De repente, las calles y la arquitectura de San Miguel de Allende que le eran familiares se convirtieron en el escenario de una persecución orquestada por la maquinaria cinematográfica de Robert Rodriguez. Se trataba de la película Érase una vez en México (2003) y Alex Peña, que tenía unos cinco años de edad, quedó impresionado con el modo en que se construía la ficción audiovisual. Luego vio El planeta de los simios (1968): le fascinó que ese mundo sólo existiera en el filme de Franklin J. Schaffner. Así, tuvo conocimiento del diseño de producción, su actividad actual.
Alex Peña, que creció entre San Miguel de Allende y la Ciudad de México, es una joven promesa del diseño de producción, que se abre camino en Hollywood con trabajos recientes tanto en cine como en series para plataformas como Netflix y Apple TV+. Sus estudios de arquitectura lo encaminaron al diseño de producción. En 2021 hizo el diplomado en Diseño y Dirección de Arte en la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas de la UNAM. Después decidió especializarse y se fue a estudiar a Estados Unidos. Ha desempeñado su labor tanto en publicidad como en cine.
A veces se le llama diseño de producción, otras dirección de arte. En esencia son lo mismo, aunque depende de la estratificación de la actividad, es decir, de la división de labores. En México, por ejemplo, se reconoce la figura del director de arte, que concentra, entre otros aspectos, lo escenográfico y lo decorativo. En Hollywood cada actividad está separada por departamentos que conforman la unidad de diseño de producción. Para entender el uso de ambas nociones, puede observarse que la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas otorga el Ariel al Mejor Diseño de Arte; la Academia hollywoodense, por su lado, el Oscar al Mejor Diseño de Producción. En Estados Unidos todos los puestos están asignados por rubros y hay que ser parte de un sindicato –como el de diseño de producción– para desempeñarlos.

El diseñador de producción mexicano Alex Peña reside en Nueva York
Arquitecto por la Universidad Iberoamericana, Peña estudió la maestría en Diseño de Producción para Teatro y Cine en la Universidad de Nueva York. Así define el campo en el que se desempeña: “Se trata de crear o generar el mundo visual de una película. A nivel visual hay un trío de colaboradores que son el director, el cinefotógrafo y el diseñador de producción, que se encargan de saber cómo se va a ver ese mundo en pantalla, los colores, las texturas, la iluminación. El diseñador de producción se encarga de generar todo lo que tiene un impacto visual en la película”.
“A nivel visual hay un trío de colaboradores que son el director, el cinefotógrafo y el diseñador de producción, que se encargan de saber cómo se va a ver ese mundo en pantalla, los colores, las texturas, la iluminación”: Alex Peña
En México existe una tradición rica, más o menos conocida, de creadores dedicados sobre todo a la escenografía, noción previa a la dirección de arte. Por ejemplo, los escenógrafos Fernando A. Rivero (Santa, 1931; La mujer del puerto, 1933) y los emigrados españoles Francisco Marco Chilet (En la palma de tu mano, 1951; Santo, el enmascarado de plata, 1967) y Manuel Fontanals (Naná, 1944; El castillo de la pureza, 1973). También Gunther Gerszo, escenógrafo de las mejores películas de Roberto Gavaldón y Alejandro Galindo, que igualmente fue pintor. El arquitecto Manuel Parra, por su lado, aparece en los créditos como decorador, siempre debajo del nombre de Fontanals, escenógrafo, en las películas de Emilio “El Indio” Fernández donde coincidieron. Hoy el referente más importante de la disciplina es Eugenio Caballero, ganador de varios premios Ariel y un Oscar por El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006). Alejandro García, por su lado, también destaca por la dirección de arte de Pastorela (2011) y No dejes a los niños solos (2025), ambas de Emilio Portes; su trabajo más aclamado es El diablo entre las piernas (2019), la última película de Arturo Ripstein. En Estados Unidos la figura canónica es, por supuesto, Cedric Gibbons, el diseñador de producción de muchos filmes del Hollywood flamboyante de George Cukor y Vincente Minnelli.

Conceptualización de Alex Peña para la película Chronovisor (2026), dirigida por Kevin Walker y Jack Auen
Los diseñadores de producción a los que Peña sigue la pista y admira son los canadienses Craig Lathrop, colaborador de Robert Eggers en películas como La bruja (2015) y Nosferatu (2024), y Patrice Vermette, conocido por su trabajo en las dos películas de la saga Duna (2021 y 2024) de Denis Villeneuve. Le interesan los profesionales del ramo que en verdad construyen universos que no existen a través de carpintería y pintura, y no sólo con la ayuda de herramientas tecnológicas.
Los diseñadores de producción a los que Peña sigue la pista y admira son los canadienses Craig Lathrop, colaborador de Robert Eggers en películas como ‘La bruja’ (2015) y ‘Nosferatu’ (2024), y Patrice Vermette, conocido por su trabajo en las dos películas de la saga ‘Duna’ (2021 y 2024) de Denis Villeneuve.
Su interés por las narrativas es flexible. Ha participado en publicidad, cine y series. Hace poco terminó su trabajo como diseñador de gráficos y de sets de la serie Unaccustomed Earth, sobre la comunidad indoamericana de Cambridge, Massachusetts, protagonizada por Frieda Pinto y que Netflix distribuirá a finales de este año. Encabeza el diseño de producción Zebah Pinkham, que a su vez trabajó en Buenas noches, mami (2022) con Naomi Watts. Ahora, Peña se prepara para colaborar en la tercera temporada de Severance (2022 a la fecha), la serie de Apple TV+ aclamada por la crítica, donde se integrará al departamento de arte, encargado del diseño de sets.
Para Alex Peña la diferencia de trabajar en publicidad, cine y series consiste en la escala y los tiempos de ejecución. Para producir un anuncio comercial hay que trabajar rápido y enfocarse en vender el producto; los escenarios son más bien efímeros. El cine, por otro lado, cuenta una historia a través de un lenguaje que incluye el diseño de producción; todo depende del tamaño del proyecto. Las series, finalmente, tienen un arco más amplio, “es como hacer una película muy larga, de ocho horas”.

