miércoles, 13 de marzo de 2019

40 años, 40 voces

A cuatro décadas de la primera Marcha del Orgullo LGBT +, presentamos esta reunión de testimonios, realizada en colaboración con Anal Magazine. Esta serie, que inició en La Tempestad 135 (junio de 2018), ofrece un mosaico que aspira a expresar la diversidad sexual-creativa mexicana. El conjunto de textos, que consta de cuarenta voces, agrupa no sólo a artistas y diseñadores, sino también gestores culturales, curadores, editores y personas del mundo de las ideas. La serie continúa con Salvador Irys Gómez, promotor cultural y director del Festival Internacional por la Diversidad Sexual.

¿Cómo fue tu incursión en el mundo del arte?

Acababa de llegar de Veracruz a la ciudad, no sabía muy bien quién era y una tarde, caminando por la Santa María Ribera, vi a un montón de gente gay afuera del Museo del Chopo. Me acerqué y le pregunté a un personaje chaparrito de qué se trataba; me contestó “es la semana, mana”. Se trataba de José María Covarrubias, fundador y director de la Semana Cultural Lésbica Gay. Pasé, vi las obras plásticas de la muestra y me emocioné muchísimo, viniendo de un medio tan cerrado no sabía que los gays podíamos producir cosas de esa calidad. Luego me tocó una mesa de debate sobre el voto rosa y quedé tan impresionado que lloré; también vi algo de La Cebra Danza Gay. Toro eso superaba las expectativas que yo tenía. José María me dijo que se necesitaban muchas manas con muchas manos y así empecé a ayudar en lo que podía.

Conocí a muchos personajes, entre ellos a Carlos Monsiváis, a quien le agradezco muchísimo. Empecé a generar un proyecto personal que se llamaba Festival de Diversidad Sexual Juvenil de la Ciudad de México con el apoyo de Carlos y José María. Se llevó a cabo entre el año 2000 y 2008 en el recién nacido Faro de Oriente; al dirigirse a gente más joven, el evento estaba enfocado en cuestiones escénicas, performance y nuevos discursos.

Al morir Covarrubias, Juan Carlos Bautista toma el control por dos años; en 2006 él y Monsiváis me dijeron que debía ser yo quien estuviera al frente de la Semana Cultural. Ese mismo año el Museo del Chopo cerró por remodelación durante cinco años; mi experiencia en el otro festival me hizo recurrir a otras sedes. En 2011 el evento regresó al Chopo y, aprovechando la renovación del museo, renovamos la semana y la fusioné con el Festival de Diversidad Sexual Juvenil. Así surgió el Festival Internacional por la Diversidad Sexual que ya no es sólo una semana, sino un mes; ahora se lleva a cabo en muchas sedes y ya no sólo es lésbica-gay, ahora incluye muchísimas otras identidades.

¿Consideras que existe una sensibilidad distinta que provenga de la identidad sexual del creador?

Vengo de Veracruz y aunque es un lugar muy permisivo en ciertas cosas que tienen que ver con la sexualidad, en donde yo nací hasta hoy en día no hay espacios de sociabilidad gay y se vive bajo el estereotipo. Crecí con todos esos prejuicios y tenía miedo de convertirme en eso de lo que todo mundo se burla. Los estereotipos te hacen pensar que quienes los encarnan merecen ser víctima de violencia. Cuando descubrí la Semana Cultural fue una bomba liberadora, pues me sentí orgulloso de ser homosexual. Supe que en realidad no tenía miedo, entendí que no estaba mal lo que sentía. Por eso me involucré y por eso creé una sociedad civil que trabaja con el arte como una herramienta de sensibilización para la gente, porque si cambió mi vida creo que puede cambiar la vida de muchos más.  

¿Crees que el arte y el diseño tienen una relación especial con los movimientos sociales?

Siempre le he apostado al arte para sensibilizar a la gente. No es que demerite lo demás; están la información y lo legislativo, pero si no hay un cambio cultural, un cambio de percepción, todo lo demás no sirve para nada. No quiero decir que una cosa sirva y otra no, creo que todo se acompaña. Puedes tener toda la información del mundo, pero si no te sensibiliza, los datos no sirven de nada. Creo que el arte ayuda muchísimo a hacerte consciente, a reflejarte en vidas que no son la tuya; te ayuda entender a la madre soltera, al homosexual, al transexual, porque en el momento en el que vives la experiencia artística te conviertes en esa otra persona que estás viendo. Una buena fotografía, un buen cuadro, una buena película te deja muchísimo más que veinte mil campañas o conferencias; el arte te da la oportunidad de vivir otras realidades y eso te ayuda a entenderlas.

