El espectro de una ruina, la de la Casa Cueva que Juan O’Gorman erigió en Jardines del Pedregal entre 1948 y 1952, hace una inesperada aparición en la Galería 1 del Museo Jumex. En esa obra ya desaparecida, mezcla de pasión orgánica, reivindicación del mundo prehispánico y, sobre todo, fantasía, Helen Fowler realizó las acuarelas que compondrían el libro Plantas y flores de México (1961). Creó también un jardín entre piedras volcánicas, que persiste sin que podamos verlo, poblado de especies que seleccionó a partir de su conocimiento profundo de la vegetación del Altiplano.
Abierta al público desde el 16 de octubre, Helen (con la ene invertida) es la instalación con la que Álvaro Urbano regresa a México para evocar fantasmas insignes. En 2023 imaginó un encuentro en La Alhambra entre Federico García Lorca y Luis Barragán, Granada Granada, presentada en la galería Travesía Cuatro en Guadalajara y la Ciudad de México. Un fragmento de ese proyecto, Yo, sueño que no sueño (Amanecer), pudo verse en Obras de la Colección Jumex a inicios de este año; ahora es posible visitar un ambiente íntegro del artista español, una colección de fragmentos pétreos, vegetales y arquitectónicos que crean una experiencia espectral de la relación de O’Gorman y Fowler, así como de la clausura de un sueño compartido y la demolición de la Casa Cueva a manos de Helen Escobedo (de ahí la ene invertida del título).
“Intento crear heterotopías donde el tiempo y el lugar se expanden de alguna manera”, me comenta en la conversación que tenemos en la sala del museo, junto a Rosela del Bosque, curadora de la exposición. Michel Foucault habló, precisamente, de “especies de utopías efectivamente realizadas”, “lugares que, estando fuera de todos los lugares son, sin embargo, efectivamente localizables” (“Espacios otros”, 1967). Helen es uno de esos contraemplazamientos, habitado de fantasmas que incluso proyectan sus sombras mientras permanecemos dentro de la galería.

Vista de la instalación Helen, de Álvaro Urbano, Museo Jumex, Ciudad de México, 2026. Fotografía: Ramiro Chaves
Trabajando en Granada Granada, Urbano conoció la historia de la Casa Cueva. “Yo siempre parto de rumores, de historias que la gente me cuenta. Me fascinaba la figura de Juan O’Gorman, porque me interesan las relaciones entre arquitectura y arte, pero al conocer más sobre la Casa Cueva me topé con el libro de Helen Fowler, una figura de la que no se sabe tanto”. Plantas y flores de México es una de las esculturas que habitan la instalación, un libro de madera, metal y pintura que descansa sobre una pila de pisos de piedra.
Las obras de Álvaro Urbano son hauntológicas, en el sentido que Jacques Derrida dio al término y que Mark Fisher popularizó después: un presente embrujado por el pasado y por futuros que no llegaron a realizarse. En palabras del artista, “lo latente”.
Las obras de Álvaro Urbano son hauntológicas, en el sentido que Jacques Derrida dio al término y que Mark Fisher popularizó después: un presente embrujado por el pasado y por futuros que no llegaron a realizarse. En palabras del artista, “lo latente”. Esa espectralidad, con fuertes elementos narrativos, se construye a través de técnicas procedentes del cine, el teatro, la arquitectura y, por supuesto, la escultura. Los elementos de Helen, cuenta el artista, proceden de un aspecto concreto: “Juan y Helen viajaban juntos por México. Juan buscaba minerales de colores para hacer los petromurales; Helen buscaba flores y plantas. Me parece muy bonito que de alguna manera hayan visto los colores de la geografía de manera distinta”.
Las acuarelas de Helen Fowler partieron de especies vegetales concretas, pero es evidente la expresividad y la libertad de las láminas: sin referencia de escala, con variaciones de color respecto a las especies reales, a veces se acercan a una mirada surrealista, también presente en la Casa Cueva. Helen es, así, una suerte de arqueología de un espacio ensoñado, donde las deslumbrantes flores metálicas se suspenden sobre baldosas de piedra entre las que se asoma, hundido en el piso, un petromural, trasladado simbólicamente a esta heterotopía. “Aquí el jardín existe de una manera onírica, de ensoñación, como trabaja Álvaro Urbano”, plantea Rosela del Bosque; “el jardín y la arquitectura no eran cosas separadas en la Casa Cueva, estaban el diálogo. Es muy importante rescatar la figura de Helen Fowler, que también diseñó y habitó ese lugar, fue cómplice. No fue sólo obra de O’Gorman, sino un proyecto de la pareja”.

