jueves, 19 de octubre de 2017

Los rumbos del diseño mexicano

Este mes la Ciudad de México se enfoca en el diseño. A propósito del Abierto Mexicano de Diseño, que se realizará a partir de hoy y hasta el 23 de octubre en diversas sedes del Centro Histórico, y del tema de portada de La Tempestad no. 127 (de próxima aparición), iniciamos una serie en la que diversas figuras del diseño en México opinan sobre el estado de la disciplina en el presente.

 

Jorge Diego Etienne (Tampico, 1983) es un diseñador industrial mexicano con una perspectiva global hacia el diseño. En 2011 participó en el programa “Modern Design and Traditional Craftsmanship” organizado por Japan International Cooperation Agency en Kyoto, Japón, donde investigó la intersección de objetos culturales con productos contemporáneos. En 2012 fundó su propio estudio.

 

¿Consideras que el nivel de educación o la enseñanza de las distintas prácticas del diseño, en México, es más alto o más bajo que hace cinco años?

 

Creo que el hecho que el diseño “se puso de moda” en México afectó gravemente la educación. Cada vez veo más programas de diseño que han eliminado materias base de la disciplina por temas más atractivos para el marketing de las escuelas como el “design thinking”. Estos temas sí los veo de importancia, pero los considero de especialización, no para sustituir o restar atención a materias de formación. Como maestro observo a muchos alumnos queriendo correr sin saber caminar, y creo que las escuelas son responsables.

 

La pregunta que más recibo en conferencias es “¿cómo le hago para ser publicado?”, como si esto fuera una prioridad. El que las escuelas pongan a sus alumnos en panorámicos tampoco ayuda en este tema. Al mismo tiempo, nunca había sido tan fácil para un estudiante de diseño recibir atención por sus proyectos. Ser visible ya no es una consecuencia del buen desempeño, ahora es una meta para los jóvenes. El lado positivo del panorama actual es que los alumnos atienden lo que está pasando en otros países e inclusive participan en ferias, concursos y exposiciones internacionales. Los alumnos que se están midiendo en un plano internacional como nunca antes. Hay escuelas que han empujado estas participaciones en los últimos años. Ya es normal ver proyectos de estudiantes mexicanos en ferias de diseño de todo el mundo.

 

¿Qué tan posible es, hoy, hablar de una industria de diseño mexicana?  (Una industria, por supuesto, que tome en cuenta a las producciones y los creadores locales.)

 

Es emocionante ver la gestación de muchos proyectos de diseñadores-empresarios, pero creo que no hemos logrado permear en la verdadera industria. El mercado del creador local sigue siendo de nicho, el reto es escalar para llegar a más personas. Hay escasos casos de productos de producción masiva que son fabricados y diseñados en México, estos son los proyectos que debemos celebrar.

 

Desde 2009, la industria editorial vive en crisis: las revistas de papel viven una vida precaria, en una economía frágil; mientras que las publicaciones digitales carecen de rigor periodístico y de reflexiones profundas. En el país, las revistas enfocadas en diseño son pocas; si bien nunca han abundado, entre 2012 y 2014 podíamos contar con un par de títulos más que hoy. ¿Podrías describir el panorama editorial ante el que estamos parados, para las revistas –impresas y digitales– mexicanas?

 

Creo que hay una falta grave de crítica y discusión. Necesitamos más cuestionamientos y menos promoción.

 

¿Cuáles son las plataformas de exhibición y los escaparates de venta con las que cuentan los productores y los consumidores de diseño en México?, ¿seguimos concentrados en circuitos locales? ¿Se ha conseguido ensanchar la entrada a los circuitos internacionales o extranjeros?

 

Hay mayor apertura en cuanto a la inclusión de diseñadores de todo el país en eventos, exhibiciones y proyectos de diseño. Con DECODE estamos generando atención hacia el trabajo de diseñadores emergentes de todo el país, en especial Monterrey.

 

También hay más diseñadores mexicanos participando en un plano internacional, desde Milán hasta Nueva York. El siguiente reto es capitalizar estas participaciones y que haya más diseñadores exportando sus productos o dando servicios a empresas internacionales. Es uno de los logros recientes de mi estudio; no veo esto imposible para otros diseñadores mexicanos.

 

Hace unos años el diseño joven, o emergente, se caracterizó por su inclinación hacia las prácticas sociales, el diálogo y los eventos públicos y la asimilación de un idioma diseñístico global. Hoy, ¿cómo describirías al diseño joven?

 

Hay varios proyectos “jóvenes” que me emocionan mucho. Emerge es un ejemplo de la promoción de la crítica de diseño. La Tlapalería ha realizado diseños con una fuerte identidad mexicana y con un lenguaje estético global en ferias de todo el mundo; escuelas como Centro o CEDIM han traído a diseñadores de todo el mundo como profesores invitados, ofreciendo oportunidades que antes no eran tan comunes. Es notorio que los jóvenes diseñadores tienen otra visión sobre la disciplina y me intriga ver cómo esto afecta el futuro del diseño en México.



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