viernes, 6 de febrero de 2026

Néstor Jiménez y la epopeya del “hombre común”

Curada por Lucía Sanromán, curadora en jefe del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), Uno entre millones es una exposición de obra comisionada a Néstor Jiménez (Ciudad de México, 1988), uno de los artistas que han revitalizado la pintura contemporánea en México. La Sala 3 del museo capitalino albergará, desde el 7 de febrero y hasta el 3 de julio, seis obras realizadas ex profeso en formatos como pintura de caballete, collage, escultura en cerámica, escultura cinética y pintura mural. La “epopeya de un hombre común” es la temática que rige la muestra, un concentrado de las búsquedas pictóricas de Jiménez en los últimos años.

Néstor Jiménez

Néstor Jiménez, La yunta (2025). Vista de la exposición Uno entre millones, Museo Universitario Arte Contemporáneo, 2026. Fotografía: Ramiro Chaves. Cortesía de Proyectos Monclova

Uno entre millones parte de la figura del “hombre común”. ¿En qué momento esa figura dejó de ser una abstracción para convertirse en una experiencia personal o cercana para ti?

Para mí no es una abstracción. Es una figura que viene de mi historia familiar, de la relación con mi padre, de la gente con la que crecí. El “hombre común” es alguien que trabaja todos los días, que sostiene una familia, que muchas veces no tiene tiempo para pensar en sí mismo, pero cuya vida está llena de gestos, decisiones y contradicciones. Ahí es donde empecé a reconocerme y a reconocerlos.

“El ‘hombre común’ es alguien que trabaja todos los días, que sostiene una familia, que muchas veces no tiene tiempo para pensar en sí mismo, pero cuya vida está llena de gestos, decisiones y contradicciones”: Néstor Jiménez

¿Qué aspectos de la masculinidad contemporánea te resultan hoy más urgentes de problematizar? ¿Cuáles siguen siendo incómodos incluso dentro del discurso artístico?

Me interesa cuestionar la idea de la masculinidad ligada únicamente a la fuerza, a la productividad y al sacrificio silencioso. Hay una carga emocional enorme que no suele mostrarse. Incluso en el arte muchas veces se habla del trabajador desde un lugar heroico o épico, pero no desde su vulnerabilidad, su cansancio o su frustración.

En esta exposición el trabajo manual y el cuerpo parecen tensionarse frente a la automatización y la economía de plataformas. ¿Qué tipo de subjetividad crees que está emergiendo de ese desplazamiento?

Estamos frente a una subjetividad fragmentada. El cuerpo sigue siendo central, pero ya no es reconocido como tal. El trabajo se vuelve abstracto, deslocalizado, y eso genera una sensación de reemplazabilidad constante. Me interesa pensar cómo eso impacta en la identidad y en la autoestima de quienes viven de su fuerza de trabajo.

Néstor Jiménez

Vista de la exposición Néstor Jiménez: Uno entre millones, Museo Universitario Arte Contemporáneo, 2026. Fotografía: Ramiro Chaves. Cortesía de Proyectos Monclova

A lo largo de la exposición aparece el trabajo como experiencia física y afectiva. ¿Cómo influyó tu propia historia laboral en esta mirada?

Crecí viendo trabajar a mi padre y a muchas personas cercanas. El trabajo no era una idea, era algo que se hacía con el cuerpo. Esa memoria está muy presente: las manos, el cansancio, la repetición. No lo veo desde la nostalgia, sino desde una observación crítica y afectiva al mismo tiempo.

Has dialogado críticamente con el muralismo mexicano. ¿Qué aspectos de esa tradición ya no te sirven para pensar el presente y cuáles, paradójicamente, se han vuelto más vigentes?

El muralismo fue fundamental, pero su discurso heroico ya no me funciona del todo. Sin embargo, su voluntad de hablar de lo colectivo, de ocupar el espacio público y de construir relatos compartidos sigue siendo muy potente. Me interesa tensionar esa herencia, no repetirla.

“La escala no es sólo formal, es política. Lo monumental implica una responsabilidad distinta, una relación con el espectador más frontal. Lo íntimo, en cambio, permite una cercanía, una pausa”: Néstor Jiménez

¿Cómo decides cuando una obra debe ser monumental y cuándo debe ser casi íntima? ¿Qué te exige cada escala en los niveles conceptual y político?

La escala no es sólo formal, es política. Lo monumental implica una responsabilidad distinta, una relación con el espectador más frontal. Lo íntimo, en cambio, permite una cercanía, una pausa. Cada obra me va pidiendo su propio tamaño según lo que quiere decir.

