería– comenzó a ser recordado como una de las grandes bandas de la historia del jazz. Un detalle, sobre todo, cimentó esa reputación: no hay ningún registro del conjunto. En 2005 se editó un disco en vivo en el Carnegie Hall, en 1958, con otro bajista. Preferimos compartir aquí una grabación no oficial, hecha, al parecer, por Nellie, la esposa de Thelonius Monk. Gracias a su carácter amateur es más fácil imaginar el bar húmedo y ruidoso en el que los rencores entre dos gigantes del piano le dieron su primera oportunidad al joven John Coltrane.

 

Para enamorados


En 1955 los integrantes del quinteto de Miles Davis oficiaron como padrinos en la primera boda de Coltrane. Juanita “Naima” Austin y el saxofonista se conocieron en un jam en Philadelphia y estuvieron juntos hasta 1963, cuando John conoció a Alice McLeod. Esos años incluyeron el peor momento de la adicción de Coltrane a la heroína, su recuperación y su ascenso a la fama. En 1960 John le dedicó “Naima”, que siguió siendo parte de su repertorio en conciertos hasta su muerte. La versión original, aparecida en Giant Steps, es una balada perfecta. La que compartimos aquí, con Alice en el piano y Pharoah Sanders en el segundo saxofón, muestra cómo incluso las improvisaciones más intensas de su último conjunto mantuvieron siempre algo de la dulzura original del muchacho enamorado y redimido que alguna vez fue John Coltrane.

 

Para adolescentes

El primer álbum de Coltrane como líder se editó el mismo año que “Jailhouse Rock”, de Elvis Presley, y Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band fue publicado dos meses antes de la muerte del saxofonista. Su obra, por lo tanto, coincidió con la explosión del pop, la radio, la contracultura y la invención de la juventud como perfil de consumo. Aunque él mismo nunca procuró un acercamiento con ese universo, sabemos que algunas estrellas –menores, quizá– de esa época, sí reconocieron su influencia. David Crosby narra en un documental el efecto que tuvo verlo en vivo, y su compañero en The Byrds, Richard McGuinn, relató que “Eight Miles High”, pieza fundacional de la psicodelia, fue escrita luego de escuchar el tema que compartimos aquí. Arreglada junto a Eric Dolphy para una sección rítmica y seis metales, “Africa” no está construida sobre cambios armónicos complejos, y más bien privilegia largas improvisaciones sobre un solo acorde, además de variaciones en intensidad, capas y texturas. No es una sorpresa que esos jóvenes, deslumbrados por el LSD y la fama, se vieran cautivados por este disco, que un crítico involuntariamente lúcido comparó, alguna vez, con una jauría de animales.

 

Para comunistas

Entre 1961 y 1962, Coltrane formó su primera banda estable, el “Cuarteto Clásico” conformado por McCoy Tyner en el piano, Jimmy Garrison en el contrabajo y Elvin Jones en la batería. La potencia y la disciplina del conjunto produjeron un puñado de obras maestras que culminarían, en diciembre de 1965, con la grabación de A Love Supreme. En junio de 1966, Coltrane selló el fin de esa banda convocando a una improvisación colectiva con algunos de los mejores músicos de su generación: Archie Shepp, Marion Brown, Freddie Hubbard, John Tchicai, Pharoah Sanders. Como en toda organización comunista, la ampliación de la base significó una ruptura en la cúpula. Según la mitología, al final de la segunda toma de Ascension Elvin Jones lanzó sus baquetas contra la pared, firmando con ese gesto el final del Cuarteto. Para respetar su decisión, compartimos aquí la parte dos de la primera toma, en la que Jones no participa con un solo y McCoy Tyner se enfrenta al piano como si tuviera que despedirse, él también, lastimando su instrumento.

 

Para anarquistas

En mayo de 1967 Coltrane comenzó a sentir un dolor intenso en el abdomen. El 17 de julio el cáncer de hígado acabó con su vida. En febrero de ese año entró por última vez al estudio de Rudy Van Gelder, en Nueva Jersey. Algunas de esas sesiones se publicaron poco después de su muerte, con el título de Expression. Otras tuvieron que esperar hasta la década del noventa, cuando Alice descubrió algunas cintas que se creían perdidas. Pero en 1974 apareció Interstellar Space, un disco con las grabaciones más intensas de ese período, que sería el último. Acompañado solamente por el baterista Rashied Ali, el álbum es un buen ejemplo de lo que el crítico palestino Edward Said llamó “estilo tardío”. No sabemos si Coltrane ya sentía en su cuerpo los efectos de la enfermedad, pero los cuatro temas del disco tienen algo de urgencia y desesperación. Para los radicales de la disonancia, este es su disco más desaforado y destructivo y, por lo tanto, el mejor. Es curioso: la mayoría de los testimonios recopilados por sus biógrafos coinciden en que, antes de morir, Coltrane estaba pensando en tomar un descanso de las apariciones en vivo y buscaba un local en Nueva York para fundar un espacio de educación y ensayo para jóvenes músicos. Es posible que el verdadero “estilo tardío” de un anarquista no sea destruir una institución, sino fundarla.

 

Para desesperados

Si alguien llegó hasta aquí en la lectura, quizá no ha sucumbido enteramente a la desesperación. Es casi una pena, porque no puedo imaginar un mejor bálsamo para la angustia que escuchar A Love Supreme por primera vez. Según el propio compositor, los primeros tres movimientos de esta suite describen el camino de salida, desde la más intensa oscuridad humana, hacia la revelación de un poder más alto. El cuarto y último es la recitación –como en el caso de “Alabama”– de un salmo que Coltrane escribió. Es verdad que quizá no exista un ser supremo hecho de amor, y que los horrores del mundo no conozcan fin, pero ¿no decía Eszter, en Melancolía de la resistencia, que tanto la fe como la música son “una terapia que no cura, una bebida que adormece”? 

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