miércoles, 6 de febrero de 2019

El mundillo del arte en el cine

En años recientes ha habido un mayor interés por explorar el mundo del arte a través del cine. Aunque siempre se han producido películas sobre artistas, cuyo proceso de trabajo se asocia frecuentemente con la locura, este recuento no está dedicado a las cintas sobre los creadores sino a lo que está alrededor de ellos: críticos, curadores, galeristas, falsificadores, ladrones e instituciones. La lista tiene vigencia: recién se estrenó en Netflix Velvet Buzzsaw y, además está por comenzar la semana del arte.  

 

Las estatuas también mueren (1953), de Alain Resnais, Ghislain Cloquet y Chris Marker

Partiendo de la pregunta ¿por qué el arte negro se encuentra en el Museo del Hombre de París mientras que el arte griego y egipcio está en el Louvre?, los directores denuncian la falta de consideración para el arte africano en un contexto marcado por la colonización y el racismo. El filme, que estuvo prohibido durante varios años debido a su postura anticolonialista, es un documento todavía potente de una problemática que ocupa estos días a varios países europeos.

Cómo robar un millón (1966), de William Wyler

Audrey Hepburn exploró su vena más humorística en esta película, su tercera colaboración con William Wyler, que satiriza el problema de los derechos de autor de las obras de arte. La mítica actriz interpreta a la hija de un coleccionista francés que se dedica a copiar obras de arte para venderlas. La comedia, que sigue un enredo para retirar una estatua falsa atribuida a Cellini, muestra la interacción de marchantes de arte y ladrones en eventos propios del mercado del arte, por ejemplo las subastas.

Premios nacionales (1969), de Pere Portabella

En los sótanos de la Biblioteca Nacional de Madrid, un par de empleados muestran algunas de las telas premiadas con el Premio Nacional de Pintura entre 1941 y 1969. El cortometraje, que se podrá ver en el marco de la retrospectiva que FICUNAM dedica a Portabella, adquiere relevancia al centrarse en los trabajadores.

Bodas sangrientas (1973), de Claude Chabrol

El poder y la política son dos de los temas que animan el cine de Chabrol. Cerca de finalizar la segunda etapa de su larga carrera, el francés entregó este thriller con toques irónicos sobre una relación extramarital. Stéphane Audran y Michel Piccoli interpretan a una pareja sin remordimiento de profanar los recintos dedicados a resguardar el arte. Aprovechando que él funge como vice alcalde del pueblo, el encuentro más memorable de los amantes ocurre en la habitación de un castillo, vigilada por un personaje representado en un cuadro que incluso es bañado con champaña.

El arca rusa (2002), de Aleksandr Sokúrov

33 habitaciones del Museo del Hermitage de Rusia son mostradas en esta película, que constituye un plano secuencia de 99 minutos. La espectacularidad del filme no es estéril. El filme de Sokúrov no es un documental sino un drama fantástico que recorre con cadencia el museo a la vez que medita sobre la función, la labor y el poder de los espacios que resguardan los tesoros del arte.

National Gallery (2014), de Frederick Wiseman

La Galería Nacional de Londres es explorada a partir de múltiples aristas: el documentalista Wiseman no se contenta con mostrar las obras de arte que alberga el recinto, también presenta sus dinámicas laborales y las relaciones que se establecen entre los visitantes, el equipo del museo y el arte que se exhibe. La película, que se abstiene de hacer comentarios sardónicos o románticos sobre el arte, simplemente recorre y captura la cotidianidad.

Animales nocturnos (2016), de Tom Ford

Con una estética irreprochable, la segunda película del también diseñador de moda sigue a la propietaria de una galería de arte, interpretada por Amy Adams, a la que acechan los fantasmas de una relación dolorosa. El gran mérito del filme es mostrar la belleza aséptica y vacía del entorno que envuelve la promoción del arte. Los decorados de la película incluyen obras de, entre otros, Alexander Calder, Damien Hirst y Jeff Koons.

The Square (2017), de Ruben Östlund

Una serie de eventos desafortunados le ocurren al curador de un museo de Estocolmo cuya moral es desafiada cuando pierde su teléfono poco antes de inaugurar una nueva exposición. La película de Östlund, que ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes, ficcionaliza eficientemente la disparidad entre los discursos del arte contemporáneo y el proceder de quienes los enuncian. Se trata de la cumbre del director sueco, que desde sus primeros trabajos explora el tema de la confianza en la gente y las instituciones.

Museo (2018), de Alonso Ruizpalacios

Otra película de ladrones. El segundo largometraje del director mexicano retoma el caso del robo de piezas del Museo de Antropología e Historia de la Ciudad de México, ocurrido en 1985. La cinta, que usa el atraco como pretexto para reflexionar sobre los anhelos de juventud, tiene el acierto de mostrar el icónico recinto proyectado por Pedro Ramírez Vázquez, y también de plasmar la indignación y la polémica que causó el robo de las obras.

Velvet Buzzsaw (2019), de Dan Gilroy

Con frases como “es más fácil hablar de dinero que de arte”, la nueva película de Gilroy, que ya se puede ver en Netflix, es en un primer momento una parodia sobre el mundo del arte contemporáneo. Un crítico, una galerista y su asistente rescatan las obras de un artista desconocido que recién perdió la vida; el esfuerzo de los tres lo convierte en el artista del que todos hablan. El filme, que inicia con imágenes de Art Basel Miami que dan cuenta de las dinámicas de las ferias de arte –pobladas de marchantes, aficionados y turistas–, se vuelve más oscuro al integrar elementos sobrenaturales a la historia.



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