lunes, 27 de agosto de 2018

10 años de Le Laboratoire

Consolidándose como un referente importante del mundo artístico contemporáneo en la Ciudad de México, la galería Le Laboratoire cumple una década de existencia. Estos días se puede ver en el espacio Campus: Formalismo estructural, la primera de dos muestras concebidas como una radiografía de los primeros diez años de la galería, con un corpus de obras que ofrece una tendencia hacia un abstraccionismo generador de patrones formalizados que tienen a su vez contenidos históricos, políticos, sociales y míticos.

Con motivo de las celebraciones, aquí una charla con Julien Cuisset, director y fundador de Le Laboratoire, que ahonda en los objetivos y la transformación de la galería, así como en el contexto artístico del que forma parte y el panorama artístico a nivel nacional.

A diez años de Le Laboratoire, ¿cómo ha cambiado el panorama artístico en la capital del país?

Resulta complejo mapear con precisión el panorama actual y cuantificar el impacto real del mercado creciente del arte contemporáneo en la economía local y su repercusión social.

La oferta cultural actual en la Ciudad de México es pletórica, atomizada pero más globalizada; contamos con decenas de galerías que se van consolidando, tres franquicias feriales, bienales y demás eventos como Gallery Weekend y Sábado de Galerías, entre otros. Florecen las fundaciones e institutos privados, los nuevos museos y las asociaciones. Según cifras oficiales, con aproximadamente 180 museos, la Ciudad de México ocupa el segundo lugar entre las urbes con más museos en el mundo, superada sólo por Londres.

La llegada de nuevas “locomotoras” a la escena nacional y el interés manifestado por poderosos agentes culturales internacionales han permitido potencializar la visibilidad del mercado mexicano, darle más músculo y mayor presencia fuera del país. Uno de los grandes retos que tienen las galerías estriba en la consolidación de su base nacional, en la formación de una asociación de galerías que vele por los intereses del gremio y en el establecimiento de novedosos mecanismos que nos permitan estar más cerca de nuestros públicos, sin ocultar uno de los grandes retos: la captación de un público de clase media creciente.

En este mismo contexto, ¿cómo ha cambiado el cometido inicial de Le Laboratoire, de qué forma ha tenido que adaptarse para lograr este cometido? ¿Ha virado la estrategia curatorial de la galería en alguna manera significativa?

El nombre propio de la galería lo dice todo. Le Laboratoire se pensó desde su inicio como un laboratorio, una incubadora abierta y flexible a las prácticas artísticas. Siempre me ha interesado la idea de ir construyendo proyectos a largo plazo, con cercanía y empatía. Trabajar con artistas consolidados, invitar a curadores experimentados y de diversos horizontes nos ha permitido enriquecer y madurar la plataforma. A lo largo de esta década, hemos organizado y/o apoyado más de ochenta exposiciones (que abarcan y confrontan disciplinas que van de la pintura o la fotografía al arte sonoro o el performance), tanto en la galería como en museos u otros recintos.

En su libro La lentitud (1995), Milan Kundera afirma que “el hombre cree que desempeña su papel en determinada obra y no sabe que mientras tanto han cambiado el decorado en el escenario sin que lo note y sin darse cuenta se encuentra en medio de una representación completamente distinta”.

Dicha afirmación resultó ser precisamente lo que me llevó a querer marcar un tiempo de reflexión, invitando al curador e historiador Erik Castillo a hacer una radiografía de lo realizado durante esta década y diseñar un ejercicio libre de curaduría, de diagramas que se plasman en dos capítulos en la galería: “Campus: Formalismo estructural”, que se presenta estos días, con los primeros seis artistas representados –Tomás Casademunt, Perla Krauze, César Martinez, Michael Nyman, Roberto Rebora y Manuel Rocha Iturbide–; y luego “Campus: Formalismo perceptual” contando con la presencia de los otros seis artistas –Georgina Bringas, Gabriela Gutiérrez, Mario Núñez, Enrique Rosas, Mauricio Sandoval y Roberto Turnbull–, cuyos procesos de abstracción están más enfocados en la proposición de campos modulares y de reiteración visual. Nos gustó la idea de fragmentar el ejercicio en un juego de espejismos, de confrontar temática y temporalmente dos núcleos de prácticas.

Para completar el programa trimestral de los 10 años de la galería, participaremos en la feria Zona Maco Foto y en Gallery Weekend. Estamos elaborando, por otra parte, un compendio periférico de actividades que abarcará visitas a talleres, acciones, presentaciones de libros, recorridos públicos y visitas guiadas de las exposiciones.    

Le Laboratoire devino del proyecto Arteria, iniciado en 2006. ¿Vislumbras alguna transformación similar para Le Laboratoire? ¿Qué innovaciones o ramificaciones prevees para el futuro cercano?

Cuando se creó Arteria, plataforma artística en línea, estaba trabajando en la Embajada de Francia en México, en el servicio de cooperación y acción cultural. Varios amigos artistas –Tomás Casademunt, Mario Núñez, entre otros– no estaban representados por galerías en México. De ahí surgió la idea de organizar exposiciones, al margen de mi trabajo en la Embajada, en espacios alternativos: se presentó, por ejemplo, una exhibición de Mario Núñez en el Pasagüero, en el Centro Histórico, con la complicidad de Mercedes Iturbe, y un adelanto de la serie Obra Negra, de Tomás Casademunt, en el lobby del Hotel Habita en marzo 2007, durante el congreso Arquine.

En 2008 decidí salir de la Embajada para abrir formalmente una galería y dedicarme por completo a la representación de artistas, sin dejar de desarrollar proyectos periféricos a la galería de artistas o grupos específicos que correspondían más a aspiraciones o gustos propios: James Ensor, grupo CoBra, Victor Fosado, entre otros.

El ejercicio realizado actualmente representa, en esencia, un espejo del quehacer de la galería desde hace 10 años: una muestra plural, fragmentada, cambiante, en permanente expansión, que nos permite (des)articular un laboratorio en búsqueda constante de conexiones e interacciones entre los artistas y sus obras. Está por definirse el rumbo que le queremos seguir dando a la plataforma.

Con un proyecto estatal de descentralización nacional en puerta, ¿cuáles son los planes de Le Laboratoire con respecto a su presencia en la capital? ¿Tal descentralización afectará al mundo artístico de manera relevante?

En un país donde impera la violencia, la descentralización cultural puede ser una herramienta educativa y generadora de una mayor paz social.

En Francia, André Malraux decidió descentralizar la cultura en 1959, afirmando que debía de ser asequible para todos, otorgando mayor ambición a los programas culturales mutualizando algunos proyectos con la finalidad de volverlos mucho más eficaces, para una cantidad variada de públicos.

Terminar con el centralismo constituye un reto serio que implica transformaciones profundas en los ámbitos institucionales y socioeconómicos. Su única finalidad tangible, a corto plazo, es una cohesión social más fuerte, una mejor participación y corresponsabilidad en lo cotidiano del ciudadano.



from La Tempestad https://ift.tt/2wiBUYi
via IFTTT Fuente: Revista La Tempestad

No hay comentarios:

Publicar un comentario