lunes, 30 de octubre de 2017

Convenciones realistas

Este año Era reeditó el libro de relatos Marcianos leninistas, de Mario González Suárez (Ciudad de México, 1964), que originalmente fue publicado por Tusquets en 2002. Aunque el texto de la contratapa se apura a informarnos que se trata de una “novela disfrazada de libro de cuentos” vale la pena comentar algo más sobre su forma. Es cierto, podemos conceder que tiene algunos parecidos de familia con otros libros de narrativa mexicanos recientes, especialmente en sus estrategias. Ya dimos cuenta en este espacio de La vaga ambición, el libro de relatos de Antonio Ortuño en el que se revisitan varios momentos en la vida de un solo personaje, el escritor Arturo Murray. De una lectura apresurada de estos libros se podría concluir que, en efecto, se tratan de “novelas en rebanadas”, pero el resultado de la estrategia es otro: constreñir el tema de un libro de relatos (digamos, en el caso de Ortuño, al mundo del escritor profesional mexicano; en el de González Suárez, a cierto imaginario que evoca, desde México, los tiempos paranoicos de la Guerra Fría) ayuda a redondear un mundo, visitando sus distintas geografías.

 

El caso de Marcianos leninistas, además, destaca por serle infiel a las convenciones del relato realista. Aunque, como muchos escritores mexicanos, González Suárez también se demora en las anécdotas de infancia, las intrigas familiares o los recuentos de viajes, en este libro también se permite coquetear con las intrigantes formas y temáticas de géneros populares, como la ciencia ficción o el thriller político. A menudo el encuentro de ese imaginario con el lenguaje chusco y dicharachero del habla mexicana resulta en momentos particularmente cómicos, que contrastan con las enigmáticas “Qualia” que puntean al libro: como si fuera un cuaderno de lugares comunes, González Suárez acompaña a sus relatos por fragmentos de noticias, entradas de diario, citas y demás prosas que ayudan a establecer una constelación en la que se lee todavía mejor el universo cerrado que busca recobrar (se incluye, por ejemplo, una especie de decálogo copiado de una “esquela del clandestino Club Bakunin de la Ciudad de México”; un fragmento de El capital; pero también pasajes de filosofía de la mente que ayudan a enrarecer la lectura).

 

Finalmente hay que notar la puntualidad actual de la temática del libro de González Suárez. Es una buena noticia que Marcianos leninistas se publique ahora en Era, donde convive en su catálogo con la novela breve Yo te conozco, de 2014, de Héctor Manjarrez, escrita desde coordenadas similares. Pero si cuando este libro de relatos se publicó originalmente, a finales de 2002, el mundo parecía estar dividido en occidentales civilizados y bárbaros terroristas, ahora es claro que varios de los fantasmas geopolíticos de la Guerra Fría (el temor a una guerra nuclear, la relación tensa entre los EEUU y Rusia, ansiedades expresadas en fantasías extraterrestres…) han sido históricamente reeditados. No es mal momento, en fin, para acercarse a ese (este) mundo desde la ficción.



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