martes, 23 de noviembre de 2021

El texto fisicoculturista como netaliteratura

En la metaliteratura la escritura reflexiona sobre sí misma, comparte con lxs lectorxs sus interiores: sus cables y tubos, su maquinaria y, además, reflexiona sobre su funcionamiento. Ilegible es una obra que enuncia las condiciones de su nacimiento y, al mismo tiempo, de su ausencia, su no estar, su no llegar a ser nunca. Ilegible es una zona de combate en donde el autor ataca de frente al autor –sí mismo–  y a su oficio. Sabemos que hay metaliteratura temática y metaliteratura funcional. Aquí no sólo es tema sino engranaje que opera, funciona para hacer avanzar al texto/no texto.

El ejercicio se detona por medio de la idea hipotética de un taller literario como espacio en donde la escritura se analiza a sí misma, en grupo, a lo largo de varias sesiones. Y es a través de esta posibilidad que no alcanza su cumplimiento. Pablo Duarte emprende un asedio sin tregua, casi paranoico, dice –totalmente paranoico–, al proceso de escritura como una serie de mecanismos cuya utilidad cuestiona, interpela y comenta en tono desesperanza o más bien rendición. Su autorreferencialidad va más allá de la metaliteratura, se me ocurre, y eso la convierte en algo así como una netaliteratura.

En este libro todo es inicio, todo es arranque. Duarte está empezando siempre, un modo de ser y estar que me hace pensar en la idea civilizatoria de Progreso. Progreso es ese futuro que nunca llega. Las sociedades llamadas “en desarrollo” están inmersas en la dinámica de lo imposible, lo inalcanzable, lo improbable. Y esa es su razón de ser, de existir, es su papel en la historia, su manera de estar en el mundo como el destino que Pablo Duarte eligió/no eligió para su libro. Me acuerdo de uno de los videos de Rehearsal, obra de Francis Alÿs en donde vemos cómo un vocho intenta subir una pendiente sin nunca lograrlo, derrapándose hacia abajo por falta de potencia cada vez que está a punto de alcanzar la cima.

Pero Ilegible no es un texto subdesarrollado sin empuje, es un texto hiperdesarrollado de sí mismo, un textofisicoculturista, en esteroides, un cuerpo de texto que se infla de mirarse todo el tiempo porque está rodeado de espejos que lo devuelven a sí mismo todo el tiempo. Un textocuerpo que va aumentando musculatura, aumentando en autorreferencialidad, en pensamiento sobre sí mismo, un texto solipsista, súper mamado. Éste es un texto fisicoculturista que se crece hacia el vacío de ese hipotético taller/gimnasio en donde no hay nada: no hay tema ni voces, más bien está rodeado de pesos y pesas, aparatos de tracción y caminadoras que lo hacen caminar sobre sí mismo sin moverse, sin llegar a ningún lado, corriendo suspendido y tropezándose sobre su propio vacío. Es un texto mamadísimo de su propio cuerpo mamadísimo en su propia mamadez, incapaz de cargar con el peso de su propio supuesto, de su esencia impuesta por la literatura, que es ser, escribe Duarte, el recipiente de una acción que promete, que debe entregar historias, sagas, epopeyas, comedias, tragedias, dramas de chismes humanos, reflexiones sobre la alegría o el dolor, amor humano, odio, celos, intrigas y demás formas de llenar las páginas y el tiempo prometido en el que la literatura debe cumplirse.

El texto que nunca llega de Pablo Duarte, pienso, es como una larga acepción de diccionario, una extensa explicación de los sentidos y significados que la escritura puede adquirir, y de cada uno de sus supuestos. Pablo Duarte, el texto que escribe a Pablo Duarte, se está explicando todo el tiempo: flexiones, abdominales, desplantes, sentadillas. Los tonos de este abordaje o sabotaje van de la ironía al autoescarnio, la burla a esa fe casi fanática en la escritura, en la literatura. El libro urde, por supuesto, una larga e insistente burla de la gravedad engolada y la vanagloria que perfuman, más bien apestan, el oficio y el mundo literarios. Qué maravilla. a veces hay que leerlo en clave risas grabadas o en acompáñenme a ver esta triste historia o, ¿quién sabe?, en doblaje latino.

Pablo Duarte

Este es el relato de una interrogación que nunca obtiene respuesta y no lo hará mientras eso que se quiere transmitir, el “mensaje”, que supone siempre un: sujeto-verbo-objeto-quién, qué, cómo, escribe Duarte, siga dando forma, sea el presupuesto para un tema, un tema para el texto, para las voces del texto. Esto es lo que, en opinión de Duarte, limita la promesa que es la literatura y esa expectativa de que el mensaje será descifrado.

La lectora/lector también entra al libro como cómplice de la imposibilidad, de la promesa rota. Porque, como dice el autor, el solipsismo puro es inhabitable, hay que compartir el solipsismo, he ahí la paradoja. Entonces Duarte instiga a los hipotéticos talleristas para que se pregunten sobre la lectura de la hipotética lectora/lector: ¿cómo reacciona?, ¿qué esperaba?, ¿qué no esperaba?, ¿por qué no reacciona? Mientras el autortallerista enuncia estas y otras cuestiones, todas las cuestiones que involucran a la escritura, a la literatura, la dinámica del taller despega de su hipotético espacio y emprende hacia la desaparición. Cada sesión es una resta a la voluntad sobre el trabajo del trabajo que se trabaja en el trabajo de la escritura, cada sesión se va vaciando de hipotéticos talleristas, cada sesión es menos habitada por uno de sus temas que son también, por supuesto, los entusiastas asistentes, escritorxs o aspirantes a escritorxs. Cada sesión es un tramo más en el desgaste que al mismo tiempo nutre al texto de esteroides.

Ese texto que, como decíamos, habla de su imposibilidad, de la improbabilidad de su nacimiento y, por lo tanto, se agranda en pura musculatura propia hasta salir al concurso de textofisicoculturismo para mostrar su enorme textocuerpo cuyo tema es su cuerpatzotextazo y, por supuesto, gana la presea por las más de diez mil palabras o las que sean, a través de las cuales Pablo Duarte nos ha mostrado cómo son las herramientas, porque sabemos ya más que nunca, gracias a Ilegible, que la literatura tiene más que ver con procesos de pensamiento que con literatura.

Creo que este texto importa y no sólo está dirigido a personas que se interesan en la escritura. Este libro es una crítica implacable al discurso vacío de sentido, una poderosa descalificación del mensaje político engañoso, de la retórica siniestra, del uso del lenguaje como arma que aniquila, desaparece, margina y explota personas, comunidades y naturaleza. Mediante esta intervención del lenguaje Duarte logra una performance que jaquea el mundo en el que estamos inmersos. Ofreciéndonos martillos, clavos, varillas y cemento, Ilegible nos ayuda a construir nuestra casa de la palabra, que es nuestra mente, y nos invita a vivir en ella.

Pablo Duarte, Ilegible, Gris Tormenta, Querétaro, 2021

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