Fotograma de Chronovisor (2026), de Kevin Walker y Jack Auen
A partir de de una lectura atenta del guion, el diseñador de producción desarrolla una idea sobre cómo es el mundo en el que ocurre la historia. Esto lo lleva a echar mano de referencias visuales, arquitectónicas, literarias, artísticas e incluso musicales. Peña comparte su proceso: “Cuando leo el guion se genera una respuesta emocional, imagino colores, espacios y cómo se ve el personaje en ellos. Luego intento descifrar cuál es el tono del guion, por ejemplo si la historia comunica miedo, soledad, ansiedad, etc., anoto las palabras clave y las relaciono con contenido visual que lo alimente. Asocio imágenes por colores. Colecciono todo esto en una biblia de diseño de producción o lookbook donde, poco a poco, voy viendo cómo se va creando un mundo con un mismo tono. Luego plasmo todo eso set por set, en dibujos; a veces son bocetos rápidos o plano por plano, es el llamado concept art”.
“Cuando leo el guion se genera una respuesta emocional, imagino colores, espacios y cómo se ve el personaje en ellos. Luego intento descifrar cuál es el tono del guion, por ejemplo si la historia comunica miedo, soledad, ansiedad, etc., anoto las palabras clave y las relaciono con contenido visual que lo alimente”: Alex Peña
Chronovisor (2026), el primer largometraje de Peña como director de producción, se estrenó en enero en el Festival de Cine de Róterdam y hace unas semanas en el MoMA, en el marco del festival New Directors/New Films. El filme sigue a una académica e investigadora francesa, abocada al estudio de la filosofía y la neurociencia de la memoria, que se encuentra con la historia de un monje benedictino que en los años cincuenta aseguró que había visto la crucifixión de Cristo a través de un artefacto, el cronovisor, que permite mirar cualquier momento de la historia. Por supuesto, la mujer se obsesiona.
Para crear el mundo visual, de misterio y de ciencia ficción, Jack Auen y Kevin Walker, directores de la película, sugirieron a Peña revisar Tár (2022), de Todd Field, centrada en un personaje femenino que también vive en un mundo propio de obsesiones. “La casa de la protagonista de Chronovisor, por ejemplo, es una extensión de las bibliotecas de Nueva York donde filmamos; se trata de una mujer que está completamente inmersa en su trabajo. Esa es la razón del diseño de producción minimalista, todo son libros y papeles que refuerzan su obsesión por descubrir la historia del artefacto. No podía ser un diseño extravagante porque distraería la atención de la trama de la película”.

Alex Peña en un set de filmación
A menudo la cartelera ofrece películas donde el diseño de producción es demasiado llamativo, más que la propia historia o, por el contrario, resienten carencias a nivel visual. A la pregunta expresa de este desafortunado fenómeno, Alex Peña responde que “el cine es un arte colaborativo en el que, por ejemplo, yo como diseñador de producción puedo hacer un trabajo impecable, pero, tal vez, al cinefotógrafo no le interesa filmar los aspectos donde yo veo el valor de la película. O el diseñador y el cinefotógrafo hacen un excelente equipo, pero ya en postproducción la manera de colorear o de editar hace que pierda valor todo lo demás”. Peña también expresa que el cine debe tener una coherencia visual de tono, lo que supone un diálogo con otros encargados del lenguaje fílmico que hacen, por ejemplo, el vestuario, el maquillaje y los peinados.
El creador mexicano asegura que no puede haber cine sin diseño de producción porque, sin importar lo que se cuente o por más sencilla que sea la anécdota, se necesita un contenedor o espacio para la historia. “Puede ser una sala vacía, una mesa y dos sillas, y ese es el espacio donde sucede la acción. El diseño de producción es fundamental, a veces tiene que pasar desapercibido y otras es la base del proyecto”, dice. Como principio, el diseño de producción está al servicio de la historia y del guion, también de la mirada de quienes toman las decisiones que afectan cómo se ve la película.
Sobre cómo se nutre la mirada de un director de producción, considera que todo sirve, lo que ve, las imágenes que consume, el arte, la música, la arquitectura, los libros. Todo suma para crear el milagro del cine, que surge de la imaginación, pero también de una mirada entrenada para apreciar e investigar. Acerca de sus perspectivas a futuro, Alex Peña, que siente predilección por el cine de terror y de ciencia ficción, desea desarrollar películas que propongan al espectador mundos distintos a los de la realidad que conocemos, inventar y construir espacios diferentes para descubrir algo inesperado. Una atenta invitación para que el espectador habite otro lugar.
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