lunes, 12 de noviembre de 2018

Arquitectura macabra

El campo donde se entrecruzan el arte y la arquitectura es el motivo de Big Art, muestra que exhibe la colaboración de BIG, el estudio arquitectónico que dirige Bjarke Ingels, con artistas como Ai Weiwei, SUPERFLEX y Lars von Trier, que se presenta en la Kunsthal Charlottenborg, la galería oficial de la Real Academia Danesa de Arte. No solo se trata de obras de artistas consagrados, la muestra presenta cada una de las piezas o instalaciones a escala 1:1, es decir, de tamaño real. Al proponer un punto de vista arquitectónico para abordar el fenómeno del arte contemporáneo e incluso el cinematográfico, la exposición, curada por Michael Thouber en colaboración con BIG, anima nuevas lecturas acerca de la dimensión espacial en la creación.

La pieza emblemática de la muestra es The House That Jack Built, una escultura realizada en colaboración entre Ingels y Von Trier, ambos de origen danés. Juntos construyeron una casa a partir de un material macabro, una pila de cadáveres, en realidad de modelos de silicona. Antes de ser expuesta en Copenhague, la pieza sirvió de decorado para la película de Von Trier, que forma parte de la programación de la 65 Muestra Internacional de Cine. El filme cuenta la historia de un arquitecto mediocre, sexista y neonazi incapaz de diseñar su propia casa.

Vista de la pieza

“Sin duda es el proyecto arquitectónico más mórbido y macabro en el que he trabajado”, dice Bjarke Ingels sobre su colaboración con Lars von Trier

“El trabajo de Bjarke y BIG”, comenta Thouber, director de la Kunsthal Charlottenborg, “no usa al arte como decoración”. El curador detalla que BIG genera un diálogo creativo con los artistas desde la concepción de las piezas. Thouber califica a este proceso como cocreación. “Lo interesante es cómo BIG y los artistas son capaces de sorprendernos, de sacudir nuestras expectativas y hacer que cuestionemos los lugares y los espacios donde transcurren nuestros días, a partir de una experiencia estética”, asegura Thouber. La intención de la muestra, por otro lado, es que los proyectos desborden la sala del museo, devolviéndolos a lo vivencial para examinar sus efectos.   

“Recibí una llamada del productor de Von Trier. Me explicó que estaba trabajando en un proyecto para el que necesitaba un arquitecto”, explica Ingels. “Sin duda es el proyecto arquitectónico más mórbido y macabro en el que he trabajado. Cuando nos reunimos me explicó una parte crucial de la película, aquella en la que Jack, el personaje principal, construye una casa con cuerpos congelados, cuerpos de mujeres y niños, principalmente, aunque también algunos hombres. Eso implicó que entendiera la historia no a través de los ojos del asesino, sino desde el punto de vista de la arquitectura. Escogimos 60 modelos de personas y nos planteamos cómo construir una casa con esos materiales. Pensamos en la arquitectura tradicional danesa, cuyas construcciones se hacen a partir de entramados de madera. Hicimos un primer modelo, basándonos en el bosquejo infantil de una casa. Le tomamos fotografías y se las mandamos a Lars. Nos hizo algunos comentarios. Por ejemplo que no quería que dos figuras humanas del mismo tamaño enmarcaran la puerta de entrada de la casa. Quería algo más surreal. El trabajo consistió en traducir lo fílmico a lo arquitectónico”.

En su valoración sobre El complejo arte-arquitectura (Turner, 2013), el conjunto de ensayos de Hal Foster, la arquitecta Elena Peñalta Catalán escribe que hasta hace unos años la teorización era el requisito fundamental de la arquitectura de vanguardia, sin embargo ahora parece serlo su aproximación al arte. “A su vez, muchos artistas introducen en su obra conceptos arquitectónicos. A veces en colaboración, otras veces en competencia, este encuentro es característico del actual mercado cultural”. Peñalta Catalán, por otra parte, considera que lo que pudiera ser innovador en el contexto de la arquitectura, quizás no lo sea tanto en un contexto artístico.  

La casa de Jack, que se estrenó este año en el Festival de Cannes, ha sido recibida por la crítica con reserva. La revista Little White Lies, por ejemplo, expresó que la violencia del filme es más insípida que perturbadora, debido a que los asesinatos son cometidos por el personaje principal con una voluntad cercana a lo artístico. “La gran pregunta es ¿por qué eligió Lars von Trier convertir sus neurosis en un ejercicio de empatía radical con los asesinos en serie. ¿Hay algo que no nos esté diciendo?”, interroga Sophie Monks Kaufman en su ensayo. La pregunta funciona también como un comentario acerca de lo arquitectónico y la construcción, que anima la interrogante de reflexionar sobre qué están fincadas las estructuras que habitamos.



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