El “hombre de clase trabajadora” ha sido históricamente un símbolo heroico en el arte político. ¿Te interesa desmontar esa épica o reformularla?

Más que desmontarla, me interesa complejizarla. No negar la dignidad del trabajo, pero sí mostrar sus contradicciones, sus fracasos, sus zonas grises. La épica muchas veces borra al individuo.

Néstor Jiménez

Néstor Jiménez retratado por Ramiro Chaves. Cortesía de Proyectos Monclova

En varias piezas aparece el juego como metáfora, particularmente en La ratonera. ¿Qué te interesa del juego como estructura social y política?

El juego puede parecer algo inocente, pero en realidad es una estructura de control. La ratonera habla de desplazamiento, de gentrificación, de reglas que no se deciden de manera colectiva. Es un juego donde siempre hay alguien que pierde.

“No creo en los mensajes cerrados. La ambigüedad permite que el espectador entre desde su propia experiencia. La denuncia está ahí, pero no como consigna, sino como pregunta abierta”: Néstor Jiménez

¿Qué papel juega el fracaso –económico, emocional, ideológico– dentro de la narrativa que construyes en esta muestra?

El fracaso es central. Forma parte de la experiencia de muchísimas personas y, sin embargo, rara vez se representa. Me interesa darle un lugar, no como derrota absoluta sino como condición estructural del sistema en el que vivimos.

Muchos de tus proyectos parten de investigaciones históricas muy concretas. ¿En qué momento decides que un archivo o un hecho puede transformarse en obra?

Cuando deja de ser solo información y empieza a afectarme. El archivo tiene que pasar por el cuerpo, por la experiencia. Si no se queda en un ejercicio intelectual.

¿Cómo negocias la línea entre denuncia política y ambigüedad poética sin que una anule a la otra?

No creo en los mensajes cerrados. La ambigüedad permite que el espectador entre desde su propia experiencia. La denuncia está ahí, pero no como consigna, sino como pregunta abierta.

Néstor Jiménez

Vista de la exposición Néstor Jiménez: Uno entre millones, Museo Universitario Arte Contemporáneo, 2026. Fotografía: Ramiro Chaves. Cortesía de Proyectos Monclova

En un contexto donde la imagen circula de forma acelerada y superficial, ¿qué tipo de tiempo le pides al espectador dentro de la sala?

Le pido tiempo, pero también disponibilidad. No es una exposición que se agote en una imagen rápida. Hay capas, detalles, relaciones que solo aparecen si uno se queda.

“Creo que todavía es posible construir imaginarios colectivos, pero ya no de manera homogénea. Son imaginarios frágiles, múltiples, en tensión. Y eso también es interesante”: Néstor Jiménez

¿Crees que el arte todavía puede construir imaginarios colectivos o estamos inevitablemente en una era de lecturas fragmentadas e individuales?

Creo que todavía es posible construir imaginarios colectivos, pero ya no de manera homogénea. Son imaginarios frágiles, múltiples, en tensión. Y eso también es interesante.

¿Qué aprendiste sobre tu propia práctica al trabajar esta exposición en un espacio como el MUAC?

El MUAC te obliga a posicionarte. No es un espacio neutral. Me hizo pensar mucho en desde dónde hablo, para quién y con qué herramientas.

Néstor Jiménez

Vista de la exposición Néstor Jiménez: Uno entre millones, Museo Universitario Arte Contemporáneo, 2026. Fotografía: Ramiro Chaves. Cortesía de Proyectos Monclova

¿Hubo alguna idea, material o gesto que decidiste excluir de la muestra y que, justamente por eso, te sigue rondando?

Sí, varias cosas quedaron fuera. Algunas por límites de producción, otras por decisión conceptual. Pero lo que se excluye también sigue trabajando, quizá para proyectos futuros.

¿Cómo dialoga Uno entre millones con tus preocupaciones actuales y hacia dónde sientes que se está desplazando tu trabajo después de esta exposición?

Siento que este proyecto cierra un ciclo, pero también abre otros. Me interesa seguir pensando en lo colectivo, en el trabajo, pero desde nuevas formas y materiales.

Si esta exposición fuera leída dentro de veinte años, ¿qué te gustaría que se entendiera del momento histórico que estamos viviendo hoy?

Me gustaría que se entendiera que fue un momento de precariedad, pero también de resistencia. Que, incluso en contextos adversos, hubo intentos de pensar en común y no solo desde el individuo.

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