viernes, 22 de febrero de 2019

Descubriendo el artificio de ‘Roma’

“Alfonso te veía muy raro, ¿no?”, eso fue lo que le dijo su esposa a Fernando Grediaga, ejecutivo musical de Universal Music México, luego de salir de un concierto de Radiohead en la Ciudad de México en 2016, al que también asistieron Carlos y Alfonso Cuarón. Aunque es amigo de Carlos (ya que ambos juegan futbol en la liga de ex alumnos del Colegio Madrid), Fernando no conocía a Alfonso. Algo más los vinculaba: una amiga suya, la artista Laureana Toledo, es prima hermana de su esposa y, también, cercana a los hermanos Cuarón.  

Fernando sabía del éxito del cineasta –¿y quién no?–, pero no imaginaba que éste vio en él un parecido con su padre. Cuarón, que por esas fechas preparaba la producción de Roma (2018) –película en la ficcionaliza su infancia en la colonia capitalina del mismo nombre–, le ofreció interpretar a Antonio, el papá ausente del filme, inspirado en su progenitor. Luego de la resistencia natural por su nula preparación como actor, el ejecutivo (que colaboró como director artístico de la banda sonora de Rudo y cursi, el filme de Carlos Cuarón de 2008), aceptó el papel. “Vengo de una familiar similar a la de ellos, de origen es español, que ha vivido en colonias de clase media de la Ciudad de México”, explica Fernando.

La familia es un tema en el que ha insistido Cuarón en su filmografía, por ejemplo en Niños del hombre (2006), donde Clive Owen se hace responsable de acompañar a la única mujer capaz de engendrar en la Tierra. De Roma se han dicho muchas cosas, aunque poco se ha insistido en su retrato de la ausencia y el abandono del padre. Se trata de un tema bien conocido por mucha gente. “Mi abuelo también un día se fue; era farol de la calle y oscuridad de su casa; era un piloto guapo, tocaba el piano, se la pasaba poca madre”, confiesa el ejecutivo que devino actor.

La mirada de Fernando es importante porque al no tener experiencia como intérprete, permite que curiosos y admiradores descubran el artificio del cine. “Debido a los problemas que tenía para sacar adelante el papel, fue hasta la séptima u octava toma de la escena en la que me voy en el Volkswagen que me di cuenta de que todas las fachadas de las casas de la calle de Tepeji habían sido intervenidas, incluso la banqueta se había ampliado para que los extras pudieran caminar. Lo noté al recargarme en una pared que sentí hueca. Es tablaroca, me dijo Ariel Margolles, el primer asistente de arte”. En esa misma secuencia Fernando aparece fumando. “Mi trabajo consistía en bajar las escaleras con maletas, pasaporte y boleto de avión en mano y darle un beso en la cabeza al niño que hacía de mi hijo mientras fumaba. ¡Los ojos me lloraban de la cantidad de humo que se me metía en los ojos! Todos los cigarros que me fumé en la película fueron de verdad”.

Roma hace un bello guiño a Los 400 golpes (1959), de François Truffaut, en la escena en la que el Antonio (que supuestamente se encuentra en un viaje de trabajo) sale del cine y es visto con sorpresa por Cleo (Yalitza Aparicio) y uno de los niños. “Es curioso porque nunca vi a Yalitza cuando a mí me tocó filma la secuencia; el encuentro se hizo a través del montaje”, explica Fernando. “Esa escena se filmó, si no mal recuerdo, un 16 o 19 de diciembre de 2016; en una especie de enorme estacionamiento cerca de la Central del Norte se construyeron banquetas, aparadores de tiendas y la fachada y el vestíbulo del cine Las Américas, al que fui de niño con mi papá. Antes de filmar se echaban a andar más o menos unos 100 coches, luego comenzaban a caminar los extras, que calculo eran cerca de 800 personas. La reconstrucción de Eugenio Caballero era tan buena que de verdad me sentía en 1970 en la avenida Insurgentes, entre la colonia Roma y la Condesa. Era impresionante”. Las escenas del hospital donde trabaja Antonio como médico, por otro lado, se filmaron en el piso de un edificio inutilizado del Centro Médico, donde se recrearon las clínicas de estilo setentero del IMSS.

Sobre el trabajo de Cuarón como director, Fernando considera que logró algo notable. “Incluso Marina de Tavira, la única con formación actoral de todo el equipo, no tenía un guion. Todos estábamos en una situación muy vulnerable. No siempre acababa de entender lo que Alfonso me decía; él no quería explicarlo todo, quería que yo interpretara realmente lo que me sugería. Creo que la clave para hacer parte de mi trabajo fue cuando me dijo eres un hombre que se siente asfixiado”.

Roma, nominada a diez Oscar, el premio que constituye la máxima recompensa del mundo del entretenimiento, ha generado una conversación inusual en el cine mexicano. Sobre los reconocimientos, Fernando asegura que ningún galardón hace mejor a una obra o artista. “Mi trabajo en la industria musical me hace comparar los Oscar con los Grammy. Puedo decir que por más que alguien reniegue de los premios no hay nadie a quien no le guste que reconozcan su trabajo”, concluye.

La ceremonia de premiación de los Oscar se realizará el domingo 24 de febrero.



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