El proceso de creación de Helen, de Álvaro Urbano, en el estudio del artista en Berlín, 2026. Fotografía: Agustín Farías. Cortesía del artista
A la vez arquitectura y escultura, la casa es, entonces, un personaje que se suma al reparto que habita Helen. “Existen diversos personajes en distintos materiales. Está Helen Fowler con las plantas suspendidas. Está Juan O’Gorman con el petromural. Y en la disposición de estas baldosas, por ejemplo, hay un guiño a las formas helicoidales de la obra de Helen Escobedo”, amplía Álvaro Urbano. Todo se sucede, simultáneamente, en capas: un cielo de flores, un suelo de piedra y, debajo, el hallazgo de una memoria construida. “Me basé en imágenes de los petromurales que aún existen en la entrada y dentro de la casa. En la instalación no sabes si las baldosas están tapando los petromurales o los están develando. Es un tiempo que puede ser futuro o puede ser pasado. Es una locura, pero el museo me permitió quitar una parte del suelo”.
“Me basé en imágenes de los petromurales que aún existen en la entrada y dentro de la casa. En la instalación no sabes si las baldosas están tapando los petromurales o los están develando. Es un tiempo que puede ser futuro o puede ser pasado”: Álvaro Urbano.
A Urbano le llamó la atención el tipo de vegetación que interesaba a Helen Fowler: “Las plantas rastreras, las que de alguna manera te encuentras en el camino. Es algo muy poético”. “Ella era artista”, precisa la curadora: “su acercamiento a las plantas no era el de la ilustración botánica sino desde un lugar emotivo. En sus textos habla de la relación de estas plantas con los usos y costumbres del mundo prehispánico; fueron su manera de sentirse inmersa en la cultura de México y en el mundo de Juan. Álvaro reanima esos fantasmas de la historia para reivindicarlos y reposicionar sus narrativas”.
Helen es una instalación cambiante. Durante el tiempo que el espectador permanece dentro de ella ocurren amaneceres y atardeceres que producen una visión fantasmagórica de la Casa Cueva y su vegetación circundante. La Galería 1 del Museo Jumex ha sido convertida en una caja de luz, a través de un sistema lumínico programado por el artista desde su estudio en Berlín, donde también se produjeron las esculturas florales. El espacio tiene, así, una temporalidad propia, que se siente en el cuerpo. Se superpone el momento histórico en el que vivieron los protagonistas del proyecto con el tiempo profundo de la geología –la piedra volcánica que dio forma al suelo del Pedregal, tras la erupción del Xitle– y la dimensión biográfica, la subjetividad desde la que se vivió un proyecto común. Helen Fowler parece haberlo expresado en su amor por las plantas y las flores, y Álvaro Urbano ha recreado tridimensionalmente 29 de ellas: “Cada escultura es un pequeño monumento a la visión de Helen”. Las flores, de distintos tamaños, han sido creadas con precisión de joyero, y su aspecto es de un realismo sorprendente.

Vista de la instalación Helen, de Álvaro Urbano, Museo Jumex, Ciudad de México, 2026. Fotografía: Ramiro Chaves
Si pensamos en estratos y en resonancias, la forma del Museo Jumex, con sus claraboyas fabriles en la cubierta, rima con con la casa-estudio de Diego Rivera en San Ángel. Helen Fowler llegó a México en los años treinta para estudiar con el artista mexicano, maestro y amigo de Juan O’Gorman. En Helen, Álvaro Urbano (Madrid, 1983) logra crear una cápsula de tiempo en la que los espectros de la Casa Cueva se agitan suavemente. Los cuerpos ya no están presentes, pero sí las formas con la que dejaron un testimonio de su existencia.
The post En el jardín de Helen first appeared on La Tempestad.
from La Tempestad https://ift.tt/kpglN0Q
via IFTTT Fuente: Revista La Tempestad
No hay comentarios:
Publicar un comentario