jueves, 15 de marzo de 2018

Humor con antifaz

“A los arquitectos les pasa que tienen un complejo de inferioridad. Siempre están justificando lo que hacen a partir del arte, la filosofía y la técnica –que son las tres aristas de la disciplina arquitectónica. Si alguien los acusa de ser albañiles, entonces argumentan que no es así, que han leído a Heidegger y Bruno Latour como parte de su formación. No está mal bajarlos a la Tierra. Construyen cosas pero tampoco es que hayan inventado la penicilina”, dice Klaus, álter ego de un profesional de la arquitectura, que desde 2009 ha desarrollado un personaje para burlarse de su disciplina y que ha puesto en jaque a las estrellas internacionales.  

Uno de los blancos favoritos del dibujante, “que nació en un lugar de Europa occidental a finales de los ochenta”, es Rem Koolhaas. El arquitecto holandés es considerado un ídolo. Koolhaas, cuyas obras se encuentran en las ciudades más cosmopolitas del mundo, tiene admiradores y detractores a partes iguales. Klaus, que se adscribe al segundo grupo, ha cuestionado su estatus a través de la ridiculización de su persona en “Arquinoir”, su columna en la revista mexicana Arquine. Una serie de tiras, que retoman la gráfica del póster que Shepard Fairey hizo con la imagen de Barack Obama en 2008, muestran a Koolhaas como un dios egocéntrico y “kool”, con ka, por supuesto, para mofarse, entre otras cosas, de la sonoridad de su nombre y de que tiene onda ser parte de su fanaticada.

Uno de los blancos favoritos de Klaus: Rem Koolhaas

Klaus, que visita México para atender Mextrópoli –el festival de arquitectura en el que se enmarca la muestra Arquinoir by Klaus, que se podrá ver en el Centro Cultural de España a partir del 17 de marzo–, considera que hay múltiples oportunidades para desmitificar a los arquitectos. “Desde los años 2000 se ha hecho más urgente mofarse de la arquitectura como espectáculo”, dice el dibujante, que asegura que el Museo Guggenheim de Bilbao marcó una época que devino malentendidos: “Este edificio, pensado como un elemento de la renovación de la ciudad, hizo que todos los políticos quisieran tener uno similar en sus ciudades. Al final éstos se quedaron con los aspectos más folclóricos de la construcción: edificios de celofán, sólo formas, que han transmitido una idea errónea de la arquitectura. Esa tipo de prácticas arquitectónicas son perjudiciales porque no reconcilian a la disciplina con la sociedad”.

El crítico abunda en el Pritzker

Detrás de la práctica de Klaus, que está convencido que la sátira es una forma de ejercer la arquitectura, está la influencia de Reyner Banham, escritor y crítico de arquitectura británico, y André Franquin, autor de historietas belga de humor negro. Klaus ha retomado el estilo de los cartones satíricos de política para poner de frente la vanidad de los arquitectos y los acontecimientos que los acompañan. Desde hace tiempo trabaja en una serie sobre los premios Pritzker, que compara con los Oscar de Hollywood. “Este año le dieron el premio a Balkrishna Doshi. Un arquitecto indio que se une a un grupo de ganadores que en su mayoría son hombres blancos. Pero no se trata de cualquier persona, se trata de un indio con pedigrí que trabajó con Le Corbusier y que, evidentemente, tiene una formación occidental”, comenta Klaus.

“Me dedico a criticar lo que hacen mal los demás. No es muy responsable, ciertamente. Pero es muy divertido”, dice el historietista, cuyo personaje le ha permitido desarrollar un pensamiento crítico diferente al de su formación como arquitecto. De forma previa a la inauguración de la muestra Arquinoir by Klaus, el dibujante realizará una sesión de dibujo en vivo, programada a las 11:00 horas del próximo sábado. ¿Cuál será su estrategia para seguir manteniendo su anonimato? “Tal vez utilice un antifaz. O una máscara del Zorro que me haga parecer el personaje de una película porno. Quizá por revele mi identidad, aunque muchos se sorprendan”, asegura Klaus.  



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