El viernes 17 de julio de 2026 me invitaron a dormir en el Museo Jumex de 5 a 6 pm.
Jornalera de sueños fue un performance en el que, durante un día laboral, los artistas Emilio Carrera y Sandra Sánchez se turnaron para dormir, junto a personas invitadas, en la Galería -1, donde se presenta la exposición Colección Jumex: Visiones difusas. Mientras uno dormía, el otro registraba con palabras lo que los cuerpos durmientes le comunicaban: gestos, delirios, pensamientos y manifestaciones. El público podía ver tanto los cuerpos durmientes como la escritura en vivo.
Recordé que podía llevar una publicación, así que tomé The Muppet Show. Vol. 1 de Ronit Guttman Berditchevsky (Miau Ediciones, 2026), porque me gustan mucho sus colores, sus poemas y la contraportada que dice:
Al momento de imprimir esta publicación, Israel, Estados Unidos y sus cómplices continúan su limpieza étnica y genocidio contra el pueblo palestino impunemente. Han asesinado a 75 mil palestines, más de 3 mil libaneses y más de 4 mil iraníes.
Ante el ascenso del fascismo en el mundo, sostengo firmemente que:
Nadie es libre hasta que todes seamos libres.
Nunca más para nadie.
¡Que viva Palestina libre!
¡Que viva la autodeterminación!

Vista del performance Jornalera de sueños, de Emilio Carrera y Sandra Sánchez. Museo Jumex, Ciudad de México, 17 de julio de 2026
Iba en piyama, lista para dormir. Es una de mis actividades favoritas, sobre todo porque sueño mucho. Me gusta tanto porque las fantasías siempre han sido un refugio ante el exterior. Varias veces durante el día estoy imaginando emergencias posibles. Esto suele tener consecuencias en mi capacidad de acción, por eso cuando las amigas me hacen invitaciones que movilicen las fugas, las tomo. Jornalera de sueños era perfecto.
Al museo llegaban muchas personas, veían a Emilio dormir y juzgaban la dormición: críticas mordaces, hostilidad, acentos de clases sociales que no convergerían en mi vida de no estar en Polanco. Hubo algunas dudas genuinas del público, me preguntaron si lo que hacía Sandra –quien escribía en un trance, tomada por el texto– era parte de la exposición. Les dije que sí y comenzaron a tomarle fotos.
Llegó a mí la extrañeza y un cierto temor por haber llevado la publicación de Ronit. Comenzaron a llegar las fantasías. Imaginé que la gente podría ser agresiva. ¿Por qué surgía la inquietud ante la hostilidad y no la potencia que habilita la confrontación? Se despertaba en mí la vulnerabilidad que trae consigo el azar y la exposición, a pesar del encuadre institucional que aporta un museo. De nuevo, la imaginación buscaba anticiparse ante el antagonismo posible. Es el detalle de soñar despierta, a veces llegas a pasajes maravillosos o a callejones horribles.

Vista del performance Jornalera de sueños, de Emilio Carrera y Sandra Sánchez. Museo Jumex, Ciudad de México, 17 de julio de 2026
Me acosté, afortunadamente junto a Sandra. Es muy especial que la primera vez que dormimos juntas haya sido así. Procedí a taparme la cara con los poemas de Ronit. Sentí que me acompañaban mis amigas. Escuchaba más o menos las conversaciones, estaba alerta. ¿Por qué ahí? ¿Por qué con esa publicación? Recordé que ese sentimiento de sobreexposición relacionado con el sionismo estaba habitándome desde finales del año pasado, cuando intenté viajar a Palestina gracias a la invitación que Wonder Cabinet (PAL) hizo a Cráter Invertido (MX) como parte de una residencia. En la llegada al aeropuerto, en la Palestina ocupada (Tel Aviv), no pude pasar del control migratorio. Ahí, acostada en el museo, no soñaba, pero repasaba, una vez más, todo lo que había ocurrido esa noche.
Quedó grabado en mi corazón cómo una mujer musulmana respondía con furia ante las agresiones de la policía israelí que intentaba humillarla fallidamente. Ahí, en el punto en donde nos tenían recluidxs, con la violencia de quien sabe que tiene tus papeles y que es impune, ante la violencia genocida, surgió la piedra que se lanza con dignidad. Ella me hizo recordar que hacerle frente al fascismo es habitar el aquí y ahora que reclama fracturar la dominación mediante un movimiento que sabe habitar su propio riesgo.
Una nunca puede prever todos los peligros que implica vivir, estamos expuestas inevitablemente al azar. Y es mejor que esos riesgos te pesquen con lxs amigxs que comparten ilusiones y esperanzas contigo. Luego, sin plan ni causa clara, eso también se pierde, como cuando despiertas de un sueño y todo permanece como un conjuro alegre que no va a repetirse. Recuerdo que toda esa jornada de la deportación no dormí, no podía, me dio un tic en el ojo que a veces regresa. Ese tic que he intentado controlar pero que me indica que no se juega con el azar. Creo que dormí hasta que tomé el vuelo de conexión de Alemania a México, debe ser porque ya tenía de vuelta mi pasaporte.

Vista del performance Jornalera de sueños, de Emilio Carrera y Sandra Sánchez. Museo Jumex, Ciudad de México, 17 de julio de 2026
En el museo tampoco pude dormir, aunque el colchón era cómodo. Llegó la certeza de que ya era tiempo de cambiar el colchón que le habíamos comprado a Luisa hace siete años. No sé desde cuándo registro los dolores de espalda alta que tengo al despertar, quizá desde la prepa. Culpo al colchón de resortes que acompañó todos mis sueños en San Juanico, Edomex. Ése es un dolor que viene y va. Al fin, hace unas semanas, compré mi primer colchón nuevo. Me convencí de que con ése ya no me dolía la espalda, pero de nuevo regresó el dolor. Culpo ahora a la almohada. ¿Cómo es que una de mis actividades favoritas siempre ha estado atravesada por un dolor intermitente? Casi tan similar como mi tránsito por distintos colectivos. ¿Será realmente el colchón o será mi cuerpo que no se soporta a sí mismo? La incomodidad siempre me ha acompañado al soñar.
Al final no pasó nada malo mientras estuve acostada en el museo. Una vez más, la fantasía había desbordado la estima que tengo por mi propio destino. Una sueña con un orden que no hay, como si el dominio fuera omnipresente. Nunca lo fue, nunca lo será. Hay una fuerza que siempre encadena los sucesos de manera arbitraria.
Azar proviene del árabe الزهر (az-zahr), que significa flor. La flor de azahar es un símbolo del derecho de retorno palestino, de los naranjales que volverán a sembrarse en una Palestina libre. ¡Qué nos encuentren las flores, siempre, siempre!

Vista del performance Jornalera de sueños, de Emilio Carrera y Sandra Sánchez. Museo Jumex, Ciudad de México, 17 de julio de 2026
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