miércoles, 31 de mayo de 2023

El peso del material

Larga es nuestra relación con los objetos, y sólo a veces utilitaria. En El amanecer de todo, David Graeber y David Wrengrow mencionan que “hace miles de años algunos objetos –sobre todo piedras preciosas, conchas y otros objetos decorativos– recorrían enormes distancias”. ¿Prueba eso la actividad comercial? Lo dudan: “la antropología proporciona un sinfín de ejemplos de cómo objetos valiosos podían recorrer enormes distancias en ausencia de nada que se acerque siquiera remotamente a una economía de mercado”. Pensemos en el gesto de recoger una piedra pulida por el oleaje, en la playa: de vuelta en casa, la colocaremos en una repisa como un pequeño contenedor de memoria. En la sociedad de consumo, sin embargo, la relación con la mercancía hace tiempo que perdió la inocencia.

Los objetos sirven, pero sobre todo representan. Se trata de una economía política del signo, como la llamó Baudrillard. Antes de la Bauhaus, escribió el pensador francés, no existían propiamente objetos, sólo productos. Les hemos dado ese nombre retroactivamente: “el objeto no es una cosa, ni aún una categoría, es un estatus de sentido y una forma”. El diseño, la disciplina que nace con la Bauhaus como una abstracción de los elementos funcionales, aparece en paralelo a las búsquedas surrealistas, que son su contraparte: la intervención del inconsciente donde, se pretende, impera la razón. El diseño contemporáneo es hijo de la tensión surgida entre la crisis del funcionalismo y la emergencia del kitsch. El regreso de las técnicas artesanales y los materiales tradicionales parece apelar al encuentro con lo real perdido, temporalidades y saberes procedentes de formas de vida barridas por la modernidad industrial.

Con el concepto de “materialidad” como eje, la tercera edición de Mexico Design Fair (MDF), en Puerto Escondido, dio muestra de las preocupaciones mencionadas antes. Más allá de algunas piezas singulares, la selección de Carlos Torre Hütt consistió principalmente en objetos que revisan pasados recientes y no tan recientes de las formas útiles mexicanas. Un caso paradigmático es la silla Arrullo, cuya primera versión fue diseñada por Óscar Hagerman en 1969. En MDF se presentó su modelo 2012, con respaldo de cinta de algodón, fabricado por Canto Artesanos. La historia de este diseño lo dice todo: inspirada en modelos populares, concebida como una pequeña obra de arquitectura, masificada con vocación social, hoy objeto coleccionable. Clara Porset estuvo presente en la colección de mobiliario exterior desarrollado por Mexa y el Archivo Clara Porset de la UNAM. Por su parte, la silla y la banca Tenancingo, de Clémence Creveau y Luis Vargas, se inscriben en el trabajo que la firma TXT.URE (aquí con Ensamble Artesano) ha realizado para recuperar técnicas y diseños vernáculos.

Daniel Romero

Sillas Ajolote II y III (2023), de Daniel Romero Valencia. Fotografía: Jaime Navarro. Cortesía de MDF

La elección de Daniel Romero Valencia como diseñador del año de MDF atrae la atención sobre una de las prácticas más consistentes del campo en México. Alumno de Hagerman, cofundador de la empresa Tuux (cuyos ejes son la sustentabilidad y la responsabilidad social), su silla Ajolote fue presentada en la exposición principal de Casa Naila. Ejercicio de gran rigor técnico, la pieza renuncia a cualquier gesto retórico para centrarse en la depuración formal. La versión II, con las bases de las patas quemadas (uno piensa en Cuauhtémoc), revela sin embargo el acecho de lo irracional. El guiño lleva a pensar en el espíritu lúdico que anima trabajos de Romero Valencia como los modulares Maroma (2008) y las mesas Caleidos (2014). En el contexto de una feria para coleccionistas, el premio MDF Designer of the Year apela a una práctica exigente, comprometida social y ambientalmente.

Industrial o postindustrial, el diseño en México observa las lecciones del pasado temeroso de volverse imagen pura para la circulación en pantallas. Frente a la velocidad vertiginosa de los cambios, busca en la manufactura artesanal la materialidad que otorga peso e hincha las piezas de tiempo. La silla sigue siendo un objeto a pensar, pues pasamos sentados buena parte de nuestras jornadas. Para eso sirve un asiento, y sin embargo seguimos aspirando a que además diga algo, represente algo. ¿La próxima revolución será muda?

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