jueves, 13 de septiembre de 2018

Hitchcock, un autor por descubrir

Considerando el alcance que tiene la Cineteca Nacional, que en 2018 estima romper su récord de asistencia anual con un millón 300 mil asistentes, informa Alejandro Pelayo, su director, es posible imaginar que hay un público nuevo que está por descubrir la obra de Alfred Hitchcock. El 70% de los asistentes a la Cineteca, que hoy abrió la muestra Hitchcock, más allá del suspenso, se encuentra entre los 18 y los 25 años. La exposición se acompaña de una retrospectiva que pretende dibujar un panorama general de la filmografía del genio británico. Otros aportes del evento son charlas con expertos que se harán de forma mensual en la Universidad Iberoamericana y el Centro Cultural de España en México, así como la reedición del libro que Guillermo del Toro escribió sobre Hitchcock, que la Universidad de Guadalajara publicó en 1990.

La exposición, producida por la Fundación Telefónica y curada por Pablo Llorca, se pudo ver antes en Madrid y en San Sebastián. La muestra en la Galería de la Cineteca consta de los mismos objetos de los montajes previos. Solo tiene un añadido, asegura Laura Fernández Ortega, responsable de Colecciones y Exposiciones de Telefónica: una película casera en la que se puede ver a Hitchcock en un ámbito íntimo. Aquí, una entrevista con Llorca, que habla de la tarea de hacer una muestra sobre el director de Psicosis (1960).

Cada año surgen nuevos libros y estudios sobre Hitchcock que aportan diferentes formas de apreciar su cine. ¿A qué le atribuye la naturaleza inagotable de su obra?

Hitchcock tiene varios elementos que lo hacen único. Por un lado es intergeneracional, ya que influyó mucho en su día y también hoy. Muchos creadores piensan en él a la hora de construir su universo. Tuvo muy claro que debía obrar a un nivel popular, pero también en lo sofisticado. Esa es una gran virtud que muy pocos tienen. Creó grandes artefactos, películas fascinantes visualmente, con una envoltura única: decorados fastuosos, actores estupendos, tan bellos como intensos. Un filme como El hombre que sabía demasiado (1956), una de sus obras menos morbosas, le dio gran fama a Doris Day. Pero si uno compara el tipo de cine que ella hacía en esa misma época no tiene nada que ver con Hitchcock, que se formó con la vanguardia artística de los años veinte, tan influida por Eisenstein y otros creadores rusos. Hitchcock nunca manifestó abiertamente tener interés en lo sofisticado, a pesar de que el nivel subterráneo de su obra es muy atractivo, ya que sabía que podía ser contraproducente. Tenía claro que debía ganar mucho dinero para hacer el cine puro que le interesaba. Y ahí está La ventana indiscreta (1954), una película comercial heterodoxa, que transcurre en una sola habitación, sin música, etc.

Se trata de un director de cine con una carrera muy amplia, que inició en Londres. Es uno de los pocos realizadores que hizo tantas obras maestras al hilo.

Hitchcock tuvo claro que él era un autor, algo insólito en su momento. El público no identificaba las películas con los directores sino con los actores. Hay muy pocas excepciones de ello: Chaplin y el mismo Hitchcock. En cincuenta años de carrera hizo cincuenta y cuatro películas. A pesar de que comenzó en Londres, tomó cuerpo en Estados Unidos, donde vivió una etapa muy constante en la que a veces hizo dos películas al año con un nivel altísimo. Entre La ventana indiscreta y Los pájaros (1963) están varias de sus mejores obras: Atrapa a un ladrón (1955), Pero… ¿quién mató a Harry? (1955), El hombre que sabía demasiado, El hombre equivocado (1956), Vértigo (1958), Intriga Internacional (1959) y Psicosis. Creo que Marnie (1964) tiene una muy buena primera hora, pero después se nota el desinterés, quizá por los problemas que Hitchcock tuvo con Tippi Hedren. Fueron nueve años de intensa creación.

Existen muchas maneras de abordar a Hitchcock. ¿Como curador cómo se planteó la muestra?

Hitchcock siempre me ha interesado porque se trata de un artista con muchos matices. Había que optar por ciertas cosas. Nos interesaba el cineasta y no el hombre, ya que su vida se puede resumir en tres líneas. Cuando planteas una exposición se trata de contar con objetos y elementos visuales. La muestra tiene cuatro núcleos, dos dedicados a las formas y dos a los temas. Acudí a las películas más intensas y las que visualmente son más imponentes.

Es emocionante ver el traje verde que Tippi Hedren usa en Los pájaros y el primer vestido que viste Grace Kelly en La ventana indiscreta. Le confieso, sin embargo, que me quedé con ganas de ver más elementos, por ejemplo los trajes de Kim Novak en Vértigo. ¿Qué tan complejo en términos operativos es hacer una exposición de esta naturaleza?

Es muy complicado. Es como una madeja: uno tira de un hilo y espera a ver qué sale. A veces funciona y otras no. Hubo varias personas dedicadas a buscar los objetos. Dimos con varios elementos revisando catálogos de otra exposiciones, pero ocurre que lo que estaba en un cierto archivo de repente ya pertenece a otro. Es una cosa derivativa, se van encontrando y descartando las piezas buscadas y, también, en otras ocasiones se llega a objetos que no habían sido considerados. La familia de Hitchcock tiene los derechos de su imagen, pero no existe un ente que reúna sus materiales de trabajo debido a las productoras y sus archivos.

   



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