¿Cómo ha sido tu relación con la comunidad LGBT en México?

No me considero activista, soy un promotor cultural que trabaja el tema específico del arte con temática LGBT porque es lo que me gusta. Sin embargo, eso me ha acercado a ciertos colectivos, discursos y momentos históricos que aprecio. Siempre ha sido así mi relación, desde mi trinchera, ya que siempre he creído que el que mucho abarca poco aprieta. Me parece un error del colectivo LGBT+ que el mismo que es activista en leyes es performancero, hace fotografía, promueve arte, etc. Creo que mientras más haces una cosa, la perfeccionas y la haces mejor. Desde la cultura y el arte trato de acompañar las iniciativas y leyes, del lado de la sensibilización. Tratando de buscar cosas que se relacionen con lo que está pasando y ayudar a que los artistas produzcan algo que le llegue a la gente desde otros niveles. Afortunadamente he estado en muchísimos momentos bastante importantes, he conocido a activistas que me han cambiado la vida y creo que tengo una buena relación con la comunidad.

¿Qué futuros ves en el mundo del arte y la cultura?

Todo tiene que cambiar, el agua estancada se pudre. El mundo digital ha cambiado todo, incluso el arte. Y no sólo es debido a las obras, sino también gracias a los públicos e incluso a los coleccionistas. El mercado del arte y las audiencias cambiarán aún más y si no te adaptas, te rebasarán. La multimedia no demerita lo que se hacía antes, pero es un campo por explorar.

¿Qué futuro auguras para la comunidad LGBT?

Soy un poco pesimista al respecto. Creo que nos hemos dormido en nuestros laureles. Sí se han ganado cosas, pero gran parte de la comunidad cree que ya se tiene todo ganado y no es cierto. Últimamente noto a la comunidad muy dormida. Entiendo que los tiempos han cambiado y que hay otras formas, pero tendría que haber iniciativas que se equiparen a eso que sucedía en los ochenta. No veo a la comunidad participando abiertamente en cuestiones políticas o legislativas.

Por otro lado, lo políticamente correcto nos ha hecho un daño excesivo. A veces falta ser políticamente incorrecto y esta generación todo lo hace con un comunicado en Facebook, que está bien pero también es necesaria la otra parte. Las instancias ya se dieron cuenta de que somos perros que ladran y no muerden y por eso nos dan atole con el dedo. Los colectivos LGBT+ han perdido radicalidad. Ser radical en Internet está bien, pero no siempre funciona; tampoco salir con una peluca y pintarse frente a alguna instancia, pues es algo que ya hemos visto tantas veces que ya no es radical. Todo eso se debe a la ignorancia de nuestra propia historia.

Algunas recomendaciones para los jóvenes.

De entrada, y aunque sea un autogol, diría que el Festival Internacional por la Diversidad Sexual. Deben de investigar sobre su propia historia como colectivo. Hay un desdén que viene de las instancias heterosexuales a quienes nuestra historia les tiene sin cuidado.

La estatua de sal, de Salvador Novo, es un libro básico. Aunque es ficción, El vampiro de la colonia Roma narra un momento preciso de cómo era ser homosexual en los ochenta: los espacios de encuentro, las redadas, todo eso que aparece en el libro de verdad sucedía. Amora, de Rosa María Roffiel, también. Artemisa Torres es una escritora muy joven que habla de las problemáticas lésbicas contemporáneas. Escenas de pudor y liviandad, de Monsiváis; El Clóset de Cristal, de Braulio Peralta.

En la Universidad Autónoma de la Ciudad de México existe el fondo CAMeNA, que aglutina archivos que tienen que ver con historia LGBT+.

En cine: Doña Herlinda y su hijo, de Jaime Humberto Hermosillo, en realidad cualquier cosa de él ya que se trata de un cineasta adelantado a su época. Las obras de Julián Hernández y Roberto Fiesco son de cajón.

En música: los trabajos de Horacio Franco, Morgana Love y Sirena Galas.



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